BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
LIBERTAD E IGUALDAD
DESDE LA REVOLUCIÓN DE QUITO
A LA REPÚBLICA DEL ECUADOR
1
América Ibarra Parra
2
“Las que conducen y arrastran al mundo
no son las máquinas, son las ideas.
Víctor Hugo
Las ideas libertadoras de Bolívar, se convirtieron en gigantes
ideales de emancipación, para devenir en hechos que se harían rea -
lidad, siguiendo los pasos, las etapas predeterminadas para la época
y para el futuro, en una doctrina de libertad e igualdad, que nos dice
lo inconmensurable que es la confraternidad y todas las circunstan-
cias amalgamadas en el brillante y positivo significado de unión. Vo-
luntad de acciones para sí y los que le acompañaban, probando que
no podía volver atrás, y lo que es más, su amor a sus semejantes, su
pasión por conseguir la igualdad, hacía que su compendio mental y
físico solo acepte el estímulo para seguir adelante.
Recordemos que el Libertador era uno de los pocos, entre los
grandes hombres, caracterizados por su coherencia en pensamiento,
sentimiento y acción.
Después de la esclavitud colonialista, la idea de libertad pa-
recería ser la potestad de poder hacer lo que se quiere sin tomar en
cuanto el conglomerado social ni mucho menos reconocer autoridad
alguna, y allí, empata a la trivialidad del concepto “libertad” lejos
de mirarlo con la clarinada del pensamiento aristotélico del “Acto y
la potencia” a cuya razón es menester conocernos a nosotros mismos
1 Ponencia en el marco de las Terceras Jornadas Académicas del Congreso Americano de la Li-
bertad. realizado en Bogotá, Colombia en abril de 2024.
2 Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia del Ecuador.
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como sentenciaba el oráculo en Delfos, para autorrealizarnos y llegar
a ser lo que somos hoy, desarrollándonos al máximo para el futuro,
aspirando entonces a ser libres.
Bolívar juró su compromiso solemne con la libertad en el
Monte Sacro y desde allí en todas las directrices de su accionar con-
juga la libertad como fuente donde se origina el pensamiento crea-
dor, el trabajo fecundo y por ende el progreso, la superación y
bienestar personal y colectivo.
Además, como bien afirma el escritor Fausto Vásconez,
Nuestro Libertador también contaba para sus ideales, con el privilegio
de poder analizar a las personas que le rodeaban y a los contextos so-
ciales a donde estaba dirigiendo sus estrategias y tácticas guerreras y
administrativas… desde su análisis estructuró el convencimiento, creyó
y tuvo fe en la unidad, compaginando los ideales convertidos luego en
su doctrina, de que había que luchar por la autonomía nacida de un
proceso educativo indispensable y siempre sujeto al respeto a las cos-
tumbres y las tradiciones, ya que las consideraba como la fuente misma
de las normas que debían constituir los fundamentos de la libertad con-
seguida como la independencia de la esclavitad.
El Libertador tenía en su mente la estructura jurídica capaz
de elevar el espíritu de quienes conformarían las nuevas repúblicas
en una vivencia diferente, en una misión histórica, nacida de otra
que se la dejaba atrás.
Vásconez cita a Cornelio Hispano quien en su obra El libro
de oro de Bolívar hace ver el optimismo, la esperanza de triunfar, la
visión profética y la palabra vehemente, que según testimonios de
quienes lo escucharon… arrojaba fuego por sus ojos…
No se lo que tiene dispuesto la Providencia, pero ella me inspira una
confianza sin límites. Salí de los Cayos solo en medio de algunos ofi-
ciales, sin más recursos que la esperanza, prometiéndome atravesar un
país enemigo y conquistarlo. Se ha realizado la mitad de mis planes;
nos hemos sobrepuesto a todos los obstáculos, hasta llegar a Guayana.
Dentro de pocos días rendiremos a Angostura y entonces iremos a li-
berar a Nueva Granada y arrojando a los enemigos del resto de Vene-
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zuela constituiremos a Colombia. Enarbolaremos después el pabellón
tricolor sobre el Chimborazo, e iremos a completar nuestra obra de li-
bertar a la América del Sur y aseguraremos nuestra independencia lle-
vando los pendones victoriosos al Perú: ¡El Perú será libre!
.
Hispano anota en líneas adelante:
A los dos meses, Bolívar había tomado Angostura; dos años después
la Nueva Granada le aclamaba vencedor en Boyacá; cuatro años más
tarde desbarataba en Carabobo el ejército de Morillo; a los cinco da li-
bertad a Quito; y al cabo de los siete años sus victoriosas banderas on-
deaban sobre las altas cumbres del Cuzco.
La historia es el presente del futuro, se afirma con realismo.
La unión es la idea del auténtico líder que sabe sumar y mul-
tiplicar, aquel que sabe hacer del enemigo, un amigo y no hasta del
hermano, un enemigo.
La revolución de Quito del 10 de agosto de 1809, primer grito
de la independencia americana, es el punto de partida de esta mirada
histórica.
Muchos son los hechos e individualidades que registra nues-
tra Patria Ecuatoriana en sus páginas previas a la revolución de
Quito: el precursor Dr. Eugenio Espejo, y tras su muerte, el capitán
Juan Salinas; Ab. Manuel Rodríguez de Quiroga; José Mejía Leque-
rica; Carlos Montúfar, hijo del marqués de Selva Alegre, Juan Pío
Montúfar. Los sucesos de España ante Napoleón Bonaparte, dieron
lugar a la reunión de los próceres con ideas emancipadoras en la Ha-
cienda Chillo Compañía, propiedad de Juan Pio Montúfar el 25 de
diciembre de 1808, a pretexto de la Navidad. Sucesos de valentía e
inteligencia como el robo del proceso, permitió que quienes fueron
tomados prisioneros recuperen su libertad y prosigan la conjura
hasta la revolución de Quito, luz y emblema para la Independencia
de América y razón para el calificativo de “Quito, Luz de América”.
Pues reunidos en casa de la heroína Manuela Cañizares la madru-
gada del 10 de agosto de 1809 se dio el golpe con tal precisión que
no hubo derramamiento de sangre.
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La revolución de Quito, no fue un hecho improvisado ni ais-
lado, aseveración de los historiadores en razón incluso de las pala-
bras escritas por el presidente de la Real Audiencia de Quito en 1818
afirmando que dicha revolución de 1809 repetía otra nueva y más
escandalosa rebelión que las innumerables que se cuentan en la his-
toria de Quito, promovidas por sus progenitores. Más de 80 tumultos
han ocurrido en esta ciudad desleal y belicosa.
El 10 de agosto, el Conde Ruiz de Castilla, Manuel Urriez fue
depuesto, las demás autoridades españolas, reducidas a prisión, to-
mados los cuarteles y constituida la Junta Soberana de Quito o Su-
prema Junta Gubernativa del Reino de Quito, con su presiente
marqués Juan Pío Montúfar, organización que demostraba la sobe-
ranía política del primer movimiento revolucionario de Hispanoa-
mérica.
No obstante, el supremo ideal de la libertad aún flotaba sin
rumbo cierto, tanto en la propia presidencia de Quito, ciudadanos
de Pasto, Guayaquil y Cuenca se aprestaban con armas para rechazar
la acción visionaria de Quito mientras los virreyes de Bogotá y Lima
enviaron sendos ejércitos, Panamá preparaba refuerzos. Con tales
agravantes la Junta Soberana de Quito tuvo que pactar con el antiguo
Presidente de la Audiencia para evitar represalias, pacto que, como
era de esperarse, hizo caso omiso y los patriotas fueron detenidos
con pedido de pena de muerte para 40 de los principales dirigentes
y 32 de 160 soldados que aquella noche plegaron al grito de emanci-
pación; sometidos a juicio, no solo para condenarlos sino para ani-
quilados en su honra, prestigio, dignidad e influencia como lo señala
el historiador ecuatoriano Jorge Salvado Lara. Casi un año después,
el 2 de agosto de 1810 ante un pequeño e incitado intento de libera-
ción de los próceres se consuma la masacre en el Cuartel Real, con
lo cual se extinguen los líderes de la primera gesta libertadora, anti-
cipándose los realistas a la llegada del Comisionado Regio, el quiteño
Carlos Montúfar que venía como pacificador enviado por la Junta
Central de Gobierno que funcionaba en Cádiz.
Nadie cuestiona que la sangre de los héroes del 10 de Agosto
de 1809 germinó con mayor vigor y tuvo gran influencia en América
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no obstante las divisiones internas que convulsionaron el siguiente
período hasta diciembre de 1811 cuando la Junta Suprema instaló en
el “Palacio del Reino de Quito” el Congreso Constituyente que el 11
de diciembre proclamó la Independencia.
El 15 de febrero de 1812 el Congreso promulgó la Constitu-
ción denominada Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre las Pro-
vincias que forman el Estado de Quito, nótese que es anterior a la de
Cádiz, sancionada el 19 de marzo de este año.
A fines de 1812 se restituyó la Real Audiencia de Quito y en
lugar de la revolucionaria Constitución Quiteña, fue impuesta la es-
pañola.
Tal el escenario que explica el sentir del Libertador cuando
dice en el Manifiesto de Cartagena “nuestra división y no las armas es-
pañolas, nos tornó a la esclavitud”, fustigando las carencias políticas de
la que supone, élite ilustrada que, en el caso de Quito, desapareció a
consecuencia de la masacre, y, a la luz de los hechos, sin dejar legado
firme. Por fortuna, la sangre derramada volvía a germinar y la semi-
lla brotó el 9 de octubre de 1820 en Guayaquil que proclamó la Inde-
pendencia para sellar la Independencia Nacional el 24 de mayo de
1822 en las faldas del volcán Pichincha, al mando del Mariscal An-
tonio José de Sucre.
Quito, siempre fiel al Libertador lo recibió con fervor y fue
su baluarte para invitarlo cuando otros lugares le negaban su estan-
cia. Juan José Flores fue, comandante del Departamento del Sur trató
de mantener la unidad mientras se disgregaba la Gran Colombia.
Empero el 13 de mayo de 1830 la representación de Quito, integrada
por el cabildo y los notables constituyó el Estado libre e indepen-
diente del Ecuador, abrigando aun la esperanza de mantener Colom-
bia con una estructura federativa al mando de Bolívar, según anota
Salvador Lara.
Flores, de origen humilde, sin instrucción, pero experto en
la guerra habiendo participado pese a su corta edad en 83 acciones
de armas jugándose la vida, gozó del aprecio de Bolívar.
Hábil y ambicioso jugaba todas las cartas a su favor, tanto
normas constitucionales como vínculos sociales. Tuvo quince años
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de influencia política en la naciente República: de 1824 al 26 como
Jefe del Departamento de Quito; de 1828 al 30 como Jefe Superior
del Distrito del Sur de la Gran Colombia; de 1830 al 35 y de 1839 a
1845 como Presidente de la República nacionalizado por la norma
constitucional como soldado de la Independencia. En estos cinco lus-
tros aparece la figura del guayaquileño Vicente Rocafuerte, bueno y
bien formado mandatario, enemigo, amigo y finalmente enemigo del
general Flores que se rodeó para gobernar de militares extranjeros y
terratenientes criollos. Dichos años nada significaron para la estruc-
tura nacional, sino es la reflexión profunda del significado de la
igualdad y la libertad del ideario bolivariano, en este orden, toda vez
que se requería que los americanos miren a los españoles como igua-
les, en tanto género humano, para empoderarse, soñar y pelar por
la libertad a la que intrínsicamente tendría derecho si ha sabido con-
quistarla y merecerla.
Dice el Libertador en su gran discurso ante el Congreso de
Angostura:
(…)
un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve
a perderla: porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad
consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más
poderoso que el de los tiranos; que las buenas costumbres, y no la
fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el
ejercicio de la libertad
.
Señala Bolívar en el proyecto de Constitución que redactó
para Bolivia en 1826, respecto a la proclamación de derechos:
Las garantías más perfectas se han establecido: la libertad civil es la
verdadera libertad. Se ha escudado la seguridad personal, que es el fin
de la sociedad y de la cual emanan las demás. He conservado intacta
la ley de las leyes: la igualdad: sin ella perecen todas las libertades,
todos los derechos. La infracción de todas las leyes es la esclavitud: la
que la consagra sería la más sacrílega. Dios ha destinado al hombre a
la libertad: él lo protege para que ejerza la celeste función del albedrío.
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Igualdad, justicia y libertad son conceptos que el libertador
Bolívar los tiene es su saber, en su mente y en su espíritu con claridad
meridiana, principios y valores que los trasmite con toda la fuerza
de su convicción y su ejemplo hasta convertirla en doctrina sagrada
para su amigos y seguidores, para su ejército y los pueblos a ser li-
bertados.
En el mensaje al Congreso Constituyente de la República de
Colombia, el 20 de enero de 1830, dice el Libertador:
Todo es necesario crearlo, y vosotros debéis poner el fundamento
de prosperidad al establecer las bases generales de nuestra organización po-
lítica”.
La independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de
los demás. Pero ella nos abre la puerta para conquistarlos bajo vuestros so-
beranos auspicios, cono todo el esplendor de la gloria y de la libertad”.
Si su vida no se habría apagado este mismo año, su energía
vivificante habría sido la única capaz de fraguar los cimientos de las
repúblicas de su ideal y su gloria, libres y unidas en el esfuerzo, en
la solidaridad, en el orgullo, en el civismo, en la moral y la dignidad
para labrar un futuro de progreso en pos de la igualdad, tan utópica
y escurridiza en proporción a las igualdades y diferencia propias de
la naturaleza humana.
Nuestra vida republicana despierta con el Congreso Cons-
tituyente del 11 de septiembre 1830 convocado por el Gral. Juan José
Flores en Riobamba, integrado por representantes de los tres depar-
tamentos: Quito, Guayaquil y Azuay.
En suma, y al acercarnos al bicentenario de vida republicana
en Ecuador, bien vale avenirnos a los criterios del pensador pro-
fundo, magnífico orador, cinco veces presidente de la República, Dr.
José María Velasco Ibarra, quien, en una de sus obras dedicada a Bo-
lívar y en particular al estudio sobre las teorías constitucionales del
Libertador, anota:
Las luchas contra el gobierno español rompieron la tradición sudame-
ricana y nacieron a la vida libre, naciones sin precedentes, obligadas a
improvisarlo todo, es decir a caer de tanteo en tanteo. El genio político
de Bolívar, junto con las instituciones democráticas, quiso establecer
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instituciones conservadoras y aristocráticas que calmen el fervor de-
mocrático, que inspiren mesura en la innovación…”.
Cita al pensador francés Emilio Faguet por su idea de que la
democracia debía “aristocratizarse” por libre y espontáneo querer…
y dar cabida en el gobierno a los mejores, a los más doctos y buenos.
Bien dice el genio de Rodó, “la libertad es un alimento, pero
de difícil digestión”.
Gracias su gentil atención
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