la Constitución y rechazando tal decisión, lo que forzó a concurrir a
otros cuarteles, con cuyo apoyo militar intentaba contrarrestar la de-
cisión del batallón Imbabura de rechazar su dictadura, pero no le fue
nada feliz su visita a los recintos militares, como por ejemplo le ocu-
rrió, cuando arribó al Regimiento Yaguachi, pensando que con sus
elocuentes arengas obtenía su adhesión, lo que no ocurrió y por el
contrario se le contestó con gritos de ¡Abajo la dictadura viva la Cons-
titución!, siendo evidente que el autogolpe de estado había fracasado.
Recordó el Doctor Pons en las conversaciones que sostuvi-
mos, que dado que había presentado su renuncia, simplemente co-
rrespondía el retorno a Guayaquil, su ciudad natal,
“y hallándome, - (así me lo expresa mi interlocutor) - en el hotel Savoy
donde me hospedaba en compañía del subsecretario de Gobierno Teo-
doro Alvarado Garaicoa, y de otros amigos personales, comentando
los incidentes políticos del día, cuando llegó una comisión de militares
para invitarme a nombre del ejército, a una reunión de carácter político
que se realizaba en esos momentos en la casa del señor comandante
Plaza Monzón. Salí con dicha Comisión, y después de pocos minutos
me encontraba en la citada mansión ante un numeroso grupo de ofi-
ciales de toda graduación, entre los que ocupaba asiento preferente, el
Doctor Carlos Arroyo del Rio. Uno de los militares presentes, jefe de
alta graduación me expresó la resolución, tomada momentos antes por
la Asamblea Militar, en la que se había resuelto que me correspondía
asumir el poder ejecutivo por unas pocas horas para renunciar y luego
en cuanto nombre un Ministro de Gobierno, este me sustituiría legal-
mente como encargado del poder – (era el Doctor Aurelio Mosquera
Naravez, el ungido y seleccionado por el Doctor Arroyo, por ser incon-
dicional) - . Le manifesté al militar que así se expresaba, que no le com-
prendía, a lo que instantemente me respondió, que mejor me lo
explique el Doctor Arroyo del Río. Mi respuesta fue categórica, y mi
rechazo inmediato y terminante para esa formula teatral, me despedí
y me retiré al hotel. Horas más tarde, en la madrugada del 21 de agosto,
otra comisión de militares, más numerosa y selecta que la anterior, ex-
presaron su criterio, de que debía encargarme del Poder Ejecutivo, sin
compromiso alguno, y en mi deseo de reestablecer el orden constitu-
cional, me encargué del poder, al que me comprometí únicamente para
convocar inmediatamente a nuevas elecciones”.
Aquiles Rigail Santistevan
486
BOLETÍN ANH Nº 212• 467– 488