La revolución de Quito, no fue un hecho improvisado ni ais-
lado, aseveración de los historiadores en razón incluso de las pala-
bras escritas por el presidente de la Real Audiencia de Quito en 1818
afirmando que dicha revolución de 1809 repetía otra nueva y más
escandalosa rebelión que las innumerables que se cuentan en la his-
toria de Quito, promovidas por sus progenitores. Más de 80 tumultos
han ocurrido en esta ciudad desleal y belicosa.
El 10 de agosto, el Conde Ruiz de Castilla, Manuel Urriez fue
depuesto, las demás autoridades españolas, reducidas a prisión, to-
mados los cuarteles y constituida la Junta Soberana de Quito o Su-
prema Junta Gubernativa del Reino de Quito, con su presiente
marqués Juan Pío Montúfar, organización que demostraba la sobe-
ranía política del primer movimiento revolucionario de Hispanoa-
mérica.
No obstante, el supremo ideal de la libertad aún flotaba sin
rumbo cierto, tanto en la propia presidencia de Quito, ciudadanos
de Pasto, Guayaquil y Cuenca se aprestaban con armas para rechazar
la acción visionaria de Quito mientras los virreyes de Bogotá y Lima
enviaron sendos ejércitos, Panamá preparaba refuerzos. Con tales
agravantes la Junta Soberana de Quito tuvo que pactar con el antiguo
Presidente de la Audiencia para evitar represalias, pacto que, como
era de esperarse, hizo caso omiso y los patriotas fueron detenidos
con pedido de pena de muerte para 40 de los principales dirigentes
y 32 de 160 soldados que aquella noche plegaron al grito de emanci-
pación; sometidos a juicio, no solo para condenarlos sino para ani-
quilados en su honra, prestigio, dignidad e influencia como lo señala
el historiador ecuatoriano Jorge Salvado Lara. Casi un año después,
el 2 de agosto de 1810 ante un pequeño e incitado intento de libera-
ción de los próceres se consuma la masacre en el Cuartel Real, con
lo cual se extinguen los líderes de la primera gesta libertadora, anti-
cipándose los realistas a la llegada del Comisionado Regio, el quiteño
Carlos Montúfar que venía como pacificador enviado por la Junta
Central de Gobierno que funcionaba en Cádiz.
Nadie cuestiona que la sangre de los héroes del 10 de Agosto
de 1809 germinó con mayor vigor y tuvo gran influencia en América
Vida académica
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BOLETÍN ANH Nº 212