BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
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Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
LA CULTURA EN LA FORMACIÓN
DE LA NACIÓN ECUATORIANA
René Maugé Mosquera
1
Gris, querido amigo, es toda teoría, mas
solo es verde el dorado árbol de la vida
Johann W. Goethe
Reflexiones Generales
Tengo a bien presentar la siguiente ponencia sobre la cultura
en el proceso de la formación de la nación ecuatoriana. Parecería fuera
de tiempo y lugar el tema propuesto en el mundo de la globalización
capitalista; cuando los centros del poder mundial y sus ramificaciones
culturales a través de centros de estudios, universidades, ONGS, y
otros medios difunden la idea de la obsolescencia o el fin de las na-
ciones como comunidades históricas con identidad propia, para con-
vertirlas en mercados.
Superada la dependencia colonial en América latina y otras
latitudes se requería organizar a las comunidades que fueron estruc-
turadas bajo el poder colonial, buscando su identidad a través de los
elementos más constantes: La cultura, la religión, la Fundación de
Repúblicas y Estados y la consolidación de los Estados–Naciones.
1 Abogado de los Tribunales y Juzgados de la República. Doctor en Jurisprudencia, Ciencias
Sociales y Políticas. Diplomado Superior en Diseño Curricular por Competencias. Candidato
a la Presidencia de la República en el año 1978 y en 1983 por el Frente Amplio de Izquierda
FADI, Diputado Nacional, Diputado por la Provincia de Pichincha, Vicepresidente del Tribunal
Supremo Electoral (TSE), Editorialista del Diario El Comercio de la ciudad de Quito, Profesor
Principal de Ciencia Política y Maestría en Derecho Constitucional en la Universidad Estatal
de Guayaquil, Profesor de Maestrías en Derecho constitucional en varias universidades del
país, Presidente de la Fundación “Bicentenario”, Miembro Correspòndiente de la Academia
Nacional de Historia y Miembro de la Academia Bolivariana de América. Varias condecora-
ciones a nivel nacional e internacional.
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Los portadores de la cultura y el pensamiento eurocéntrico
tienden a compararnos con el origen y la formación de las naciones
europeas a partir de la revolución Francesa de 1789; lo que, en nues-
tro caso y las de otras naciones de América latina y el Caribe, no es
así; porque en nuestra realidad, primero se crearon los Estados bajo
la forma de repúblicas iniciando procesos en la búsqueda de la iden-
tidad propia, así lo expresa la Constitución Quiteña de 1812 que en
su Art.1 dice: “Las ocho provincias libres representadas en este Congreso,
y unidas indisolublemente desde ahora más que nunca, formarán para siem-
pre el Estado de Quito como sus partes integrantes, sin que en ningún mo-
mento ni pretexto puedan separarse de él”… Esta Constitución, también
establece en el Art. 4, que “la religión católica como la han profesado
nuestros padres, y como la profesa la Santa Iglesia Católica Apostólica y
Romana será la única Religión del Estado de Quito”, menciono esta cita
porque la religión, sobre todo en esta época impregna la totalidad
de los aspectos de la cultura. La religión permeaba también toda la
política y la vida social.
La Constitución de 1830 al separarnos de Colombia dice:
Nosotros los representantes del Estado del Ecuador reunidos en Congreso,
hemos acordado lo siguiente: Art.1 Los Departamentos del Azuay, Guayas
y Quito quedan reunidos formando un solo cuerpo independiente con el
nombre de Estado del Ecuador”.
Ecuador, ha tenido a lo largo de su historia dificultades en la
búsqueda de su identidad nacional, ya sea por la conquista que im-
plicó una ruptura radical con las culturas precolombinas, el colonia-
lismo, el neocolonialismo y la presencia y la acción de los sectores
dominantes, terratenientes, la burguesía, oligarquías y determinadas
instituciones que carecieron de visión y no fueron portadoras de un
proyecto nacional; porque la nación representa, simboliza o acredita
un complejo de características y bienes culturales como el arte, lite-
ratura, lengua y religión.
El proceso del despertar nacional y su unificación fue vis-
lumbrado por la proto generación de 17241749, entre los que se des-
tacan: Eugenio de Santa Cruz y Espejo, Pedro Vicente Maldonado,
Juan Bautista Aguirre y los Jesuitas extrañados a Italia por disposi-
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ción de Carlos III, entre los que se distingue el historiador Padre Juan
de Velasco.
Construir una nación prospera, libre, independiente y sobe-
rana, es una tarea que está pendiente en Ecuador, así como promover
una cultura acorde a nuestros tiempos, que responda a este gran ob-
jetivo que resulta estratégico y del que dependerá la solución de
otros problemas y objetivos nacionales.
Cultura y nación son términos o vocablos polisémicos, esto
es, que pueden ser entendidos con significados y alcances diversos
por lo que comenzaré por definir y analizar estos términos para una
mejor comprensión del alcance que le doy a esta ponencia.
En la antropología, ciencia que trata del hombre física y mo-
ralmente considerado, la cultura ocupa un lugar central y se refiere
a las obras de los seres humanos y por lo tanto a los contenidos y
símbolos que gobiernan estas relaciones y que, así mismo, dan sig-
nificado y contenido a la acción social.
Para muchos antropólogos el concepto de cultura constituye
una categoría de importancia semejante a la que ha tenido y tiene el
de la evolución en las ciencias biológicas, porque el contenido verda-
dero de la cultura constituye el desarrollo propio del individuo como
sujeto social el desarrollo de sus fuerzas creadoras o productivas, de
sus relaciones, necesidades, formas de comunicación, entre otros as-
pectos. La cultura es un producto de la sociedad, de la nación, inse-
parable de las mismas, pues abarca un conjunto de relaciones y lazos
sociales entre los seres humanos como sujetos de la actividad. El ser
humano, es en consecuencia el sujeto de la historia y su resultado
principal. La cultura siempre tiene carácter auto creador, por la acti-
vidad que realiza el individuo y la sociedad en función de sus nece-
sidades no sólo como ser físico, sino como ser social, como sujeto de
la actividad, en fin, como personalidad que ve el objetivo principal
de su existencia en el desarrollo y perfeccionamiento de sus propias
fuerzas y relaciones. La cultura es en consecuencia una categoría
sociohistórica.
La cultura como formación sociohistórica es un modo de
pensar organizado de una sociedad en el orden de producir activi-
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dades sociales coherentes, tanto de acción material como de acción
espiritual. Este pensar organizado y de actividades sociales en fun-
ción de las relaciones sociales está integrado en el espacio y en el
tiempo, pero además contienen continuidades y rupturas como po-
demos observar en el curso de la historia de nuestro país, de América
y del mundo.
La cultura como categoría histórica a más de ser un producto
material y espiritual contiene categorías objetivas y subjetivas, cons-
cientes y subconscientes, por lo que cada cultura es un producto pe-
culiar en términos generales. Toda cultura es un acto o suma de actos
de formación y reformación continua. Ateniéndonos a lo dicho, la
cultura puede ser material escrita y oral, y es entre otras cosas, un
pensar organizado. Como bien expresa el catedrático de la universi-
dad de Barcelona, Claudio Esteban Fabregat: “Sin cultura el hombre
deja de ser un creador de historia y un transformador de la naturaleza y de
sí mismo, para convertirse en un ser específicamente natural”.
Para concluir esta reflexión citaré los tres conceptos sobre
cultura de la Enciclopedia Salvat:
• Fig. Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afi-
narse por medio del ejercicio y del estudio de las facultades intelectua-
les del hombre.
• Fil. Conjunto de producciones especificas del hombre en cuanto ser do-
tado de poder de creación que transforma tanto al propio hombre como
al entorno.
Antrop. Cultural. Conjunto de elementos materiales e inmateriales
“lengua, ciencias, técnicas, costumbres, tradiciones, valores y modelos
de comportamientos, etc.” que, socialmente trasmitido y asimilados,
caracterizan a un determinado grupo humano con respecto a los otros.
Toda nación tiene un sistema cultural que es una forma or-
ganizada de mostrar los resultados de la acción y una forma de or-
denar la experiencia social. El sistema cultural está compuesto por
instituciones y por conocimientos conducentes a desenvolver siste-
mas de comportamientos adoptivos, y debe servir para integrar la
historia y especialmente el proceso de la acción social. El sistema so-
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ciocultural del Ecuador está instituido en la Constitución de la repú-
blica, pero más allá de lo establecido a mi entender debe tener cuatro
características o componentes básicos, obligatorios e imprescindi-
bles: debe ser nacional, democrático, científico y humanista.
Los proyectos de Nación a lo largo de la vida independiente
Haciendo una síntesis que seguramente puede resultar in-
completa, considero que se han dado dos proyectos de nación y de
estado desde 1830: a) el proyecto católico conservador; b) el proyecto
liberal radical; y c) tres proyectos de modernización.
El proyecto Conservador
Responde a la vertiente católicaconservadora que se ins-
cribe en el entramado cultural y político de la herencia colonial y el
resultado de un proceso de reconversión de categorías religiosas, fi-
losóficas y sociológicas que predominaban en el siglo XIX. Como lo
señala Fernando Hidalgo Nistri en su obra la Republica del Sagrado
Corazón: “Los intelectuales católicos conservadores tuvieron a la vieja Au-
diencia como un modelo de gobierno cívicoreligioso digno de ser imitado”.
No podemos analizar con objetividad este proyecto a partir
de las personalidades sino de la vida de la Real Audiencia de Quito,
el departamento del Sur en su corta vida como parte de la primera
Colombia y la Republica en sus inicios que se desarrollaba en alcan-
ces locales; la consciencia que predominaba era la local y regional.
Las nacionalidades y comunidades indígenas, no solo que fueron
despojadas de su tierra, libertad y patrimonio, sino de su cultura y
el desconocimiento de su lengua.
El castellano lengua literaria del conquistador pasó a ser tam-
bién la lengua literaria de la colonia y luego de la Republica. A través
del poder eclesiástico se mantuvo la hegemonía de la cultura en sus
diferentes manifestaciones particularmente en las escuelas y la edu-
cación superior.
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Al constituirse la Republica después de la sociedad coloni-
zada estaba dividida étnica, económica, social y espiritualmente.
Ecuador nació con una crisis permanente de las relaciones humanas
no superadas hasta hoy, desde la independencia, la integración a la
antigua Colombia hasta la revolución liberal, imperaban las orien-
taciones del escolasticismo tradicional, la metafísica aristotélica – to-
mística con una fuerte influencia de la cultura católica con
orientación de las encíclicas papales.
Es importante destacar que, para los católicos conservadores,
la ruptura con la metrópoli tenía el efecto complementario de con-
solidar la unión de la iglesia y del estado, lo que podríamos deno-
minar una suerte de estado teocrático que fue el centro de las
disputas ideológicas y de los enfrentamientos durante más de medio
siglo con liberales y masones.
A más del predominio cultural religioso que adoptó en mu-
chas ocasiones posiciones mesiánicas como la época de García Mo-
reno y en el decurso de la segunda mitad del siglo XIX particular-
mente entre 1850 y 1900 en que la republica vivió una perspectiva
profundamente político religiosa que se plasmó en el proyecto de la
Republica del Sagrado Corazón de Jesús por lo que es atinado decir
como lo señala Fernando Hidalgo en su obra: “Que el Sagrado Cora-
zón de Jesús forma parte del patrimonio religioso cultural del pueblo
ecuatoriano”, a lo que añadiría que el proyecto católicoconservador
llevaba implícito el construir un estado de carácter teocrático y no
una nación. Para tener una idea de mi aserto bastaría leer las publi-
caciones de la época: artículos, revistas, pastorales, reflexiones y dis-
cursos de sus principales ideólogos como el padre Julio Matovelle,
Julio Tobar Donoso, Remigio Crespo Toral, Jacinto Jijón y Caamaño,
fray Vicente Solano, Federico Gonzales Suarez, Camilo Ponce Ortiz
y el cardenal Carlos María de la Torre, entre otras personalidades, así
como publicaciones, entre las que destacó, la “Republica del Sagrado
Corazón de Jesús”, de la “Acción Católica” y “Dios y Patria”.
Para los ideólogos de la elite religiosa conservadora como
para la iglesia, la religión era “La fuerza aglutinadora que hacía posible
configurar una comunidad de sentimientos y valores”. En definitiva, era
el fundamento de la identidad nacional.
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La Republica del Sagrado Corazón de Jesús estaba orientada
a preservar el monopolio espiritual e ideológico que la iglesia cató-
lica y los terratenientes mantenían. El carácter mesiánico de La Re-
publica del Sagrado Corazón de Jesús, tenían otros elementos de la
inspiración bíblica como el, Pacto, para convertir a Ecuador en una
Jerusalén Celeste; la fundación de los caballeros de la inmaculada en
1865, entre otras instituciones; a los contenidos ideológicos y polé-
micos contra el liberalismo y la masonería tenidos como la encarna-
ción del mal. Todas estas ideas y posiciones se plasmaron en la
cultura, la pintura, escultura y monumentos importantes de los que
destaco dos: La edificación monumental de la Basílica del Voto Na-
cional, que según Manuel María Polit, se puso la primera piedra el
10 de julio de 1892, sitio donde los conquistadores plantaron la cruz
por primera vez; y, el monumento en el panecillo de la virgen de
Quito, autorizado por la función legislativa el 6 de agosto de 1892.
Es necesario resaltar que conspiraba para la formación e in-
tegración de la nación, el fraccionamiento regional de una geografía
disímil flanqueado por las tres cordilleras de los Andes y el sistema
de ollas en el callejón interandino; la carencia de vías de comunica-
ción dando lugar a poderosos regionalismos provinciales que más
de una vez atentaron contra la unidad de la república. Los regiona-
lismos en lucha constante contra el naciente poder central proyecta-
ban la imagen de un estado acéfalo; inexistencia de una clase media;
la mayoría de la población analfabeta; carencia de industrias y tra-
bajadores organizados, lo que existía en las ciudades era una orga-
nización y división del trabajo muy rudimentaria entre los diversos
gremios artesanales; el comercio estaba restringido por las pocas y
malas comunicaciones entre las distintas ciudades del callejón inte-
randino; y, un militarismo naciente rezagos del ejército libertario,
que pugnaban por el poder en un país que carecía de fuentes de tra-
bajo. A este respecto es necesario anotar que el ejército tiene una par-
ticular fuerza política en sociedades caóticas y desorganizadas, por
lo que, no le resultaba difícil hacerse del poder a través de continuos
golpes de estado.
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Para evitar cualquier confusión o mal entendido es necesario
decir que a la religión no la podemos separar de la cultura, porque
también es un hecho cultural de gran complejidad. La experiencia
religiosa posee una dimensión social específica. El arte barroco qui-
teño como uno de los elementos de la cultura se manifestaba como
un oficio artesanal, esmerándose por glorificar a Dios, a la Virgen y
a los Santos.
Proyecto Liberal Radical
El segundo proyecto es impulsado por el partido liberal ra-
dical liderado por el general Eloy Alfaro Delgado desde el triunfo
de la Revolución Liberal Radical de 1895, en el que, los más destaca-
dos ideólogos liberales de la época alfarista hicieron importantes
aportes a la búsqueda de la identidad nacional.
Como afirma Juan Valdano:
El proceso político iniciado e impulsado por el liberalismo radical a
partir de la revolución de 1895, abogó por una mayor intercomunica-
ción entre el centro y las regiones; de allí, su obra material principal la
construcción del ferrocarril, buscó modernizar el concepto y el ejercicio
del poder político, apartando a la iglesia de la cuestión política y la
educación pública, consolidando la autoridad secular y promoviendo
el Estado Laico
.
En el periodo de la presidencia de Eloy Alfaro se dictaron
dos constituciones, la de 1897 y 1906, esta última, es la que mejor ex-
presa el ideario y el programa liberal de transformaciones. Las dos
constituciones se dictan en nombre del pueblo, a diferencia de las
anteriores que lo hacían invocando a Dios. En el título I, los primeros
cinco artículos se refieren a la nación, sus límites y forma de go-
bierno, así en el Art.1 se consigna que: “La nación ecuatoriana se com-
pone de los ecuatorianos reunidos bajo el imperio de las mismas leyes”. En
el Art. 3. Establece: “la Soberanía reside en la nación” y en el Artículo
V, que “la república del Ecuador es una, libre, indivisible e independiente,
pero que no puede celebrar ningún pacto que afecte de algún modo su sobe-
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ranía”. Los títulos V y VI que tratan sobre las garantías sociales indi-
viduales y políticas, son todo un programa para construir una nación
libre e independiente.
Este proyecto estableció el Estado Laico, lo que significaba
desmontar el estado cuasi teocrático, porque el laicismo es la doc-
trina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad y
más particularmente del Estado de toda influencia eclesiástica o re-
ligiosa. Esto explica el odio como la insania y las calumnias que se
levantaron contra Eloy Alfaro, su partido y sus principales líderes y
su incalificable asesinato en la “hoguera bárbara” que truncó el pro-
yecto liberal radical.
Con el asesinato de Eloy Alfaro se inicia un proceso de con-
trarevolución oligárquicoconservadora en un entorno nacional e in-
ternacional complejo determinado por la Primera Guerra Mundial
y otros fenómenos. Perdimos en 1916 una parte del territorio nacio-
nal con Colombia en el tratado Muñoz Vernaza-Suarez; se desenca-
denó la sublevación del Coronel Carlos Concha Torres en
Esmeraldas y, se cerró este ciclo con la matanza de los trabajadores
el 15 de Noviembre de 1922 en la ciudad de Guayaquil.
Proyectos modernizadores
En el contexto de crisis se han producido tres momentos mo-
dernizadores que caben mencionarlos por su trascendencia: la revo-
lución de la joven oficialidad en julio de 1925, conocido como la
revolución juliana; el gobierno nacionalista y revolucionario de las
fuerzas armadas presidido por el general Guillermo Rodríguez Lara
en la década del 70; y, el de la revolución ciudadana bajo los gobier-
nos del economista Rafael Correa Delgado.
Estos tres gobiernos tuvieron una gran incidencia en el de-
sarrollo socioeconómico del Ecuador, modernizaron las instituciones,
defendieron la soberanía nacional, pero no concibieron proyectos de
transformación profunda en la nación, el estado y la cultura ecuato-
rianos.
La cultura en la formación
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Cabe destacar, por su actualidad, que la constituyente del
2007 que aprobó en 2008 una nueva constitución abrió un nuevo de-
bate sobre el Ecuador y su identidad, por lo que en el preámbulo de
la misma se establece: que el pueblo soberano del Ecuador ha deci-
dido construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en di-
versidad y armonía con la naturaleza para alcanzar el buen vivir, el
Sumak Kawsay; una sociedad que respeta en todas sus dimensiones
la dignidad de las personas y las colectividades; un país democrático,
comprometido con la integración latinoamericana, la paz y la soli-
daridad con todos los pueblos de la tierra.
Esta constitución omite nombrar a la nación, a mi juicio, por
posiciones que ya se dieron en la constituyente de 1998, por parte de
dirigentes indígenas y ONGS que niegan a la nación mestiza, come-
tiendo el error de decir que el Estado es intercultural y Plurinacio-
nal.
Es la nación la Intercultural y Plurinacional. El Estado puede
y debe tener políticas en ese sentido, pero no es la comunidad histó-
rica porque tal como se concibe hoy, la nación es un fenómeno so-
cioeconómico y político cultural histórico que nace y se desarrolla
bajo determinadas condiciones económicas, sociales, políticas y cul-
turales en cuya base está el desarrollo de las fuerzas productivas y
las relaciones que de ella se derivan.
La actualidad y nuestra propuesta de Nación–Estado y Gobierno
Nadie discute hoy que atravesamos un momento grávido de
problemas y una crisis multidimensional que se ha convertido en en-
démica. Desde lo profundo de la crisis y los problemas no resueltos
surge la necesidad de un replanteamiento del EstadoNación que
hasta aquí no se ha terminado de construir.
A mi modesto entender subyace en toda esta crisis la situa-
ción de neocolonia de la nación ecuatoriana que se ha venido perfi-
lando desde el siglo anterior. El neocolonialismo, del que poco o
nada se dice, es una forma de colonialismo encubierto puesto en
práctica por las potencias europeas y los Estados Unidos después de
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la Segunda Guerra Mundial cuándo se produce la disgregación del
sistema colonial, y que consiste en el control económico de países
que formalmente gozan de independencia política.
El neocolonialismo persigue objetivo de obstaculizar el
avance de los países de menor desarrollo de América Latina, Asía y
África, hacia su auténtica independencia, impedir la consolidación
de una economía autosuficiente y promover la conclusión de trata-
dos y acuerdos desiguales que los atan a sus bloques y alianzas geo-
políticas. Ejemplo de esto es “Ley de Asociación y Cooperación
EE.UU.Ecuador 2020 aprobada por el Congreso de los Estados Uni-
dos y en base a la cual los gobiernos de Guillermo Lasso y Daniel
Noboa han firmado sendos acuerdos en los que se conceden privile-
gios a funcionarios y empresas estadounidenses que vulneran la so-
beranía y actualmente se cursa en la Asamblea Nacional un proyecto
de Reforma Constitucional para facilitar la entrega de bases militares
en territorio nacional a Estados Unidos.
Ecuador se convertiría así en un laboratorio para consolidar
el neocolonialismo, estableciendo una alianza oligárquicamilitar
con el gobierno de los Estados Unidos, utilizando todo el sistema
burocrático jerárquico de la dirección del Estado.
Con estos acuerdos se pierde soberanía, esto es, la capacidad
del Estado para definir su política interior y exterior en forma inde-
pendiente, sin ninguna interferencia de influencia exterior.
¿A dónde nos conduce el neocolonialismo?
Las estrategias del poder imperial utilizan la expresión tác-
tica de “tierra arrasada” que nos encamina a la ausencia de institu-
cionalidad, a una economía fallida, al quiebre del tejido social y al
avance del narcotráfico; nos conduce también a la colonialidad del
ser, que es la pérdida de conciencia, de identidad y de patriotismo.
La colonialidad del ser que nos dispersa y erosiona la cohesión social
como estamos viendo y viviendo. Nos conduce también a la colo-
nialidad del poder del Estado, a la colonialidad del saber y de la na-
turaleza. En el caso del Estado se manifiesta en la dependencia a los
centros hegemónicos de poder, en el caso del saber o conocimiento,
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de la Nación ecuatoriana
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la subordinación del conocimiento de la ciencia y la técnica del más
fuerte; y, con respecto a la naturaleza a la depredación de los recursos
naturales. No en vano de manera visionaria José Martí a fines del
siglo XIX planteo como objetivo de todos los países de América La-
tina y el Caribe la necesidad de su Segunda Independencia.
Política y sociológicamente hablando la nación puede ser una
nación activa o una nación inerte. Una nación activa es dinámica, ac-
tuante eficiente y consciente de sus objetivos históricos y de su des-
tino como lo expresó Ortega y Gasset es necesario repudiar toda
interpretación estática de la nación para entenderla en forma diná-
mica: los grupos que constituyen la nación decía: “No viven para
estar juntos, sino para hacer juntos algo”. La otra situación es la de
la nación inerte, ineficaz, inactiva, débil, ineficiente, sin consciencia
de sí misma como por inercia continuaría existiendo, en ausencia de
un proyecto nacional. ¿Acaso no estamos en el vórtice o vorágine de
esta pendiente?
Como timonel de esta vorágine el país tiene una oligarquía
que no quiere representar genuinamente al pueblo y un pueblo que
no está, ni se siente representado y que nos conduce con rumbo in-
cierto.
Frente a una sociedad en descenso, se requiere el renaci-
miento de una nueva nación múltiple y diversa como la ecuatoriana
cohesionada en sus objetivos. Es el momento como dice Shakespeare
en Hamlet: “Ser o no Ser”, no debemos sufrir los golpes impunemente
de un insultante infortunio, sino que tenemos que utilizar las armas
de la organización, la cultura y la consciencia para acabar con esta
situación que nos apoca, opaca, humilla, ofende e indigna. Aquí cabe
destacar que la esencia de la política es la firme coordinación de los
esfuerzos y expectativas humanas para los logros de los objetivos
que la sociedad se propone.
Mas, al encontramos en esta grave situación, nuestro pro-
yecto es plantearnos como principal estrategia, la renovación polí-
tica, ideológica, económica, social y cultural de nuestra nación,
impulsando el avance de las fuerzas productivas con el concurso de
todo el pueblo y la sociedad mediante:
René Maugé Mosquera
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Un proyecto de Nación – Estado, que en el orden político,
económico, social, institucional y cultural deberían ser las ta-
reas de un gobierno nacional, democrático y patriótico.
Cimentar la imagen de la nación sobre sí misma. que debe
ser el trasunto de su identidad, de la conciencia de sus vir-
tualidades espirituales, de sus tradiciones y su experiencia
histórica.
La formación cultural de toda la población en valores éticos
científicos, humanistas y de amor a la patria, capaz de pro-
ducir un rearme moral y patriótico de toda la población.
Para entender el alcance de nuestra propuesta debemos ad-
vertir que Ecuador como otros países de América Latina se encuentra
en el curso de los desafíos más importantes de la época moderna: la
necesidad de la transformación de la sociedad, la construcción de
una verdadera nación aparejada con la reforma del Estado, en un
mundo internacionalizado, y este desafío tiene lugar en medio de un
complejo panorama internacional que pugna por el cambio del
mundo unipolar, a otro, multipolar. Cuando también está en pleno
desarrollo la tercera y cuarta Revolución Científico-Tecnológica más
sorprendente que se haya conocido y que deben estar presentes en
los programas educativos.
Nuestra propuesta implica la redistribución del poder social
con el propósito de ampliar y ahondar la democracia para que cum-
pla con los principios de participación contemplados en el art. 95 de
la actual Constitución de la Republica, para hacer más eficiente al
Estado y a los actores sociales.
El proyecto de consolidación de la nación ecuatoriana signi-
fica dotar de una dirección científica a la sociedad, fortaleciendo al
Estado de derecho, una mayor profesionalización de la función pú-
blica, dotar al Estado de capacidades y lineamientos estratégicos
para formular políticas públicas y desempeñar su gestión en activi-
dades claves en las áreas: económica, social, educativa, de seguridad,
ciencia, tecnología y cultura.
La cultura en la formación
de la Nación ecuatoriana
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Como señalamos anteriormente, los proyectos de nación
dado el escaso desarrollo de la sociedad civil determinó que la es-
tructuración de la nación moderna se diera alrededor del Estado y
de los intereses de los grupos de poder que éste representa.
A pesar de que se ha criticado permanentemente al Centro
del poder político de Quito, como centralista, la verdad sea dicha de
paso, es que los grupos que calificaríamos como paraestatales de
ejercicio de poder, ya sean familiares, empresariales, partidistas y
trasnacionales lo que han convertido al poder político del Estado en
el centro del reparto del botín.
Una transformación cuyo contenido debe ser de carácter na-
cional, democrático, antiimperialista, anticolonialista y patriótica es
condición para tener una nación diferente, que al impulso de la
transformación radical de la sociedad, coloque a la nación en su con-
junto a la vanguardia de sus posibilidades culturales en todos los
planos de la vida social, fomentando la industria la protección y me-
jora de la salud humana, la educación, la formación profesional, de
la juventud y el deporte, la cultura y la protección civil.
Para superar lo que estamos viendo atónitos e indignados
con una justicia tarifada y politizada en el peor de los sentidos el Es-
tado de Derecho debe fortalecerse con la vigorización de una función
Judicial independiente, como demostración de árbitro y regulación
consagrada en la estructura del sistema democrático.
Hay otros aspectos que sería de tomar en cuenta en un pro-
yecto de Nación – Estado, pero esto requeriría un mayor espacio y
no es el propósito de esta ponencia. Pero si es necesario, dejar sen-
tado para evitar equívocos que Nación y Estado son dos aspectos
complementarios y que la Nación – Estado no sólo es el Estado o la
Nación descritos en abstracto y por separado, sino que ambos están
enraizados en una cultura y en unos valores comprometidos. El Es-
tado es un instrumento político de integración si está en manos de-
mocráticas.
La estructuración de una nueva sociedad y por ende de una
nueva Nación – Estado deberá ser el producto de un estudio crítico,
científico y desapasionado de la historia ecuatoriana y de su cultura;
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no será la obra de un solo hombre, en todo caso, si tomamos en
cuenta el rol de las personalidades en la historia, un líder puede asu-
mir y expresar las necesidades de todo un pueblo, pero debe marchar
junto a él. Hemos analizado el pasado, pero hay que pensar en el
presente, cavilar y salir al encuentro de lo por venir, esto es el futuro,
sin desdeñar por supuesto el pasado en que están nuestras raíces y
enseñanzas tanto positivas como negativas. El futuro de nuestra na-
ción como el de cualquier otra, hoy, como ayer, depende del conoci-
miento masificado de toda la población con una cultura humanista
y científica acompañado de una voluntad política para plasmarlo.
El proceso de consolidar a la nación ecuatoriana, teniendo en
cuenta las realidades contemporáneas concordantemente debemos
marchar en la línea de la integración continental. La idea revolucio-
naria de la nación concebida por Simón Bolívar, se inscribe bajo la
idea de libertad, independencia y unidad continental; de tal suerte
que no son antagónicas las ideas de consolidar a la nación ecuato-
riana y estar comprometidos con la integración de América Latina y
el Caribe. Hoy la necesidad de integración es un imperativo de so-
brevivencia en la época de la globalización.
Si alguien dudase que no existe contraposición entre las Na-
ciones – Estados y la Unidad Continental, bastaría leer el prefacio de
la Constitución de la Unión Europea integrada con viejos imperios
que consigna: “hacer que la unión se convierta en un factor de esta-
bilidad y en un modelo de la nueva organización del mundo”
Para concluir, abogamos por una nación democrática, abierta
a la cultura, al saber y al progreso social.
Bibliografia
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