BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CII
Nº 212
Julio–diciembre 2024
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. Blas Garzón Vera, PhD
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Blas Garzón Vera Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. Blas Garzón Vera Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CII
Nº 212
Julio-diciembre 2024
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Figurillas de Valdivia
Fotografía tomada de: Smithsonian, National Museum of the American Indian
Diseño e impresión
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landazurifredi@gmail.com
Marzo 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación
Libro de distribución gratuita
LOS HÉROES NIÑOS EN AMÉRICA LATINA
CHILD HEROES IN LATIN AMERICA
Kléver Antonio Bravo
1
Resumen
Toda acción de armas deja en la historia un sinnúmero de hé-
roes, usualmente mayores de edad; sin embargo, este artículo pre-
tende sacar a la luz el valor y el coraje de los héroes niños y
adolescentes latinoamericanos que participaron en diferentes con-
flictos, sean estos por la independencia o por temas territoriales. Lo
cierto es que, la presencia de niños o adolescentes en las filas de los
ejércitos del siglo XIX, inscriben una historia diferente, ya que no
fueron los líderes, por haber sido “soldados sin edad”, empero deja-
ron un legado de valentía para las generaciones venideras, lo que
hace de su papel en el campo de batalla, una historia o una leyenda
de honor y dignidad para las juventudes de los cinco países a los
cuales representan estos héroes de temprana edad.
Palabras clave: Historia, héroes – niños, Latinoamérica, guerras
Abstract
Every armed conflict leaves behind a countless number of
heroes, usually adults. However, this article aims to shed light on
1 Kléver Antonio Bravo. PhD en Historia, por la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla España;
máster en Relaciones Internacionales, por la Universidad San Francisco; diplomado superior,
por el Instituto Raoul Wallemberg, Suecia; diplomado superior en Comunicación Social, por
la Universidad Andina Simón Bolívar sede Ecuador; becario y profesor invitado del Centro
de Estudios Hemisféricos J W. Perry, Washington – EE.UU.; becario de la Universidad de De-
fensa de Taiwán; autor de 22 libros; docente investigador de la Universidad de las Fuerzas Ar-
madas ESPE, actualmente director de la carrera de Relaciones Internacionales.
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the bravery and courage of Latin American child and adolescent he-
roes who participated in various conflicts, whether for independence
or territorial disputes. The presence of children or adolescents in the
ranks of 19th-century armies tells a different story, as they were not
leaders but rather "ageless soldiers." Nevertheless, they left a legacy
of valor for future generations, making their role on the battlefield a
tale or a legend of honor and dignity for the youth of the five coun-
tries these young heroes represent.
Keywords: History, child heroes, Latin America, wars
Introducción
¿Qué país carece de héroes? Pregunta con respuesta negativa,
ninguno. Pues todos sabemos que la esencia de la historia de los pue-
blos radica en sus héroes, personas de carne y hueso que ocupan va-
rias páginas de un pasado de valor y sacrificio; pero, sobre todo, de
ejemplo. De eso se trata la construcción de héroes: de recoger sus ha-
zañas y difundirlas como un referente basado en sus actos heroicos.
No hay país sin héroes ni espacios urbanos sin monumentos.
Pues llama más la atención cuando algunos de esos héroes han sido
de niños o adolescentes, que murieron en una guerra defendiendo
una patria, una bandera, una causa, sea la independencia o la de-
fensa de un territorio. La razón viene a ser la misma, cuando fueron
niños o adolescentes, ofrendaron su vida en el campo de batalla, de
modo que la historia ha sido la encargada de revelar sus acciones.
A través de este trabajo, hemos tomado cinco casos referen-
ciales de niños y adolescentes latinoamericanos, cuyas historias has
sido reconocidas en el tiempo; y, a la vez, debatidas por acarrear una
suerte de “invención historiográfica”. Sea lo que sea, estos héroes
son parte de la historia de sus países, pues con ellos; o, mejor dicho,
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con sus acciones, hemos de entender que los pueblos necesitan de
este tipo de héroes para fortalecer su civismo, su identidad y su uni-
dad nacional.
Las guerras de independencia latinoamericana fueron un
proceso político y militar en el cual se enfrentaron los ejércitos re-
alistas y los patriotas republicanos, cada uno con su proyecto: los
primeros, para mantener el sistema colonialista; los segundos, para
alcanzar la independencia, independencia política, claro está. Allí
están Pedro Pascasio Martínez y el Negrito José, niños soldados de
la independencia de Colombia, 1819, cuyo acto heroico fue la hones-
tidad; Abdón Calderón, el héroe niño del Ecuador en la Batalla de
Pichincha, 1822. Le siguen los niños héroes de Chapultepec y su
cuestionada historia en la defensa del Castillo; o la muerte en com-
bate del niño tambor boliviano Juancito Pinto, 1880, en la Guerra del
Pacífico. Empero hay una historia por demás desgarradora: los niños
mártires de la Batalla de Acosta Ñu, en Paraguay, 1869.
De lo poco que se ha tratado fuera de sus fronteras, estas
micro historias no han dejado de ser un símbolo de identidad de sus
pueblos, el orgullo de su gente. De lo que se diga en su contra, será
un comentario simplón frente a los monumentos erigidos en honor
a los niños que murieron en el campo de batalla, o que han sido con-
templados en las páginas de la honradez, ya que no hay nada más
sublime y patriótico que ofrendar la vida por una causa común, y a
temprana edad.
Abdón Calderón
Abdón Senén Calderón y Garaycoa, vino al mundo el 30 de
julio de 1804 en la ciudad de Cuenca, en el hogar de don Francisco
Xavier García-Calderón, natural de La Habana-Cuba, y de la dama
guayaquileña Manuela de Jesús Josefa Juana Nepomusena Me-
dranda Garaycoa y Llaguno.
2
2 Almeida, W, El capitán Abdón Calderón Garaycoa, Ministerio de Defensa Nacional, Cuaderno
de Historia Militar No.2, Quito, 2003, p. 53
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Tal como revelan los archivos de la parroquia El Sagrario de
esa ciudad, el recién nacido recibió las aguas bautismales el 31 de
julio de ese año, de manos del cura rector del templo de la Catedral,
doctor Mariano Isidro Crespo, siendo su padrino don Mauricio Sa-
lazar. Por la fe católica de su padre, lo llamaron Abdón por haber na-
cido el 30 de julio, día de San Abdón. Fue segundo entre cinco
hermanos: María de las Mercedes, María del Carmen, Francisco y
Baltazara Josefa, quien años más tarde será la esposa de Vicente Ro-
cafuerte y Rodríguez, segundo presidente del Ecuador, 1835-1839.
3
Cabe aclarar que, tanto su padre como la familia de su
madre, fueron protagonistas directos de la independencia. Por el
lado materno, sus tíos Lorenzo y José Garaycoa fueron próceres de
la independencia de Guayaquil, al igual que sus tíos políticos Luis
Fernando Vivero y José de Villamil.
Los tiempos de su niñez fueron iluminados por los ideales
de independencia marcados en Quito, el 10 de agosto de 1809. Se tra-
taba de una revolución emancipadora de matiz local que fue repri-
mida el 2 de agosto de 1810 por 752 soldados extranjeros y que, con
la llegada del teniente coronel Carlos Montúfar y Larrea, en calidad
de comisionado regio, o también reconocido como una suerte de re-
presentante de la Regencia española, volvió a tomar fuerza con la se-
gunda formación de la Junta Superior de Gobierno, la cual organizó
un ejército de quiteños a órdenes del coronel Francisco Xavier Gar-
cía-Calderón Díaz, padre de nuestro héroe–niño.
4
El caso de su padre se traduce en otra historia de héroes de
la independencia. Encabezó un ejército de aproximadamente 1 500
soldados, con la misión de tomarse Cuenca e incorporarla al movi-
miento independentista quiteño. Aquella tropa salió de Quito el 1
de abril de 1812. En el camino, la gente apoyaba con todo tipo de re-
cursos, incluso se fueron incorporando cientos de voluntarios que
marchaban junto a sus mujeres, las famosas guarichas. Todos mar-
chaban airosos y bien atendidos, dado que su logística estaba en sus
mejores niveles.
3 Cordero, A, Baltazara Calderón de Rocafuerte, Biblioteca Municipal de Guayaquil, 2006, p. 11
4 Bravo, K, La configuración militar en la gesta quiteña de independencia, 1809-1812, Biblioteca del
Bicentenario de Independencia, Quito, 2012, p. 282.
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Llegaron a Biblián, actual provincia de Cañar, donde acam-
paron y recibieron su salario. Era el 24 de junio de 1812, cuando la
vanguardia de estos patriotas enfrentó algunas escaramuzas con el
enemigo realista, incluso el coronel Francisco García Calderón or-
denó la intervención de la caballería, decisión que también la tomó
el teniente coronel Antonio María del Valle, jefe del otro bando. El
combate favoreció a los patriotas, quienes emprendieron la persecu-
ción del enemigo. Sin embargo, este primer triunfo fue opacado por
las rencillas entre el comandante García-Calderón y un grupo de ofi-
ciales fieles al coronel Carlos Montúfar. Esto hizo que la campaña in-
cumpla la misión y que se ordene el retorno de toda la tropa a Quito,
perdiendo así la oportunidad de tomarse Cuenca.
Al coronel García-Calderón lo vemos meses más tarde lide-
rando la campaña revolucionaria en Ibarra, al mando de un batallón
de 600 hombres, esta vez frente a una tropa de similar volumen, al
mando del coronel Juan de Sámano. El 27 de noviembre de 1812, tu-
vieron su encuentro independentistas y realistas en el poblado de
San Antonio, pero por la superioridad numérica de estos, la tropa
revolucionaria fue derrotada y sus líderes fusilados en la plaza de
Ibarra el 4 de diciembre, luego de ser acusados por un consejo de
guerra como “insurgentes”. Fueron pasados por las armas: García-
Calderón, Manuel Aguilar, Marcos Gullón, algunos soldados y siete
indígenas de Otavalo.
5
Con la muerte de su padre, las autoridades realistas de
Cuenca iniciaron la confiscación de sus propiedades y luego “ven-
didas en subasta”, asunto que obligó a la viuda, doña Manuela Ga-
raycoa, junto con sus hijos Mercedes, Abdón, María del Carmen,
Francisco y Baltazara, migrar a Guayaquil, tierra natal de la madre.
6
Ya en el Puerto Principal, doña Manuela y sus hijos, huérfa-
nos de padre, pasaron al amparo de la familia materna. Su tío Fran-
cisco Xavier, cura de Yaguachi, fue el encargado de enseñar las
primeras letras a los sobrinos varones Abdón y Francisco. Asimismo,
5 Ibid, p. 351.
6 Sánchez, M, Abdón Calderón, su destino de gloria, Biblioteca Municipal de Santiago de Guayaquil,
2001, p. 30.
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fue don Vicente Rocafuerte, amigo cercano de la familia Calderón
Garaycoa, quien les enseño el idioma francés y geografía, esto fue
entre los años 1817 y 1819.
Uno de los hitos más relevantes de la historia del Ecuador es
la independencia de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820. Para llegar
a esta fecha, El 1 de octubre hubo una fiesta en casa de José de Villa-
mil, con motivo de “celebrar” su nombramiento de procurador ge-
neral. A esta reunión asistieron José de Antepara, Francisco de Paula
y Lavayen, Diego Noboa, Francisco Roca, Vicente R. Roca, Lorenzo
de Garaycoa, Manuel de J. Fajardo, Antonio de Elizalde y otros. Por
su vinculación con la Masonería, Antepara llamó a esta reunión
como la Fragua de Vulcano, pues allí se concretó la toma de los cuar-
teles y, por ende, la independencia de Guayaquil, tema que se con-
cretó el 8 de octubre, con la decisión de poner manos a la obra con la
toma de los cuarteles. Vale mencionar que en esta operación parti-
cipó el joven Abdón Calderón y Garaycoa como soldado voluntario,
contando con 16 años de edad.
7
En la campaña libertaria
Una vez consolidada la independencia de Guayaquil, los pa-
triotas guayaquileños pensaron claramente que, para asegurar su
emancipación, debían emprender hacia la independencia de las prin-
cipales ciudades de la Sierra, allí es cuando crearon inmediatamente
la División Protectora de Quito, comandada por el coronel venezo-
lano Luis Urdaneta y en la cual fue incorporado entre sus filas el
joven Abdón Calderón con el grado de subteniente. Aquella nueva
fuerza militar abrió la gran cruzada independentista hacia los Andes,
contando en sus filas con mayoría de soldados bisoños que triunfa-
ron frente a las fuerzas realistas el 9 de noviembre de 1820, en el fa-
moso Combate de Camino Real.
8
7 Bravo, K, “9 de octubre, Guayaquil por la Patria”, El Telégrafo, Guayaquil, 2020, p. 7
8 Núñez, J, Las milicias del corregimiento de Chimbo, siglos XVIII y XIX, Ministerio de Defensa Na-
cional, Colección Histórica, Quito, 2014, p. 130
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Con este primer triunfo de la División Protectora de Quito,
los jefes de este reparto solicitaron el ascenso de los oficiales subal-
ternos a través de una propuesta:
Ciudadanos de la Junta de Gobierno.
El valor y patriotismo que en la gloriosa jornada del día 9, han mani-
festado los ciudadanos que contiene esta Relación, los hace acreedores
a toda consideración de U.S. y me persuado justamente de que apro-
barán el justo premio a sus servicios, que, como un estímulo propor-
cionado y a nombre de U.S., les he consignado. Por lo que, animado
con la confianza del delicado modo de pensar de U.S.,
Propongo:
Para el grado de Capitán, a los ciudadanos Tenientes José Manuel Que-
vedo, Fulgencio Rocha, Antonio Salazar y Antolín Bustinza, a quienes
acompaña, después de un valor conocido, la más recomendable deci-
sión por nuestra justa causa.
Para el grado de Teniente, a los ciudadanos Subtenientes Manuel Sal-
cedo, Mariano Soto y Abdón Calderón, no menos que los anteriores.
Para el grado de Subteniente, a los Sargentos Primeros José López y
Francisco Tejada, quienes, se desempeñaron con tal bizarría, que,
siendo LOS PRIMEROS EN ASALTAR LAS TRINCHERAS, SALIE-
RON HERIDOS, el primero en la cara, de bala de metralla y el segundo,
de fusil, en una pierna.
Cuartel General en Guaranda, noviembre 16 de 1820.- Urdaneta.
Con el triunfo en Camino Real, los patriotas continuaron su
campaña, teniendo un segundo combate en Huachi, punto geográ-
fico cercano a Ambato el 22 de noviembre de 1820. En este encuentro
la victoria estuvo a favor del Ejército realista, al mando del coronel
Francisco González. Derrotados los patriotas, no les tocó más que la
retirada, pues uno de los que se salvaron fue precisamente el subte-
niente Calderón. Cabe anotar que a la derrota de Huachi, la División
Protectora de Quito sufrió otras derrotas en Verdeloma y Tanizagua,
situaciones que obligaron a los patriotas a reorganizarse en Baba-
hoyo y Guayaquil, luego de que fuera capturado el coronel argentino
José García, líder patriota, de quien su cabeza fue exhibida bajo el
puente del río Machoneara, en Quito.
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Debe reconocerse en la historia que esta campaña de inde-
pendencia cambió de rumbo en mayo de 1821, cuando llegó a Gua-
yaquil el general Antonio José de Sucre, en cumplimiento a las
órdenes de Bolívar. Su primera gestión fue concentrar las tropas co-
lombianas y guayaquileñas y nombrar al coronel granadino Antonio
Morales comandante de la plaza de armas. Con esto, se concentraban
las fuerzas patriotas y a la vez se garantizaba la seguridad de la ciu-
dad ante cualquier contraataque realista.
9
Nuestro héroe había combatido en todas contiendas anterior-
mente mencionadas, Camino Real, Huachi, Verdeloma y Tanizahua.
Los libros de historia que hacen referencia a su biografía manifiestan
su valor y sacrificio en el Batallón Guayaquil, razón por la cual to-
maron aquella propuesta de ascenso a su nueva jerarquía y para ha-
cerla efectiva. Así lo certifica el siguiente documento:
“Estado Mayor. - Relación de los Oficiales del Batallón Gua-
yaquil que no tienen despachos y han sido ascendidos.
COMPAÑÍA CLASE NOMBRES FECHA
DEL ASCENSO
Plana Mayor Coronel Comandante José Santiago Lugo 22 de julio 1821
Id. 2º Ayudante Francisco Espantoso Id. Id. Id.
Id.
Subteniente
Abanderado
Manuel Paredes Id. de agosto id.
4ª Capitán Ramón Novoa 22 de julio id.
Teniente Manuel Monblanc Id. Id.
Teniente Abdón Calderón Id. Id.
Id. Miguel Lavayen Puga Id. Id.
Subteniente Luis Pareja Id. de agosto id.
Id. José Sovenés 22 de julio id.
Id.
Id. Manuel Ponce Id. id.
Guayaquil, agosto 30 de 1821. El Capitán 1º Ayudante José María R. Velalcázar
10
9 Bravo, K, “Riobamba: de los levantamientos indígenas a la independencia”, Academia Nacio-
nal de Historia, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Quito, 2022, p. 79.
10 Sánchez, M, Op. Cit, p. 100
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A la cabeza de estas tropas colombo-guayaquileñas, Sucre
emprendió su campaña libertaria teniendo su primer encuentro vic-
torioso en ConeYaguachi, actual provincia de Guayas, el 19 de
agosto de 1821. Pero también tuvo su primera derrota en el segundo
Huachi, el 12 de septiembre de ese mismo año, lo que obligó a los
patriotas a tomar la retirada hacia Guayaquil. Ante esta situación, el
general Sucre y el coronel realista Carlos Tolrá acordaron un armis-
ticio el 19 de noviembre; con esto, las fuerzas realistas retornaron a
Riobamba y las libertarias se dedicaron al entrenamiento militar, gra-
cias a los 1 500 fusiles enviados desde Perú por San Martín, a sabien-
das de la derrota en Huachi.
11
Terminada la tregua, las fuerzas libertarias reunieron su
equipo y armamento para su próximo desplazamiento hacia Cuenca
con el objeto de encontrarse con las fuerzas del Ejército del sur, inte-
gradas por soldados argentinos, chilenos, peruanos y alto peruanos,
al mando del coronel Andrés de Santa Cruz y Calahumana.
Aquel encuentro se dio el 9 de febrero de 1822, en Saraguro.
Sucre y la División del Norte tomaron la ruta GuayaquilPuerto Bo-
lívarMachalaPasajeYúlugSaraguro. Marcharon los batallones
Albión y Guayaquil y un escuadrón de dragones, al mando del co-
ronel venezolano Diego de Ibarra. Días más tarde se integraron tres
compañías del batallón Paya, a órdenes del comandante Mackintosh.
Desde el sur, el coronel Santa Cruz había tomado la ruta Piura–Ma-
cará–Loja–Saraguro, al mando de dos batallones de infantería, dos
escuadrones de cazadores de Perú; y, desde Argentina, los veteranos
del Primer Escuadrón de Granaderos a Caballo. Las dos divisiones
sumaban un aproximado de 2 000 combatientes, contando con el
apoyo de cuatro piezas de artillería de campaña.
12
Con la conformación de este gran Ejército libertario, a Sucre
le fue demasiado fácil la toma de Cuenca, el 21 de febrero, ya que la
guarnición realista de los jefes españoles González y Tolrá y el bata-
11 Borrero, A. M, Cuenca en Pichincha, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay,
Cuenca, 1972, p. 378.
12 Florit, E, San Martín y la causa de América, Vol. 577/79, Colección Histórico – Militar, Círculo
Militar, 1967, p. 521.
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llón Constitución, hicieron su retirada a Riobamba. Allí permanecie-
ron cerca de 45 días, un valioso tiempo para organizar un buen pie
de fuerza con más voluntarios y caballos, actualizar el entrenamiento
militar y dotar de uniformes a los combatientes.
Entre datos dispersos, a los cuencanos llegó la noticia de que
en esos días se incorporó una parte del batallón Alto Magdalena, al
mando del coronel José María Córdova. Por otro lado, fue creado el
Batallón Yaguachi en homenaje al victorioso combate llevado a cabo
en aquel poblado de la Costa, el 19 de agosto de 1821. A este nuevo
reparto fue incorporado el teniente Abdón Calderón, al frente de la
tercera compañía. El Yaguachi fue constituido con la fusión de las
compañías sueltas de los batallones Tiradores y Voluntarios, desig-
nando al coronel graduado Carlos María Ortega, comandante del
nuevo batallón.
13
La salida de Sucre desde Cuenca fue el 12 de abril, día de la
fundación de esta ciudad. Pero antes ya se adelantaron varios repar-
tos, ya que se percibía en el panorama de la campaña libertaria, una
acción de armas de alta trascendencia entre patriotas y realistas es-
taba próxima a ejecutarse.
El 19 de abril continuaron la marcha en dirección norte, el si-
guiente punto de combate sería Riobamba. Allí estaban los escuadro-
nes de Dragones, combatientes de a pie y a caballo; los Granaderos a
Caballo, temidos soldados argentinos que, aparte de su bravura en
el combate, también lanzaban granadas; y, los batallones: Albión,
Paya, Yaguachi, Trujillo, Piura y Cazadores a Caballo.
Al amanecer del día domingo 21 de abril de 1822, el Ejército
realista ubicó un batallón de infantería en la retaguardia de sus Dra-
gones, con el propósito de atacar a los Dragones y Granaderos a Ca-
ballo de la vanguardia patriota que supieron hacerles frente y
contraatacar en el momento preciso, logrando ganar terreno en el
paso de Pantús, al sureste de Riobamba.
Según el recuento del historiador riobambeño Eudófilo Cos-
tales Samaniego, los primeros intentos del combate entre la vanguar-
13 Borrero, Op. Cit. p. 380
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dia patriota y la retaguardia realista, se dieron frente a la quinta de
la familia Vallejo. De allí los dos bandos tomaron el lado oriental de
la Villa, reconocida en la actualidad como la calle Argentinos, en ho-
menaje a los principales actores de este combate. Concluye este autor
acerca de este evento con la siguiente frase: “(…) es notorio que los
españoles rehúyen combatir”, pues la victoria de la caballería pa-
triota concretó la independencia de Riobamba.
14
Otro de los documentos que relatan el triunfo de la caballería
patriota, es la carta escrita el 23 de abril por A. J. de Sucre al coman-
dante general de la plaza de Guayaquil, mariscal José Domingo La
Mar y Cortázar. Además, Sucre anunció en esta carta que “nuestras
operaciones continuarán dentro de tres días y muy en breve la vic-
toria presentará sus laureles a los libertadores de Quito”.
15
La última acción de armas del Ejército patriota, en tierras
grancolombianas, y en particular del teniente Calderón, fue la Batalla
de Pichincha, el 24 de mayo de 1822. Este hito de trascendental im-
portancia para la historia del Ecuador, recuerda la independencia de-
finitiva de la Real Audiencia de Quito, pues allí se enfrentaron 3 635
soldados del Ejército patriota, al mando del mariscal Antonio José
de Sucre y el coronel Antonio Morales, jefe del Estado Mayor; frente
a 2 194 soldados del Ejército realista, al mando del mariscal Melchor
de Aymerich y el coronel Manuel Martínez de Aparicio, jefe del Es-
tado Mayor.
16
El triunfo republicano trajo el siguiente resultado:
Ejército realista: 400 muertos y 190 heridos
Ejército patriota: 200 muertos y 140 heridos
Entre los 140 heridos estaba el teniente Abdón Calderón.
Según el parte de guerra escrito por el mariscal Sucre el 28 de mayo
14 Costales, E, Riobamba independiente, 1972, p. 33
15 Chiriboga, A. I, Documentos históricos oficiales sobre las campañas de la libertad, Talleres
Gráficos Estado Mayor General, 1948, p. 51
16 Ibáñez, J, Campaña del sur, 1822. Bomboná – Pichincha, Imprenta y Litografía de las Fuerzas
Militares, Bogotá, 1972, p. 281
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de 1822, en el cuartel general instalado en Quito, se refiere al men-
cionado oficial que se resistió abandonar el campo de batalla, a pesar
de sus dolencias causadas por las cuatro heridas en combate. “Pro-
bablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá recom-
pensar a su familia los servicios de este oficial heroico”.
17
El relato sobre las cuatro heridas en combate del teniente Cal-
derón, fueron descritas por el coronel Manuel Antonio López en
1872, o sea, 50 años más tarde de la batalla, en Documentos para la his-
toria de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia, tomo
VIII. Estos Documentos fueron publicados por disposición del gene-
ral venezolano Antonio Guzmán Blanco en su primer gobierno (1870
– 1877), y que han sido estudiados por el capitán de fragata Mariano
Sánchez en su obra Abdón Calderón, su destino de gloria. Aquí se pone
de manifiesto las cuatro heridas de bala, una en cada brazo y en cada
muslo; su resistencia por abandonar el campo de batalla y su ejemplo
de valentía frente a sus soldados de la tercera compañía del Batallón
Yaguachi, unidad que combatió en la Batalla de Pichincha, llevando
el esfuerzo principal en el centro del eje de avance.
Según Manuel Antonio López, quien fuera el abanderado de
la División del Sur con el grado de teniente en 1822, concluye su re-
lato sobre la acción heroica de Abdón Calderón, diciendo que “murió
al amanecer del día siguiente”. Todos los documentos biográficos del
joven héroe convergen con una fecha posterior: murió exactamente
el día 7 de junio de 1822, en casa del doctor José Félix Valdivieso, y
enterrado tres días después en el convento de San Nicolás, actual
convento de La Merced, en Quito.
18
Días después de fallecido, el general Antonio José de Sucre
le ascendió al grado de capitán, y el 16 de junio, fecha en la que Bo-
lívar arribó a Quito con una entrada triunfal, conoció del arrojo y va-
lentía del joven capitán, por lo que dispuso que el grito de guerra de
la tercera compañía del Batallón Yaguachi sea como un santo y seña:
al mencionar el comandante el nombre de Abdón Calderón, la tropa
respondería “Murió gloriosamente en el Pichincha, pero vive en
17 Ibid. p. 290
18 Sánchez, M, Op. Cit. p. 123
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nuestros corazones”. Asimismo, el Libertador ordenó el pago del
montepío a favor de su madre, doña Manuela Garaycoa.
19
Los niños héroes de México
En marzo de 1845, Texas se anexó a los Estados Unidos. Este
episodio, conocido como la Anexión del Río Nueces, logró desem-
polvar viejas tensiones entre los dos países vecinos, al tiempo en que
Estados Unidos pretendía comprar las regiones de Nuevo México y
Alta California, tal como lo hizo con Luisiana en 1803 y Florida, 1819.
Esto llevó a un distanciamiento diplomático que condujo al Con-
greso estadounidense a declarar la guerra a México el 13 de mayo
de 1846, previo un enfrentamiento de las tropas del general Zachary
Taylor frente a las tropas del general Mariano Arista, en abril de ese
aquel año.
Con el inicio del año 1847, se inició también la invasión del
Ejército estadounidense, al mando del general Winfield Scott, hacia
territorio mexicano, a través de una operación ofensiva, alcanzando
algunas victorias en San Ángel, Churubusco, Padierna, Molino del
Rey y el Castillo de Chapultepec, último bastión mexicano de la re-
sistencia que estaba resguardado por el Batallón de San Blas, reparto
que se enfrentó al enemigo en una lucha cuerpo a cuerpo. Dada la
superioridad numérica de los invasores, este Batallón fue derrotado
en el bosque de Chapultepec, quedando tendidos la mayoría de sus
soldados.
Esta operación ofensiva del Ejército estadounidense hacia el
Castillo de Chapultepec, sede del Colegio Militar, estaba reforzada
con artillería. Sus cañonazos causaban el pánico en la defensiva me-
xicana, lo que garantizó el asalto al Castillo. Fue allí, en los días 12 y
13 de septiembre de 1847, cuando nace esta historia con la incorpo-
ración -en el combate- de varios cadetes del Colegio Militar, entre
ellos:
19 Ibáñez, J, Op. Cit. p. 292
Los héroes niños en América Latina
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Juan de la Barrera
Agustín Melgar
Vicente Suárez
Francisco Márquez
Fernando Montes de Oca
Juan Escutia
Según el relato de varios historiadores mexicanos, se dice que
el general Santana había subestimado la defensa del Castillo de Cha-
pultepec, dando preferencia a la defensa de las calzadas de Anzures
y La Condesa. Lo cierto fue que defendieron el Castillo cerca de 800
soldados reforzados por 400 efectivos del Batallón San Blas y unos
53 cadetes del Colegio Militar.
Finalizado en combate, se contaba con cifras inesperadas: 400
soldados desertores, 600 muertos y los seis cadetes que también ha-
bían entregado su vida en la defensa del Castillo de Chapultepec, de
ahí el término “Niños Héroes”.
Los reconocimientos cívicos no se hicieron esperar. El primer
monumento a los Niños Héroes fue un obelisco de seis metros de al-
tura, construido en el gobierno de Manuel González (18801884). Y
por decreto del 3 de marzo de 1884, se estableció que, en el Colegio
Militar, cuando se pase lista de los seis cadetes, todo el grupo de ca-
detes debía responder a viva voz: ¡Murió por la patria!
Con el tiempo, este hito histórico de los Niños Héroes no solo
quedó como una epopeya mexicana. Se fue dispersando por toda La-
tinoamérica, precisamente como un referente de coraje, honor y pa-
triotismo para la niñez y juventud de la región.
Tras la ocupación enemiga sobre la Ciudad de México y la
victoria definitiva del Ejército estadounidense, la guerra concluyó
con la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo, en febrero de 1848, do-
cumento con el cual avalaba la pérdida de extensos territorios mexi-
canos que actualmente son ocupados por los estados de Arizona,
Nuevo México, California… Teniendo como límite político interna-
cional al Río Bravo.
20
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20 Secretaría de la Defensa Nacional (2015). “La invasión estadounidense”, en: https://www.
gob.mx/sedena/documentos/la-invasion-norteamericana
Cada 13 de marzo, México recuerda esta epopeya de los fa-
mosos héroes niños; sin embargo, existen contradicciones históricas
que es necesario tomar en cuenta: ni eran niños, ni Escutia se lanzó
de lo más alto del Castillo, envuelto con la bandera mexicana. Escutia
tenía 20 años; De la Barrera, 19; Melgar y Montes de Oca, 18; Már-
quez y Suárez, 14. Además, había también 47 cadetes que también
participaron en la defensa del Castillo.
Lo que hizo renacer el concepto patriótico de estos héroes
niños fue que, años más tarde de la batalla, encontraron restos de
seis cuerpos en el cerro de Chapultepec. Inmediatamente fueron re-
conocidos e identificados como los restos de los héroes. Lo que rei-
vindicó el sacrificio y entrega de estos héroes en el imaginario
mexicano.
21
Los niños héroes de Paraguay
en la guerra de la Triple Alianza
Para tener un mejor panorama de este tema, hemos de ver a
la Guerra de la Triple Alianza (1865–1870), como un conflicto de ca-
rácter político y limítrofe, pero, sobre todo, regional, donde se en-
frentaron cuatro países sudamericanos: Argentina, Brasil y Uruguay,
frente a Paraguay. Decimos que tuvo un carácter político por el an-
tagonismo entre conservadores y liberales, especialmente en Uru-
guay, con la recordada revolución colorada. Así también, es necesario
tomar en cuenta que, desde tiempos de la independencia, las fronte-
ras entre estos países no estaban del todo claras, muy en particular
con Brasil, país que tuvo tratados y ajustes territoriales con varios
países sudamericanos.
Haciendo hincapié en el tema limítrofe, Paraguay puso va-
rios frenos para impedir la navegación brasileña en el río Paraná; por
otro lado, Argentina tenía el interés de ocupar la región de Misiones,
centro de las antiguas misiones de los jesuitas. Por tal razón, se po-
21 Barcena-Díaz, L, “Los héroes niños de Chapultepec”, Revista Vida Científica No. 13, Univer-
sidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 2019, p. 19
Los héroes niños en América Latina
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dría decir que las relaciones diplomáticas entre Argentina y Para-
guay no eran del todo amistosas.
El conflicto se agudizó cuando Paraguay impidió el paso de
embarcaciones brasileñas en el río Paraná, mientras que Argentina
negó el paso de tropas guaraníes por sus fronteras, asunto que llevó
a la declaración de guerra entre los dos países, al tiempo en que se
firmaba el Tratado Secreto de la Triple Alianza entre Argentina, Brasil
y Uruguay, teniendo como enemigo único a Paraguay. Así fue como
inició la guerra con la captura del vapor brasileño Marqués de
Olinda (noviembre de 1864) y la invasión paraguaya en la región de
Matto Grosso.
22
La superioridad numérica de los tres países fue lo predomi-
nante en los cinco años de intensos combates, teniendo como esce-
nario geográfico el sector de Humaitá, espacio donde el Ejército
paraguayo se iba desgastando cada vez más, a raíz de las batallas de
Itoporó e Itá–Ybate.
En marzo de 1870, el mariscal y presidente Solano López
reorganizó el Ejército con veteranos de guerra, antiguos prisioneros
y los actores principales de estas páginas, niños y adolescentes pa-
raguayos, quienes cerraron el conflicto con su derrota en Pirebury,
Acosta Ñu y Cerro Corá.
23
Niños a las armas
Desde los inicios del conflicto, adolescentes de 14 años para
arriba fueron reclutados para ser parte de los cuadros del Ejército
paraguayo, incluso hubo una convocatoria para niños de siete años
en adelante para su apoyo en la parte logística y en la mensajería. Al
respecto, cabe recordar que mucho antes de que se dé esta guerra,
ya hubo una suerte de “militarización” de niños y adolescentes; es
decir, el presidente Solano López, tanto como su padre, el anterior
presidente, dieron mayor atención a la preparación y equipamiento
del Ejército, sin dejar de lado la propaganda cívica enfocada en los
22 Ruigómez, C, “La Guerra de la Triple Alianza: un conflicto regional”, Revista Quinto Centena-
rio, Editorial Universitaria Complutense, Madrid, 1988, p. 261
23 Ibid. p. 266
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niños. En tales circunstancias, se debe admitir que los niños para-
guayos crecieron en un ambiente de nacionalismo, de modo que,
cuando Asunción fue sitiada, aulas enteras de niños de entre 12 y 14
años, habían pasado a formar parte de los batallones de infantería,
teniendo a sus maestros como sus comandantes.
24
Según Bárbara Potthast, profesora de Historia ibérica y lati-
noamericana en la Universidad de Colonia, Alemania, había encon-
trado en las fuentes primarias que hubo largas listas de niños de 11
años que se enrolaron al Ejército para la defensa del territorio y la
población paraguaya, pues parte de estas operaciones de guerra lo
conformaban también las mujeres, quienes eran las encargadas del
tema logístico.
El general Martin McMahom, veterano de la Guerra Civil es-
tadounidense y único diplomático extranjero que se mantuvo en
Asunción, aun tomada por los aliados, aseguraba que los niños sol-
dados paraguayos demostraron un alto nivel de patriotismo y coraje.
Seguramente este patriotismo era fundado en el criterio de que el
país tenía “soldados sin edad”; asimismo, este veterano de guerra
reconocía también que su espíritu de guerra obedecía a cierto fana-
tismo artificial creado por el presidente Francisco Solano López,
quien castigaba de forma severa a los desertores.
Acosta Ñu: la batalla más cruel
Los aliados estaban convencidos que la guerra terminaría
con la muerte del mariscal Solano López, quien escapaba con suma
habilidad de sus enemigos, de modo que, al caer Piribebuy en manos
de las tropas brasileños, Solano López dividió su Ejército en dos
cuerpos, uno bajo su mando y el otro compuesto por niños, adoles-
centes, mujeres y el batallón de veteranos Sexto de Infantería, quie-
nes pasaron a formar una especie de barrera humana en la planicie
Acosta Ñu, cercana a Eusebio Ayala, ciudad ubicada en el centro de
Paraguay.
24 Potthast, B, “Niños soldados y niñas famélicas en la guerra del Paraguay”, 1985, p. 111, en:
PARAGUAY Niños soldados.pdf
Los héroes niños en América Latina
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En esta batalla del 16 de agosto de 1869, se enfrentaron en el
orden de 20 000 soldados brasileños, al mando del Conde D´Eu y el
general Resín, frente a 3 500, entre veteranos y niños soldados entre
9 y 15 años, y otros de 6 a 8 años, a órdenes del general Caballero y
el coronel Franco. Posiblemente el número de estos héroes niños ha
sido un tema de alto debate, lo que sí concuerdan los historiadores
es que la Batalla de Acosta Ñu fue una acción de armas de extremado
desequilibrio entre las fuerzas oponentes, dado que no solamente
era el asunto numérico que marcaba la diferencia, pues también es-
taba la superioridad bélica brasileña: los fusiles a chispas que porta-
ban los niños soldados paraguayos, apenas cubrían los 50 metros de
alcance, mientras que los fusiles Spencer de los soldados brasileños
llegaban hasta los 500 metros.
25
La batalla duró cerca de ocho horas, empezó en la mañana.
Seguramente a los soldados brasileños les pareció aburrido pelear
con niños, pero los niños soldados paraguayos dieron todo de sí, a
pesar de que su derrota ya estaba cantada, pues apenas tenían unas
pocas piezas de artillería y una caballería mal montada. Para esto,
aquellos héroes fingían ser adultos colocándose barbas falsas, cosa
que también hicieron las mujeres. Se cuenta que los niños de entre
seis y ocho años se abrasaban de las piernas de los soldados brasile-
ños, imploraban que no les maten. Igual, fueron degollados en el
acto.
Por la tarde, las madres buscaban a sus hijos que murieron
en la batalla. O trataban de evacuar a los heridos. La crueldad en esta
batalla no terminó con el cese de fuegos. Los soldados de ejército im-
perial brasileño quemaron el sitio de la guerra en Acosta Ñu. Paso
seguido, fueron a incendiar el hospital de Peribebuy, donde estaban
alojados niños y adolescentes heridos en combate. Los soldados bra-
sileños completaron el cuadro de crueldad empujando con la punta
de sus bayonetas a los pocos que intentaban salvarse del fuego.
26
25 País, “Día del Niño en Paraguay y la Batalla de Acosta Ñu: ¿por qué este día se celebra en el
aniversario de una cruel batalla de la Guerra de la Triple Alianza?, BBC News Mundo, 16 de
agosto de 2019, en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49323760
26 Castagnino, La Gaceta Federal. “Batalla de Acosta Ñu, 16 de agosto de 1869”, en: https://
www.lagazeta.com.ar/acosta-nu.htm
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Bárbara Potthast nos recuerda que los estos niños soldados
no lloraban, incluso cuando estaban heridos, reconociendo que per-
dieron la guerra, pero ganaron una parte de la historia escrita con
patriotismo, valentía y coraje, pese a que fueron –también golpea-
dos por el hambre y las enfermedades.
Efectivamente, la guerra terminó con la muerte en combate
del mariscal Francisco Solano López, el 1 de marzo de 1870. Se ter-
minó la guerra, pero el conflicto continuaba por la presencia de las
tropas aliadas que se quedaron los cinco años subsiguientes en te-
rritorio paraguayo, lo que trajo consigo la catástrofe demográfica y
económica más grande de la historia de este país guaraní, pues se
calcula que en esta guerra murieron entre 200 y 300 000 combatien-
tes, un poco más de la mitad de la población.
En 1948, durante el gobierno provisional del presidente Ma-
nuel Frutos, se decretó al 16 de agosto como Día del Niño Paraguayo,
en memoria de aquellos niños héroes que ofrendaron su vida en la
Batalla de Acosta Ñu.
Pedro Pascasio Martínez y el Negrito José,
niños héroes de Colombia
Las guerras de independencia tomaron fuerza cuando el li-
bertador Simón Bolívar declaró la “Guerra a muerte” a los españoles,
en 1813. Desde allí, se fortalecieron las campañas patrióticas con la
configuración de un “Ejército popular” encabezado por líderes crio-
llos, mestizos, negros e indígenas.
La Campaña Libertaria de 1819, indudablemente fue para
Nueva Granada, la recta final de su independencia. Duró apenas 77
días; desde el 23 de mayo, cuando Bolívar expuso el plan militar a
los comandantes del Ejército patriota, hasta la Batalla de Boyacá, el
7 de agosto, siendo decisivas las dos últimas acciones de armas entre
los dos ejércitos: la Batalla del Pantano de Vargas y la Batalla de Bo-
yacá, debiendo reconocer el valioso apoyo del pueblo granadino, en
particular, las comunidades boyacenses, quienes vivificaron el espí-
Los héroes niños en América Latina
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ritu del Ejército republicano con su apoyo logístico y la integración
de los voluntarios a estas filas, incluso con la formación de guerrillas
patriotas para el espionaje y el hostigamiento ocasional al Ejército
realista.
27
El 25 de julio de 1819 se dio la Batalla del Pantano de Vargas,
en las cercanías de Paipa, actual Boyacá. Allí se trabaron en combate
2 400 soldados patriotas, de los cuales: 1 000 de infantería y 100 de
caballería estaban en la vanguardia, al mando de Francisco de Paula
Santander; y, en la retaguardia, 970 de infantería y 300 de caballería,
al mando de José Anzoátegui. Todos al mando del libertador Simón
Bolívar. El bando realista estaba conformado por 1 300 soldados de
infantería y 400 de caballería de la Tercera División Expedicionaria,
al mando del coronel José María Barreiro. Ante una posible derrota
republicana, la voz de victoria fue anunciada con la presencia de un
tropel de 14 lanceros llaneros que atacaron con tal furia, logrando
desvanecer el espíritu de lucha de los soldados realista y su retirada
del campo de batalla. En esta acción de armas perecieron 500 solda-
dos realistas y 140 patriotas.
28
La segunda y última batalla que definió la independencia de
Nueva Granada fue la Batalla del Puente de Boyacá, en el riachuelo
de Teatinos, el día 7 de agosto de 1819, donde se enfrentaron 2 100
soldados de infantería y 400 de caballería del Ejército realista, al
mando del coronel Barreiro y del coronel Francisco Jiménez en la
vanguardia. En el lado republicano, estaban 2 000 soldados entre in-
fantería y caballería, más 200 mujeres, las llamadas “guarichas”.
Todos al mando de Bolívar y Santander.
El objetivo del combate era la toma del puente, los realistas
por su defensa y los patriotas por la toma y sobrepasamiento. En la
última fase del combate, la victoria estuvo a favor de los patriotas,
dado que entraron en acción los lanceros de Rondón junto a las mi-
licias de Tunja y del Socorro. Esto provocó una fuga masiva y la de-
27 Ocampo, J, Historia básica de Colombia, Plaza y Janes Editores, Colombia, 2004, p. 210
28 Rodríguez, J, Borrero, L, “La Batalla de Pantano de Vargas, 25 de julio de 1819, Paipa, Boyacá,
Nueva Granada. La otra historia del pasado”, Revista Maguaré, Vol. 28, No. 2, Universidad
Nacional del Colombia, Bogotá, 2014, p. 92
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rrota de los realistas, lo que permitió el paso vencedor de la vanguar-
dia de Santander y el resto de la tropa republicana. El resultado de
esta batalla fue el siguiente:
13 muertos y 53 heridos de las tropas patriotas
100 muertos y 1 600 prisioneros de las tropas realistas
En el contexto histórico, es necesario reconocer que esta ba-
talla del Puente de Boyacá sirvió como puntal para la consolidación
de la independencia de Nueva Granada y el camino independentista
de la Real Audiencia de Quito y los actuales territorios de Perú y Bo-
livia. Asimismo, este estudio introductorio sirve para continuar con
el contenido de nuestros héroes niños, en este caso, Pedro Pascasio
Martínez y el Negrito José.
Héroes de la honradez
Es de lamentar que, en este hecho de renombre moral, solo
se conoce la vida del niño soldado Pedro Pascasio Martínez Rojas
(18071885), mas no del Negrito José, otro niño soldado y compañero
de este en la Batalla de Boyacá.
Siendo así, vemos que, días antes de la batalla, el ejército in-
dependentista hizo un movimiento estratégico hacia Tunja, con el
propósito de impedir la reorganización del ejército realista con las
tropas que venían desde Santa Fe de Bogotá. A su paso por el actual
municipio de Belén, tierra natal de Pedro Pascasio, las tropas liber-
tarias fueron recibidas por los comuneros, entre ellos un magnate de
nombre Juan José Leiva, de quien se dice, ofreció su casa al Liberta-
dor. Allí conoció a este niño de 12 años que trabajaba con este mag-
nate de Belén. Conoció también de su anhelo de ser parte del
Batallón Rifles, reparto al cual fue incorporado como cuidador de
los caballos de Bolívar, entre esos, Palomo, el más querido.
29
Los héroes niños en América Latina
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193
29 Centro Cultural del Banco de la República de Tunja (2020). “Pedro Pascasio Martínez”, en:
https://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php/Pedro_Pascasio_Mart%C3%ADnez
Pedro Pascasio fue el responsable del cuidado de Palomo y
del resto de caballos de Bolívar, hasta cuando llegó la noticia del
triunfo de las tropas republicanas, luego de que el coronel Santander
pasó con sus soldados sobre el Puente de Boyacá, en un movimiento
simultáneo con los Guías de Apure que lograron ascender una ladera
para caer sobre las tropas realistas del coronel Jiménez. Así fue como
fueron capturados los cerca de 1 600 soldados realistas, a diferencia
de otros jefes que lograron escapar, entre estos, el coronel Barreiro,
comandante de este Ejército.
Dos niños soldados fueron los espectadores de la renom-
brada Batalla de Boyacá: Pedro Pascasio Martínez y el Negrito José.
Ellos, al ver que algunos soldados realistas emprendían la fuga, de-
tectaron a dos oficiales que se escondían bajo unas piedras de gran-
des dimensiones, hoy reconocidas como “Las Piedras de Barreiro”.
En ese momento, los dos niños soldados fueron a su captura. Se dice
que el Negrito José disparó con su fusil a uno de ellos, alcanzando
el éxito en su puntería, mientras que el otro oficial fue apuntado a la
garganta con la punta de la lanza de Pedro Pascasio.
Al ser capturado y amenazado por los dos niños soldados,
el oficial reveló su nombre, jerarquía y cargo. Era el coronel José
María Barreiro, comandante de las tropas realistas, quien intentó so-
bornar con una bolsa de monedas a estos niños soldados, a cambio
de que le permitan huir. Aquí la acción heroica: Pedro Pascasio y el
Negrito José rechazaron la oferta y lo único que dijeron al jefe realista
fue “siga adelante, si no lo arreamos”. Lo llevaron a la Casa de Teja,
donde estaba el Libertador con su plana mayor.
Al entregar el prisionero a Bolívar, este andaba disgustado
con Pedro Pascasio por no tener listo el caballo Muchacho, pero entre
oscuro y claro del atardecer del 7 de agosto de 1819, el prisionero re-
veló una vez más su nombre, grado y cargo. Inmediatamente el Li-
bertador reconoció el valor y la acción heroica del niño soldado, a lo
que dispuso el ascenso al grado de sargento, así también, se le otor-
gue 100 pesos de recompensa, dinero que nunca se le fue asignado,
quedando solo en palabras de Bolívar dicha compensación econó-
mica.
30
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Pasado este hecho, realmente un símbolo de la honestidad
boyacense, Pedro Pascasio se quedó en su tierra, dedicándose al tra-
bajo de leñador, hasta su muerte en 1885. Recién en 1880, el Congreso
Nacional le rindió un homenaje y la pensión vitalicia de 25 pesos,
cantidad que fue cobrada solo una vez, ya que debía trasladarse a
Bogotá para dicho cobro.
En palabras del historiador colombiano Javier Ocampo
López, pone sobre el tapete la siguiente reflexión: “si el niño soldado
se hubiera dejado sobornar, Barreiro se habría unido a las tropas de Santafé
para presentar un frente unido al ejército Libertador”.
31
Juancito Pinto, el tambor del Regimiento Colorados, Bolivia
A pocas décadas de haberse formado las repúblicas sudame-
ricanas, en abril de 1879, Bolivia, Chile y Perú enfrentaron una de las
guerras más sonadas en la historia del subcontinente: la Guerra del
Pacífico. La cosa se complicó cuando se descubrieron en la región de
Atacama grandes yacimientos de salitre, materia prima destinada a
la producción de fertilizantes y la pólvora. Para esto, Chile y Bolivia
suscribieron un tratado que estableció el paralelo 24 como límite;
además, el reparto por igual de las ganancias de la venta del salitre
explotado con capital chileno y británico, entre los paralelos 23 y 25.
32
Empero el tratado no fue del todo satisfactorio para las au-
toridades bolivianas, las cuales manifestaban que dicho tratado ca-
recía de veracidad, dado que fue suscrito por Mariano Melgarejo, un
dictador que –supuestamente- estaba influenciado por intereses chi-
lenos. Por tal razón, en 1874 se suscribió un nuevo tratado en el cual
Chile renunciaba a los beneficios económicos en la zona compren-
dida entre los paralelos 24 y 25, mientras que Bolivia se comprometía
a no incrementar los impuestos de la explotación del salitre durante
los próximos 25 años.
30 Rodríguez, H (25 de febrero de 2019). “El niño que se volvió símbolo de la honradez”, Revista
Siete Días No. 12, Boyacá, 29 de febrero de 2019, p. 7.
31 Ocampo, J, Independencia y Libertad en Boyacá, Gobernación de Boyacá, Tunja, 2014, p. 119.
32 Del Campo, J, Batallas legendarias del Perú y del mundo. Episodios épicos y anécdotas militares,
1836–1905, Fondo Editorial Fundación Academia Diplomática del Perú, Lima, 2002, p. 151.
Los héroes niños en América Latina
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En febrero de 1878, la Asamblea Constituyente de Bolivia de-
cretó un impuesto de diez centavos sobre cada quintal de salitre ex-
plotado por la empresa chileno–británica, asunto que fue totalmente
rechazado por esta compañía, por lo que solicitó la intervención del
Gobierno chileno, el cual solicitó, vía diplomática, derogar esta alza
no considerada en el tratado de 1874. Bolivia se negó. Ahí fue cuan -
do, el 12 de febrero de 1879, el presidente chileno Aníbal Pinto dis-
puso desembarcar 700 soldados del buque Blanco Encalada en el
puerto de Antofagasta, al mando del coronel Emilio Sotomayor. Esto,
a modo de disuasión.
Ante este hecho, el presidente boliviano Hilario Daza, quien
mantuvo en secreto la presencia de tropas chilenas en territorio bo-
liviano por no alterar las fiestas del Carnaval, finalmente denunció
la invasión chilena y dispuso el cese de las relaciones diplomáticas
con el país de la estrella solitaria.
Cuando llegó a Lima la noticia sobre la ocupación de Anto-
fagasta, el presidente Mariano Ignacio Prado optó por mediar el pro-
blema, pero esto fue apenas una buena intención, ya que finalmente
procedió a firmar una alianza secreta con Bolivia, país que le declaró
la guerra a Chile y este a su vez a Perú.
33
Luego del triunfo naval chileno, la guerra pasó a zona conti-
nental, y fue precisamente el 26 de mayo de 1880, cuando se dio la
Batalla del Alto de la Alianza, nombre acoplado a la fusión de las
fuerzas de Bolivia y Perú, comandadas por el general Narciso Cam-
pero, las cuales se enfrentaron al Ejército chileno, encabezado por el
general Manuel Baquedano.
Por la captura de unos arrieros del bando chileno, quienes
revelaron la estructura de la fuerza chilena que se aproximaba por
las cercanías del Intiorko, elevación ubicada a unos ocho kilómetros
de Tacna, el general Campero ordenó una operación ofensiva con
sus tropas aliadas, pero en horas de la madrugada. Por la oscuridad
las tropas se perdieron, teniendo que regresar al sitio de partida.
34
33 Ibid. p. 153
34 Arriagada, E, “Batalla de Tacna o del Alto de la Alianza”, Academia de Historia Militar, Chile,
26 de mayo de 1980, p. 69
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El tambor del Batallón Colorados
En esta batalla, la artillería de los dos bandos inició sus fue-
gos, con victorias pasajeras de los aliados; sin embargo, la reacción
ofensiva de los chilenos ganó espacio gracias a su potencia de fuego
y la superioridad numérica: 14 147 soldados, frente a los 11 779 com-
batientes peruano–bolivianos.
Allí se hace presente nuestro héroe niño, Juancito Pinto, tam-
bor del Batallón Colorados, cuyo jefe era el coronel Ildefonso Murguía
Anze. El joven combatiente de 13 años se incorporó a este batallón el
17 de abril de 1879, cuando fueron despedidas las tropas bolivianas
en La Paz, junto con el Batallón Aroma. Así fue como marchó junto
al comandante, cumpliendo su labor de levantar la moral de las tro-
pas y convocar a los voluntarios para que se integren a las filas ca-
mino a la guerra, con el toque de su tambor.
Ya en la batalla, las fuerzas aliadas fueron derrotadas luego
de un feroz combate que duró unas horas, hasta que, a las tres de la
tarde, las trompetas aliadas tocaron retirada. Una parte de las fuerzas
chilenas emprendieron la persecución, otras se quedaron en el cam -
po de batalla en busca del botín entre cañones, ametralladoras y
miles de fusiles que dejaban los aliados. Entre los muertos y heridos,
estaba nuestro niño combatiente, había tomado el fusil de uno de sus
compañeros muertos y fue a primera línea donde murió de forma
heroica. Era un soldado más de los 2 000 muertos aliados. Y fue así
como terminó esta batalla: las fuerzas bolivianas regresaron a su pa-
tria, arribando a La Paz el 10 de junio, mientras que las tropas chile-
nas continuaron hacia el norte para tomarse Lima.
Conclusiones
• El relato de las acciones heroicas -y de honestidad-, por parte
de estos niños soldados, representantes de las actuales repú-
blicas de Ecuador, México, Paraguay, Colombia y Bolivia,
pone de relevancia una historia diferente, por el mismo
hecho de reconocer que en las guerras del siglo XIX, sean
Los héroes niños en América Latina
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estas por la independencia, o por conflictos territoriales en
Latinoamérica, hubo la participación de niños y adolescen-
tes, cuyo papel fue marcado con valentía y coraje, esto per-
mite escribir una historia que fortalece el espíritu de las
nuevas generaciones, ya que pueden conocer y apreciar el
amor a su patria.
• Es tomado como cierto, que estas breves historias de niños y
adolescentes que participaron en batallas antes mencionadas,
tienen algo de mito y de leyenda, por el hecho de que la his-
toriografía pretende concederles un espacio muy singular en
la memoria de los pueblos, dado que fueron “soldados sin
edad”. Por ello, se debe entender que, con mito o sin mito,
estos niños soldados tienen un espacio en la conciencia co-
lectiva, por ser un ejemplo de gloria y por ser un referente
de valores juveniles y mensaje de dignidad para todos los
tiempos.
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