BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
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MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
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Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
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landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
1827, GUAYAQUIL POR LA FEDERACIÓN
Jorge Pino Vernaza
1
Confederación de los Andes
A mediados de 1826, Bolívar le escribe a Sucre a Bolivia el
proyecto planeado para América: Confederación de los Andes: Boli-
via, Perú y la Gran Colombia.
La capital sería punto céntrico como Quito o Guayaquil, Co-
lombia deberá dividirse en tres estados: Venezuela, Cundinamarca
(Colombia) y Quito. Bandera ejercito una sola nación.
Proyecto de nueva Constitución para Bolivia y Confedera-
ción, fogosos partidarios y acérrimos enemigos. Santander en marzo
de 1827, le decía a Bolívar muy difícil lograr proyectos.
Perú se desbolivariza
Boicot serio sufren planes de Bolívar, lo lleva a cabo Perú.
Bolívar abandona Perú en 1826 y se va a Guayaquil en septiembre.
Gobierno peruano lo preside Santa Cruz. Se da por abolida la Cons-
titución boliviana, (se regresa a la de 1823 de corte liberal) y se con-
voca a Congreso Constituyente. Sucre queda aislado en Bolivia.
La sublevación de la Tercera División del Ejército Auxiliar de
Colombia en el Perú, que permanecía en Lima a las órdenes del Gral.
Lara. La presencia en Lima de la Tercera División del Ejército en nada
1 Estudios superiores en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, facultad de Ciencias
Sociales y Políticas. Abogado. Magister en Ciencias Internacionales y Diplomacia. Miembro
de numerosas instituciones como del Colegio de Abogados del Guayas, del Club La Unión,
de la Junta Cívica de Guayaquil, del Colegio de Notarios de Guayaquil y del Ecuador, entre
otras. Profesor en la facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica Santiago de Guaya-
quil. Por su loable labor profesional y cívica ha recibido un sinnúmero de reconocimientos.
Ha escrito los siguientes libros. En la actualidad es Miembro Correspondiente de la Academia
Nacional de Historia, su estado civil es de divorciado y dirige el Estudio Jurídico Pino.
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favorecía las tendencias peruanistas que se estaban imponiendo en
el vecino del Sur.
La sublevación se lleva a cabo el 26 de enero de 1827. Depo-
nen al general Lara. Se reúnen en la habitación del Comandante ge-
neral José Bustamante, para declararse sumisos a la Constitución de
Cúcuta y leyes de Colombia y respeto al Libertador Presidente, de-
ploran los actos sediciosos de Páez y las actas de Guayaquil, Quito,
Cuenca y Cartagena. Rechazo frontal a los intentos de dictadura por
Santander. Inmediatamente se entabla correspondencia entre Perú y
Colombia.
Bustamante dirige dos proclamas, a soldados colombianos,
y a los ciudadanos del Perú. Además, se comunica con Santander
manifestando plena sumisión al gobierno de Bogotá y pide que lo
reemplacen con el cargo de jefe de la Tercera División.
Bogotá aprueba. Vicepresidente Santander escribe a Busta-
mante, en términos elogiosos para los sublevados, prometiendo re-
compensas para los amotinados. Santander nombrará a Antonio
Obando comandante general del Ejército de Colombia Auxiliar al
Perú. Gobierno colombiano asciende al comandante J. Bustamante.
Santander es favorable a Bustamante.
Bolívar en Caracas condena y rechaza abiertamente la insu-
bordinación militar, al contrario de Santander en Bogotá. Las rela-
ciones entre Bolívar y Santander terminan por romperse. Bolívar
acusa a Santander de ser el autor de la revolución de las tropas co-
lombianas en Perú. OLeary relata la sublevación: Dijo el 10 de marzo,
por fin se sublevo la Tercera División”. Lara no era la persona indicada
para dirigir esa Tercera División Colombiana en el Perú. El Perú ha
tenido siempre muchos partidarios en Guayaquil, y es posible que
el Sur de Colombia se resienta de sus ocurrencias de Lima. Es de toda
necesidad enviar un jefe que se haga cargo de aquella división con
dotes de militar y político, caso contrario los intereses de Colombia
sufrirán menoscabo en el Perú. La Tercera División se dirigía al Sur
de Colombia, y ya estaba nombrado jefe el Gral. Obando.
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Golpe de Estado en Guayaquil
En 1827 inaugura Guayaquil con aparente normalidad, el
Departamento apoyaba, según el Patriota de Guayaquil, el proyecto
de Confederación de los Andes. La Confederación programada de
Gran Colombia, Perú y Bolivia, que detenga la Santa Alianza, y pro-
clame igualdad legal y verdadera libertad, está ofrecida por el Liber-
tador en la Convención a llevarse a cabo.
Los sublevados se embarcan en el Callao, ponen rumbo al
Sur de Colombia. Bustamante dirige una proclama a los colombianos
del Sur e invita a la defensa de la Constitución de Cúcuta y rechazó
a la Dictadura. “Nuestro Norte sea siempre Congreso, Constitución…”.
El periódico limeño El Peruano, informa que el gobierno del vecino
país “trabajó sin cesar, y critica la permanencia excesiva de las tropas co-
lombiana en el Perú”, “que debía haber cesado desde el momento en que no
hubiera españoles que combatir”. Bustamante ha resuelto pasar con la
división a Guayaquil o en cualquier otro punto que sea conveniente,
para dedicar sus servicios en favor del Congreso Nacional y de la
Constitución; surca las aguas del Pacífico y se detiene en Paita. Allí
desembarca el 25 de marzo con la mitad de la expedición y se dirigirá
a Loja y Cuenca.
El documento de la declaración bajo juramento de Busta-
mante, la presenta ante el fiscal Antonio de la Guerra, en Riobamba
el 28 de mayo de 1827, quien interrogaba por orden del general Flo-
res, respecto a la parte que tuvo el Perú en la sublevación y venida
de la Tercera División. “Que había resuelto venir para que no se di-
solviera la división por la seducción que se empleaba en el Perú.
Poco antes de embarcarse, un amigo le indicó dando un paso a favor
del Perú, podría recibir 500.000 pesos, y que para esto no debía hacer
más que no oponerse a la agregación de Guayaquil al Perú. Pro-
puesta que fue despreciada como merecía.
Las autoridades del Sur se aprestaban para recibir a los su-
blevados, veteranos de Junín y Ayacucho. El jefe supremo del Sur,
general Pérez, envía al intendente Mosquera a que encuentra a Bus-
tamante con el objeto de aclararle una serie de puntos sobre la situa-
1827, Guayaquil por la Federación
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ción política colombiana: Que los Departamentos del Sur “marchan
por la senda que la autoridad de Bolívar está reconocida por el Cen-
tro y por Venezuela; y que las tropas auxiliares fueran al Istmo de
Panamá y no al Sur de la República. Flores se hace cargo interina-
mente de la Intendencia de Guayaquil, enviándole a Bolívar una
carta dándole seguridad y lealtad del Sur, diciéndole que está nom-
brado Intendente y Comandante de este Departamento por ausencia
de Mosquera. El 28 de marzo de 1827 Flores declara al Departamento
de Guayaquil en estado de Asamblea. El documento decisivo es la
nota enviada por Elizalde al Jefe Superior del Sur. La Tercer División
solo reconoce como autoridad legítima en el Departamento a las Mu-
nicipalidades, y pide a Pérez que se separe del cargo. Reconoce las
Facultades Extraordinarias de Bolívar y demás jefes comprometidos
en el plan de formar el grande imperio de las republicas de Colom-
bia, Perú y Bolivia.
Guayaquil se proclama Departamento Federal
Tan pronto se conoció en Guayaquil de la llegada al Puerto,
de la Tercera División del Ejército Auxiliar de Colombia, la Munici-
palidad, el Pueblo y los Regimientos Guayas y Húsares se declararon
Departamento Federal, y el 16 de abril de 1827 resolvieron designar
al mariscal La Mar, jefe civil y militar. La Mar era cuencano y se había
casado con doña Josefa Rocafuerte hermana de Vicente. Había sido
delegado del Perú ante la Junta de Gobierno de la Provincia Libre
de Guayaquil en 1822. Luego presidió una Junta de Gobierno en el
Perú. Hace algunos años que estaba afincado en Guayaquil. Las de-
cisiones de la Municipalidad son rápidamente publicadas para el co-
nocimiento del pueblo. A su vez, se dirige una circular a todos los
cantones del departamento, para ratificar la elección de La Mar. Así,
el 25 de abril en la villa de Baba se ratificaba todo lo actuado en Gua-
yaquil; el 26 lo hacían en Portoviejo y Jipijapa; el 29 Montecristi.
La Mar dará respuesta al Jefe Superior y le envía copia del
acta de la Municipalidad y un pliego para que presenten al gobierno
de Bogotá. Dicho pliego, contiene la ya famosa acta del 16 de abril
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de 1827, y pide que el vicepresidente nombre las autoridades de que
carece Guayaquil. El oficio concuye así:
Tengo la satisfacción de que hasta ahora reine el orden y la mayor tran-
quilidad, y de que, continuando como espero tan agradable situación,
podré dejar este mando que cuesta mil inquietudes a mi delicadeza por
las consideraciones enunciadas, siendo constante que es muy difícil
hacer creer que no se gusta de mandar; solo siendo que la distancia no
permita que yo entregue el departamento al jefe que nombre el Su-
premo Gobierno, pero me lisonjeo de que esta misma Municipalidad
lo verificará interinamente con justicia y con tino.
El 18 de abril la Municipalidad decide enviar en el próximo
correo que salga para Bogotá un informe para el Poder Ejecutivo que
se comisionó al señor asesor nombrado, doctor Vicente Espantoso”.
Espantoso había sido el presidente de la Asamblea electoral
de 1822 en la que se decidió la anexión de Guayaquil a Colombia.
Espantoso cambiará su postura política: Cabe señalar que en 1836
Espantoso se distancia radicalmente del intendente Mosquera.
El informe hace un poco de historia. Aquí Espantoso dice:
Este Departamento cuya incorporación a la República no implica nin-
gún gasto a la nación y que tantos auxilios y socorros prestó para la
gloria de sus triunfos, ha recibido en recompensa la dura ley de los
pueblos rigurosamente conquistados”.
Se afirma que las autoridades de que los generales Pérez y
Valdés invitaron al pueblo a que se pronunciase por la federación,
al constatar que la defensa de la ciudad era imposible. Esta noticia
circuló el 11 de abril de 1827, por las calles de Guayaquil, y fue reci-
bida “con entusiasmo y júbilo”, pero luego retomaron los planes re-
presivos y el proyecto de federación quedó en nada.
Por último, Espantoso describe la supuesta situación de ace-
falía en que se encontró Guayaquil, el 16 de abril de 1827, y abunda
en la conducta inmoral por algunas autoridades departamentales.
1827, Guayaquil por la Federación
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Espantoso, dice: “Que no ha roto los vínculos de su Asocia-
ción con Colombia: que obedece sus leyes, con el santo respeto de
un pueblo libre; pero implora y pide en recompensa de los inmensos
bienes que ha hecho a la nación, y que entre tanto la Convención Na-
cional se reúna, y ratifique las elecciones de los mandatarios que se
han hecho, en favor de los señores coronel Elizalde y teniente coronel
Merino: que el pueblo de Guayaquil está pronto a sacrificarse todo
antes que permitir que la República padezca”.
Este documento traza a grandes rasgos los planteamientos
del partido federalista que está agazapado .tras las bayonetas de Eli-
zalde: piden la reforma del sistema central, la adopción consecuente
de la federación, y hacen resaltar los inmensos sacrificios que realizó
este departamento desde su conexión a Colombia, para recibir a cam-
bio unas autoridades opresores e inmorales.
Se produjo entones, un duelo epistolar entre el mariscal La
Mar el general Flores, que ejercía para esta fecha las funciones de jefe
superior del Distrito del Sur. En la madrugada del 16 de abril de 1827
las guarniciones de Guayaquil se unen a la Tercera División. La Mu-
nicipalidad, en ese mismo día, seguirá la política de los hechos con-
sumados y plegará también la insurrección. Flores acusaba a La Mar
de ejercer una autoridad inconstitucional y de tratar de establecer
con el Departamento de Guayaquil, Quito y Azuay un Estado inde-
pendiente. La Mar le increpaba a Flores que no venía a Guayaquil a
protegerla sino a descargar sobre ella su sed de venganza. Le ratifi-
caba que el pueblo porteño se encontraba dispuesto a luchar por sus
ideales. Se cernían amenazas de una conflagración entre la fuerza
colombiana dirigida por Flores y las fuerzas federalista guayaquile-
ñas que era el mismo pueblo de las actuales provincias del Guayas,
Los Ríos, El Oro Manabí y Santa Elena, que también se conocía como
Provincia Libre de Guayaquil La situación llegó a tal estado de gra-
vedad, que la Municipalidad guayaquileña se dirigió a Antonio Eli-
zalde, jefe del Estado Mayor del Gobierno porteño, en los siguientes
términos:
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La Municipalidad ha cumplido hasta esta fecha con los deberes a que
está constituida y protesta hacer lo mismo en adelante. Vuestra señoría
tiene a sus órdenes las tropas y las fuerzas sutiles que guarnecen esta
plaza, y estamos en el caso de que V.S. con ellas y con el pueblo todo
se ponga en la vigorosa defensa que exigen en las circunstancias, to-
mando al efecto cuantas disposiciones considere oportunas. La misma
Municipalidad dirigió a Flores “…
Los guayaquileños han protestado y jurado no admitir fuerza de auto-
ridad ninga que los trate como a colonos rebelados, bajo el pretexto ri-
dículo de intenciones de agregación a la República del Perú, a que
jamás ha aspirado ni aún en tiempo en que estuvo a su arbitrio el veri-
ficarlo y por consiguiente menos harían ahora…El ayuntamiento pidió
que Flores retroceda con su ejército hasta Quito.
Una coincidencia histórica hizo que el general La Mar, fuese desig-
nado por el Congreso peruano presidente del Perú, por cuyo motivo
abandonó Guayaquil. Al mismo tiempo Flores recibía la orden de
Santander de retirar sus fuerzas a Quito.
Guayaquil se proclama Estado Federal
El 16 de abril de 1827 Guayaquil se proclamó Departamento Federal;
pero la Municipalidad de Guayaquil no desaprovechó esta oportu-
nidad que dejaba el Departamento en acefalía, por falta de autorida-
des, para reunirse en Asamblea el 25 de julio de 1827 y adoptar la
Forma Federal de Gobierno o de Estado Federal. El Acta expresaba
los siguientes fundamentos:
(…) el Departamento no solo se haya actualmente en aptitud de elegir
la forma de gobierno que más le convenga a su felicidad, sino que ha-
biendo conseguido en el memorable de Octubre de 1820 su Indepen-
dencia y Libertad por sus propios esfuerzos se cree con más derecho
que el imprescriptible que tienen los pueblos de formar una familia y
de constituirse removiendo los obstáculos que se le presenten, aunque
sea resistiendo a la fuerza que los oprime. Hemos tenido a bien nece-
sario, remarcan los Asambleístas, declararnos como desde luego nos
declaramos por la forma federal de gobierno.
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Por último, la Asamblea designó como intendente a don
Diego Noboa, y como Comandante General de Armas al coronel An-
tonio Elizalde.
Los cantones de Daule, Baba, Babahoyo, Santa Elena, Jipijapa
y Montecristi expresaron su reconocimiento y sometimiento al Go-
bierno Federal Guayaquileño. La noticia de la transformación polí-
tica dada por la Municipalidad de Guayaquil, circuló profusamente
en todos los medios de comunicación de los Departamentos del
Azuay y Quito y no dejaron de asociarla con la idea de separación
de los 3 Departamentos del Sur de la Gran Colombia para formar un
Estado Independiente.
Bolívar desde Bogotá declaró en estado de Asamblea a los
Departamentos de Guayaquil, Azuay y Quito y designó a J.J. Flores,
comandante en jefe las fuerzas militares del Distrito del Sur, dele-
gando en esta autoridad las Facultades extraordinarias del gobierno
colombiano. Al Gobierno de Guayaquil lo restituía al orden constitu-
cional colombiano sin perder, desde luego, las esperanzas que había
depositado en la Convención, convocada por el Congreso de Bogotá
para reunirse en Ocaña en marzo de 1828.
Al fin Bolívar se resolvió convocar a convención
Bolívar guardaba la esperanza de que sus ideas autocríticas
“Dictadura, Presidencia Vitalicia, Vicepresidente Hereditario, Facul-
tades Extraordinarias, merecerían ser ratificadas por la Gran Con-
vención de Ocaña”. Guayaquil de igual manera, ha depositado en
dicha Convención la seguridad de que sus planeamientos federalis-
tas serán resueltos favorablemente. Flores, en cambio se manifestaba
contrario. A Bolívar le decía “Si la Convención no decreta el Gobierno
Vitalicio, expone a Colombia a nuevas revoluciones. Yo no turbaré el orden
que se establezca, pero tampoco serviré a gobiernos electivos”.
Flores resuelve intervenir directamente en la marcha de la
Convención, preparando una Representación del Ejército del Sur
para enviar a Ocaña, apoyando las ideas bolivarianas, y hace conocer
a Bolívar que siga gobernando por lo que los diputados van dispues-
tos a votar porque no haya Convención.
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Convención en Ocaña
Reunida la Convención, el de abril de 1828, en la ciudad de
Ocaña, Bolívar asumió las facultades extraordinarias, decretando que
la Constitución debía ser reformada. Se presentaron dos proyectos,
el uno elaborado por los santanderistas, el otro, por los partidarios
de Bolívar.
El santanderista de corte liberal e inspirado en el Sistema Fe-
deral dividía el territorio en departamentos, provincias y cantones.
En cada departamento debía funcionar una Asamblea o Legislatura
para decidir sobre el destino de la localidad. En vez de concejos mu-
nicipales debía funcionar asambleas en las cabeceras cantonales. De
estas y otras reformas la que marcaba la diferencia entre la ideología
liberal o Santanderista y la bolivariana, fue la que se refería a la su-
presión de las facultades extraordinarias. El proyecto bolivariano, en
cambio concedía amplios poderes al Ejecutivo, incluyendo, desde
luego, el del ejercicio de las facultades extraordinarias. Los debates
fueron apasionados hasta el extremo que no fue posible vislumbrar
un consenso ni llegar a un acuerdo. Santander proponía el sistema
federal y Bolívar el sistema centralista. Flores siempre respaldó el
centralismo bolivariano y trabajó para que se disuelva la Conven-
ción. Este abandono significó la disolución de la Convención y el res-
tablecimiento del orden jurídico político anterior, recobrando su
valor la Constitución de Cúcuta de 1821 y bajo el mismo gobierno
de Bolívar. El Libertador se declaró Dictador. Flores proclamó a los
pueblos del Sur: “Compatriotas: La Convención se ha desviado de la vo-
luntad nacional y los mismos pueblos la han desconocido por un gran acto
de soberanía. El inmortal Bolívar ha sido proclamado Jefe Supremo de la
República, Colombia está salvada”.
El 28 de agosto de 1828 el dictador dictó un Decreto Estatuto
Provisional que fungiría de Ley Suprema, hasta la reunión de la
Asamblea Nacional Constituyente, convocada para el 2 de enero de
1830.
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Bibliografía
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Jorge Pino Vernaza
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Otras referencias
C
artas
El 2 de abril de 1822 José Joaquín de Olmedo, representando a la Junta
de Gobierno de la provincia libre de Guayaquil, envió una carta al General San
Martín, protector del Perú, donde entre otras cosas le decía que el Libertador
de Colombia reclama del Gobierno como un deber la incorporación de esta pro-
vincia de Guayaquil a la República de Colombia.
En otra carta del mismo José Joaquín de Olmedo de fecha 9 de abril de
1822, representando a la Junta de Gobierno de la Provincia libre de Guayaquil,
dirigida a José de La Mar, Gran Mariscal del Perú y Comandante General de la
Provincia de Guayaquil, dice: por las 3 notas reservadas del Gobierno Supremo
del Perú que usted me transcribe conocemos de los generosos sentimientos y
de las sabias y enérgicas disposiciones para sostener los derechos de este pueblo
de Guayaquil; solicitando a S.E. el Protector interponga su alta mediación en
negocios tan delicados que pueda comprometerse los derechos de esta Provincia
los respetos del Perú, la dignidad de la República de Colombia y la reputación
de la América.
Datos tomados de la obra Apuntes Biográficos de José Bernardo de Tagle y Por-
tocarrero, por Carlos Escudero Ortiz de Zevallos
Torre Tagle no participó como diputado en el Congreso Constituyente,
el cual fue presidido por el diputado de Arequipa Francisco Xavier de Luna Pi-
zarro y Pacheco, sacerdote liberal y de pensamiento republicano. El Congreso
Constituyente confirió el poder ejecutivo a un cuerpo colegiado formado por
tres congresistas y denominado la Suprema Junta Gubernativa (21 de septiembre
de 1822). La Presidencia recayó en el cuencano Mariscal José de La Mar, dipu-
tado por Guayaquil y estuvo integrada por el peruano Manuel José de Salazar
y Baquijano conde de Vistaflorida y Felipe Antonio Alvarado y Toledo, argentino
de nacimiento, comerciante radicado en Lima, elegido también vicepresidente
del Congreso Constituyente. El Congreso Constituyente aprobó las Bases de la
Constitución Política el 17 de diciembre de 1822.
El 19 de junio de 1823, en la Plaza del Callao el Congreso Constituyente
aprobó dos mociones presentadas por el diputado Manuel Antonio Colmenares.
La primera, la entrega temporal del poder militar del Ejército Unido al General
Antonio José de Sucre; y la segunda, el otorgar al Libertador de la Gran Colom-
bia General Simón Bolívar el poder militar en el Perú, a fin de obtener la inde-
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pendencia de la Corona Española. Es decir, defenestrar al Presidente Riva
Agüero del poder militar. En la segunda moción, se comisionaba a los diputados
José Faustino Sánchez Carrión y José Joaquín de Olmedo Maruri, a viajar a la
ciudad de Guayaquil donde se encontraba el Libertador Bolívar.
¡Ah, si los libertadores San Martín y Bolívar hubieran logrado un
acuerdo de unión en Guayaquil sus ejércitos unidos habrían sellado la indepen-
dencia del Perú de España, en 1822 o inicios de 1823, posiblemente sin derramar
sangre americana y española, y sin los caóticos efectos económicos y políticos
en que se sumió la naciente nación! Pero la realidad es lo que es. El Libertador
General Simón Bolívar no tenía el ejército que requería para llevar a cabo la in-
dependencia del Perú, no obstante, sus promesas al Supremo Congreso y a los
peruanos… Además, el General Bolívar era consciente que había que aclimatar
al ejército colombiano, cuando arribara, a las alturas propias de las serranías del
Perú, cuyo promedio de altura sobre el nivel del mar está por encima de los 3000
metros. La Pampa de Junín está a 4000 metros sobre el nivel del mar; ahí se re-
alizó el primer combate decisivo entre tropas patriotas y realistas el 6 de agosto
de 1824, queda a una altura que fluctúa entre 3350 a 4050 metros sobre el nivel
del mar.
Datos tomados de Wikipedia (La Enciclopedia libre)
La Constitución Política de la República Peruana de 1823 fue el texto
constitucional elaborado por el Primer Congreso Constituyente del Perú, ins-
talado en 1822. Era de tendencia liberal y fue promulgada por el presidente José
Bernardo de Tagle el 12 de noviembre de 1823. Pero no llegó a regir pues casi de
inmediato fue suspendida en todos sus artículos para no obstaculizar la labor
del Libertador Bolívar, que por entonces preparaba la campaña final de la inde-
pendencia del Perú. Años después, fue restaurada el 1 de junio de 1827 por el
Congreso reunido tras la caída del régimen bolivariano o vitalicio. El vicepresi-
dente de la República Manuel Salazar y Baquijano, encargado del Poder Ejecu-
tivo, mandó a cumplirla el 16 de junio del mismo año.
La Constitución Política de la República Peruana de 1828 fue la tercera
carta política de la República Peruana, discutida y aprobada por el Segundo
Congreso General Constituyente del Perú y promulgada el 18 de marzo de 1828
por el presidente Constitucional de la República Mariscal José de La Mar.
El 2 de abril de 1822 José Joaquín de Olmedo, representando a la Junta
de Gobierno de la provincia libre de Guayaquil envió una carta al general San
Martin, protector del Perú donde, entre otras cosas,
le decía que el Liberta-
dor de Colombia reclama del Gobierno como un deber la incorpora-
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ción de esta provincia de Guayaquil a la República de Colombia,
creímos suficiente la presencia sola de ese documento para que usted
viese que había llegado el momento de cumplir su solemne voto de
sostener la libertad del pueblo de Guayaquil, en entera libertad para
unirse a la grande asociación que le convenga de las que han de for-
mar en la América del Sur, tal como consta en el Reglamento Provi-
sorio Constitucional de Guayaquil del 11 de noviembre de 1820.
En la misma carta, Olmedo dice: el Gobierno ha visto que su
esperanza en la protección de vuestra excelencia era bien fundada,
ya por los repetidos y abundantes auxilios de armas, municiones y
oficiales que hemos recibido, ya por la nota que V.E. ha dirigido al
libertador de Colombia el 3 del corriente próximo pasado. ¡Ojalá
estas medidas conjuren la tempestad! Pero ellas, sea cual fuese el re-
sultado, son serán siempre el testimonio más auténtico que acredi-
tará en todo tiempo así la generosidad y filantropía del Protector de
la Libertad del Perú, como la justicia con que este pueblo y el go-
bierno descansan en la protección de V.E.
Continúa diciendo la conducta franca y generosa del Go-
bierno del Perú hace conocer que está penetrado de nuestros princi-
pios, y de que la marcha de este gobierno no tiene ni tendrá
remotamente ninguna mira individual; pues no hemos podido con-
seguir igual reputación del de la República de Colombia, porque se
han visto con ojos preocupados los pasos más dignos de merecer la
estimación general. Desde el momento en que nuestro deber y nues-
tro ardiente deseo de dar la libertad a nuestros hermanos de Quito y
Cuenca nos hicieron franquear a las tropas de Colombia el paso por
este provincia y nuestros recursos, la ambición se ha formado a gen-
tes que reuniendo alrededor de sí las pasiones de los mal contentos,
que es imposible dejen de existir, han tocado y favorecido todos los
medios de sacrificios políticos, ya protegiendo abiertamente a los
díscolos y mal intencionados, ya persiguiendo o desconceptuando a
los que no entraban en sus miras, aunque fuesen los más honrados
y ardientes patriotas, y ya autorizando en la oscuridad un partido
que hiciese vacilar la autoridad pública.
1827, Guayaquil por la Federación
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Olmedo manifestó en su carta, que el Gobierno ha contestado
al Libertador con la dignidad y franqueza conveniente, y le ha reite-
rado que a la representación de la provincia toca exclusivamente de-
cidir su suerte; pero no es dable dejar de poner en conocimiento de
V.E. este acontecimiento y nuestra invariable resolución de cumplir
en todo caso el voto de los pueblos.
Olmedo está tratando de evitar una guerra civil que daría a
los españoles un triunfo. El Gobierno de la provincia reclama la pro-
tección que el Perú nos ha ofrecido hace tiempo, termina la carta di-
ciendo que el gobierno de la Provincia confía en V.E.
En otra carta del mismo José Joaquín de Olmedo de fecha de
abril de 1822, representando a la Junta de Gobierno de la provincia
libre de Guayaquil, dirigida a José de La Mar, Gran Mariscal del Perú
Comandante General de la Provincia de Guayaquil, dice: por las 3
notas reservadas del Gobierno Supremo del Perú que usted me tras-
cribe, conocemos de los generosos sentimientos y de las sabias enér-
gicas disposiciones para sostener los derechos de este pueblo de
Guayaquil; solicitando a S.E. el Protector interponga su alta media-
ción en negocio tan delicado que pueda comprometerse los derechos
de esta provincia, los respetos del Perú, la dignidad de la República
de Colombia y la reputación de la América. Cuando la voluntad ge-
neral de la provincia, consignada en nuestra acta constitucional se
reservó la facultad de unirse a la asociación que más nos conviniera,
encargó al Poder Ejecutivo que ejercemos, la fiel conservación de
nuestros derechos.
El gobierno tiene la satisfacción de agradecer que la protec-
ción del Perú, disipará la tempestad civil y que las armas únicamente
se emplearán contra los enemigos de la América.
Jorge Pino Vernaza
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