BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
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Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
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Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
APUNTES SOBRE LA HISTORIA
DE LA FUNDACIÓN DE IPIALES
Julio César Chamorro Rosero
1
Resumen
El artículo plantea que no existe en los archivos acta, cédula
real ni documento alguno que acredite la fundación española de Ipia-
les y adhiere al concepto que fue Pedro de Puelles en 1537 quien es-
tableció el lugar como Villaviciosa de la Concepción de Los Pastos
en el alto de Las Cruces, que fue destruido por los mismos indígenas.
Hace un recorrido sobre la invasión inca ordenada por Huayna
Cápac a los territorios aquende el Reino de Quito, la fortaleza de Ru-
michaca y la forma cómo Pastos y Quillacingas repelieron dicha in-
vasión, además de la referencia de Pedro Cieza de León en la crónica
de su viaje al Perú. Se plantea que el 29 de agosto de 1581 se creó la
parroquia de San Pedro Mártir de Ipiales, pero no se fundó el pueblo
cuyos habitantes fueron reducidos a ese lugar en la conquista espi-
ritual con objetivos tributarios y mano de obra barata y/o gratuita,
por lo cual no debe llamar a error el gobierno local conmemorando
dicha fecha como la de fundación de Ipiales, sino remitiendo el co-
nocimiento hacia lo que registra la historia.
Palabras clave: Invasión, Conquista, Fundación, Reducción, Conme-
moración.
1 Ipiales, Colombia, poeta. novelista, ensayista, historiador, panelista, autor de varios libros, Di-
rector de la Casa de Montalvo Núcleo de Ipiales, Fundador del Colectivo Cultural Cincel, socio
fundador de la Casa de la Cultura de Ipiales, Presidente Instituto de Estudios Vallejianos Ca-
pítulo Colombia, Director Encuentro Internacional de Poetas, gestor cultural, reconocimientos
y condecoraciones nacionales e internacionales, Miembro Correspondiente Extranjero de la
Academia Nacional de Historia del Ecuador, pertenece a varias agrupaciones literarias mun-
diales, figura en antologías poéticas de varios países y ha sido conferencista invitado a colo-
quios y encuentros académicos.
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Summary
The article states that there is no record, royal certificate or
document in the archives that accredits the Spanish foundation of
Ipiales and adheres to the concept that it was Pedro de Puelles in
1537 who developed the place as Villaviciosa de la Concepción de
Los Pastos in the upper part of Las Cruces, which was destroyed by
the indigenous people themselves. It covers the Inca invasion or-
dered by Huayna Cápac to the territories surrounding the Kingdom
of Quito, the fortress of Rumichaca and the way Pastos and Quilla -
cingas repelled said invasion, in addition to the reference by Pedro
Cieza de León in the chronicle of is trip to Peru. It is proposed that
on August 29, 1581, the parish of San Pedro Mártir de Ipiales was
created, but the town whose inhabitants were reduced to that place
in the spiritual conquest whit tax objectives and cheap and/or free
labor was not founded. Therefore, the local government should not
be called to task by commemorating this date of Ipiales, but rather
by referring knowledge to what history records.
Keywords: Invasion, conquest, foundation, reduction, comme -
moration
Ciertamente que la historia es dinámica y cambia de parece-
res según las fuentes de los investigadores. Sin embargo, la tendencia
moderna de la historia busca unificar criterios, auscultar los docu-
mentos, comparar los resultados y dar una visión más universal de
los hechos que forjaron el pasado sin recurrir a un inventario idea-
lista y acomodaticio que genera confusión y caos conceptual. Pues
la historia jamás puede refundarse a menos que se descubra vestigios
o se recabe novedosas pruebas, pero no es menester cambiar su curso
mediante la adopción de acontecimientos que si bien son valiosos
deben leerse y estudiarse en su esencia. Dentro de la historia comar-
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cana y universal, la Nación de Los Pastos habitó la región andina
del norte del Ecuador y se extendió más o menos hasta lo que ahora
se conoce como Yacuanquer en el sur de Colombia, desde donde
hacia el norte habitó la Nación de los Quillacingas u “hombres de nariz
de luna”.
Invasión incásica
En este territorio ancestral se escribió la que en mi concepto
es una de las epopeyas más importantes de la América indígena, ori-
ginada por la orden que impartió el emperador inca Huayna Cápac
de extender su territorio hacia el norte del Reino de Quito, es decir,
para invadir, conquistar y avasallar las naciones de los Pastos y los
Quillacingas que convivían en paz. Huayna Cápac o Wayna Qhapac,
había nacido en Cuzco conocido también como Tomebamba en 1467,
lugar en el que murió en 1527 como el antepenúltimo emperador del
Tahuantinsuyo después de su padre Tupac Yupanqui. Pero en el año
de 1480 hace llegar a sus soldados incásicos u “orejones” (por los are-
tes usados en las orejas que lógicamente las “alargaban”) hasta los te-
rritorios de los Pastos para extenderse hasta los de los Quillacingas.
Al respecto de esa epopeya, en su libro Luz en la Arcilla, el Maestro
Alberto Quijano Guerrero que fue presidente de la Academia Nari-
ñense de Historia, la relata con lujo de detalles, así:
Huayna-Cápac no ha podido extender los límites de su imperio hasta
más allá del Angasmayo. Pero el Inca es testarudo y no desiste de su
empeño. Quiere que las ariscas tierras de los Pastos y Quillacingas que-
den bajo el dominio de su espada triunfadora. Su hermano Auqi-Toma,
es el ejecutor del designio. Cuenta con la colaboración de cincuenta mil
“orejones”…“…Se estremecen los desfiladeros al paso de las tropas in-
vasoras. En lo más alto de las breñas, las pupilas vigilan. El Carchi to-
rrentoso cobra las primeras víctimas. Pastos y Quillacingas se defienden.
La estrategia de Auqui-Toma entra en acción. Repuestos de las sorpresas
iniciales, los súbditos de Viracocha avanzan lenta pero seguramente. Los
nativos retroceden. Ponen en juego su astucia y su malicia. Los asientos
de antiguos conglomerados aborígenes son incendiados por sus propios
moradores. Todo queda reducido a cenizas. La desolación hace acto de
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de la fundación de Ipiales
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presencia por todas partes…“…Y entre más y más los Incas penetran en
el violado territorio de las tribus que ostentan la luna en sus narices, la
voluntaria devastación se agiganta. Soledad y abandono en la totalidad
de los horizontes. De pronto la duda hiere: ¿Qué se hicieron los enemi-
gos? Nadie responde…“…Llegan los extranjeros a las orillas del Río Ca-
liente. Hay sopor en las mentes y los labios están calcinados. Las aguas
se aquietan en el sosiego de los remansos. El cauce es el nuevo mojón
para el afán extraterritorial de las tropas. De pronto parece que montes
y valles y cielos se derrumban. El estrépito es espantoso. Hay alaridos
de dolor y blasfemias de pavura. En lo más alto de los farallones, en el
parapeto natural de los abismos, el Cacique Capusigra deja que se des-
peñe una carcajada mefistofélica. Y detrás de la carcajada, el alud im-
presionante, van enormes piedras que caen sin misericordia sobre los
desprevenidos Cuzqueños. También el Cacique Tamasagra participa en
esta jornada homérica. La muerte se pasea a lo largo de las linfas turbu-
lentas. Pocos salen con vida. Auqi-Toma emprende la retirada, ya no por
el camino de la gloria sino por los atajos de la vergüenza y de la melan-
colía. No puede dar cuenta personal de la derrota. El testimonio de sus
huesos recibe el beso calcinante del Arenal del Chota. En los anales de
los Quillacingas habían pasado varias lunas. En los cómputos modernos
la historia señalaba una fecha de 1480…”.
2
La transcripción anterior de la obra de mi recordado amigo
Alberto Quijano Guerrero, quien se explayaba contándomela en las
penumbras de la Academia Nariñense de Historia en mis visitas a
Pasto, nos invita a concluir que la arremetida incásica primeramente
se presentó en territorio de la Nación de los pastos sin vocación gue-
rrera. Que cuando llegaron las noticias sobre la marcha de los orejo-
nes cuzqueños al mando de Auqi-Toma, los chasquis fueron
enviados hasta el territorio Quillacinga a pedir ayuda y refuerzo que
les fue enviado bajo el mando de Tamasagra y Capusigra para repe-
ler la invasión en el fortín levantado en Rumichaca, que una vez se
convirtió en insostenible por la mayoría numérica de los conquista-
dores indígenas incas permitió la estrategia de huir hasta el Río Ca-
liente donde los emboscaron y vencieron.
2 Alberto Quijano Guerrero, Luz en la Arcilla, Biblioteca Popular Nariñense Volumen 5, Editorial
Tipografía y Fotograbado “Javier”, Pasto, Colombia, 1979, ps. 17, 18, 19
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En este punto no debe olvidarse que el episodio invasor fue
tan importante y verdadero con el correr del tiempo, que otro de los
más importantes historiadores ipialeños como es Eduardo Zúñiga
Eraso hace cita de Pedro Cieza de León en la que habla sobre la for-
taleza levantada por los incas en su Crónica del Perú de 1545. A este
respecto, en el que ya se habla de Ipiales como asentamiento de Los
Pastos, textualmente dice el aludido:
De Ipiales se camina hasta llegar a una provincia pequeña que ha por
nombre de Guaca y antes de llegar a ella se ve el camino de los Ingas,
tan famoso en estas partes como el que hizo Aníbal por los Alpes
cuando abajó a Italia... También se llega a un río, cerca del cual se ve a
donde antiguamente los reyes Ingas tuvieron hecha una fortaleza de
donde daban guerra a los Pastos y salían en conquista dellos, y está un
puente en este río, hecha natural, que aparece artificial, la cual es peña
viva, alta y muy gruesa y hácese en el medio de ella un ojo, por donde
pasa la furia del río y por encima van caminantes que quieren. Llamase
esta puente Lumichaca en lengua de los Ingas y en la nuestra querrá
decir puente de piedra..." “Actualmente como Carchi o Guáitara. Tam-
bién el puente natural de “Lumichaca señalaba el confín puesto por el
mismo Huayna Cápac, hoy denominado como Puente de Rumichaca.
3
La Conquista
Según se desprende de la descripción de Pedro Cieza de
León en su Crónica del Perú, escrita en 1545, cuando habla del
“puente de piedra” se puede colegir que a la llegada de los españoles
ya existía Ipiales como epicentro de la Nación de los Pastos que tuvo
una organización propia desde el mismo momento de su fundación
indígena y era afín al intercambio cultural y comunicación tradicio-
nal con las regiones cercanas habida razón del aserto del cronista es-
pañol acerca de que: “…está un puente en este río, hecha natural, que
aparece artificial, la cual es peña viva, alta y muy gruesa y hácese en el
medio de ella un ojo, por donde pasa la furia del río y por encima van cami-
3 Eduardo Zúñiga Eraso, “Apuntes sobre los Hallazgos de Miraflores”, Revista Ediciones Espe-
ciales, Volumen 1, I.P. Idear Publicidad, Ipiales, Colombia, 1987, p. 2
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de la fundación de Ipiales
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nantes que quieren…”. Pues el ser humano no camina por caminar y
si lo hace algo debe pretender como la amistad, la familiaridad o el
negocio incipiente del trueque.
Pasaron largos años en los que la comunidad de los pastos
vivió como señora y ama de su territorio luego de la fallida invasión
incásica hasta que, como lo anotan importantes investigadores y la
sabida historia, llegaron los conquistadores españoles Diego de Tapia
seguido por Pedro de Añasco y Juan de Ampudia en 1535 al río An-
cashmayu o Guáytara; un poco más tarde Pedro de Puelles en 1537,
a quienes envió Sebastián de Belalcázar desde Quito para que fueran
hacia el norte tras el ensueño de Eldorado. El paso ocasional por
estas tierras, sin embargo, no fue óbice para que Pedro de Puelles
fundara la Villaviciosa de la Concepción de los Pastos en el reducto
indígena de las Cruces precisamente en el año de su arribo en 1537,
la cual fue destruida por los mismos nativos que se sintieron y cre-
yeron sometidos en su libre albedrío.
En este año tan importante de 1537 es cuando convengo con
Jorge Luís Piedrahita Pazmiño que en juicioso análisis señala a Pue-
lles como fundador, pese a que existen otras aseveraciones tardías
que señalan que en el año de 1540 Ipiales fue capital de la provincia
de los pastos y con razón por cuanto era el epicentro poblacional;
que hasta 1580 "no había huella de fundación española" por cuanto
nunca la hubo ni se encuentra en registros históricos; que en 1615
Juan Caro dio aviso al cabildo de Pasto respecto a que dejó "levanta-
das doce casas que forman el pueblo de Ipiales y veintitrés moradores”; ni
la tan manida conseja que la fundación fue en 1585 por los religiosos
Andrés Moreno de Zúñiga y Diego de Bermúdez que trasladaron el
pueblo desde Puenes al lugar que ocupa en la plaza del 20 de julio
donde se había erigido una capilla bajo el nombre de San Pedro Már-
tir y que dicha fundación misional fue dada a la parroquia en 1581
por disposición de la doctrina católica pero no entrañó la fundación
del poblado que ya estaba constituido desde fechas anteriores.
Con esta última acción de los evangelizadores ayudados por
el gobernador Pedro de Henao, es claro entender que lo que real-
mente querían el rey Felipe II con obedecimiento del tangencial in-
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terés de la Diócesis de Quito, era regular los tributos de los lugareños
para su mejor recolecta y al mismo tiempo facilitar la expansión de
la doctrina cristiana entre los habitantes en un lugar cercano alrede-
dor de la capilla; habitantes, digo, de un pueblo que ya aparecía re-
gistrado en los anales de la historia sin que tuviese jamás un acta de
fundación española ni una cédula real ni un auto del rey y menos
del Consejo de Indias, es decir, exactamente parecido a lo que ocurrió
con Pasto que tampoco tiene acta de fundación española sino cuyas
autoridades optaron por escoger el 24 de junio de 1537 que realmente
fue la fundación de la Villaviciosa de la Concepción.
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño en la investigación “Pedro de
Puelles, fundador en 1537 de la Villaviciosa de la Concepción de Ipiales”,
con fundamento cartográfico en un mapa del mundo occidental que
confirma la existencia de ese lugar en territorio de la nación de los
pastos, dice que dicha villa era distinta de la Villaviciosa de la Con-
cepción de Pasto, no de los pastos, y agrega: “…Si se recuerda que el
Virrey Núñez Vela expidió la cédula real desde Ipiales en 1545, pues carte-
sianamente se obtiene que, la primera población metropolitana, fundada en
1537 como Villaviciosa de la Concepción de los Pastos, fue reemplazada por
Ipiales antes de 1545…”. Y más adelante hace claridad respecto a que
el reconocido Monseñor Justino Mejía y Mejía con Emiliano Díaz del
Castillo:
(…) confunden las villaviciosas…” de Pasto o Hatunllacta y la de la
nación de los pastos. “…Claro que Mejía Mejía es categórico en advertir
que se trata de la Villaviciosa de Hatumllacta, cuando presidió la sesión
capitular el pretendido fundador Sebastián de Benalcázar el 30 de julio
de 1537…siendo que los folios de los Cabildos siempre hablan de la
Concepción de los pastos, distinta de la Villaviciosa de la Concepción
de Hatunllacta
.
Y más adelante dice nuestro historiador:
Pudiera narrarse, de acuerdo con rigurosas y detenidas excavaciones
paleográficas que a mediados del año 1537, entre el 26 de marzo y el 4
de septiembre, el capitán Pedro de Puelles, a quien acompañaron Ro-
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de la fundación de Ipiales
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drigo de Ocampo y Cristóbal Rodríguez como tenientes del goberna-
dor Francisco Pizarro, emprendió la conquista y poblamiento de la pro-
vincia de los pastos situada inmediatamente al norte del rio Carchi, en
donde habitaban los pueblos y parcialidades aborígenes de piales,
gualmatán, paguayes, o sapuyes, túquerres, mallama, yasacuales, co-
lembas, putes, cumbales, puetosines, pastás, pupiales, guachucales,
males, etc…”. “…de esta provincia y sus habitantes se refiere el cabildo
de Quito en sus diferentes actas y particularmente en las suscritas en
las fechas que atrás puntualizamos se hace referencia explícita a la con-
quista y pacificación de los pastos y de su provincia…
4, 5, 6
A este respecto, no olvidemos que poco antes de la venida
de Puelles ya Rodrigo de Ocampo, acompañante de Puelles, solicitó
ser reemplazado como regidor perpetuo, “…porque él está de partida
para irse a residir y avencindar en la villa de Pasto, a donde efectivamente
llegó”.
Para esclarecer aún más este postulado del investigador Pie-
drahita Pazmiño, no puedo dejar de mencionar la siguiente referen-
cia:
En el libro de Cabildos de Quito, Libro Verde, se puntualiza que en un
lugar perteneciente a las parcialidades indígenas de la nación pasto,
que habitan al norte del rio Carchi, distante 30 leguas de Quito, una
legua al septentrión del puente de Rumichaca y 18 leguas al sur del
Valle de Atriz, ubicado posiblemente en la región PananPastás o lo-
calizado en la zona de YaramalTéquez, Pedro de Puelles fundó en la
primera década de junio de 1537, la Villaviciosa de la Concepción de
los Pastos…”
7
4 Justino Mejía y Mejía, Villaviciosa de la provincia de Hatumllacta, Editoirial Pac, Bogotá, 1975,
pp 59, 75,
5 Jorge Luís Piedrahita Pazmiño, Ipiales mi pueblo, Ed. Grafisistemas Ipiales, Colombia, 1992, pp
23, 27, 28
6 Jorge Luís Piedrahita Pazmiño, La Fuerza de la Patria, Ediciones Jurídicas Ibáñez, Bogotá, 1997,
pp 113, 115, 122, 123
7 José Rumazo González, Libro de Cabildos de Quito, Volúmenes 1 y 2, 1934, pp 247, 249.
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Ahora bien, demostrada y comprobada como está documen-
tal y cartográficamente la existencia de la Villaviciosa de la Concep-
ción de los Pastos en el alto de las Cruces, fundada por Pedro de
Puelles en 1537, distinta a la Villaviciosa de la Concepción de Ha-
tunllacta en territorio de los Quillacingas, tenemos que en los regis-
tros de la historia aparece un documento que cuenta de la
insurrección de los indios pastos. No es aventurado decir, entonces,
que una vez incendiado el primer asentamiento en la loma de las
Cruces, algunos de los nativos se mantuvieron y otros se desplazaron
a lugares equidistantes territorialmente como la loma de Puenes y
otros sitios de la región.
Ello comprueba que en dicha asonada contra las medidas de
la invasión española, el recién fundado asentamiento de la Villavi-
ciosa de la Concepción de los Pastos fue incendiado y destruido por
los mismos indígenas. Por ello, si comprobamos las fechas registra-
das que señalan que en el año de 1540 Ipiales fue capital de la pro-
vincia de los Pastos, que hasta 1580 “no había huella de fundación
española”, que en 1615 Juan Caro dio aviso al cabildo de Pasto res-
pecto a que dejó “levantadas doce casas que forman el pueblo de Ipiales y
veintitrés moradores”; ni que la fundación fue en 1585 por los religio-
sos Andrés Moreno de Zúñiga y Diego de Bermúdez que trasladaron
el pueblo desde Puenes al lugar de lo que ahora es el centro de la
ciudad; deducimos que dicho traslado se hizo para reducir a los in-
dígenas que huyeron de la conflagración habida en el estableci-
miento primario del alto de Las Cruces.
La otra conquista–La espiritual
En los anales de la historia se registra que la iglesia católica
a través de su máximo jerarca, el Papa, intervino señorialmente para
que la conquista española de los nuevos territorios en el Siglo XVI
se diera a la par con la evangelización. El absolutismo del real des-
cubrimiento y la posterior conquista de lo encontrado, debía, nece-
sariamente, recibir la bendición papal bajo el concepto de que todo
lo que estaba bajo el cielo se constituía en propiedad del Señor, lo
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que conllevaba la fundación colonial, la fundación doctrinal, la eco-
nomía prodigada por los tesoros encontrados, los diezmos o tributos,
la segregación que hacía relievar a los invasores como una raza espe-
cialmente prioritaria y, por supuesto, la intervención y fiscalización
de la iglesia que conformó el quinteto imperial del descubrimiento
hecho por Cristóbal Colón para la conquista española, la forma de
colonización y la consecuente evangelización de los nativos para que
se apañaran a la fe católica.
Ello se fundamenta en La Bula Papal “Inter caetera o de dona-
ción” del 3 de mayo de 1493 proferida por el Papa Alejandro VI que:
“Donó a los reyes católicos las tierras y las islas descubiertas navegando
hacia el occidente siempre y cuando no pertenecieran a otro príncipe cris-
tiano, con los mismos derechos y privilegios con que contaban los reyes por-
tugueses en las suyas”; y la Bula “Eximiae devotionis sinceritas”, ya
promulgada el 16 de noviembre de 1501 por el mismo Papa, que:
“otorgó perpetuidad de los diezmos de las Indias”, lo que da a entender
el poderío religioso. Esa influencia de la iglesia católica, aceptada y
bien quista por la real corona española, no únicamente se dio en la
nueva tierra descubierta sino que ya se había ejercitado en la penín-
sula ibérica. Para ello basta traer a colación las siguientes deduccio-
nes: “Alejandro VI, durante todo su pontificado, trató de garantizar la
estabilidad del poder gubernativo del pontificado, para conseguirlo siempre
buscó las alianzas necesarias”
8
Y para mayor claridad de los alcances de la donación de los
nuevos territorios realizada por el Papa a los reyes católicos de Es-
paña, veamos el siguiente criterio de Pérez Fernández citado por
María de Lourdes Bejarano Almada:
…la donación que hace el Papa es la donación de un derecho adrem
noinre, es decir, les concede el señorío sobre unas tierras y sus habitan-
tes de los que todavía no son señores efectivos, ya que señores efectivos
eran los jefes indígenas que había en tales tierras. Lo que hace el Papa
es conceder a los Reyes Católicos el señorío radical para poder llegar a
tener el señorío efectivo sobre tales tierras y gentes…
9
8 Villarroel González Óscar, “El rey y el papa, Política y diplomacia en los albores del Renaci-
miento (El siglo XV en Castilla). Ed. Sílex Ediciones S. A. España. 2010
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Todo ello nos conduce a determinar que junto al proceso del
descubrimiento de las nuevas tierras, en este caso de lo que es la
América, existió paralelamente una conquista eclesial o espiritual
tendente a la imposición de la fe católica en los nuevos habitantes
de los territorios y la irradiación transcultural, todo considerado
como un derecho dado por la divinidad a la iglesia y la enseñanza
de la fe a los aborígenes conquistados. Para el caso de Ipiales es claro
el historiador Vicente Cortés Moreno cuando se refiere a Pedro de la
Peña Montenegro, que fue el segundo obispo de Quito de 1565 a
1593, cuando dice:
El gobierno de la Real Audiencia de Quito, dirigido por el cuarto pre-
sidente de la real Audiencia, licenciado Diego de Narváez y los oidores
Diego Ortegón, licenciado Francisco de Aunabay, licenciado por medio
del escribano de Figueroa, dieron cumplimiento a la Cédula real del
Rey Felipe II y el obispo de la Peña, el 14 de agosto, enviando la provi-
sión de la merced real al teniente de gobernador de Pasto, Capitán Her-
nando Cepeda de Caraveo, quien dando cumplimiento al último
requisito debía proceder a tomar posesión del cargo de párroco al fraile
dominico Jerónimo de la Tuesta y al representante del patronato real
del gobierno monárquico, con el cargo de gobernador del pueblo de
Ipiales y Potosí del corregimiento de los Pastos al cacique Don Pedro
de Henao…” “…El 29 de agosto de 1581, el capitán Cepeda en nombre
de su Majestad el Rey Felipe II, ordenó al párroco Fray Jerónimo de
Tuesta y al gobernador indígena de Ipiales Don Pedro de Henao to-
marse de la mano para tararear el juramento de posición de la parro-
quia de Ipiales y la doctrina de Pupiales…”. “…En los días siguientes
construyeron la casa del párroco, la del gobernador, la del encomen-
dero, la capilla, la plaza y las casas para los 800 tributarios con el mo-
delo arquitectónico español, 20 casas en cada cuadra. Aseguran los
testigos: Dominico Fray Bartolomé Téllez, el cura vicario, Ruiz Gómez
de Cámara, el español residente en Ipiales Pedro Alonso de Zambrano,
el español residente en Carlosama Bartolomé Chamorro y el indio prin-
cipal de Ipiales Luís Cuasiquil, que la capilla la construyó Don Pedro
de Henao con sus propios recursos y el trabajo de 150 indígenas. Se tra-
zaron las calles formando cuadrículas al estilo español y en las cuadras
9 BEJARANO Almada, Ma. De Lourdes. Las Bulas Alejandrinas: Detonantes de la evangeliza-
ción en el Nuevo Mundo. Revista de El Colegio de San Luís. Nueva época. Año VI. No. 12. Es-
paña. 2016.
Apuntes sobre la historia
de la fundación de Ipiales
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se alojaron 800 tributarios indígenas…”. “Al siguiente año de creada
la parroquia y el pueblo de Ipiales, en 1582 don Pedro de Henao visitó
la Real Audiencia en Quito y se identificó “Don Pedro de Henao, indio
principal de la Provincia de Quito dijo que yo a muchos años que soy
gobernador del pueblo de Ipiales y Potosí que son los pueblos princi-
pales del corregimiento de los Pastos donde soy muy señalado por cui-
dar a Dios y a Vuestra Excelencia REDUCIENDO (mayúsculas y
negrilla mías) muchos indios a la religión cristiana y a la obediencia
real como consta en las informaciones que presenté juntamente con el
título que tengo de la Audiencia Real para la gobernación”
10
Ya en el año 2023, el mismo acucioso investigador Cortés Mo-
reno, cuando se refiere a la “Parroquia San Pedro Mártir de Ipiales cum-
ple 442 años”, dice que:
Primero fue doctrina del cacicazgo de Ipiales, encomendado al Capitán
Hernando Cepeda, su primer doctrinero Miguel Cabello de Balboa…
.El 29 de agosto de 1581, el segundo Obispo de Quito, Fray Pedro de la
Peña con Real Cédula del Rey Felipe II para la Audiencia de Quito, en
poder del presidente Licenciado Diego de Narváez, crearon la Parro
-
quia y encargaron de la evangelización a los frailes dominicos del con-
vento San Pedro Mártir de Quito. El primer párroco fue Fray Jerónimo
de Tuesta O.P., le sucedieron 20 frailes, quienes permanecieron 188 años
hasta 1769, cuando las reformas del Rey Carlos III, los cambió por sa-
cerdotes diocesanos quienes permanecen hasta hoy. Fue la primera Pa-
rroquia creada en territorio del corregimiento de Los Pastos”.
11
(Subrayas mías).
Ya posteriormente registramos la noticia que se pretende
adoptar el 29 de agosto de 1581 como fecha de la fundación de la ciu-
dad de Ipiales por parte del municipio, que se acoge a la propuesta
del historiador Cortés Moreno quien señala:
10 CORTÉS Moreno, José Vicente. Fundamentos para la Historia de Ipiales. Testimonio de Nari -
ño. 2022.
11 CORTÉS Moreno, José Vicente. Fundamentos para la Historia de Ipiales. Testimonio de Nari -
ño. 2022.
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Al fundar la gobernación de Popayán las tierras quedaron en poder
del emperador máximo de la cristiandad y su descendencia, la admi-
nistración a cargo de Sebastián de Belalcázar y su descendencia, quien
gobernó hasta la época de la independencia. La diócesis de Quito y el
rey Felipe II intervinieron para vigilar los tributos y favorecer el adoc-
trinamiento cristiano reduciéndose en un sector urbano, creando la pa-
rroquia de San Pedro Mártir y el pueblo de Ipiales el 29 de agosto de
1581.
12
Eso es cierto, pero sin embargo se habrá que determinar ca-
tegóricamente que lo que se creó en esa fecha fue la Parroquia de San
Pedro Mártir, pero no el pueblo de Ipiales que como se ha demos-
trado anteriormente ya existía desde pretéritas fechas.
Antes de abordar este tema de trascendental importancia
para la historiografía comarcana, basta remitirnos solamente a esta
definición:
Una doctrina era una parroquia rural de aldeas o pueblos de indios
que se establecía en las Indias, cuando se procedía a asentar las pobla-
ciones en los nuevos territorios, como medio de la llamada conquista
espiritual mediante la evangelización católica, no solo en América, sino
también en las Indias Orientales…
13
Y también recojo el concepto emitido en torno a una polé-
mica en redes sociales, por el escritor austríaco Werner Stangl así:
Es muy común en Colombia que las historias locales confunden la crea-
ción de doctrinas o incluso toman fechas de recategorización de pue-
blos (de indios) por fundación de poblados. O la regularización y
formalización de poblados: de las docenas de pueblos “fundados” por
Pimienta en la Provincia de Cartagena -
– 1775-, la mayoría ya habían existido, muchos ya en el siglo XVI”.
12 CORTÉS Moreno, José Vicente. Fundamentos para la Historia de Ipiales. Testimonio de Na -
riño. 2022.
13 es.wikipedia.org
Apuntes sobre la historia
de la fundación de Ipiales
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Ahora bien, el concepto de reducción no significa otra cosa en
el caso de los pueblos y especialmente en los de indios, que la estra-
tegia de aglutinar en un solo lugar a las personas dispersas en luga-
res alejados para tenerlas más a mano en un espacio inmediato que
permitiera un manejo poblacional más directo y, en este caso, como
probablemente al parecer lo gestionó la curia con el gobernador De
Henao al fundar la parroquia de San Pedro Mártir de Ipiales, para
disponer de mano de obra más barata cuando no gratuita, facilitar
el proceso de evangelización y “favorecer los tributos” como lo señala
el maestro Cortés Moreno.
Al respecto de las reducciones que permitieron una funda-
ción espiritual anexa a la fundación española precedente y de pro-
tocolo establecido, debo apuntar que en el caso de Ipiales no existió
tal fundación amparada en cédula real, acta o en cualquier otro do-
cumento, pero que es numerosa la conceptualización que se encuen-
tra ubicada en tierra de los incas que perfectamente puede colegirse
o ampliarse al resto del territorio americano. Para ello los siguientes
ejemplos que bien pueden aplicarse a la nación de los pastos:
La política de reducción es conocida como una de las medidas más
drásticas de la colonización española en sus dominios de América. Se
trató de concentrar, “reducir” aldeas pequeñas y dispersas, para formar
pueblos de mayor envergadura y con traza urbana.
14
¿Qué características tienen las reducciones o pueblos de indios? Fueron
organizadas, impuestas, como “reducciones” o “pueblos de indios”, es
decir, organismos proveedores de mano de obra entre barata y gratuita,
así como de dinero y bienes bajo los regímenes de la mita y el tributo.
Eran económica y políticamente importantes, pero de baja categoría en
la ideología colonial.
15
Así pues, no se puede convocar al error confundiendo la fun-
dación de Ipiales en 1537 por Pedro de Puelles, como lo escribe con
bastante razón Jorge Luís Piedrahita, con la reducción encabezada
14 Fondo Editorial PUCP – Pontificia Universidad Católica del Perú.
15 Revistas de investigación Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Unmsm, edu.pe
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por los religiosos y el gobernador Pedro de Henao que los llevó a la
fundación de la capilla de San Pedro Mártir en 1581, que en aserto
del mismo cacique reza como lo puntualicé antes: “…soy muy seña-
lado por cuidar a Dios y a Vuestra Excelencia reduciendo (negrilla mía)
muchos indios a la religión cristiana y a la obediencia real como consta en
las informaciones que presenté juntamente con el título que tengo de la Au-
diencia Real para la gobernación”.
Palmariamente invita a la lógica deducción de los aconteci-
mientos el decir de Don Pedro de Henao cuando habla de reducción,
porque acepta tácitamente que Ipiales ya estaba fundado y los indí-
genas dispersos, razón por la cual se debe deslindar de ello que el
29 de agosto de 1581 lo que concretamente se fundó de manera doc-
trinal o hubo una fundación religiosa es la capilla de San Pedro Már-
tir, cuya conmemoración corresponde a las autoridades eclesiásticas
sin perjuicio que hubiese existido una regularización urbana que en
nada afecta los aconteceres de la historia en materia fundacional.
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CORTÉS MORENO, José Vicente, “Fundamentos para la Historia de Ipiales”,
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CORTÉS MORENO, José Vicente, “Parroquia de San Pedro Mártir de Ipiales
cumple 442 años”, Testimonio de Nariño, Reportaje televisivo, TDN face-
boock, 2023.
CORTÉS MORENO, José Vicente. “Fundamentos para la Historia de Ipiales”,
Testimonio de Nariño, reportaje TDN faceboock, 2022.
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Fondo Editorial PUCP – Pontificia Universidad Católica del Perú.
Revistas de investigación Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Unmsm,
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