BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
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landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
PRINCIPIOS, VALORES Y COMPORTAMIENTOS QUE,
EN QUITO, GUIARON A LA INDEPENDENCIA
1
Franklin Barriga López
2
Damas y caballeros:
El tema para este encuentro de significación académica con-
tinental es ¿Cómo fue que se planteó la libertad y la igualdad para las na-
ciones y para los súbditos en la revolución y en las tempranas repúblicas?
(1810-1848). En este contexto, me es grato exponer primeramente lo
siguiente que se refiere al nombre y ámbitos de nuestra capital, célula
originaria de la actual República del Ecuador.
De raíces milenarias en la prehispanidad, eje de lo que se
llamó el Reino de Quito y cuya historia fue estudiada de manera in-
tegral por el P. Juan de Velasco (1727-1792), en tres voluminosos
tomos publicados con el nombre de Historia del Reino de Quito en la
América Meridional, libro clásico de nuestra historiografía que pre-
senta los más antiguos fundamentos de la nacionalidad ecuatoriana.
Esta confederación de pueblos enfrentó a la invasión incásica
cuya presencia duró aproximadamente 52 años, desde 1580. Ata-
hualpa, nacido en Caranqui, jurisdicción de Quito, hijo del inca
Huayna Cápac y de la princesa Paccha Duchicela, al imponerse bé-
licamente al invasor peruano Huáscar fue el último emperador del
Tahuantinsuyo, el imperio de los incas. Una vez que Atahualpa fue
ejecutado por los españoles, en Cajamarca (1533), se consolidó la con-
quista española y hubo la fundación de pueblos, asientos, villas y
ciudades, a la usanza europea. Quito, en el sitio en que se hallaba la
1 Conferencia Magistral sustentada en Bogotá, el viernes 26 de abril de 2024, en la Academia
Nacional de Historia de Colombia, en las Terceras Jornadas Académicas del Congreso Ameri-
cano de la Libertad.
2 Director de Honor de la Academia Nacional de Historia del Ecuador y Presidente del Congreso
Americano de la Libertad.
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población aborigen fue incendiada en su retirada por Rumiñahui, el
belicoso jefe indígena. El 28 de agosto de 1534, en el sitio mismo de
la célebre y antigua ciudad indiana (“población principal de los
Ingas, ubicada a 30 leguas de distancia”, Diego de Almagro fundó
San Francisco de Quito, mediante acta suscrita en la actual Riobamba
(Santiago) el 28 de agosto de 1534; Sebastián de Benalcázar, después
y en concordancia con este documento, tomó posesión de lo que fue
capital de Shyris e Incas el 6 de diciembre del mismo año y le dio
vida jurídica con la instalación del Cabildo, nombramiento de auto-
ridades y repartición de solares. Hubo en ese entonces -según el res-
pectivo empadronamiento- 203 españoles y dos negros.
Lo que fue, principalmente, el Reino de Quito y territorios
aledaños vino a constituir lo que Felipe II, el 29 de agosto de 1563,
reconoció mediante la Cédula por la que, la Gobernación de Quito,
adjudicada a Gonzalo Pizarro, se elevó a la categoría de Real Au-
diencia y Chancillería Real de San Francisco de Quito, inaugurada
el 18 de septiembre de 1564. La extensión territorial abarcaba un mi-
llón doscientos mil kilómetros cuadrados, que se extendían desde el
Pacífico hasta el Atlántico, Real Audiencia, Presidencia y Chancillería
que duró desde 1563 a 1822, en que tuvo lugar, el 24 de Mayo, la Ba-
talla de Pichincha que puso fin al colonialismo y dio origen al repu-
blicanismo.
La ciudad de Quito se ha hecho merecedora a honrosas y su-
perlativas designaciones, entre otras: Descubridora del Amazonas,
Muy Noble y Muy Leal, Capital Mundial del Barroco, Relicario de
Arte en América, Capital Latinoamericana de la Cultura y el univer-
salmente reconocido título, otorgado por la Unesco, en 1978, Patri-
monio Cultural de la Humanidad. Especial relieve, por ser uno de
sus principales blasones, tiene el nombre de Luz de América, por su
vocación hacia la libertad y que fue colocada en el faro de Valparaíso,
debido a que fue mentalizada por Fray José Camilo Henríquez Gon-
zález (1769-1825), religioso de la Congregación de la Buena Muerte
(llamada así por asistir preferentemente a enfermos y moribundos),
héroe chileno, diputado y senador del primer Congreso que se ins-
taló en América Hispana, en 1811, del que fue Presidente, además
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de bibliotecario de la ciudad de Santiago y redactor de La Aurora de
Chile. Este personaje, en años de la Independencia, estuvo en Quito,
por lo tanto tenía pleno conocimiento de lo que sucedió, habiendo
escrito, producto de esta experiencia, La Camila o la patriota de Suda-
mérica que se publicó en Buenos Aires.
Nombrado Presidente del senado chileno, propuso y obtuvo
de ese cuerpo legislativo la declaratoria de que “Quito es Luz de
América, con el mandato oficial de que esa frase, grabada en grandes
caracteres, sea colocada en el faro ubicado a la entrada del puerto de
Valparaíso, para que la vean todos los marinos y viajeros que arriben
a éste”.
3
Este espacio dedico a Quito Luz de América, a fin de que
siempre se encuentre resplandeciente el título en referencia, en lo
más alto de la conciencia especialmente ecuatoriana, como uno de
los mayores símbolos para su identidad y progreso, basándose en la
libertad y la democracia.
El 10 de Agosto de 1809, por el que se dio a Quito el título de
Luz de América, significa, para Ecuador y Latinoamérica, una fecha
de lección, recordación y civismo. Luego de este acontecimiento, Ca-
racas preconizó algo similar en pro de la Independencia, el 18 de
abril de 1810, seguido, el 25 de mayo de ese mismo año, por Buenos
Aires, el 20 de julio por Bogotá, el 16 de septiembre por México y,
dos días después, por Santiago de Chile.
Cuando realizaba investigaciones en el Archivo Nacional de
Colombia, en Bogotá, entre otros documentos encontré uno, cuya
copia obsequié, el 27 de abril de 1976, a la I. Municipalidad de Lata-
cunga y en el que estaban 47 nombres, sin incluir los pertenecientes
a la tropa: es una lista condenatoria, de gran referencia para los re-
alistas, que delata a los complotados, de la noche del 9 de agosto, en
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3 El embajador Manuel de Guzmán Polanco, quien fue Director de la Academia Nacional de
Historia del Ecuador, escribió el libro “Quito, Luz de América”, Universidad Alfredo Pérez
Guerrero y Academia Nacional de Historia, Quito, 2009. En esta obra, el también Director de
nuestra Academia, Dr. Jorge Núñez Sánchez escribió -de la página 181 a la 210- dos capítulos,
titulados Camilo Henríquez y la Independencia de Quito y El pensamiento político de Camilo
Henríquez, de los cuales he transcrito los renglones que constan entre comillas.
que se reunieron, en la casa de Manuela Cañizares, situada junto a
la iglesia de El Sagrario, en Quito, contigua a La Catedral, muy cer-
cana al Palacio de Gobierno.
En esta cita, eminentemente patriótica, emergió la figura de
esta Manuela, decidida y apasionada heroína, que infundió denuedo
a las voluntades y motivó a los hombres reunidos –que parecían in-
decisos- para la revuelta. Esa imagen ha quedado eternizada en el
imaginario nacional: enérgica, visionaria, incitando a quienes inten-
taban abandonar el plan. Así, se cohesionaron criterios y se pro-
gramó lo que tenía que cumplirse. La Junta Soberana quedó
integrada de esta manera:
Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, Presidente. El
Obispo José Cuero y Caicedo, Vicepresidente. Drs. Juan de Dios Mo-
rales, Manuel Quiroga y D. Juan Larrea, Secretarios de Estado. Juan
de Dios Morales fue de fe inquebrantable, como también de clara in-
teligencia.
En la indicada noche del 9 se planificó lo que iba hacerse al
otro día. El 10, la fecha memorable, el Dr. Antonio Ante, en las pri-
meras horas de la mañana, entregó al Presidente de la Real Audien-
cia, Conde Ruiz de Castilla (Manuel Urriez), una comunicación que
identificaba el hecho emancipador, haciéndole saber de la cesación
de sus funciones. Episodios por demás conocidos de nuestra Historia
se suceden: en la Plaza Grande o Principal, la guarnición comandada
por Salinas vitorea a la Junta Soberana. La evocación del rey español
preso por las huestes napoleónicas, Fernando VII, y una supuesta
solidaridad a éste, configuraron, asimismo, la revuelta (pretexto
oportuno aunque no convincente para los propios chapetones).
Esta acción ha sido considerada como el Primer Grito de In-
dependencia en Hispanoamérica, advirtiendo que los precedentes
levantamientos populares de Montevideo (21 de septiembre de 1808)
o de Charcas (Chuquisaca, en la actual Bolivia, 25 de mayo de 1809
o el de antes, el de Oruro, en 1781), no tuvieron el carácter pionero
que el de Quito, que infundió a los patriotas, al desconocer a las au-
toridades españolas y poner en su lugar a criollos, al encarcelar in-
cluso a los dirigentes godos y al enarbolar el concepto de soberanía,
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como bien lo reconoció el Dr. Jorge Salvador Lara, asimismo director
de la Academia Nacional de Historia del Ecuador:
En la noche del 9 al 10 se redactó el “acta” famosa- que hoy orla el mo-
numento a la Independencia en la Plaza Mayor de Quito, escritas con
letras de oro-, a la que denominaron “Constitución”, suscrita por “repre-
sentantes populares; fueron apresadas las autoridades españolas y, en
su lugar, se creó una “Junta Soberana”, con ministerios de Estado –Inte-
rior, Relaciones Exteriores, Guerra y Hacienda un “Senado” de Justicia,
un Congreso por reunirse, un cuerpo de ejército, una condecoración,
nuevos cargos, títulos, soldados. Los dirigentes revolucionarios se atri-
buyeron facultades hasta entonces reservadas exclusivamente al rey.
4
La repercusión del 10 de Agosto se proyectó a los confines
americanos. Para subrayar su importancia, pueden traerse a colación
numerosos testimonios de acreditados historiadores; por ahora, me
concreto solamente a tres:
Camilo Destruge, historiador guayaquileño, hizo estas pun-
tualizaciones:
El Sr. Bolívar Calvo, Secretario del Ayuntamiento de Santiago de Chile,
dice: “Los sudamericanos nos preparamos con entusiasmo a celebrar
dignamente EL CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA…Corres-
ponderá al Ecuador iniciar la celebración del Centenario, pues FUE EL
PUEBLO DE QUITO EL PRIMERO QUE PROCLAMÓ SU INDEPEN-
DENCIA. La fecha del 10 de Agosto de 1809 merece por eso ser recor-
dada particularmente por los ecuatorianos, y por los sudamericanos
en general, ya que AQUELLOS DIERON EL EJEMPLO, que pronto
tuvo tan DIGNOS IMITADORES EN LAS DEMÁS COLONIAS ESPA-
ÑOLAS”
4 Salvador Lara, Jorge, Trascendencia universalista del 10 de Agosto de 1809, en Museo Histórico
N. 69, órgano del Archivo Municipal de Historia de la Ciudad de Quito, Bicentenario de “Quito
Luz de América”, año XLI, Quito, 19 de Agosto de 2009 a 2 de Agosto de 2010, pp. 8 y 9.
5 Controversia histórica sobre la iniciativa de la independencia americana-Refutación a un ale-
gato, por Camilo Destruge, Director de la Biblioteca Municipal de Guayaquil, Guayaquil, Li-
brería e Imprenta Gutenberg de Uzcátegui & CIA, 1909, pp. 112 a 116. Reimpreso: Publicación
del Programa Editorial de la Biblioteca Municipal de Santiago de Guayaquil (no consta fecha).
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El académico Dr. Javier Ocampo López resalta, en su Historia
Básica de Colombia,
6
lo que viene:
La Revolución de Quito realizada el 10 de Agosto de 1809 tuvo su in-
fluencia en el Nuevo Reino de Granada, pues alrededor de su problema
se realizó la junta extraordinaria de Santa Fe de Bogotá el 6 de septiem-
bre de 1809, Los criollos granadinos, encabezados por Camilo Torres,
fueron partidarios de apoyar a los quiteños y de organizar una junta
provincial acorde con España y con las necesidades de la Nueva Gra-
nada. Esta junta extraordinaria se disolvió, pero dejó en claro la pro-
funda división entre los criollos granadinos y las autoridades coloniales
José Manuel Groot, en su libro Historia Eclesiástica y Civil de
la Nueva Granada, escrita sobre documentos auténticos, Bogotá, 1869, pa-
ladinamente afirmó que “la revolución en Sudamérica empezó en Quito”
7
Para este acontecimiento excepcional, el del 10 de Agosto de
1809, convergieron circunstancias internas y externas: las tirantes re-
laciones entre españoles y criollos, el estado de pobreza en que se
encontraba sumida la Audiencia, la concertación de voluntades de
los sectores dirigentes (nobleza ilustrada clero y militares), afán de
autonomía con los Virreinatos de Lima y Nueva Granada, que se ha-
llaban tan distantes. Fueron altamente orientadoras las enseñanzas
de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, el acervo emancipador que trajo
consigo la Ilustración (Sociedad Patriótica de Amigos del País y Es-
cuela de la Concordia) y sus vínculos con pensadores de avanzada,
como los santafereños Antonio Nariño, Francisco Antonio Zea, Ca-
milo Torres, Jorge Tadeo lozano, José Celestino Mutis o Antonio José
de Caldas, así como los viajeros que traían luces de rebelión y de cul-
tura, como Humboldt o Bonpland. La Independencia de los Estados
Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789) tuvieron positivo in-
flujo en esos años, así como la invasión napoleónica a la Península
Ibérica que originó la constitución de juntas patrióticas.
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6 Plaza & Janes, editores Colombia, Bogotá, 1995, p. 197.
7 Selección de esta obra consta en el libro La Revolución de Quito 1809-1822 según los primeros
relatos e historias por autores extranjeros, selección, estudio introductorio y notas, Jorge Sal-
vador Lara, Corporación Editora Nacional, Quito, 1982, p.464.
Ofrendaron sus vidas, de manera semejante a los líderes qui-
teños en el fatídico 2 de Agosto, algunos de los patriotas colombianos
cuyos nombres acaban de ser indicados y estos adicionales, entre
otros, en lo que se conoce como el Régimen del Terror, por cuanto
cada ciudad deploraba la muerte de sus principales hombres y por todas
partes se levantaba el patíbulo y se llenaban los calabozos”:
8
Camilo Torres,
Francisco José de Caldas, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano,
Frutos Joaquín Gutiérrez, Antonio Baraya, José Cayetano Vásquez,
Liborio Mejía, Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos y más grana-
dinos dignos del recuerdo y admiración imperecederos. En este re-
cuento de los mártires de la libertad se encuentra asimismo el
quiteño Antonio Villavicencio, Capitán de Fragata Conde del Real
Agrado, Comisionado Regio, fusilado por los realistas en 1816; él es-
tuvo casado con Gabriela Barriga y Brito, heroína colombiana, “per-
teneciente a una de las familias más nobles y ricas de Bogotá”, de
acuerdo a informaciones provenientes de la Universidad de Nottinh-
ham,
9
uno de los centros de educación superior mejores del mundo,
localizado en Gran Bretaña. Gabriela fue confinada a la población de
Anolaima, obligada a trasladarse allá a pie desde Bogotá, 70 kilóme-
tros, entre otros atropellos que sufrió.
Sobre la estirpe bogotana de los Barriga López de Castro bien
vale recordar a Don Tomás de Barriga y Brito, abogado y coronel,
que ocupó altos cargos en Cundinamarca, su patriotismo se unió al
de Dña. Antonia de Jesús López de Castro y Lamas, su aristocrática
esposa: de este enlace nació una prole descrita por numerosos auto-
res, entre ellos por el tribuno y periodista santandereano Florentino
González (1805-1874), en sus Memorias, editadas en París, o por José
María Baraya, historiador y periodista, Alcalde de Bogotá en los años
1849 y 1850, autor, entre otros libros, de Biografías militares o historia
militar del país en medio siglo, que escribió:
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8 Ibíd, p.206.
9 Las mujeres en la Independencia de América Latina. Una exploración en la participación de las
mujeres en las guerras de la Independencia, traducido por Freya Macknight, con este título
puede leerse el artículo en internet.
Parece que la Providencia hubiera escogido familias enteras para la
consecución de la Independencia. Una de ellas, la familia Barriga, de
la cual hasta las mujeres tomaron parte activa y heroica en la lucha. La
casa de la Sra. Gabriela Barriga fue un verdadero club revolucionario,
a la que concurrían los hombres más notables de la época. Su hermano
Tomás firmó el acta de la Independencia de 1810 y sufrió el presidio y
la persecución.
10
De este enlace nacieron sus hijos que fueron pundonorosos
soldados de la libertad y funcionarios de alto rango. Bastan estos
nombres para confirmar lo aseverado, no claudicaron en sus ideales
y acciones, gente que ocupa páginas de gloria no solo en Colombia:
Valerio Francisco, José María, Sebastián e Isidoro que, luego de su
participación en no pocos combates por la Independencia en varios
países, residió en Quito hasta su muerte entre el afecto de los ecua-
torianos, como lo demuestra la magnitud de su apoteósico sepelio
acontecido en 1850 (fundó la Sociedad de Historia e Idiomas que pre-
cedió a la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos
que luego tomó el nombre -por disposición del Congreso Nacional-
de Academia Nacional de Historia del Ecuador): el Gral. Isidoro Ba-
rriga contrajo matrimonio con Dña. Mariana Carcelén, Marquesa de
Solanda; se compenetró profunda y lealmente con el destino del
Ecuador, al que sirvió con patriotismo y nobleza, sin apartarse de
sus ideales republicanos. Me fue grato escribir su biografía.
11
La inconformidad del espíritu de los quiteños fue denun-
ciada por el obispo Leonardo Santander en estos términos al rey de
España, luego de la Batalla de Pichincha:
Quito, ciudad que desde su Descubrimiento, según he oído de la
misma boca de sus habitantes que se jactan de ello, cuentan 27 revolu-
ciones urdidas para eximirse de la dominación de los Reyes de España
y que en 1809 fue la primera que levantó el grito y el estandarte de la
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10 Baraya, José María, Biografías militares o historia militar del país en medio siglo, Imprenta de Gai-
tán, 1874.
11 Barriga López, Franklin, El General Isidoro Barriga en la Historia de Ecuador, Colombia, Ve-
nezuela, Perú y Bolivia, Ediciones Amauta, México, Buenos Aires, Caracas, Quito, 2008, 240
páginas.
rebelión en toda la América Meridional.- En Quito, ciudad en donde
no obstante de extender su población a sesenta mil habitantes, no se
encuentra sino seis o siete personas que no sean insurgentes, incluso
clérigos, frailes y monjas, y en cuya Diócesis de mi cargo compuesta
de 204 pueblos, solo se contaron veinte o treinta individuos fieles a
S.M.-En Quito, donde a cara descubierta, maldicen impunemente la
dignidad real, tanto que las Monjitas Carmelitas Descalzas de los dos
conventos que hay en este Instituto, a pesar de estar recoletas se mues-
tran aún más insurgentes que las de los otros que lo son en supremo
grado, y gritan como locas: ¿quién fuera cocinera de Bolívar o de Sucre,
más bien que depender del Rey de España. Y en donde siguiendo el
ejemplo de estas hijitas adulterinas de Santa Teresa, la gente perdida
que concurre a las casas públicas de juego dice continuamente por do-
naire o chiste: Allá va el rey que es la primera que quiero descartarme,
pues lo aborrezco”, donde se blasfema del Gobierno español, ya sea
absoluto o constitucional.-Mande Vuestra Majestad que se siembre sal
para que sirva de escarmiento y para que todo el que pase por ella, no
conozca ni sepa donde estuvo. Se perdió desgraciadamente Quito y
toda su Provincia en dicho día 25 de Mayo de 1822, en que entraron
las tropas colombianas
.
12
Este fue el espíritu de libertad que se consolidó a lo largo de
los siglos de dominación española y que emergió sobresaliente el 10
de Agosto de 1809. Salvador Lara
13
ubica al Acta del Pueblo, suscrita
en el Palacio Real de Quito, el 10 de Agosto de 1809, mediante la
cual se derrocó al Gobierno español y se constituyó la Junta Suprema
Gubernativa del Reino de Quito, estableciéndose estructura política
y sentando las bases jurídicas del nuevo Estado, como la Primera
Constitución Política de la nación ecuatoriana.
Con el 10 de Agosto quedó vivo el rescoldo independentista
que no se apagó hasta alcanzar liberarnos del yugo español. Hubo
reacciones –y muy duras: no pocos patriotas pagaron con la incau-
tación de sus bienes, la prisión, el ostracismo y hasta con sus vidas.
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12 Alemán, Hugo, Sucre, parábola ecuatorial, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1970, pp. 171
y 172.
13 Salvador Lara, Jorge, La Primera Constitución Política de la nación ecuatoriana, la del 10 de Agosto
de 1809.
Llegaron a Quito tropas de Bogotá, Panamá, Barbacoas, Po-
payán y Pasto, por el norte; por el sur, de Lima, Cuenca y Guayaquil,
al mismo tiempo que el Virrey Abascal, asentado en Lima, bloqueó
la costa. Además, hubo en la Junta división interna por reparto de
cargos públicos, incitación en contrario por parte de autoridades ci-
viles y eclesiásticas leales a la Corona, resentimientos incluso racia-
les, inexperiencia para enfrentar las circunstancias prevalecientes,
descontento en los moradores por la decadente economía.
La represión de los chapetones llegó a niveles de máxima
crueldad, cuya máxima expresión se produjo el 2 de Agosto de 1810,
día en que se llevó a cabo la masacre de los próceres encarcelados en
el Cuartel Real de Lima, como así se llamaban las dependencias que
hoy son municipales en Quito, junto al Palacio de Gobierno: “Quito
perdió de golpe una parte de sus líderes y toda Hispanoamérica se conmovió
ante la tragedia”.
14
A más de los centenares de quiteños que fallecieron en la ma-
sacre, singularmente para nuestro país fue pérdida inmensa la
muerte de los líderes preparados y decididos a la causa de la libertad,
con lo cual el golpe realista fue muy duro, pero no demoledor por
cuanto el ansia de autonomía no pudo ser doblegada ni por la bru-
talidad de estos y otros crímenes.
Quedó resumida la nómina de los dirigentes que fueron víc-
timas de la vil acción,
15
cobardemente asesinados en sus celdas:
Juan de Dios Morales, designado por al Junta Suprema mi-
nistro de Negocios Extranjeros y de Guerra;
Manuel (Rodríguez de) Quiroga, ministro de Gracia y justicia
J.S., “la cabeza verdaderamente firme y segura de la revolu-
ción de agosto”;
– Juan Salinas, coronel, jefe del Ejército de la Junta Suprema,
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14 Landázuri Camacho, Carlos, La Segunda Junta Quiteña, 1810-1812. Capítulo VI de la Revo-
lución de Quito, en Valencia Llano, Alonso, El movimiento del 10 de Agosto de 1809, Corpora-
ción Editora Nacional, Diario El Comercio y Universidad Andina Simón Bolívar-Ecuador,
Quito, 2009, p. 42.
15 Ibíd., pp. 41 y 42.
Mariano Villalobos, diputado por el barrio de San Blas, a la
Asamblea del 10 de Agosto de 1809;
– Javier Ascázubi, diputado por el barrio de San Marcos;
Juan Pablo Arenas Lavayén, teniente coronel, auditor general
de Guerra;
José Riofrío, cura de Píntag y capellán de las tropas patrio-
tas.
El destino de otras personas de relieve tampoco fue ventu-
roso: Juan Pío Montúfar, el Segundo Marqués de Selva Alegre, como
se recodará presidente de la Junta de Gobierno, fue insistentemente
perseguido, capturado y condenado a muerte, de la que se libró de-
bido a estrategia hábil; confinado a Loja se le confiscó sus cuantiosos
bienes, finalmente se le desterró a España, de donde no volvió ya
que falleció en lugar cercano a Sevilla. Su hijo, Carlos, quien acom-
pañó a Humboldt en sus viajes no solamente por la Real Audiencia
de Quito, heroico combatiente en Bailén, Comisionado Regio, luego
se puso al frente de las Milicias acatando el nombramiento de la
Junta, batalló y fue reducido a prisión en la histórica hacienda de Los
Chillos por Melchor de Aymerich. Engrillado se le condujo a Panamá
de donde huyó para enrolarse a las órdenes de Bolívar en el Valle
del Cauca, participó en varias batallas hasta que finalmente fue apre-
sado y condenado a muerte; se le fusiló, en 1816, en Buga. He ahí el
perfil de padre e hijo, del sacrificio que ofrendaron, junto a otros ciu-
dadanos dignos de permanente recuerdo: reflejan, ambos, el signifi-
cado de los héroes para darnos una Patria mejor.
En este recuento no se puede dejar de mencionar al rebelde
obispo José Cuero y Caicedo, vicepresidente de la Primera Junta Su-
prema, quien murió en Lima, envuelto en el exilio.
Mención especial merece la mujer, por su trabajo a veces ca-
llado pero siempre decisivo no solo en el hogar, sirvió de aliciente
formidable a la causa patriota. Basta referirse a estas lideresas, para
valorar su entrega y esfuerzo encomiables por el lado que se lo mire:
Manuela Espejo, con su seudónimo de Erophilia, que signi-
fica amiga del amor y la sabiduría, escribió en Primicias de la
Vida académica
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Cultura de Quito, fue digna hermana del Precursor y esposa
de José Mejía Lequerica. Evidente la influencia que ejerció
en estos personajes;
A María de la Vega, esposa de Juan Salinas, el asesinado el 2
de Agosto, se le ahorcó en la Plaza Grande, después de ha-
cerle sufrir indecibles atropellos;
Manuela Cañizares, igualmente perseguida, se ocultó en Pu-
jilí;
Rosa Zárate, junto a su esposo, Nicolás de la Peña, fue fusi-
lada en Tumaco, en 1813;
Más tarde, Manuelita Sáenz, hasta hoy calumniada, fervorosa
heroína amante de Bolívar, falleció en Paita, en pobreza ab-
soluta, perseguida y olvidada.
Felizmente, el rol significativo de la mujer, en el Ecuador
contemporáneo está siendo reconocido en libros y más publicacio-
nes, para afianzar su imagen y valorarle debidamente, en la concien-
cia colectiva.
A fin de lavar, seguramente, la falta de cumplimiento en la
palabra empeñada, por cuanto no se cumplió la promesa de que no
habría retaliaciones para los patriotas comprometidos en la causa del
10 de Agosto y presionado por lo que tuvo lugar el 2 de Agosto que
hacía temer una explosión social de impredecibles consecuencias,
Ruiz de Castilla trató de que, inmediatamente, se convocara un Real
Acuerdo que supuestamente aplacaría los ánimos en ebullición.
El sentimiento quiteño jamás perdonó la represión, siempre
mantuvo vivo el recuerdo de sus mártires, hasta llegar a Pichincha.
El propio conde Ruiz de Castilla, en 1812, murió a consecuencia de
las heridas que le propinó un grupo de exaltados. En la horca y sin
fórmula de juicio, fue ejecutado el oidor Fuertes y Amar, sobrino del
Virrey de Santa Fe de Bogotá. Criollos, colaboradores de los realistas,
como Pedro Calisto y su hijo, terminaron fusilados.
De otro lado, la reacción de los españoles fue de fiereza, con
el fin de implantar no solamente miedo sino terror, por eso, algunos
criollos y sus familiares justificaron fidelidad ante los opresores.
Vida académica
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BOLETÍN ANH Nº 212
Implacables en su ferocidad. El presidente realista de Quito,
Joaquín Molina que reemplazó a Ruiz de Castilla; su sucesor, Toribio
Montes, fue más sanguinario a igual que su brazo ejecutor el coronel
Juan Sámano, al que se le conocía como “hombre iracundo y cruel”.
Asimismo, Juan Ramírez que reemplazó a Montes y al que sucedió
(1819) el mariscal de campo Melchor de Aymerich, furibundo anti-
rrepublicano, vencido en Pichincha. Con este tipo de gobernantes,
que cumplían a rajatabla la política colonialista del inconsecuente y
restablecido Fernando VII, que envió una fuerza expedicionaria de
diez mil experimentados efectivos para sofocar cualquier intento de
liberación de Hispanoamérica, el espíritu de libertad no se amenguó,
más bien creció, en el interior de los patriotas que, en ocasiones, de-
mostraron su vocación, públicamente, como las inolvidables gue-
rrillas serranas a caballo.
Hasta llegar a 1820, en que se intensificaron las acciones ar-
madas de los patriotas, el estado de cosas no fue de una calma se-
pulcral; las semillas del 10 y del 10 de Agosto cayeron en surco fértil.
El asesinato del prócer Dr. Antonio Ante (1818), que se hallaba fugi-
tivo, demuestra el imperante grado de persecución, astucia y despo-
tismo de los servidores de la monarquía, como quedó expuesto.
Simón Bolívar, en el Manifiesto a las naciones del mundo, sobre
la Guerra a Muerte, al realizar un análisis de la situación, exaltó el sig-
nificado del 2 de Agosto de 1810 y el sacrificio de los quiteños y sus
consecuencias:
No hablemos de los tres siglos de ilegítima usurpación, en que el go-
bierno español derramó el oprobio y la calamidad sobre los numerosos
pueblos de la pacífica América. En los muros sangrientos de Quito fue
donde la España despedazó los derechos de la naturaleza y de las na-
ciones. Desde aquel momento del año 1810 en que corrió la sangre de
los Quiroga, Salinas, etc., nos armaron con la espada de las represalias
para vengar aquellas sobre todos los españoles. El lazo de las gentes
estaba cortado por ellos; y por este solo primer atentado, la culpa de
los crímenes y las desgracias que han seguido, debe recaer sobre los
primeros infractores.
16
Vida académica
BOLETÍN ANH Nº 212
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16 Cuartel General de San Mateo, febrero 24 de 1814.
Luego de la victoria alcanzada en el Pichincha, cuya gloria
directa pertenece a Antonio José de Sucre, Simón Bolívar fue recibido
apoteósicamente en Quito, el 16 de junio de 1822. Allí, conoció a Ma-
nuelita Sáenz, su apasionada compañera en el descanso del guerrero,
en el campo de batalla y en los tiempos de la ingratitud: en ese día
le lanzó una corona de laurel desde un balcón y allí comenzó todo,
hasta coinvertirse en la Libertadora del Libertador: este gesto se lo
mantiene en la memoria de los quiteños en forma de recuerdo im-
perecedero.
Bolívar, en célebre carta, exteriorizó de esta manera su senti-
miento de reconocimiento y gratitud para Quito, por haber enarbo-
lado de manera primicial, la Ciudad Patrimonio Cultural de la
Humanidad, el estandarte de la Independencia:
El gozo de Colombia ha llegado a su colmo al recibir en su seno al pue-
blo de la República que levantó primero el estandarte de la libertad y
la ley contra la usurpación extranjera. Quito llevará consigo siempre el
rasgo más distintivo de su gran emprendimiento y del conocimiento
perfecto de una política sublime y de patriotismo acendrado; en recom-
pensa a tantos títulos por la posteridad de Colombia, ésta agotará su
poder y su deseo de derramar sobre la generosa Quito todos los cau-
dales de la riqueza, de la industria de la libertad y del bienestar nacio-
nal. Puede contar el Sur de Colombia con que las facultades ilimitadas
que el Congreso General me ha conferido se extenderán ilimitadamente
en beneficio de la tierra querida de la patria y de la última víctima del
despotismo.
17
Los tiempos de confrontación para alcanzar la Independen-
cia fueron de guerra a muerte, como bien preconizó el Libertador:
de otra manera no hubiera sido posible alcanzarla. No era para an-
darse con tibiezas si el poder monárquico fue ejercido con crueldad
en ese lapso. Había entonces, en aquel régimen de terror, como se ha
llamado, tribunales para sancionar enérgica y hasta mortalmente a
los patriotas:
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17 Blanco, José Félix, Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia Perú
y Bolivia, publicados por disposiciones del General Guzmán Blanco, Imprenta La Opinión Nacio-
nal, Caracas, 1876, p. 427. Este documento puede leerse también en Núñez Sánchez, Jorge,
Bolívar en el Ecuador, Boletín de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, N. 200.
El Consejo Permanente de Guerra que dictaba las sentencias de muerte
contra los patriotas; el Consejo de Purificación que juzgaba a aquellos
insurgentes que en su concepto no fueran merecedores de la pena ca-
pital; y la Junta de Secuestros, destinada a embargar los bienes de los
comprometidos en el delito de rebeldía.
18
La lucha por la Independencia, en lo que ahora es Ecuador,
concluyó con la Batalla de Pichincha, el 24 de Mayo de 1822. Luego,
vino su integración a la Gran Colombia, con el nombre de Distrito
del Sur, que comprendía tres Departamentos con sus capitales Quito,
Guayaquil y Cuenca. El 13 de Mayo de 1830 surgió el Estado que,
en 1835, dejó de ser confederado a la República de Colombia: nació
entonces la República del Ecuador, con propia autonomía y sobera-
nía como fruto de la Constitución aprobada en la Convención Na-
cional reunida en Ambato.
Para los análisis históricos, no se puede prescindir de la ubi-
cación de los hechos en la época en la que se llevaron a cabo, las
circunstancias prevalecientes en aquellos momentos, las motivacio-
nes conducentes a los mismos. Pretender juzgar con el lente contem-
poráneo lo sucedido hace siglos, no tiene validez científica, a no ser
que se desarrolle los temas en el ámbito de la historia comparada,
eso es otra cosa.
Sin apartarnos de las consideraciones precedentes, en los
tiempos de la Independencia, a la altura de 1825, pocos meses des-
pués de que se produjo la Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de
1824), que selló las luchas de los patriotas en latitudes sudamerica-
nas, para el advenimiento del republicanismo, esta era la población
de la Gran Colombia, según los datos del primer censo oficial:
19
Nueva Granada 1.327.000 habitantes
Mestizos, mulatos y negros 43%
Indígenas 35%
Blancos 22%
Vida académica
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18 Cit. N.4, p. 206.
19 Cit. 4, p. 227.
Venezuela 800.000 habitantes
Mestizos, mulatos y negros 59%
Blancos 26%
Indígenas 15%
Ecuador
20
550.000 habitantes
Indígenas 90%
Blancos 6%
Negros 4%
Libertad e igualdad
La población, conformada de la forma expuesta, posibilita
determinar las clases sociales que estructuraban la pirámide social
de entonces: el 6% de blancos, con todos los privilegios y oportuni-
dades, habiendo sido los llegados de Iberia los de mayor jerarquía
(españoles nacidos en la Península), luego estaban los criollos, espa-
ñoles o hijos de ellos nacidos en nuestros territorios, que mantenían
rivalidades con los primeros:
(…) frente a los avances portugueses en el Amazonas, el criollo quiteño
se sentía español y aun se alistaba para la lucha, pero frente al chapetón
y ante el embate de las reformas borbónicas que buscaban subordinarlo
todavía más, se sentía orgullosamente americano
21
Indígenas y negros, por sus condiciones de marginamiento,
estaban al servicio de españoles y criollos, incluso formando parte
de las milicias de bando y bando. No es desacertado este criterio: “El
proyecto criollo, que era fundamentalmente, un proyecto de blancos
y para blancos, y por lo tanto resultaba excluyente de indios, negros
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20 Aclaro que el nombre propio es Distrito del Sur que, en 1830, se convirtió en la República del
Ecuador, como quedó registrado en renglones anteriores.
21 Núñez Sánchez, Jorge, El Ecuador en la historia, Academia Nacional de Historia y Casa de la
Cultura Ecuatoriana, Quito, 2016, p. 114.
y castas, aunque incluía a la plebe urbano blanco-mestiza como un
elemento complementario, aunque solo fuese como comparsa de su
acción social y política”.
22
Las clases inferiores prácticamente no tenían acceso a la edu-
cación sino a niveles rudimentarios para el desempeño de sus ofi-
cios. Al haber imperado el analfabetismo en esos sectores, las ideas
de la Ilustración eran poco asimiladas y, a las clases elevadas, llega-
ban impresos de manera subrepticia, ya que eran prohibidos. Recor-
damos lo que sucedió al prócer colombiano Antonio Nariño, que
tradujo y editó (1793) la Declaración del Hombre y del Ciudadano,
por primera vez en la América de habla española. El texto, brotado
en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente francesa, el 26 de
agosto de 1789, a las seis semanas de la toma de la Bastilla, inspirado
en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776),
vino a iluminar mentes y alentar los afanes independentistas en la
clase pudiente criolla, que generalmente sabía leer y escribir; no eran
para menos si en su Art. 1 expresaba: “Los hombres nacen y permanecen
libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales solo pueden fundarse
en la utilidad común”;
23
y, también, si en su Art. 2 contemplaba: “La fi-
nalidad de cualquier asociación política es la protección de los derechos na-
turales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la
propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión
24
Fue por demás
trascendental el haber expuesto y difundido los derechos naturales,
inajenables y sagrados del hombre, orientados al bien común que es
su esencia, en sus comienzos de manera clandestina, como no podía
ser de otra manera, dado el régimen que gobernaba por casi tres si-
glos en estas tierras.
Estos postulados, libertad e igualdad, fueron planteados pri-
mero como muestra de fidelismo a España, ante la invasión francesa
a la Península Ibérica y el reinado por cinco años (1808-1813) de José
I, apodado Pepe Botella, hermano de Napoleón Bonaparte. Luego y
ante los enfrentamientos armados que se produjeron entre españoles
Vida académica
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22 Ibíd., p. 111.
23 Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Declaración del Hombre y del Ciudadano, 1789.
24 Ibíd.
y criollos la contienda fue abierta y recia entre los dos bandos. A los
patriotas animaba el pensamiento de su máximo líder, Simón Bolívar,
en sus manifiestos, discursos, proclamas, decretos, cartas, acordes al
juramento que hizo, con apenas 22 años de edad, de consagrar su
vida a la causa de la Independencia de Hispanoamérica, desde la
cima de una de las colinas de Roma, el 15 de agosto de 1805 y en pre-
sencia de su maestro Simón Rodríguez.
En el Cuartel General de Trujillo (Venezuela), Bolívar, el 15
de junio de 1813, emitió su Decreto de Guerra a Muerte, considerado
Ley Fundamental de la República, ratificado el 6 de septiembre el
mismo, en el Cuartel General de Puerto Cabello. Allí, se lee estas ex-
presiones que revelan la contundencia para la lucha independentista:
“La justicia exige la vindicta y la necesidad nos obliga a tomarla. Que
desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que
lo infestan y han cubierto de sangre: que su escarmiento sea igual a
la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de
nuestra ignorancia y mostrar a las naciones del Universo que no se
ofende impunemente a los hijos de la América”.
25
En la Carta de Jamaica (6 de septiembre de 1815, en respues-
tas al inglés Henry Cullen), el mismo Libertador diagnosticó lo que
venía aconteciendo:
El destino de la América se ha fijado irrevocablemente; el lazo que nos
unía a España está cortado; la opinión era toda su fuerza (…) Lo que
antes las enlazaba hoy las divide, la monarquía, el odio que nos ha ins-
pirado la Península es más grande que el mar que nos separa de ella;
menos difícil es unir los dos continentes, que reconciliar las patrias de
ambos países (…) Se han roto las cadenas, ya hemos sido libres y los
europeos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, la América
combate con despecho, y rara vez la desesperación no ha arrastrado
tras sí la victoria.
26
25 Blasco Fombona, Rufino, Bolívar y la Guerra a Muerte: época de Boves, 1813-1814, Ministerio
de Educación, Caracas, 1969.
26 Cartas del Libertador por Vicente Lecuna, corregidas conforme a los originales, mandadas
publicar por el Gobierno de Venezuela presidido por el Gral. J.V. Gómez, Caracas, Lit. y Tip.
Del Comercio, 1929.
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A pesar de reveses sufridos, el espíritu y la acción de Simón
Bolívar permanecieron incólumes, impertérritos hacia la victoria que
consiguieron para varios pueblos de América, luego de las célebres
y conocidas batallas que fueron definitivas para la Independencia.
El ideario de Simón Bolívar no debe ser adulterado, como la-
mentablemente sucede con aquellos que los han secuestrado con
burdas tergiversaciones para afianzar, fraudulentamente, consignas
totalitarias, como acontece con los actuales opresores de Venezuela,
Cuba y Nicaragua: la libertad y la igualdad fueron los máximos ob-
jetivos de este grandioso personaje digno, por parte de las genera-
ciones, de respeto, gratitud, admiración perpetuos.
No deben pasar desapercibidas estas reflexiones: “La historia
de la Independencia ha sido contada una y otra vez y ha pasado por
un largo proceso de construcción y deconstrucción; quien narra los
eventos lo hace siempre desde un presente. En definitiva, la historia
no es solo pasado ni solo recuerdos (Richard, 2010). Al contrario, se
construye desde el presente y pensando siempre en un futuro posible
(Bursa, 2011, Lechner y Güell, 1998, Achúgar 2003). De allí, las ina-
gotables posibilidades de la historia y también su dificultad, ya que
su objetivo de estudio está en constante disputa”
27
Cierto es lo indicado y cobra validez, en materia científica,
si la revisión no se aparta de la verdad, del testimonio creíble, veri-
ficado y contrastado, alejado, por tanto, de lucubraciones antojadizas
que responden a intereses varios. Es fundamental, asimismo, que el
análisis se lo haga sin apartarse de la época en que se produjeron
los sucesos, de ese contexto real que no puede ser cambiado por la
visión contemporánea: las circunstancias fueron completamente di-
ferentes a las actuales, aún más si los hechos sucedieron hace más
de dos siglos. Honestidad, lo que quiere decir ética, es lo que debe
caracterizar, básica y sustancialmente, al trabajo de quien funge de
historiador.
En t
iempos de la posverdad, como son los actuales, prolifera
la simulación, es decir la presencia de argumentaciones que no están
ratificadas por la práctica de quien las proclama.
Vida académica
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27 Sevilla Naranjo, Alexandra, Fidelismo, realismo y contrarrevolución en la Audiencia de Quito,
Flacso- Sección Nacional Ecuador del IPGH, Quito, 2019, p. 4.
El campo propicio para esta clase de comportamientos es, sin
duda, el político, en donde los populistas emplean todo tipo de fala-
cias con el fin de alcanzar el poder, sin inmutarse por los ofrecimien-
tos que, con exuberancia, realizan cuando están en campaña electoral
y que, cuando han logrado su objetivo, sencillamente y hasta con ci-
nismo no cumplen, dentro de la generalizada demagogia que impera
en esos ámbitos de oscuridades y turbulencias.
En esta línea no siempre recta, la moralina ronda en los dis-
cursos de políticos y politiqueros, lo que suena a sarcasmo en un
medio devorado por la corrupción donde la credibilidad de los re-
presentantes públicos, salvo excepciones, está por los suelos, luego
de una década de embustes y latrocinios. En la antigüedad se decía
hay que predicar con el ejemplo, de lo contrario las palabras caen en
el vacío, por cuanto no existen realidades que las sustenten y más
bien, en no pocas ocasiones, demuestran lo contrario.
Bien ha hecho el Diccionario de la Real Academia de la Len-
gua Española en definir a la moralina como moralidad inoportuna,
superficial o falsa. Emplean este recurso quienes se valen del engaño
para conseguir fines encubiertos, ocultar sus propios defectos o ata-
car a los demás, especialmente a los que quieren hacer daño. Lo peor
del caso es que a esas manifestaciones se las presenta con postiza na-
turaleza ética, por lo que la picardía se vuelve doblemente latente y
perjudicial.
Otra cosa es cuando los valores y principios son evocados
para su vigencia por gente respetable y proba, alejada del mano-
seado recurso de la moralina.
Por suficientemente conocido, este comportamiento ya no
llama la atención y de lo cual nada novedoso habría que añadir en
el enfoque de este asunto, ciertamente preocupante y desorientador
para la sociedad necesitada de prácticas y mensajes aleccionadores.
Ahora más que nunca hace falta aquello que viene de lejano antaño:
“Predicar con el ejemplo”.
La sociedad requiere comportamientos y mensajes aleccio-
nadores, guías para seguir por el camino correcto. Lamentablemente,
las desinformaciones no vienen solamente del mencionado sector,
Vida académica
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del ideológico, sino también del periodismo, cuando este noble ejer-
cicio se aparta de los postulados éticos que deben guiar su ruta edi-
ficante, por ello siempre he mencionado que una persona activa en
política y, peor, identificada plenamente con un partido, jamás debe
utilizar las columnas periodísticas para destilar sus consignas, lo que
resta objetividad e independencia a los análisis. De producirse, se
cae en el campo del adoctrinamiento o, por lo menos, la subjetividad
tendenciosa, como lo hace igualmente el educador que en el aula o
en el texto de consulta elaborado para los estudiantes vierte conte-
nidos propagandísticos y hasta sectarios, como sucede en los regí-
menes autoritarios, donde plumíferos a sueldo escriben, a gusto y
conveniencia de los totalitarios, lo que, algunos, con el mayor des-
parpajo, llaman la nueva historia. Está bien el revisionismo, pero sin
apartarse de los mandatos que debe cumplir un historiador genuino:
veracidad, imparcialidad, probidad.
A más de las áreas anotadas, se debe señalar algo latente y
que responde a los ámbitos de la posverdad: la abundancia de con-
tenidos no solo falaces sino ofensivos y hasta grotescos que se mue-
ven en las redes sociales, donde se libran batallas que descienden a
lo repudiable, por la carencia de ideas y exceso de agravios, en evi-
dente retroceso de la racionalidad que encarna la letra escrita o la
palabra difundida de viva voz.
Dada la incidencia y riesgo que encarna, el ‘Día por un In-
ternet más seguro’ fue celebrado el 7 de febrero, con el objetivo de
que haya conciencia en torno al adelanto que representan las redes
sociales para la humanidad, especialmente en el área de la comuni-
cación. En segundos es posible enviar mensajes de un continente a
otro, con lo que las distancias se han reducido al mínimo y la inte-
racción de los seres humanos alcanza proporciones nunca antes vis-
tas. La tecnología, en buena hora, sigue proporcionando asombrosas
realizaciones.
También existen desventajas si estos inventos son utilizados
con fines nada buenos: difamación, suplantación de identidad, cibe-
racoso, delitos por haber facilitado informaciones personales a des-
conocidos, implantación de vicios, adicción, invasiones a la
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BOLETÍN ANH Nº 212
591
intimidad, crecimiento del crimen transnacional, entre otras conse-
cuencias.
La Unión Europea, al tomar cartas en estos asuntos, ha hecho
advertencia sobre los emisores de noticias premeditadamente falsas,
basadas en la propaganda que están llevando a cabo países absolu-
tistas que tienen a su servicio miles de personas encargadas de enviar
desinformaciones, con fines de penetración ideológica y menoscabo
de los triunfos democráticos.
Las falacias difundidas por Internet se han convertido en un
nuevo problema global, han declarado líderes no solo europeos que
han puntualizado los serios riesgos que el nocivo empleo de las redes
sociales está ocasionando. En nuestro medio, hace falta implemen-
tación y difusión de una cultura orientada a la sana utilización de
estas redes, para que no se las haga vehículo de ofensas, protagoni-
zadas por los ‘trolls’ a sueldo de ocultos personajes que han cam-
biado el debate de altura por la insolencia y hasta la infamia.
Si lo expuesto se observa por doquier en los presentes días,
en tratándose de materia histórica la conclusión se vuelve termi-
nante: nada de subjetivismos, ambigüedades, tergiversaciones y,
peor, mentiras. La Historia, con este sustento, seguirá siendo la maes-
tra de la vida y los paradigmas de la humanidad, que tanto urgen
especialmente en nuestro medio, no serán descendidos de sus pe-
destales, ocultados en la sombra por gente audaz, sin escrúpulos y,
en ocasiones, hasta ignara. Si van por este sentido los doctos, la His-
toria deja de ser tal y se convierte en instrumento de pasiones y ob-
jetivos inconfesables.
Para finalizar, enfatizo que el ejemplo de los próceres como
Simón Bolívar, traducido en ideales, sacrificios y realizaciones por
darnos la Independencia, debe guiar a los habitantes de América
Latina y el Caribe, en especial a los líderes, para trabajar, en el marco
de la libertad, la democracia, la fraternidad, la honestidad y el desa-
rrollo, a fin de que a los países de esta parte del mundo no se nos
siga considerando subdesarrollados o los Estados Desunidos de
América.
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