un evento en Sevilla y las largas conversaciones que sostuvimos,
cuando mencionaba que el reino británico liderado por la Reina Vic-
toria era ya una prueba de la mundialización.
Sin embargo,nodebemosperderla perspectiva de lo local,
entendidaéstacomo el conjunto de rasgos identitarios de una socie-
dad que abarca desde la cultura, la gastronomía, lo étnico y va hasta
lo religioso. Si en este mundo se plantea el respeto a las identidades,
sin caer en chauvinismosni exageraciones, sabiéndose que los dere-
chos de los unos van hasta donde empiezan los de los otros, pode-
mosesbozar algunas ideas con relación al título de este ensayo, es
decir cómo podemos hacer planteamientos éticos en este mundo pla-
gado de incertidumbres, con la omnipresencia de las redes sociales,
con el avance vertiginoso de la ciencia, con la proliferación de los an-
tivalores, con las confusiones que se extienden por todos los puntos
del planeta.
Frente a esto, puedo aventurar que los viejos planteamientos
del derecho natural, que están basados en la razón humana (Gutié-
rrez, 2007), de acuerdo a las clases impartidas por el profesor Pedro
Córdova (1974-1976), que con tanto entusiasmo nos hablaba sobre
estos conceptos en las aulas universitarias, y que sabemosque sirven
como piedras angulares a lasgrandes religiones, como los principios
que constan en sustextossagrados, no han pasado de moda y debe-
rían volver a actualizarse para ayudar a conseguirel nortede socie-
dades complejas y en permanente riesgo como las actuales.Aquello
de Honeste Vivere, Alterum Nom Laedere, Suum Cuique Tribuere,
las frases latinas para expresar el vivir honestamente, no dañar a otro,
dar a cada uno lo que le corresponde, suenan bien, aunque las inter-
pretaciones quedan siempre al libre albedrío de quien las aplica. Así,
no hacer daño, respetar la vida de los otros, el derecho a la libertad,
al pensamiento, al disenso,aparecen también como antecedentes de
lo que ahora apreciamos como los Derechos Humanos, y que hacen
parte de lo que consideramos una convivencia armónica y pacífica.
Esos derechos humanos que tienen su origen en los plantea-
mientos que trajo a colación la Revolución Francesa, bajo los princi-
pios de libertad, igualdad y fraternidad (liberté, egalité, frater-
nité)(Bourgeon, 2001), que luego fueron trabajados después de las
Ética, educación superior y sociedad
Una mirada desde lo global
BOLETÍN ANH Nº 213 • 452– 466
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