BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
TRES ILUSTRES PERSONAJES GUAYAQUILEÑOS DEL SIGLO XX
ROSA BORJA FEBRES CORDERO DE YCAZA,
JULIO ESTRADA YCAZA Y ABEL ROMEO CASTILLO
–DISCURSO DE INCORPORACIÓN A LA ANH
Katia Murrieta Wong
1
Debo comenzar por expresar mi sincera gratitud a la Acade-
mia Nacional de Historia del Ecuador por haberme honrado con
aceptar mi ingreso, como miembro, de tan importante institución, y
de modo especial, a mi querido amigo, el señor doctor Aquiles Rigail
Santistevan por sus hermosas palabras, fiel reflejo del recíproco ca-
riño y estimación que nos guardamos, y, a mi dilecto amigo, el Lcdo.
Germán Arteta vargas, quien, generosamente, propusiera mi candi-
datura.
El tema que pongo a consideracion de ustedes para cumplir
con el ritual de la ceremonia de ingreso a la academia se titula “Tres
ilustres personajes guayaquileños del siglo XX”. Ellos son: Rosa Borja
Febres Cordero de Ycaza, Julio Estrada Ycaza y Abel Romeo Castillo.
El problema de la cultura, el conflicto del salario mínimo, con explota-
ción inmisericorde del trabajo de la mujer; la vergüenza de las madres
solteras y la mortalidad infantil; el infanticidio prenatal y el abandono
de los hijos de nadie, que también son infanticidio, son lacras sociales,
tragedias silenciosas que hasta ahora sólo han sido escándalo de poli-
cía, pero que tiene que redimir la mujer para salvar a la mujer; y la
madre, para salvar al niño, a cuya defensa tiene el deber de contribuir
todo acto social. Media centuria del siglo pasado la mujer ha luchado
1 Doctora en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, Universidad de Guayaquil. Posgrado en Ciencia
Penitenciaria, Fa cultad de Derecho y Ciencias Económicas de Universidad de París. Miembro
Correspondiente de la Academia de Historia del Ecuador, Capítulo Guayaquil. Fue colabora-
dora en el Laboratorio de Sociología Criminal de la Universidad de París. Fue Notaria de
Guayaquil por más de 30 años. Fue embajadora extraordinaria Plenipotenciaria, Delegada
Permanente del Ecuador ante la Unesco, en París, Francia. Instructora en @uees_educontinua
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en todo el mundo por la cultura y la conquista de los estudios superio-
res, en la convicción de que la mujer cultivada no padece la reducción
de su personalidad social…” ”Este feminismo que piensa, que analiza,
que es agente de un organismo social que exalta y defiende sus propios
anhelos, es un feminismo en marcha (…).
Nuestro feminismo, para realizar la uniformidad mental de la mujer
ecuatoriana, tiene que despertar en ella el sentimiento de solidaridad,
que agrupe, que sindicalice a la mujer obrera; interesar a la dama en-
cumbrada para que no viva sólo de acuerdo consigo mismo, sino con
el ritmo del tiempo…”
2
Estas palabras son un extracto del discurso titulado “Temas
sobre feminismo”, pronunciado por una mujer, quizás un tanto ol-
vidada en la memoria nuestra, cuyos escritos y poemas permanecen
vigentes, aunque cubiertos no obstante por el polvo de la ingratitud
de sus semejantes. Esa mujer se llamó Rosa Borja Febres Cordero de
Ycaza hija de César Borja Lavayen, nacida en Guayaquil en las pos-
trimerías del siglo XIX, en 1889, cuya vida tuvo fin en 1964, a los 75
años de edad.
Me he permitido leerlas porque resume el pensamiento de
una de las féminas que comenzó la lucha por la superación de la
mujer en nuestro país o fue, si no me equivoco, una de las primeras
feministas ecuatorianas. Como ustedes podrán apreciar, Rosa Borja
de Ycaza fue una adelantada de su época, cuya percepción de los
problemas sociales de nuestro pueblo la llevó de tribuna en tribuna
a denunciarlos, porque también hizo periodismo de opinión, escri-
biendo para los diarios El Guante, El Grito del pueblo, El Telégrafo, El
Universo y La Prensa.
El deseo de servir a su pueblo la condujo a afiliarse a Con-
centración de Fuerzas Populares, partido político en el cual militó
hasta 1960, y fue también Consejera Provincial del Guayas. Su afición
por la cultura la indujo a aceptar los cargos de Directora del Depar-
tamento de Extensión Cultural del Municipio de Guayaquil, Direc-
tora de la Biblioteca Municipal Pedro Carbo y Directora Fundadora
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2 Diccionario Biográfico de la Mujer Ecuatoriana: Tomo I, de Alejandro Guerra Cáceres, p. 18 y 19,
Primera Edición, Talleres de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Guayaquil, 1998.
del Grupo Cultural Oasis. Fue también Directora del Centro de Es-
tudios Literarios de La Universidad de Guayaquil, Presidenta de la
Legión Femenina de Educación Popular en el Ecuador, vocal del Co-
mité Patriótico de Guayaquil, presidenta de Honor de la Sociedad
Bolivariana, vocal Fundadora de la Sociedad de Beneficencia de
Ajuar del Niño y de la Sociedad Belén del Huérfano, presidenta del
Comité Constructor del Hospital Militar de Guayaquil y directora
de la Revista Nuevos Horizontes. Una de las calles de nuestra ciudad,
en el icónico Barrio del Centenario, lleva su ilustre nombre desde
1936.
Pero, dejemos que sea ella, con sus propias palabras, quien
nos diga algo más de su personalidad: En el prólogo del libro Hacia
la vida, que vio la luz en 1935, Rosa Borja de Ycaza escribió:
Un libro es el espejo del alma de su autor; la gráfica impresión de una
serie de vibraciones espirituales, inquietudes latentes que tuvieron su
mayor amplitud al contacto de la reflexión, el dolor, o la meditación
para estallar en eclosión de ideas. (…) En él está vertida una parte de
la historia metafísica del alma, que ha vibrado a veces como una cuerda
en tensión, y por eso los autores amamos nuestros libros apasionada-
mente…
3
Es así como intuimos de esta ilustre compatriota nuestra lo
que realmente fue, una fémina luchadora en varios frentes, a través
de su producción de periodista, poeta y escritora. Pero, también
decía:
No basta ser periodista, orador, poeta o escritor en general, si la pluma
no está guiada por un espíritu elevado, si la fuerza poderosa del pen-
samiento no está en consorcio con la más absoluta moral. No basta pen-
sar y analizar de buena fe si ese pensamiento no se transmite a las
multitudes, incrustando en el alma de las masas la razón. No basta que
las mujeres del mundo ejerciten la flexibilidad de su pensamiento si
han de perderse en las ansiedades del lirismo y no aplican sus energías
a la salvadora regeneración social.
3 Rosa Borja de Ycaza, Hacia la vida, Guayaquil, 1935, Biblioteca Guayaquil, Selección de autores
ecuatorianos, Imprenta: Talleres Municipales.
Tres ilustres personajes guayaquileños del siglo XX
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Pero, Rosa Borja de Ycaza no fue solamente autora de dis-
cursos y de escritos periodísticos. También hizo obras de teatro, las
que fueran publicadas por la Casa de la Cultura Ecuatoriana en dos
volúmenes.
Voy a leer un poema de ella, para que, a través de sus versos,
ustedes mismos capten el espíritu de esta dama sensible, que se sin-
tió siempre comprometida con los más menesterosos y los más dé-
biles de su patria. De Ritmo espiritual,
4
publicado en Guayaquil, en
1954, por el Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana:
Alborada
Cuando el soplo eterno
del rayar del alba
que en el claro oscuro de luces y sombras
diseña perfiles sobre la montaña,
en el río dormido y en las torres altas;
cuando ya el silencio huye al horizonte
dejando en la noche cosas olvidadas
y un hálito cósmico
de la ciudad abarca;
cuando desde lejos
se siente un murmullo de inquietud humana;
un rumor de mil voces distintas,
que en confuso tropel se levanta,
se despierta la ciudad dormida,
tranquila y confiada,
que parece vibrar al anhelo
y a las sugestiones de nueva esperanza…
… el murmullo crece
suenan las campanas,
un perro andariego
a su sombra ladra.
A merced del viento
se oye una guitarra;
también hace coro
un gallo que canta;
4 Rosa Borja de Ycaza, Ritmo espiritual, CCE Núcleo del GuayasGuayaquil, 1954
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en la acera suenan
algunas pisadas
y en la torre vuelve
a sonar la campana.
La libertad de la aurora
en radiante luz avanza.
De un ángulo de la calle
sale la voz bien timbrada
de un chiquillo proletario
que pregonando entusiasta,
noticias sensacionales
en rauda carrera pasa.
El eco de aquella voz
en el aire se dilata
y mil hondos pensamientos
en mi mente se agigantan.
Canillita harapiento, errabundo,
que nunca reposas, que siempre trabajas,
que no tienes techo,
que anoche una piedra te sirvió de almohada,
que en algun suburbio, junto a la miseria,
quizás has nacido del amor que pasa.
Tu voz en mi oído
es un expresivo pregón de batalla
por la vida,
que te hace rebelde mirar cara a cara.
Yo sé que has cortado tu sueño
en busca de algunas monedas de plata;
quizás, hermanitos te esperan con hambre;
quizás está enferma tu madre adorada,
que ha pasado las noches cosiendo
al pie de la lámpara.
Yo sé que eres bueno,
que tu piel tostada por el sol y el viento,
en el infortunio es una coraza,
que eres diligente,
aunque negra angustia te azota en el alma,
que al correr del día eres limpiabotas,
vendes baratijas y nunca te cansas,
y cuando ya es hora del dulce reposo,
cuando en la conquista del día y el mañana
Tres ilustres personajes guayaquileños del siglo XX
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has vivido horas en cada minuto,
corres a las bancas de escuelas nocturnas,
en que una promesa a tus ojos se alza.
¡Niño de la calle, débil, errabundo,
de triste mirada,
que te han despertado
las blancas estrellas de la madrugada,
que como un reclamo
entre los azares de la vida
tus voces al viento lanzas
cual toque de diana;
te quiero y te admiro
por el abandono que sufres,
y porque eres potencia exaltada
de anhelos dormidos,
de indecibles ansias;
porque en ti bendigo a todos los niños,
y con tus ternuras y con tus audacias,
tus abnegaciones y complejidades,
eres mástil y proa de la patria!
Y una gran ternura que me invade el pecho,
que es goce de vida, que es fiebre, que es ansia,
se mezcla al encanto de todas las cosas,
en las sugestiones de nueva alborada,
¡y al ritmo de un ágil cruzar de horizontes,
por una secreta ansiedad animada,
enciende mi alma sus amaneceres,
tendiendo al ensueño sus alas doradas!”.
(Acompañamiento al piano: (NOCTURNO No. 1, opus 9, si bemol menor, de Federico Chopin)
Julio Estrada Ycaza
Es uno de los escritores-historiadores más importantes que
tiene el Ecuador. Nació en Guayaquil en 1917 y falleció en 1993. Sus
estudios e investigaciones se centran básicamente en su ciudad natal,
su nacimiento, historia y desarrollo. En todas las obras de Julio Es-
trada hay algo recurrente y persistente: Su amor por la patria chica,
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unido al deseo de desentrañar la verdad acerca de sus orígenes, que
podríamos llamar guayaquileñismo o guayaquileñidad. Pero, hay
otros elementos que también juegan en su producción: el río Guayas,
el puerto de Guayaquil y el regionalismo.
En la Guía histórica de Guayaquil, publicada su primera edi-
ción en vida del autor, en 1991, y la segunda, después de su muerte,
en el año 2000, Julio Estrada nos lleva de la mano desde la fundación
de nuestra ciudad hasta el centenario de la independencia.
En el prólogo, Julio Estrada nos dice:
Esta guía no es una obra creada intencionalmente, ni el producto de
un esfuerzo por alcanzar una meta concreta; es más bien el resultado
casi automático de tres circunstancias: la recopilación de material para
redactar otras obras, el empeño de aclarar discrepancias y llenar varios
vacíos en la toponimia guayaquileña; y, la presencia de amigos infor-
mantes y visitantes curiosos
.
¿A qué discrepancias se refería Julio Estrada? Nada menos
que a sostener, con apoyo de documentación suficiente, que Guaya-
quil nació no un 25 de julio de 1537, como se había afirmado por
mucho tiempo, sino, en Liribamba, el 15 de agosto de 1534, encon-
trándose su partida de nacimiento en el Libro I de Cabildos de la ciu-
dad de Quito.
Guayaquil nació con el nombre de Santiago de Quito. San-
tiago, por ser el Apóstol Santiago el santo de los navegantes españo-
les y de Quito porque pertenecía al reino de ese nombre. Los demás
traslados que sufrió la ciudad hasta llegar al Cerrito Verde, en 1547,
fueron eso, movimientos o asentamientos, pero no una segunda y
una tercera fundación. Y vino al mundo como un campamento mi-
litar, necesaria para afianzar el dominio español en esas tierras,
siendo su fundador Diego de Almagro. Lógicamente, cuando esto
aseveraba Estrada en 1974, apoyándose en los estudios de Dora de
León y de Miguel Aspiazu Carbo, que datan de 1955, parecía una
herejía. Y abunda en razonamientos y argumentos de orden histórico
y jurídico, que lo llevan a concluir que esto es verdad.
Tres ilustres personajes guayaquileños del siglo XX
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Tanto que, la comisión conformada especialmente por el Ca-
bildo guayaquileño para determinar la verdadera fecha de naci-
miento de nuestra ciudad, llega a la misma conclusión.
Y el autor cuenta con lujo de detalles cómo era el Guayaquil
de aquellos días y cómo fue creciendo, ilustrando su amena narra-
ción con grabados, fotografías y planos. Divide la obra en diez capí-
tulos, de los cuales merecen especial mención los cien años de
piratería (1587 a 1687). No olvidemos que Guayaquil fue asediada,
sitiada y destruida por los piratas en el siglo XVI, y Estrada relata
también con detalle esta parte de la vida de la ciudad.
Julio Estrada fue un investigador profundo. Sin haberse gra-
duado de historiador en universidad alguna, resultó ser uno de los
mejores de nuestra época y gracias a él tenemos una completa reseña
de nuestro pasado, haciendo honor al título: Notas de un viaje de cuatro
siglos.
5
Otros de los legados de Julio Estrada son:
– El Hospital de Guayaquil, 1966.
– El puerto de Guayaquil 1: La mar de Balboa, 1972.
– El puerto de Guayaquil 2: Crónica Portuaria, 1973.
– El hospital de Guayaquil, 1974.
– Los Bancos del siglo XIX, 1976.
Arquitectura Vernácula del Litoral, con David Nunberg y Olaf
Holm, 1982.
– La Lucha de Guayaquil por el Estado de Quito, 1984.
Breve Historia de la fundación de la sucursal mayor de Guayaquil,
1987.
Catálogo de Medallas del Ecuador, con Víctor Iza y Melvin
Hoyos, 1989.
– Andanzas de Cieza por tierras americanas, 1987.
Sociedad de Beneficencia de Señoras, Crónica centenaria, 1878-
1978, 1988.
– El siglo de los vapores fluviales, con Clemente Yerovi, 1992.
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5 Julio Estrada Ycaza, Notas de un viaje de cuatro siglos, 2da ed. Guayaquil 2001
Y para conocer mejor a nuestro personaje, me gustaría leer
tres comentarios extraídos de Notas de un viaje de cuatro siglos que
constan en las semblanzas que de él hicieran, después de su lamen-
table desaparición, tres de sus grandes amigos: Así, Jorge Pérez Con-
cha dice.
(
…) Pero hay otro aspecto que Julio Estrada Ycaza mantuvo con ex-
traordinario fervor y que lo convirtió en el abnegado defensor de la
ciudad que, después de su familia, fue causa y razón de sus desvelos.
El periodismo constituyó para él un medio de proclamar la importancia
de Guayaquil dentro de la convivencia ecuatoriana. Y en esto fue im-
pertérrito al combatir un centralismo contrario al desenvolvimiento
equilibrado y armónico de la patria
... .
Debemos convenir que esto es cierto. Porque si leemos, por
ejemplo, su obra titulada Regionalismo y Migración,
6
observamos que
no se trata de ninguna manera de un regionalista, muy al contrario,
analiza con sobrados argumentos el fenómeno migratorio, los moti-
vos que conducen a los habitantes de un país a mudarse de un sitio
a otro, sobre todo por razones de trabajo y de clima; lo que lleva a
ser diferente a un pueblo de otro y a un natural de un lugar, de otro
lugar. Lo que Julio Estrada atacó, y con vehemencia, fue el centra-
lismo, que por desgracia está presente aún en nuestros días y del que
son víctimas todas las provincias y cantones, debido a que mientras
más alejados de su cabecera cantonal y más de la capital, más aban-
donados están.
Para el Dr. José Reig Satorres, Julio Estrada fue "… un traba-
jador incansable, a pesar de unas circunstancias personales físicas que a
cualquier ser humano hubieran recluido en la inacción y lamento, supo so-
breponerse con un esfuerzo que bien podemos calificar de heroico...".
Efectivamente, así fue Julio Estrada, un hombre tenaz y lu-
chador sin cansancio.
Don Julio amaba la verdad -nos dice Olaf Holm-. Su pulcritud y hon-
radez mental le obligaban algunas veces a herir susceptibilidades aje-
Tres ilustres personajes guayaquileños del siglo XX
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6 Julio Estrada Ycaza, Regionalismo y Migración, Archivo Histórico del Guayas, 1977
nas y, muy a su pesar, cuando se trataba de amigos lo hacía de todos
modos para que la verdad saliera. Cuando la polémica implica criticar
y la crítica es sana, es constructiva, y por eso el calificativo de 'figura
polémica' más honraba que lastimaba....
Así fue Julio Estrada Ycaza, nuestro ilustre personaje, a quien
le debemos, además, la creación del Archivo Histórico del Guayas.
Abel Romeo Castillo
¿Quién de ustedes no ha escuchado los poemas de Abel
Romeo Castillo? Al recordarlo, nos vienen a la memoria prestos sus
versos:
Elogio de Guayaquil y de una guayaquileña
Guayaquil tiene una torre
Y la torre una campana
Y la campana una voz
Que me resuena en el alma.
Para que caigan mejor
En la ciudad sus palabras
Le van rompiendo silencios
Grillos de la madrugada.
(¡Siempre que se echa a sonar
Estoy pensando en ti, amada!)
Guayaquil tiene una ría
Con el agua de esmeralda
Con vaporcitos rieros
Que gritan pitadas blancas
Con canoas que antes fueron
Árboles de las montañas
Con islas que parece
Que se las llevara el agua.
(¡Vámonos pronto a embarcar
en una, antes de que partan!)
Guayaquil tiene una calle
La calle tiene una casa
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Y la casa mi niñez
Y un par de cabezas canas.
Un parque en que yo jugué
Y en su mitad, inculcada,
Una estatua de Bolívar
Que parece una medalla.
(¡Préndemela aquí en el pecho
Con un alfiler de plata!)
Guayaquil te tiene a ti
Como en brazos de una hamaca.
Guayaquil te tiene a ti
Y contigo, mi esperanza.
Ni la torre ni la ría
Ni la voz de la campana
Ni la calle ni la estatua
Contigo le harían falta.
(¡Guayaquil te tiene a ti
Y no puede querer nada!).
(Acompañamiento al piano: PRELUDIO No. 4, opus 28, de Federico Chopin)
Usted, Abel Romeo Castillo, lleva en su espíritu acumuladas las visio-
nes de todos los panoramas del mundo. Tiene la sabiduría de todos los
colores del sol y del mar. Y tan de lejanías se ha nutrido su inquietud,
que ya ha adquirido el derecho a mentirnos una geografía y una histo-
ria del mundo, como Simbad el Marino. Su aprendizaje ha sido apren-
dizaje de nociones: ha visto usted en muchos sitios la vida de los
hombres, con su miseria, su dolor y su larga esperanza. Puede decirnos
muchas cosas de sabiduría, de experiencia. Pero también puede decir-
nos cosas de emoción. Porque su aprendizaje ha sido también apren-
dizaje y afinamiento de sensibilidad...".
Lo que acaban de escuchar es un párrafo del prólogo que hi-
ciera Benjamín Carrión a la obra de Castillo Nuevo Descubrimiento de
Guayaquil, primer romancero guayaquileño (1931-1934),
7
del cual voy a
leer unos fragmentos:
7 Abel Romeo Castillo, Nuevo descubrimiento de Guayaquil, primer romancero guayaquileño
(1931–1934). Colección Nueva Poesía, Quito, 1938
Tres ilustres personajes guayaquileños del siglo XX
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Te descubrí, Guayaquil,
de polizón en mi pecho,
una tarde entre penumbras
de ausencias y de recuerdos.
Yo estaba ausente de ti
Muchos años y muy lejos,
Pero seguía tus huellas
En acartonados pliegos
En códices amarillos
Y pergaminos añejos
(sin afán pesquisidor,
Con un suave sentimiento)…
… Y una ternura prensada
Quién sabe por cuánto tiempo
-quién sabe por cuántos siglos-
Se me desbordó de adentro.
Humedeció mis pupilas
Sin yo poder contenerlo.
Me inundó de suavidad
A mí, que soy tan entero-
y fue a caer sobre el plano
los nombres humedeciendo.
(¡Nunca sobre Guayaquil
cayó tan dulce aguacero!).
Esta es narrada la historia
Del nuevo descubrimiento.
Y allí fue el primer romance
En que se ensayó mi verso
.
(Acompañamiento al piano: (LES MOULINS DE MON COEUR, Michel Legrand)
Y de Abel Romeo dijo Gabriela Mistral en 1938:
(...) Me gusta sobre todo en su libro el tono familiar y la intimidad de
pecho adentro. Me place y complace el que usted no vocee nunca. Es
milagro ser como usted, poco épico, quedándose tierno, niño y ma-
duro. Hasta madurez hay en su poesía de 30 años. Muy pocos la han
tenido a su edad. Quiero añadirle mi elogio de su bello idioma, del ex-
celente español viejo y nuevo de sus romances. Ha sabido usted como
pocos escuchar y leer a pueblo y a clásicos españoles.
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Y es que esos son los romances de nuestro escritor y poeta.
Romancero como pocos, lleno de ternura, de gran calidez humana y
un acendrado amor por su ciudad.
Abel Romeo Castillo nació en Guayaquil el 22 de enero de
1904 y falleció en la ciudad que tanto amó el 11 de noviembre de
1996. Viajó a España en 1925, donde realizó estudios de Periodismo
e Historia y obtuvo un doctorado en ambas carreras. Fue, además,
un ilustre periodista y, desde el diario El Telégrafo, hablaba a través
de su columna "El caballero del Monocle”.
Entre las publicaciones de Abel Romeo debo mencionar Don
Pedro Franco Dávila, el sabio guayaquileño olvidado, Impreso en 1952
por la Imprenta y Talleres municipales, Ediciones Casa de la Cultura,
1952, que fuera el discurso de incorporación al Centro de Investiga-
ciones Históricas de Guayaquil el 9 de julio de 1950. Defensa de Ol-
medo, La Imprenta de Guayaquil Independiente, publicada en 1956, por
la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, que trae un
compendio de historia, bibliografía, catálogo, notas y facsímiles. Me-
dardo Angel Silva, vida, poesía y muerte, Ediciones Banco Central del
Ecuador, Guayaquil, 1983, que es según el autor un ensayo biográ-
fico, trae una bibliografía completa y una breve antología en verso y
prosa. Otra no menos importante, es Los Gobernadores de Guayaquil
del siglo XVII, que fuera su tesis doctoral en la Universidad de Ma-
drid, publicada la primera edición en 1931, con un prólogo del fa-
moso escritor español Rafael Altamira, y la segunda edición,
publicada en Guayaquil por el Archivo Histórico del Guayas en 1978,
y muchas obras más.
La vida en España, a Castillo, se le caló muy adentro. Y ahí
se hizo romancero. Así lo demuestran sus composiciones, algunas
de estilo lorquiano. Era un gran admirador de Federico García Lorca.
Muestra de ello, Vida, pasión y muerte de Gitanillo de Triana, del cual
extraigo las siguientes estrofas:
… ¡Ay, se murió mi torero!
Gitanillo se apodaba
y era gitano legítimo
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de verdi - morena cara
de esos gitanos juncales
que García Lorca canta,
de esos gitanos de esencia
que en sus lienzos retratara
Julio Romero de Torres
gran gitano «honoris causa»…
… El toro que le mató
Fandanguero se llamaba.·
(¡Mal haya seas torillo,
hijo de una mala vaca,
alma de guardia civil,
enemigo de su casta!)…
…Dos meses toreó a la Muerte,
cuerpo a cuerpo, cara a cara;
dos meses dándole quiebros
de agonías en la cama.
Dos meses toreó a la Muerte
vestido de blanco y grana
-grana el borde de la herida,
blanco el color de la sábana-.
Por fin se apagó -¡por fin!-
la esperanza de Triana
como un alhelí andaluz
que bajo un pie se tronchara.
Su novia la bailaora
en canto jondo lloraba.
Se disolvían sus pupilas
verdes en verdosas lágrimas.
Mandó una corona grande
como el ruedo de una plaza.
Una tarjeta decía:
«A Paco, su Carmen Vargas».
Katia Murrieta Wong
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Castillo también fue diputado por las Industrias del Litoral
a la Asamblea Constituyente después de la revolución de mayo del
44. Uno de los roles más importantes que jugó en nuestro país fue
en la creación de las Escuelas de Periodismo en las Universidades
de Quito y Guayaquil.
Fue, además, Embajador del Ecuador en Costa Rica. Luego,
Cónsul General en Guayaquil de la República Dominicana y fue
nombrado codirector del Diario El Telégrafo. También se desempeñó
como director de la Escuela de Periodismo y vicedirector fundador
de la Junta Cívica de Guayaquil y, después, director de la Biblioteca
Municipal de nuestra ciudad.
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Por falta de tiempo no menciono
todos los cargos que nuestro romancero ejecutó siempre con mucha
responsabilidad y eficiencia.
Pero, quizás, por lo que los ecuatorianos recordamos más a
Abel Romeo Castillo es por sus romances, siendo uno de los más co-
nocidos el musicalizado por el compositor Gonzalo Vera Santos,
Romance de mi destino
Todo lo que quise yo
tuve que dejarlo lejos.
Siempre tengo que escaparme
y abandonar lo que quiero.
(Yo soy el buque fantasma
que no puede anclar en puertos.)
Ando buscando refugios
en retratos y en espejos
en cartas apolilladas
y en pálidos documentos.
¡Por más que estire las manos
nunca te alcanzo, lucero!
Jugo de amargos adioses
es mi vaso predilecto.
7 Rodolfo Pérez Pimentel. Diccionario Biográfico del Ecuador, Tomo IV, Editorial de la Universi-
dad de Guayaquil, 1987
Tres ilustres personajes guayaquileños del siglo XX
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Yo me bebo a tragos largos
mi pócima de recuerdos
y me embriago en lejanías
para acariciar mis sueños.
¡Nadie sabe como yo,
lenguaje de los pañuelos,
agitándose en los muelles,
sacudiendo el aire, trémulos!
Nadie como yo nació
con destino marinero.
(¡La única flor que conozco
es la rosa de los vientos!)”.
Muchas gracias.
Y mi gratitud eterna también para la afamada poeta, escri-
tora, maestra y concertista de piano, la señora doctora Sonia Man-
zano Vela. Un fuerte aplauso para ella.
Bibliografía:
Guerra Cáceres, Alejandro, Diccionario Biográfico de la Mujer Ecuatoriana: Tomo
I, p. 18 y 19, Primera Edición, Talleres de la Casa de la Cultura Ecuatoriana,
Guayaquil, 1998.
Borja de Ycaza, Rosa, Hacia la vida, Guayaquil, 1935, Biblioteca Guayaquil, Se-
lección de autores ecuatorianos, Imprenta: Talleres Municipales.
Estrada Ycaza, Julio, Notas de un Viaje de Cuatro Siglos, segunda edición, Guaya-
quil, 2001.
Estrada Ycaza, Julio, Regionalismo y Migración, Casa de la Cultura Ecuatoriana,
Archivo Histórico del Guayas, 1977.
Katia Murrieta Wong
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Romeo Castillo, Abel, Nuevo descubrimiento de Guayaquil, primer romancero gua-
yaquileño, 1931-1934. Colección Nueva Poesía, Quito, 1938.
Romeo Castillo, Abel, Cuadernos de poemas olvidados, Casa de la Cultura Ecuato-
riana, Núcleo del Guayas, segunda edición, 1988.
Pérez Pimentel, Rodolfo, Diccionario Biográfico del Ecuador, Tomo IV, Editorial de
la Universidad de Guayaquil, 1987.
Guayaquil, 08 /11/ 2024
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