BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. José Echeverría–Almeida
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. José Echeverría Almeida Presidente
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Dra. Libertad Regalado Espinoza
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Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
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Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
EL PROCESO FUNDACIONAL DE RIOBAMBA; UN CASO DE
EXCEPCIÓN EN LA HISTORIA URBANA IBEROAMERICANA
Álvaro R. Mejía Salazar
1
Introducción
La historia fundacional de San Pedro y San Pablo de Riobamba cons-
tituye un caso extraordinario dentro del proceso de formación ur-
bana en Iberoamérica. A diferencia del modelo habitual, en el que
un conquistador funda una ciudad mediante un acto jurídico único
y vertical, Riobamba no nació de una decisión individual, sino de un
proceso gradual impulsado por sus propios habitantes.
Tras la presencia inca en Ricpamba y la efímera fundación de San-
tiago de Quito en 1534, el lugar no se despobló: gracias al estableci-
miento de tambos, encomiendas, estancias, molinos y redes de
intercambio, se consolidó un núcleo castellano que creció sin inte-
rrupción. Con el paso de los años, los vecinos desarrollaron una iden-
tidad común y una temprana aspiración de autogobierno que
desembocó, en 1575, en la decisión colectiva de erigir el poblado en
pueblo con cabildo propio, aun contra la resistencia de Quito.
El recorrido culminó en 1588, cuando se reconoció oficialmente a
Riobamba como villa, resultado no de un acto fundacional tradicio-
nal, sino de la insistencia y capacidad organizativa de su gente. En
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Riobamba, Ecuador (1982). Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia del Ecuador y de
la Academia Ecuatoriana de Historia Eclesiástica. Miembro correspondiente de la Academia Nacional
de Historia Militar del Ecuador, del Instituto Panamericano de Geografía e Historia de la OEA, de la So-
ciedad Peruana de Historia, etc. Doctor en Derecho, Universidad Complutense de Madrid. Magíster en
Derecho y especialista superior en tributación, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Abo-
gado y licenciado en Ciencias Jurídicas, Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Procurador y do-
cente-investigador, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Docente a tiempo parcial,
Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito. Docente invitado permanente, Universidad de Es-
pecialidades Espíritu Santo, Samborondón. Miembro del Foro Iberoamericano de Derecho Administra-
tivo, de la Asociación Internacional de Derecho Administrativo, de los Institutos Ecuatorianos de Derecho
Administrativo, Derecho Procesal y Derecho Tributario, etc.
este sentido, Riobamba es un ejemplo notable de cómo una comuni-
dad pudo fundar su ciudad gracias a sus propios esfuerzos, afir-
mando su autonomía administrativa de la metrópoli criolla (Quito).
Historia del proceso fundacional de Riobamba
Origen es un concepto fundamental, acaso uno de los que
posee el significado más determinante de entre los casi cien mil voca-
blos que existen en el idioma español. Se lo define como «principio, na-
cimiento, raíz y causa de algo». Sin lugar a duda, el siglo XVI es el origen
de lo que hoy, cinco siglos más tarde, somos –en todo aspecto–. Es el
momento en que se produjo el gran encuentro entre
las culturas euro-
pea y americana, entre el mundo hispano y el mundo andino.
Ambas culturas poseedoras de una historia milenaria, solo a
partir del siglo XVI lograron conjugarse para crear una nueva cultura,
mestiza, heredera del mediterráneo y del ande. Es el siglo XVI donde
los poblados aborígenes se organizan bajo el damero español para
dar una mejor cabida a las nacientes poblaciones que pronta y poten-
temente fueron surgiendo. Es el
siglo XVI el principio y nacimiento de
nuestras gentes, sociedades y urbes, de nuestras identidades, cosmo-
visiones y territorios.
De allí lo imprescindible de conocer este período a profundi-
dad, de la manera más objetiva y rigurosa posible, pues muchas fá-
bulas y falsedades se han escrito y difundido sobre esta fundamental
centuria, para infamia y deformación de nuestra memoria sociohis-
tórica. Muchas sombras ha esparcido la «Leyenda negra» sobre el siglo
XVI, de un modo irreflexivo, sesgado o
con intereses políticos, obviando
que también existió mucha luz en esos tiempos, luz que se proyecta
hasta nuestros días, y no me refiero solo al arte y la cultura –cimas de
nuestro período virreinal–, sino principalmente a nuestras propias
vidas, pues todos quienes somos ecuatorianos, hijos de ecuatorianos,
encontramos gran parte de nuestros orígenes genealógicos en el siglo
XVI, en los padres conquistadores y en las madres indígenas.
En esta oportunidad deseo presentar la historia del proceso
fundacional
de una urbe durante el siglo XVI, que resulta paradigmá-
tico respecto del nacimiento de ciudades y comunidades en Hispanoa-
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
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mérica. Me refiero al nacimiento y primer desarrollo de la entonces lla-
mada villa de San Pedro y San Pablo de Riobamba.
Inicio señalando que el cuzqueño Túpac Yupanqui, fue el ver-
dadero conquistador de estas tierras. Hacia 1460 había ya sometido a
los Cañaris y fundado Tomebamba, que llegó a ser una de las más im-
portantes del imperio. Allí nació su hijo, el sucesor del trono incaico,
Huayna Cápac, como lo señala el Inca Garcilaso de la Vega.
2
Tras un
viaje al Cuzco, regresó a tierras Cañaris y las encontró reveladas, pues
Pisar, un líder nativo había levantado
a su gente. La región sublevada
no comprendía el valle de Tomebamba, sino los territorios que se in-
terponían entre la ciudad incaica y la frontera norte de los Cañaris;
Túpac Yupanqui se impuso sobre Písar y sus hombres.
«Puesta en orden la tierra de los Cañaris, fuése el Inca para Tiquizambi
y los Puruháes y otras muchas partes a donde cuentan de tantas cosas que hizo
que es de no creer», relata Cieza
de León.
3
El itinerario de la conquista
de Túpac Yupanqui de los territorios puruhá partió de Tomebamba,
hacia Moca (¿Macas?), Chanchán, Quesna, Pomallacta (sur de
Alausí), Tiquizambi(Tixán), Tiocaza (Tiojcajas), Cayambi (tambo que es-
taba en la ruta que de Tiocajas iba a Cajabamba), Urcullazu (nombre de
las faldas del Chimborazo) y Tincuracu (territorio al oriente de Rio-
bamba, hacia el Tungurahua), según el Inca Garcilaso de la Ve ga .
4,
5
Ahora bien, la conquista inca de los
Puruhaes no fue tarea sencilla. Al
respecto, Cabello de Balboa sostiene que la resistencia en Tiquizambi
fue valiente, al mando del cacique Pillaguasu. Montesinos señala:
«Cuando llegó el Inga cerca de la provincia de los Purúes ó Perúaes, Puru-
guáes ó Peruguáes, se resistieron, envióles mensajeros; matáronlos; vino á las
manos con ellos; venciólos é hizo sacar muchas familias y trasplantarlas, como
solía».
6
Espinoza Soriano señala que Huayna Cápac dispuso que un
importante número de familias puruhaes fueran trasladadas a Collao
y Condesuyos, al sur del Perú.
7
En San Andrés, el Inca ubicó a mitimaes
Álvaro R. Mejía Salazar
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2
Inca
Garcilaso
de
la
Vega,
Comentarios
reales,
vol.
II
(Buenos
Aires:
Emecé,
1943),
166.
3
Pedro Cieza de León, Crónica del Perú: El señorío de los Incas (Caracas: Biblioteca Ayacucho:
2005), 461.
4
Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios reales, vol. II, 168.
5 Jacinto Jijón Caamaño, Puruhá, vol. II (Quito: Imprenta de la Universidad Central, 1927), 168-9.
6
Fernando Montesinos, Memorias antiguas historiales y políticas del Perú (Madrid: Imprenta
de Ginesta,
1882), 141.
de Condesuyos, zona que se encuentra al sur del Cuzco hacia la costa;
en Chambo a los Wayakuntu, del norte del Perú; sin precisar el lugar
exacto, pero seguramente también en Chambo, fueron ubicados los
Ticaguacon, mitimaes. En general, en tierras puruhaes fueron im-
plantados muchos grupos de mitimaes traídos del sur del imperio
para reemplazar a algunas poblaciones aborígenes que resultaron
exterminadas casi completamente, como lo refiere González Suárez;
8
por tal motivo, la lengua quechua se extendió por los territorios de
los puruhaes, llegando a caracterizar incluso el nombre de las princi-
pales urbes del sector. Al respecto se
debe recordar que los vocablos
«bamba» y «pamba» son de origen quechua y significan «llanura».
Ahora bien, en los territorios Puruhá ¿existió una capital de la
nación? Amplias han sido las polémicas respecto a la concepción de
Ricpamba–Liribamba/Liripampa– como la «gran capital Puruhá».
9
Si bien, Juan de Velasco la entendía así, Jijón y Caamaño, sobre la base
de estudios documentales, de las informaciones provistas por los cro-
nistas de aquella época y
de vestigios arqueológicos, dudaba de la pri-
macía de Ricpamba y presentaba a Licán como un señorío de mayor
importancia, aun cuando tampoco la presentó como la capital pu-
ruhá.
10
Algo que está fuera de discusión es que dentro de los varios
pueblos puruhaes –Licán, Guano, Xunxi (San Andrés), Tiquizambi
(Tixán), Cacha, entre otros–, Ricpamba era una de las principales po-
blaciones durante la conquista inca y que después de ella pasaría a
ser la principal de estos territorios, pues allí los incas decidieron es-
tablecer su centro logístico.
Ricpamba parece haber sido la unión de tres núcleos pobla-
dos adyacentes: la propia Ricpamba, Liribamba y Cajabamba. En este
pueblo, rodeado de una ecología bucólica, el cronista Cieza de León
informa que los incas mandaron levantar «grandes aposentos», tales
como tambos y casas reales.
11
El también cronista Fernández de Ovie -
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
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7
Espinosa
Soriano,
Etnias
del
imperio
de
los
Incas,
405-6.
8
Espinosa
Soriano,
Etnias
del
imperio
de
los
Incas,
408.
9
Alfredo Lozano Castro, Recuperación del espacio perdido: Liripampa. Capital ancestral Puruhá
(Riobamba: Imprenta
Editorial Pedagógica Freire, 2004), 55-9.
10
Jijón
Caamaño,
Puruhá,
vol.
II.,
170.
11
Cieza de
León, Crónica del Perú: El señorío de los Incas, 125.
do, respecto de la Ricpamba puruhá-inca señala que era un pueblo
importante, donde su señor o curaca tenía una magnífica casa. Poseía
también buenos aposentos en general, una de cuyas construcciones,
a manera de galpón –que había algunos–, alcanzaba 20 pies de largo.
Varios de estos galpones estaban colmados de pondos de chicha y
centenares de almacenes de maíz para alimentar a los ejércitos;
12
de
hecho el Inca recibía sus granos de sembríos de Tiquiquizambi y
Chambo. Por su parte, el cronista Herrera y Tordesillas señala que en
Ricpamba «los incas tenían hermosos palacios»
13
De lo anotado, se
confirma que en el núcleo central de Ricpamba, en época del incario,
existió una ciudadela asimilada por los cuzqueños como un centro
poblacional estratégico y relevante, de allí la presencia casi exclusiva
en el sitio, respecto de toda la jurisdicción, de vestigios incaimperia-
les y no de meros objetos con influencia incaica en su factura.
Esta fue la Riobamba que Benalcázar conoció en mayo de
1534, en la cual Almagro demoró en julio de tal año y donde los dos
capitanes pizarristas se encontraron con el gobernador Pedro de Al-
varado y Contreras, en agosto. Allí fundaron la fugaz ciudad de San-
tiago de Quito, un 15 de agosto, y desde allí fundaron la villa de San
Francisco de Quito, la cual correspondía ser erigida leguas al norte.
Tras estas fundaciones, Diego de Almagro y Pedro de Alva-
rado, junto con algunos de sus hombres, partieron a San Miguel de
Tangarará para efectuar el pago por la compra de la armada alvara-
dista acordada entre los dos capitanes. De igual manera, Sebastián de
Benalcázar y sus tropas partieron hacia el norte, a fin de tomar pose-
sión de la jurisdicción de la recién fundada villa. ¿Qué pasó entonces
con la ciudad de Santiago? Es un hecho que, a inicios de septiembre
de 1534, la ciudad quedó prácticamente despoblada, pues, según
acabo de señalar, casi todos los españoles partieron al sur o al norte,
reduciéndose a un número minúsculo la población ibérica en San-
tiago, sin poder continuar sosteniendo en los hechos la condición de
ciudad castellana, pues no habría ni siquiera españoles suficientes
para ocupar todos los cargos del cabildo.
Álvaro R. Mejía Salazar
480
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12
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar océano,
t.
IV (Madrid: Real Academia de la Historia, 1855).
13
Antonio de Herrera y Tordesillas, Historia general de los hechos de los castellanos en las
Islas y Tierra-firme
del Mar
Océano, década cuarta (Madrid: Oficina de Nicolás Rodríguez, 1730), 104.
En cualquier caso, como bien sostienen Ricardo Descalzi del
Castillo, Piedad y Alfredo Costales, Rafael Euclides Silva, W. George
Lovell y otros, el poblado de Riobamba nunca desapareció. Algunos
españoles establecieron un pequeño vecindario estable en el lugar
donde, aprovechando la estratégica ubicación de la antigua ciuda-
dela puruhá-inca, organizaron tambos –establecimientos de hospe-
daje y aprovisionamiento para viajeros–. como bien señala Rafael
Euclides Silva, refiriéndose a la despoblada Riobamba: «desde junio de
1536 ya era simple asiento español la ciudad [Santiago] que nació efímera, de
mera fórmula y pantalla de protección de los títulos posesorios de Pizarro, de
Almagro y de Benalcázar»
14
Hito fundamental en el paulatino poblamiento ibérico de
Riobamba, fue la concesión de encomiendas en el sector a destacados
capitanes de la conquista. Los territorios puruhaes fueron muy ape-
tecidos por los capitanes de la conquista para recibir encomiendas,
dada su riqueza humana y material. Estas concesiones llevaron a que
el poblado de Riobamba fuera tomando cada vez más importancia
como centro estratégico de tránsito y hospedaje de los encomenderos
y sus administradores y demás empleados, quienes no podían residir
en las encomiendas, así como de almacenamiento y distribución de las
cosechas
y demás bienes que ellos obtenían de sus tierras. De ahí que,
como núcleo urbano castellano, Riobamba iba consolidándose.
Prueba de ello es la entrega de tierras urbanas en tal poblado que pron-
tamente realizó el cabildo de Quito, a cuya égida pertenecía Riobamba.
Así por ejemplo, para 1540, Hernando de Gamarra poseía bohíos –ca-
bañas– en Riobamba, cuya propiedad formalizó mediante petición
de tales tierras al cabildo quiteño, que se las entregó el 19 de julio de
1540. En tal año, pero semanas antes, el
25 de junio, el también cabil-
dante Juan de Larrea Ortuño, solicitó la entrega de una estancia para
la cría de ganado porcino «junto a la laguna de Riobamba por la cañada
a mano izquierda adelante linde con la estancia de Hernando de Gamarra
y con otras estancias que están dadas a otros señores». Para 1548, tierras
ribereñas a la laguna de Colta pertenecían a Francisco Campos, quien
era encomendero en la jurisdicción. En dicho año, el cabildo quiteño
entregó a
Juan de Pablos una estancia para la crianza de vacas «en los
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
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481
14 Silva, «Fundación de ciudades y villas en el reino de Quito», 98.
asientos y tambo de Riobamba, que comienza desde la laguna de
Colta que es de Francisco de Campos, por el camino real de una parte
y otra viniendo a los tambos de Riobamba».
15
El 20 de mayo de 1549, el primer corregidor de Quito, licen-
ciado Antonio de La Gama, dispuso la creación del cargo de alguacil
para los territorios de Riobamba, con residencia en dicho poblado. Tal
alguacil debía encargarse del cobro de aranceles sobre el maíz, papas,
bizcocho, pollos, conejos, carne de venado
o cerdo, huevos, sal, quinua,
alpargatas, cabuya, cabestros y manteca, productos que para en-
tonces eran explotados en la zona. Estos aranceles debían ser can-
celados por los españoles que transportaban dichos alimentos y
productos. Además, el corregidor de Quito instruyó al alguacil de Rio-
bamba sobre su deber de cuidar que a los indios del sector no se les hi-
cieran «malos tratamientos»; tal instrucción provino, de hecho, del
mismo
pacificador Pedro de La Gasca,
16
quien para entonces ejercía la
máxima autoridad en Perú.
La importancia de Riobamba en población, producción y dis-
tribución de alimentos y bienes iba en franco aumento, por tanto, su
debida regulación se volvió necesaria. La primera decisión del cabildo
quiteño para formalizar jurídicamente al poblado se dio en 1552, año
en que se nombró a Gaspar Ruiz –encomendero, veterano capitán de
la conquista y sobrino del adelantado Pedro de Alvarado– como justicia
mayor de Riobamba –dignidad del antiguo
reino de Castilla, desempe-
ñada por miembros del estado hidalgo y que tenía funciones admi-
nistrativas, policiales y judiciales–. Alfredo Costales Samaniego afirma
que durante su administración, Ruiz «supo con singular eficacia, darle
verdadera categoría al poblado».
17
De este período, debe datar la cons-
trucción del puente de Chancaguán –Calpi–, camino a Guano, que sal-
vaba una quebrada profunda, obra de Gaspar Ruiz, del cual se dan
noticias en 1560.
18
Como quedó anotado, para entonces Riobamba aún
no había recibido título alguno, el pueblo no poseía cabildo y la ad-
Álvaro R. Mejía Salazar
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15 Rumazo González, descifrador, Libro primero de cabildos de Quito, t. I, 136-7; Ibíd., 126. Rumazo Gon-
zález,
descifrador, Libro segundo de cabildos de Quito, t. II (Quito: Archivo Municipal, 1934), 332.
16
Rumazo González, descifrador, Libro segundo de cabildos de Quito, t. II, 214-21.
17 Piedad y AlfredoCostales, Viracochas y peruleros, 140.
18
Jorge Garcés, descifrador, Libro de proveimientos de tierras, cuadras, solares, aguas, etc.: Por los cabildos de la ciudad
de
Quito (Quito: Archivo Municipal, 1941), 9.
ministración en general, incluida la protección de naturales, estaba a
cargo del justicia mayor.
En más, las autoridades continuaron sucediéndose: el 18 de
junio de 1557, Gil Ramírez Dávalos, gobernador y capitán general de
Quito, nombró a Juan de Albarrazín como nuevo justicia mayor de la
entonces llamada «provincia de Riobamba». El 19 de febrero de 1558, el
antes mencionado gobernador Ramírez Dávalos nombró a Alonso de
Marchena. Hacia 1562, el capitán Alonso de Peñafiel y del Corral fue
nombrado justicia mayor –y
«corregidor»– de Riobamba. El 20 de oc-
tubre de 1564, el primer presidente de la Real Audiencia de Quito, li-
cenciado Hernando de Santillán y Figueroa, a instancias del virrey del
Perú, conde de Nieva, nombró a Alonso de Marchena como justicia
mayor «en las provincias y pueblos de Riobamba, Latacunga y Chimbo y
los demás pueblos de indios a ellos comarcanos» con un salario de 500 pesos
anuales que debía cubrirse con los tributos de encomiendas vacantes.
En 1568, se nombró como nuevo justicia mayor de la provincia de Rio-
bamba a Alonso
Cazco y Helechor, antiguo conquistador de estos te-
rritorios. Por esta razón, Cazco, que vivía en Quito, pasó a residir en
Riobamba y, en más, vincularía su vida a esta jurisdicción. También
para 1568, el antes citado licenciado Juan Salazar de Villasante, en su
calidad de oidor de la
Real Audiencia de Quito, redactó su Relación General
de las Poblaciones Españolas del Perú, para
ser presentada al visitador
del Consejo de Indias. En esta relación general, Salazar de Villasante
se refiere a
Riobamba en los siguientes términos:
Desde este lugar hay otras siete leguas a un pueblo, camino de Quito, que
se llama Riobamba. Llamase Riobamba que quiere decir en su lengua
campo llano y así, desde aqueste asiento empieza la tierra llana hasta
Quito, que hay veinte y cinco leguas. Está aquí un cura clérigo. Y en este
asiento están los tambos reales, que son ventas para la gente pasajera y
arrieros, porque por aquí pasan todos los que
van a Los Reyes [Lima]
por mar y por tierra; y en este lugar se aparta el camino de los que quieren
ir por tierra y el camino de los que quieren ir por mar a Guayaquil a em-
barcarse; y asimismo, los que vienen del Perú para Quito y el Nuevo
Reyno, todos pasan por este asiento. En este asiento se da mucho trigo
y maíz y hay un molino muy bueno en un río a donde se muele mucha
harina; y algunos españoles
que están en este asiento, tienen granjerías de
hacer mucho bizcocho y enviarlo a Santiago de Guayaquil para vender a
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
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los navíos; y aun también lo envían a Tierra Firme para provisión del ar-
mada que viene a España y de los navíos que van a Los Reyes, y es muy
lindo bizcocho
.
19
Para 1570, el escribano público del pueblo era Gabriel Pérez.
En aquel año, el presbítero Juan Sánchez Miño obtuvo del obispo de
Quito, Pedro de la Peña, el nombramiento de sacerdote titular de la
iglesia matriz de Riobamba, con jurisdicción eclesiástica para conocer
y resolver cualquier causa que competiere al
Derecho Canónico en el
territorio.
20
También en 1570, Juan Salazar de Villasante realizó una
nueva relación de la ciudad y provincia del Quito. Allí señala que
había españoles en Riobamba los cuales eran arrieros y dueños de ca-
rretas, las que utilizaban en el camino de Riobamba a Quito, el cual
se encontraba en buenas condiciones. Se señala que, para ese año,
cerca del poblado había varias estancias de ganado vacuno con más
de 80 000 cabezas. Para 1571, Riobamba ya era generalmente conocida
como «pueblo de españoles», pese a que en ella habitaban solo unas
quince familias españolas permanentemente, a los que se sumaban
más los encomenderos y sus administradores que residían temporal-
mente en el pueblo; el número de indios que habitaban las cercanías
del poblado alcanzaba los 500.
En 1572, Diego de Palacios ejercía la justicia mayor de Riobamba
por mandato directo del virrey del Perú, Francisco Álvarez de Toledo y
Suárez de Figueroa; usaba el título de «corregidor» aunque no existía co-
rregimiento. El escribano público era Rodrigo de Saavedra. Para 1573,
Pedro del Cid fue nombrado justicia mayor de Riobamba. En dicho
año, en reunión del 11 de marzo, el cabildo de Quito dispuso se señale
un espacio de pastos comunes en las márgenes de Riobamba, para be-
neficio de todos los moradores.
21
También en 1573, el cabildo quiteño
dispuso la organización
de los tambos de la jurisdicción de Quito; para
ello comisionó a Juan Arias Altamirano, quien, el 30 de agosto, tomó
Álvaro R. Mejía Salazar
484
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
19 Juan Salazar de Villasante, «Relación General de las Poblaciones Españoles del Perú» en
Marcos
Jiménez de la Espada, Relaciones geográficas de Indias, t. I, (Madrid: Ministerio de
Fomento, 1965), 121.
20
Archivo «Vacas Galindo», Quito, Cartas y expedientes de personas eclesiásticas del Distrito de dicha Audiencia, visto
en
el Consejo desde 1576 a 1586, tomo I, expediente I.
21
Jorge Garcés, descifrador, Libro del ilustre cabildo, justicia e regimiento desta muy noble e muy
leal ciudad de Sant Francisco
del Quito, 1573-1574 (Quito: Archivo Municipal, 1934), 15.
posesión del tambo de Riobamba a nombre de cabildo de Quito, el
cual estaba administrado de facto por el portugués Domingo Rodrí-
guez, quien tenía esposa e hijos. El tambo poseía una buena cocina, va-
rias habitaciones y seis caballerizas puestas al servicio del reposo y
recomposición de los viajeros y sus equinos.
22
Relevante es el hecho de
que cumplía funciones de pregonero en Riobamba «Juan, alguacil indio
ladino en
lengua de Castilla».
23
En 1574, el cabildo quiteño recibió al capitán Hernando de Or-
tega Ugarte, sevillano, como justicia mayor y «corregidor» de la pro-
vincia de Riobamba, por nombramiento de Lope Díez de Armendáriz,
presidente de la Real Audiencia de Quito. En dicho año, específica-
mente el 2 de agosto, el capitán Alonso Pérez, vecino del poblado,
obtuvo título y licencia para construir un molino en las estancias y tie-
rras que tenía en Riobamba «en la parte y lugar por donde pasa
la ace-
quia».
24
Para entonces el pueblo contaba ya con un molino, el del
capitán Gaspar Ruiz. El tercer molino lo construiría Francisco Gon-
zález Montañés dos años más tarde.
25
Para 1575, Riobamba tenía una población permanente de al
menos cuarenta españoles con sus familias, a los cuales se sumaban
los encomenderos y sus administradores que habitaban temporadas
en el poblado. Constituía, para los parámetros de ese entonces, un
«razonable pueblo de españoles, rico de todo género de ganados y
de trigo» como lo describió Lizárraga.
26
Además, su estratégica posi-
ción geográfica le permitía ser uno de los más importantes tambos de
la Real Audiencia, tanto para el descanso y reaprovisionamiento de los
viajeros desde y hacia Quito, cuanto para la cobranza de los tributos
al transporte de mercaderías.
Desde 1570, los habitantes de Riobamba habían buscado la
organización política de su poblado como una villa, con independen-
cia de Quito; sin embargo, este pedido simplemente no fue atendido.
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
485
22 Ibíd., 77 .
23 Ibíd., 7781.
24
Garcés,
descifrador,
Libro
de
proveimientos
de
tierras,
cuadras,
solares,
aguas,
etc.,
12.
25
Aquiles Pérez, Las mitas en las Real Audiencia de Quito (Guayaquil: Universidad de Guayaquil,
1983),
158.
26 Fray Reginaldo de Lizarraga, «Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la
Plata y Chile», en Biblioteca Ecuatoriana Mínima, Cronistas coloniales, segunda parte (Puebla: Cajica,
1959), 455.
Por ello, en los primeros días de enero de 1575, un grupo de españoles
y mestizos vecinos en Riobamba decidieron erigir al poblado en calidad
de villa, dotarle de un cabildo con alcaldes y regidores, procurador y
mayordomo propios e independientes de Quito. La «fundación» de
la villa de Riobamba por parte de sus habitantes carecía de efectos jurí-
dicos, comportando el rompimiento con la autoridad del cabildo qui-
teño. Este acto autonomista fue ejecutado por los «riobambeños» con
«grande alboroto, escándalo e mano armada, espadas desenvainadas e con otras
armas, significando resistencia
contra quien se lo quisiese resistir»,
27
según
lo refiere García Duque de Estrada, procurador mayor de Quito, quien
el 28 de enero informó al cabildo de la capital sobre los sucesos acaecidos
en Riobamba días atrás.
El cuerpo edilicio de Quito dispuso que Francisco Flores de
Bastidas, alcalde ordinario, el bachiller Alonso Rodríguez, abogado
del cabildo, Gaspar Suárez, tesorero y Bernardino de Cisneros, escri-
bano, fueran a Riobamba a investigar lo
sucedido y poner en orden al
sector. Tras la visita de las autoridades quiteñas a Riobamba, el cabildo
de la capital presentó una petición a la Real Audiencia para que se au-
torizase la fundación de la aldea de Riobamba que no villa como co-
rrespondía, en evidente retaliación por el levantamiento–. En cualquier
caso, era una victoria para los «riobambeños» pues su poblado tendría
ya una organización política, así como su propio cabildo. Para junio
de 1575, la Real Audiencia autorizó la fundación de la aldea. Por esta
razón, en sesión del 7 del mes y año citado, el cabildo de Quito en-
cargó al capitán Antonio de Ribera Melgarejo, regidor de la ciudad, y a
Ruy Díez de Fuenmayor, vecino de Quito, encomendero y propietario
de solares en Riobamba, nombrado visitador general de tal jurisdic-
ción, para que ejecuten la referida fundación.
El cabildo de Quito quiso nombrar a las autoridades del pri-
mer cabildo riobambeño antes de que se ejecutase la fundación y, de
hecho, quiso reservarse
para el derecho de nombrar anualmente a
las autoridades de Riobamba. Por tres ocasiones trató de realizar las
designaciones, sin embargo, las excusas a los nombramientos que reali-
zaban los elegidos fue la tónica en estos intentos;
28
no llamaría la aten-
Álvaro R. Mejía Salazar
486
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
27
Jorge Garcés, descifrador, Libro de cabildos de Quito, 1575-1576 (Quito: Archivo Municipal,
1935), 30-1.
28
Garcés,
descifrador,
Libro
de
cabildos
de
Quito,
1575-1576,
87.
ción que hubiesen sido los «riobambeños» quienes presionaron por
lograr aquellas excusas con el afán de conseguir autoridades propias y
no foráneas impuestas como pretendía el cabildo quiteño. De esta
manera, en medio de presiones y muy a regañadientes, Quito daba
paso al establecimiento formal de Riobamba como una jurisdicción
políticamente organizada.
El acto de fundación de San Pedro y San Pablo de Riobamba
se llevó a cabo el 9 de julio de 1575, por parte de los comisionados An-
tonio de Ribera Melgarejo y Ruy Díez de Fuenmayor, en presencia de
los vecinos de Riobamba. Ahora bien, del contenido del acta de fun-
dación se desprenden varios particulares que ameritan ser analizados.
Primero, siendo la fecha de fundación de Riobamba el 9 de julio y no
el 29 de junio, ¿por qué se escogió como patronos a San Pedro y San
Pablo? Conforme he expuesto en el pasado, fue en la solemnidad de
estos Santos del mismo año de fundación –es decir, el 29 de junio de
1575–, que ocurrió el conocido sacrilegio y la defensa de la fe prota-
gonizada por un extranjero y los beneméritos de Riobamba, respecti-
vamente. En memoria de tal relevante suceso, los «riobambeños»
eligieron a San Pedro y San Pablo como patronos para su pueblo.
Por otra parte, es importante relievar el hecho que del acta de
fundación se desprende que los comisionados del cabildo quiteño no
pudieron cumplir con los expresos cometidos de su encargo, ya que tu-
vieron que fundar a
Riobamba como «pueblo» y no como «aldea» lo
cual era la instrucción del cabildo quiteño. La presión de los habitan-
tes debió de ser tremenda contra Ribera Melgarejo y Díez de Fuenma-
yor ese 9 de julio, pues si bien el cabildo de Quito deseó castigar la
revuelta de inicios de año categorizando a Riobamba como una sim-
ple «aldea», sus pobladores no aceptaron la afrentosa categoría. Por
fuera de la
orden quiteña, los documentos de fundación y posteriores
no denominaron como «aldea» a Riobamba, sino como «pueblo», la
cual fue la primera calidad jurisdiccional que jurídicamente poseyó.
Regresando a la fundación, el 9 de julio de 1575 no fue posible
para Ribera Melgarejo y Díez de Fuenmayor el establecimiento del pri-
mer cabildo riobambeño. Se debe recordar que Quito quería para sí el
nombramiento del cuerpo edilicio, pero que no pudo concretarlo tras
tres reuniones que su cabildo convocó para tales fines.
De seguro, los
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
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comisionados quiteños acudieron a Riobamba con la intención de im-
poner las autoridades, pero no les fue permitido por los habitantes, de-
biendo aceptar a las autoridades electas por los mismos «riobambeños»,
salvo por un único cargo que fue aceptado de los que fueran dispues-
tos desde Quito –Alonso Cazco, como uno de los dos alcaldes–.
De hecho, el acta de elección del primer cabildo riobambeño tes-
timonia que tuvo que mediar un «común acuerdo» entre los comisio-
nados y el
pueblo riobambeño, y no solo la pretendida imposición
quiteña, para que el cabildo de la naciente urbe pudiera establecerse.
Así, las autoridades electas y posesionadas fueron:
Alcaldes: Gaspar Ruiz y Alonso Cazco.
Regidores: Juan Perdomo, Alonso Hernández Quiroga y Juan
González Montañés.
Alguaciles: Pedro Franco de Matos y Francisco Ruiz.
Procurador y mayordomo: Melchor Ruiz y Ruiz.
Al día de ser nombrado, el primer cabildo riobambeño tomó ac-
ciones para formalizar la traza del pueblo. Se realizó el padrón de quie-
nes se avecinaban en el pueblo, siendo 24 los españoles que, junto a sus
familias, decidieron
establecerse definitivamente en Riobamba; no obs-
tante la población española permanente en el pueblo triplicaba esta
cifra, aunque en este acto no optaron por la vecindad. Se reguló la ya
existente plaza principal, señalando sus linderos. El día 12 de julio,
las autoridades designaron formalmente el solar para las casas del
cabildo –que ya habían sido construidas tiempo atrás– y para la cárcel
«que a linda con la cuadra de Lorenzo de Vargas y con cuadra del tambo que
está hecho en este dicho pueblo». Designaron, igualmente de manera for-
mal la cuadra del tambo y la que correspondía a la iglesia «la cual ya
está edificada con su cementerio, que tiene por nombre y advocación Nuestra
Señora del Rosario, en cuyo honor y alabanza de Nuestro Señor Jesucristo
se celebran los oficios divinos». El 13 de julio, el cabildo designó para sí
un ejido.
Para 1576, la iglesia de Riobamba era ya un templo impor-
tante con varias capillas; la nave mayor tenía asientos privilegiados
para los alcaldes, regidores y demás miembros del cabildo. A este sec-
tor de la iglesia se les permitía también el ingreso a los «vecinos y los
hombres viejos, honrados del pueblo»; en cambio, estaba prohibido para
Álvaro R. Mejía Salazar
488
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
«los mozos, mestizos y otras personas a las que no les es lícito sentarse en la
dicha capilla», quienes debían ocupar lugares secundarios de la iglesia,
según reza el auto expedido el 29 de enero del indicado año por el al-
calde Hernández Quiroga.
29
Para dicho año de 1576, los oficiales de la Real Hacienda de
Quito, Pedro de Valverde y Juan
Rodríguez, redactaron una Relación de
las cosas de esta tierra. Respecto de Riobamba, los oficiales
reales informaron
que la sociedad riobambeña no era conflictiva, pues no habían exis-
tido causas civiles ni penales y tampoco litigios de naturaleza fiscal.
Ahora bien, este sosiego de los pobladores de Riobamba no es evi-
dencia de una sociedad monótona, de hecho, se conoce que para el
referido 1576, el español Juan Ramos poseía un «tablaje» para juego
de naipes en el pueblo, lo que demuestra una muy temprana faceta
lúdica de los «riobambeños».
30
Los libros del cabildo quiteño de los años 1577 a 1597 han de-
saparecido, por lo que no es posible conocer como estuvo conformado
el cabildo riobambeño en 1577. Autores como Costales Peñaherrera
han referido que para tal año se habrían producido graves pugnas de
poder entre los vecinos de Riobamba. Ciertamente, no todos los ha-
bitantes de la localidad estuvieron presentes en los actos de fundación
del 9 de julio de 1575, lo cual, bien pudo
ser una mera coincidencia,
pero también pudo significar la desunión del vecindario por razones
endógenas o por el rechazo de parte de los pobladores al someti-
miento que les continuaba imponiendo Quito al imponer cargos, fun-
ciones del cabildo, la pertenencia del poblado a dicha ciudad, entre
otras. Me inclino por esta última hipótesis dados los hechos ocurridos
a finales del año 1577, a los cuales paso a referirme.
Así, el 28 de noviembre de 1577, quince vecinos de Riobamba
otorgaron un poder ante Cristóbal de Campos, notario público y
de
cabildo, a favor del obispo de Quito, fray Pedro de la Peña, quien se
encontraba de viaje a la Ciudad de los Reyes (Lima). Los vecinos le
facultaron para solicitar al virrey, don Francisco Álvarez de Toledo y Fi-
gueroa, la orden para «fundar y poblar legalmente el pueblo y sitio de Rio-
bamba» sometido directamente a la capital virreinal y no a Quito. Las
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
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489
29 Sergio Silva Baquero, «Historia de Riobamba», manuscrito inédito, 89.
30 Carlos
Ortiz
Arellano,
La
antigua
villa
de
Riobamba,
20.
gestiones del obispo Peña con el virrey Álvarez de Toledo en favor de
Riobamba no dieron frutos. No obstante, el ánimo autonomista de
los «riobambeños», que se había manifestado desde enero de 1575,
tendría un hito importante desde la perspectiva jurídica en 1577, ya
que a partir de entonces los vecinos dirigirían sus esfuerzos reivindica-
dores hacia Lima y no hacia Quito, lo cual, tras arduas gestiones que du-
raron una década, finalmente lograría alcanzar el objetivo legítimamente
perseguido, según lo referiré más adelante.
De 1577 a 1578 fue justicia mayor –y «corregidor»– de Rio-
bamba el capitán Lázaro Fonte.
La urbe seguía creciendo, ya para entonces
en la ciudad existían costumbres nonc sanctas, varios
fueron los casos de
amancebamientos y adulterios que fueron sumariados. Uno de los
involucrados
fue el zapatero Machado, el único dedicado a hacer cal-
zas en el pueblo. En 1578 se descubrieron ricas minas de plata en la
jurisdicción de Riobamba. El cabildo riobambeño conoció el caso y
otorgó títulos de propiedad sobre ellas a varios habitantes de Rio-
bamba, entre estos, a Isabel Miño, lo que demuestra que desde el
siglo XVI la mujer riobambeña ha sido protagonista y no una mera
acompañante.
31
A mediados de 1578, la orden de los Agustinos decidió fundar
un convento en Riobamba. Fray Luis de Quesada, fray Diego de la
Vega, fray Pedro Jurado y fray García Prado fueron quienes establecie-
ron en el pueblo el convento agustino que
fue consagrado en honor de
San Nicolás de Tolentino, siendo prior provincial de la orden el maes-
tro fray Gabriel de Saona. El capitán Alonso Pérez, vecino del pueblo,
fue el primero en instituir una capellanía el 29 de octubre de 1578 en
favor del convento de San Nicolás de Tolentino. Para colaborar con la
subsistencia de los agustinos, el benefactor Pérez entregó «mil ovejas
entre grandes y chicas, machos y hembras que tenía en este dicho pueblo,
con una estancia llamada Pomachaca, comprada a Alonso de Aguilar, el
mozo».
32
Para 1579 se habían organizado dos cofradías en Riobamba:
la de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción y la del Santí-
simo Sacramento. En 1580, Riobamba cooperó con el socorro de las
Álvaro R. Mejía Salazar
490
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31 Sergio Silva Baquero, «Historia de Riobamba», manuscrito inédito, 57.
32
Piedad
y
Alfredo
Costales,
Los
Agustinos
pedagogos
y
misioneros
del
pueblo
(Quito:
Abya-Yala,
2003),
29-30.
Filipinas y con Vallano (Panamá) con trescientos quintales de bizco-
cho y más de mil quinientos perniles.
33
En 1581, Juan Rodríguez de
Leiva se posesionó como nuevo cura vicario de Riobamba. De ese
período cabe destacar el establecimiento del primer hospital de Rio-
bamba, de seguro obra del sacerdote Juan Sánchez Miño, quien, fue
hijo de médico y el fundador del primer hospital de Quito. Con an-
terioridad, los servicios médicos estuvieron confiados al boticario
Pedro Gómez de Matanzas –quien tenía su casa y botica en la plaza
central del pueblo–, así como a los conocimientos ancestrales indí-
genas.
34
La vida del pueblo continuaba. Resulta importante volver a
comprobar cómo, desde sus inicios, la mujer de Riobamba tuvo
arrestos suficientes para enfrentar al porvenir por sí misma. A más
de la minera Isabel Miño en 1578, Ana Coello, doncella huérfana,
para el 17 de diciembre de 1583, logró la concesión de dos solares en
el pueblo para construir su casa. También le concedieron seis caba-
llerías de tierra en «Ozobo», con aguas vertientes del río de
Guamote.
35
Entre 1584 y 1585 se estableció un pequeño convento domi-
nico en el pueblo, fundado, según la tradición, por fray Pedro Bedón,
quien solía predicar a los naturales del sector. Desde su estableci-
miento, y durante el resto del siglo XVI, este convento fue muy pobre
y los frailes que en él residían pasaron muchas limitaciones y penu-
rias, sin llegar a tener siquiera aceite para alumbrar el Tabernáculo.
36
Llama la atención la poca simpatía que los dominicos lograron entre
los riobambeños, quienes en aquel período no instituyeron obras
pías en favor del mantenimiento de esta orden, sin perjuicio de lo
cual los hijos de Santo Domingo de Guzmán continuaron en la villa
hasta su destrucción a finales del siglo XVIII.
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
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33
Archivo «Vacas Galindo», Quito, Cartas y expedientes de personas eclesiásticas del Distrito de dicha Audiencia, visto
en
el Consejo desde 1576 a 1586, tomo I, expediente I.
34 Julio Estrada Ycaza, «Notas sobre el hospital de Riobamba», Revista del Archivo Histórico del Guayas,
n.° 6 (Guayaquil: Archivo Histórico del Guayas, 1974), 83.
35
Garcés,
descifrador,
Libro
de
proveimientos
de
tierras,
cuadras,
solares,
aguas,
etc.,
4.
36
José María Vargas, Historia de la provincia de Santa Catalina Virgen y Mártir de Quito
(Quito: Tipografía Sa-
lesiana,
1942), 64.
El 13 de junio de 1586, el cabildo catedralicio quiteño daba
cuenta de una importante novedad en el desarrollo de la urbe: En el
pueblo de Riobamba se ha hecho y fundado una doctrina de la ad-
vocación de San Sebastián para el servicio de los indios. Se edificó
iglesia y congregaba suficiente número de naturales, para asegurar
su sostenimiento. Los párrocos de San Sebastián eran conocedores
de la lengua quíchua.
Durante la primera parte de 1587 se desempeñó como justi-
cia mayor –y «corregidor»– Juan de Balboa y Valenzuela. Antes de
terminar el año, llegó el capitán Martín de Aranda Valdivia, nom-
brado por el virrey del Perú como corregidor de Riobamba, cesando
así las funciones de Balboa. Aranda venía con la orden de comprobar
si Riobamba efectivamente poseía las condiciones y méritos para ser
erigida en villa y su jurisdicción en corregimiento, con lo cual lograba
la tan ansiada autonomía plena de Quito en lo administrativo. Tras
los informes favorables de Aranda y la autorización del virrey, el 17
de octubre de 1588, finalmente se fundó la villa del Villardompardo
y su corregimiento.
37
Conclusión
El proceso fundacional de San Pedro y San Pablo de Rio-
bamba constituye un caso extraordinario en la historia urbana de
Iberoamérica del siglo XVI. A diferencia del modelo generalizado en
el mundo hispano–indiano, en el que la fundación de ciudades res-
pondía a decisiones unilaterales de capitanes o adelantados investi-
dos de autoridad real, la configuración histórica de Riobamba revela
una dinámica distinta, compleja y colectivamente impulsada. Su ori-
gen no fue un acto jurídico instantáneo, sino una construcción pro-
gresiva, sostenida en el tiempo por la voluntad y la acción concertada
de quienes habitaron su territorio, hispanos e indígenas, en un marco
de tensiones, negociaciones y persistentes reivindicaciones de auto-
gobierno.
Álvaro R. Mejía Salazar
492
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
38 Archivo Nacional de Historia del Ecuador, Quito. Ref.: Serie Criminales. Caja no. 2; folios
823-823v.
Desde los restos de la antigua ciudadela Ricpamba organi-
zada por los incas como centro político y logístico en territorio Pu-
ruhá, pasando por la efímera fundación de Santiago de Quito en
1534, por la consolidación de un asiento español y tambo, por la crea-
ción temprana de curatos, molinos, estancias ganaderas, encomien-
das y caminos de intercambio, y finalmente por el surgimiento de
una sociedad mestiza económicamente vigorosa, Riobamba experi-
mentó un proceso de institucionalización urbano–jurídica que no
descendió verticalmente desde la autoridad conquistadora, sino que
ascendió desde la propia comunidad.
En efecto, el poblamiento español no se diluyó tras la partida
de Almagro y Benalcázar, como ocurrió en tantas plazas abandona-
das del siglo XVI; por el contrario, los vecinos persistieron, solicita-
ron tierras al cabildo de Quito, organizaron producción, comercio,
infraestructura, vida religiosa y convivencia política, hasta dotar al
lugar de una estructura social claramente diferenciada. Así, cuando
en enero de 1575 los habitantes decidieron, incluso “con alboroto e
mano armada”, erigirse en villa y establecer cabildo propio, no ac-
tuaron como usurpadores del orden jurídico, sino como depositarios
de un proceso madurado durante cuatro décadas, cuya legitimidad
social precedía al reconocimiento formal que, aunque resistido por
Quito, debió finalmente admitirse.
Este rasgo hace de Riobamba un verdadero caso de estudio
histórico en el que se advierte una de las claves menos estudiadas
del urbanismo indiano: la capacidad de los pobladores para impul-
sar la formalización institucional de sus asentamientos, tensionando
la estructura jerárquica del poder virreinal. El acta de fundación del
9 de julio de 1575, donde los oficiales enviados por Quito debieron
aceptar la categoría de “pueblo” y reconocer autoridades surgidas
del propio vecindario, confirma que la ciudad nació por insistencia
local y no por designio remoto. Lo mismo se evidencia en las gestio-
nes ante Lima en 1577, y en el triunfo definitivo con la creación de la
villa del Villardompardo y su corregimiento, el 17 de octubre de
1588, con lo que Riobamba alcanzó la plena autonomía administra-
tiva que perseguía desde sus inicios.
El proceso fundacional de Riobamba;
un caso de excepción en la historia urbana iberoamericana
BOLETÍN ANH Nº 213 • 476 496
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La fundación de Riobamba, en suma, no puede ser interpre-
tada como un episodio más de la secuencia fundacional hispanoa-
mericana. Es, más bien, el testimonio de un proceso de arraigo
territorial, identidad colectiva y afirmación política, donde conver-
gen tradiciones puruhaes e incas, estrategias castellanas de pobla-
miento, intereses económicos regionales, y una temprana conciencia
local de autogobierno. El resultado fue la consolidación de una co-
munidad capaz de organizar su espacio, su sociedad y su jurisdic-
ción, hasta integrarse, con voz propia, en la arquitectura institucional
del virreinato del Perú y de la Real Audiencia de Quito.
Por ello, comprender la historia fundacional de Riobamba no
solo esclarece los orígenes de una ciudad; permite también repensar
los paradigmas fundacionales de Hispanoamérica y reconocer que,
junto a las fundaciones regias y las gestas militares, existieron tam-
bién fundaciones nacidas del pueblo, de su perseverancia y de su ca-
pacidad de disputar legitimidad a los poderes establecidos. Ahí
radica la singular grandeza de Riobamba en el concierto de ciudades
del continente: su origen no fue impuesto, sino construido; no fue
otorgado, sino logrado por sus propios habitantes.
Deo Optimo Maximo
Sanctus Franciscus â Quito, MMXXV
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