Americano de la Libertad, título que se justifica plenamente, en
razón de que la Batalla de Pichincha, en cuyo honor se efectúa este
encuentro de alto nivel, fue hazaña de ribetes internacionales y de
lucha por la libertad, en la que intervinieron combatientes de varias
naciones hermanas, incluso ingleses, irlandeses, escoceses, franceses,
italianos y españoles disidentes. El Ecuador de ahora, con esta Bata-
lla, abrió las puertas para ingresar a una nueva era, la republicana,
primero como Departamento del Sur formó parte de la Gran Colom-
bia, aquel sueño de Bolívar que se apagó en 1830 y que tuvo por ob-
jetivo la reunión de los países americanos, orientados por la célebre
frase que el Libertador de Seis Estados (los actuales Panamá, Vene-
zuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) pronunció en la Proclama
a la División de Urdaneta (Pamplona,12 de noviembre de 1814):
“Nuestra Patria es América y nuestra enseña la Independencia y la
Libertad”.
Un año después, en Ciudad de México, se llevaron a cabo las
Segundas Jornadas del Congreso en mención, gracias al apoyo sus-
tancial e incansable del Comité Ejecutivo Mexicano que, previa-
mente, se conformó, con mi presencia en esa entrañable metrópoli:
doctoras Patricia Galeana Herrera y Georgina Elizabeth Rembis
Rubio, notables damas, de gran formación y sensibilidad humanís-
ticas, representantes de la UNAM y de la Academia de Geografía e
Historia, respectivamente; destacados maestros Antonio Campuzano
Rosales y Rubén Ruiz Guerra, en su orden secretario general del Ins-
tituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH) y del Centro de
Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC- UNAM).
Otros personajes y entidades de reconocido prestigio colaboraron
para el éxito, cual el caso del apreciado Dr. dominicano Filiberto
Cruz Sánchez, presidente de la Comisión de Historia del IPGH.
El agradecimiento sentido y sincero fue para estos destacados
personajes, al igual que para el Dr. César Alarcón Costta, digno Di-
rector de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, quien, a más
de haber facilitado amplio local en la patrimonial Casa Alhambra,
sede en Quito de la emblemática y centenaria entidad ecuatoriana,
para que labore –como lo está haciendo permanentemente en propia
Vida académica
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BOLETÍN ANH Nº 212