BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. José Echeverría–Almeida
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. José Echeverría Almeida Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. José Echevería–Almeida Universidad Técnica del Norte
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
ÉTICA, EDUCACIÓN SUPERIOR Y SOCIEDAD
UNA MIRADA DESDE LO GLOCAL
EN SU DESIGNACIÓN COMO MIEMBRO DE HONOR DE LA ANH
Rosalía Arteaga Serrano
1
La evidencia de que vivimos en un mundo global, pese a que
hay movimientos que pretenden desconocer la globalización, es tan
contundente e impactante, que es difícil rebatirla, para ello podemos
apelar a pruebas que parten desde los avances conseguidos por la
ciencia, la tecnología, la innovación, que hacen posible el que un ar-
tefacto o innovaciónproducido en un lugar del planetasea cono-
cidohasta en los más remotoslugares;la pandemia del Coronavirus
o Covid-19, es suficiente para demostrar las posibilidades tanto de
extensión vertiginosa del virus como laevidenciade que las vacunas
desarrolladas en diferentes lugares del planeta, pueden ser distribui-
das también de manera muy rápida, como en efecto lo fueron.El ce-
lular que se fabrica, en su última versión, la película que se filma en
los estudios de Hollywood o de Bollywood, se distribuyen deforma
paralela a los estrenos, la tecnología 3D o 5G, de igualmanera se ex-
pandencon una velocidadincreíble, en los diversos lugares del globo.
En otroámbito, el de la comunicación, luego de la colocación
en el espacio del satélite de comunicaciones “el pájaro madrugador”,
las noticias vuelan, disfrutamos del partido de fútbol o de los encuen-
tros de cualquier tipo, en tiempo simultáneo, igual quenos afectanla
transmisión de las guerras, de los desastres naturales.
Y si de la economía se trata, el impacto de una quiebra o de
un desastre económico se sentirán en cualquier otrolugardel planeta
por la interrelación de las economías.Baste para ello mencionar lo
que ocurrió con la burbuja inmobiliaria que afectó a la economía nor-
teamericana por los años 2006, 2007, 2008, un bajón sin precedentes
que se sintió como un remezón enorme en el gran país del norte; al
comienzo parecía un tema ligado solo a losasuntos internos de los
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Estados Unidos, pero pronto la así denominada “infección”, se exten-
dió hacia Europa con consecuencias tremendas en economías como
la española, la griega, la irlandesa. Conrepercusionestambién en las
economías de los países latinoamericanos y de otras partes del
mundo,porcausas tales comola interconexión de las economías y el
monto de las remesas que los migrantes envían a sus respectivos ho-
gares en los diferentes países en vías de desarrollo.
Cuando hablamos de lasimplicaciones ambientales, sabemos
de manera realista que la tierra, a semejanza de un barco,cuyo des-
tino es inseparable,es un todo, lo que pone de manifiesto que, si hay
una afectación en un territorio determinado, los impactos pueden
sentirse en otro totalmente alejado desde el punto de vista geográfico,
pero que indudablemente forma un conjunto interconectado y de-
pendiente, es parte del planeta.
Podríamos abundar en ejemplos, pero es suficiente recordar
lo que ocurre en nuestros territorios ecuatorianos y de otros países
andinos, cuando el avance de la minería ilegal provoca catástrofes
ambientales y sociales por el uso del mercurio, que contamina los cur-
sos de agua que nacen en los Andes, luego son transportados por las
aguas al desembocar en otros, hasta llegar finalmente al Amazonas,
que vierte sus aguas en el Atlántico. Este mar, como lo conocemos
todos, baña las costas de Europa y de los Estados Unidos de Nortea-
mérica, con la consiguiente alarma para la EPA, (Environmental Pro-
tection Agency) Agencia de Protección Ambiental de los Estados
Unidos, lo que hace que un problema producido en la región Ama-
zónica cause un impacto en otros países.
Por poner un segundo ejemplo podemos citar los antiguos ex-
perimentos con energía nuclear realizados por Francia en el Atolón
de Mururoa, en la Polinesia Francesa, con efectos graves en madres
gestantes en localidades tan lejanas como la Península de Santa Elena
en el Ecuador. Éstas y múltiples otras consideraciones, puedencons-
tituirpruebas suficientes para afirmar la presencia de la globalización.
Por otro lado, en el mundo en el que nos encontramos, con
tantos contrastes y desbalances, se hace necesario reafirmar el senti-
miento de identidad, que nos da fuerza y sentido como personas y
como pueblos, esesteel tema que debe abordarse desde el concepto
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de lo local, de lo que nos identifica como pueblos, los usos y costum-
bres, la religión, la gastronomía, es decir todo lo que tiene que ver con
los patrones culturales de una determinada región de la tierra.
Lo local es nuestraesencia, principios identitarios que tanto
hacen por los sentimientos de pertenencia de las personas y de los
pueblos, que tienen que ver con ese “sentirse bien” con ellos mismos
y con el sector y país al que se pertenecen. Claro que ese sentimiento
exacerbado puede llevar a chauvinismos,a nacionalismos, a extre-
mismos, a la pretensión de imponer lo nuestro sobre los otros, a las
guerras de religión, a los afanes que tratan de demostrar la superio-
ridad de unas razas y costumbres sobre otros, a la deleznable xeno-
fobia que tantos males ha causado a lo largo de la historia de la
humanidad y que, por desgracia, todavía sigue ocasionando.
Parecería que lo global y lo local están en permanente pugna,
que son términos irreconciliables, y así sucede en determinados mo-
mentos, pero considero necesario y pertinente el unirlos en una es-
pecie de neologismo que ha sido ya usado desde hace algunas
décadas y que tiene que ver con la realidad en la que vivimos, pero
también con la necesidad de crear nuevos conceptos, nuevos enfo-
ques que nos ayuden a darle un sentido a la vida en el planeta, y en
ello nos ayuda el concepto de lo GLOCAL, como una forma de con-
cebir al planeta, aprovechando lo que de maravilloso tiene el mundo
global, con la oportunidad de aportar soluciones, como lo que enfren-
tamoshace pocofrente a una pandemia que depende en mucho en
sus soluciones de lo que la ciencia, los equipos multidisciplinarios
ubicadosen sitios diversos del globo pueda aportar, pero que también
debe respetar las identidades locales, la diversidad que nos enriquece
como raza humana;por ello, baste decir que, si queremos mantener
la cordura en las relaciones interpersonales y también entre los diver-
sos países en el mundo, deberíamos insistir en la óptica glocal, como
aquella que hace uso de los instrumentos, los avances de la ciencia y
la tecnología, los cálculos financieros y hasta del concepto de la aldea
global, tal y como lo manifestara el sociólogo canadiense Marshall
McLuhan(2001),o también el padre de la sociología francesa Alain
Touraine(1975), cuando se refería a la antigüedad de lo que denomi-
naba, la mundialización. Recuerdo una charla suya a la que asistí en
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un evento en Sevilla y las largas conversaciones que sostuvimos,
cuando mencionaba que el reino británico liderado por la Reina Vic-
toria era ya una prueba de la mundialización.
Sin embargo,nodebemosperderla perspectiva de lo local,
entendidaéstacomo el conjunto de rasgos identitarios de una socie-
dad que abarca desde la cultura, la gastronomía, lo étnico y va hasta
lo religioso. Si en este mundo se plantea el respeto a las identidades,
sin caer en chauvinismosni exageraciones, sabiéndose que los dere-
chos de los unos van hasta donde empiezan los de los otros, pode-
mosesbozar algunas ideas con relación al título de este ensayo, es
decir cómo podemos hacer planteamientos éticos en este mundo pla-
gado de incertidumbres, con la omnipresencia de las redes sociales,
con el avance vertiginoso de la ciencia, con la proliferación de los an-
tivalores, con las confusiones que se extienden por todos los puntos
del planeta.
Frente a esto, puedo aventurar que los viejos planteamientos
del derecho natural, que están basados en la razón humana (Gutié-
rrez, 2007), de acuerdo a las clases impartidas por el profesor Pedro
Córdova (1974-1976), que con tanto entusiasmo nos hablaba sobre
estos conceptos en las aulas universitarias, y que sabemosque sirven
como piedras angulares a lasgrandes religiones, como los principios
que constan en sustextossagrados, no han pasado de moda y debe-
rían volver a actualizarse para ayudar a conseguirel nortede socie-
dades complejas y en permanente riesgo como las actuales.Aquello
de Honeste Vivere, Alterum Nom Laedere, Suum Cuique Tribuere,
las frases latinas para expresar el vivir honestamente, no dañar a otro,
dar a cada uno lo que le corresponde, suenan bien, aunque las inter-
pretaciones quedan siempre al libre albedrío de quien las aplica. Así,
no hacer daño, respetar la vida de los otros, el derecho a la libertad,
al pensamiento, al disenso,aparecen también como antecedentes de
lo que ahora apreciamos como los Derechos Humanos, y que hacen
parte de lo que consideramos una convivencia armónica y pacífica.
Esos derechos humanos que tienen su origen en los plantea-
mientos que trajo a colación la Revolución Francesa, bajo los princi-
pios de libertad, igualdad y fraternidad (liberté, egalité, frater-
nité)(Bourgeon, 2001), que luego fueron trabajados después de las
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dos conflagraciones mundiales, bajo el impulso de una extraordinaria
mujer Eleanor Roosevelt (1960), quien primero presionó al gobierno
de los Estados Unidos para unirse a la Organización de las Naciones
Unidas, y luego, en calidad de delegada de su país, se transformó en
la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, siendo la impulsora fundamental de la redacción
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Esos derechos aparecen ya expresados en los cuatro princi-
pios que comprenden la libertad de expresión, la libertad religiosa,
la libertad de desear una vida mejor y la libertad de vivir sin miedo,
recogidos en el “Discurso de las cuatro libertades” del presidente
Franklin Delano Roosevelt (1941).
Derechos humanos que ahora se consideran también como
de primera, segunda, tercera y hasta cuarta generación, es decir los
derechos civiles y políticos, los económicos sociales y culturales, los
que hablan de justicia, paz y solidaridad, hasta dar cabida a la gene-
ración tecnológica.
En los grupos indígenas latinoamericanos y particularmente
en la cultura quechuao quichua, como se prefiera, la quecomprendió
al poderoso imperio Inca que surgió en el altiplano Perú-Boliviano,
según la leyenda en el mítico lago Titicaca,lago que todavía ahora
mantiene su condición de binacional, Imperio que tuvo una expan-
sión conquistadora mucho más allá, en lo que se denominó el imperio
del Tahuantinsuyo, es decir extendido hacia todos los puntos cardi-
nales, en los territorios de lo que actualmente es el Ecuador, una parte
de Colombia, de Chile y Argentina, además de los mencionados Perú
y Bolivia, se plasman algunos principios consagrados también en fór-
mulas que se ejemplifican en: “Ama Killa, Ama Llulla, Ama Shwa”,
que se traducen al español como: no ser ocioso, no mentir, no robar,
que de alguna forma, en la cosmovisión de los pueblos indígenas,
también se hacen presentes para conseguir una vida más armónica
para la comunidad y para sus integrantes(Rojas, 2012).
Ahora bien,¿cuánto del derecho natural se practica en el
mundo actual?¿Son los derechos positivos, escritos, un reflejo de
aquellos?¿Son los diez mandamientos de la ley Mosaica, que luego
se replican en las religiones cristianas, parte de esa ley natu -
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ral?,¿cómo lo son también los del Corán?(Alí, 2010),¿los pensamien-
tos de Akenatón?(Cabanas, 2006),¿los de Gautama Buda?(Arms-
trong, 2001), ¿o los de otros líderes religiosos de trascendencia
universal? El derecho natural se sustenta en una moral, en una ética,
en unos valores que puedeny debenser universalmente respetados
(Dworkin, 1999)y hacia allá queremos encaminar estas reflexiones.
Elplanetase vuelve más pequeño conforme avanzan las co-
municaciones, las distancias se acortan por la existencia de mediosy
artilugiosde viaje que nos colocan en la posibilidad de desplazarnos
más rápidamente de lo que habíamos imaginado. El mundo cuenta
con más habitantes que en ninguna otra época de su historia, conla
preocupaciónde que la vieja fórmula malthusiana resucite y se haga
presente,así como tambiénlas tremendas desigualdades y asimetrías
persisten (Malthus, 1798). El temor de que los elementos de vida se
agoten, sobre todo el agua,las tierras cultivables,vuelve más precaria
la situación de una serie de pueblos, y la evidencia del cambio climá-
tico hace que sintamos la necesidad de construir relaciones sociales y
un uso de los recursos más acordes con un clima de austeridad, de
ponderación y de sentido común, que evite el agotamiento de esos
recursos que son indispensables para la vida de los seres humanos.
La condicióníslicaen medio de la inmensidad de la galaxia y
del espacio, aquella a la que nos remite el pensamiento del geógrafo
estadounidense Jared Diamond(2005)en su conocida obra Collapse,
esasimilable a lo que ocurrió con culturas extinguidas como la que
pobló la isla de Pascua, aislada de todo, sin capacidad de proveerse
de recursos indispensables como el agua y los alimentos, luego de
gastarse todas las existencias, tal vez por el afán de construir sus fa-
mosos Moái, estatuas monolíticas, para agradar a sus dioses o mos-
trar su poder. Somos susceptibles yproclivesa la extinción si no
manejamos de manera razonable y ética los recursos, si no optamos
por prácticas que nos lleven a la previsión, al análisis de estrategias,
a la visión de futuro que condicione losargumentosy las formas de
actuar. Para ello es necesario pensar en respuestas que respeten los
comportamientos locales, las tradiciones, las culturas, pero que no
dejen deconsiderar las variables globales, comoel símil de la embar-
cación en la que nos desplazamos que no puede ser tratada como pie-
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zas que se ensamblano por partesy que pueden separarse al arbitrio
de quienes nos dirigen, porque el fracaso de un sector o de una pieza,
haría naufragar a la embarcación entera. No hay posibilidad de éxito
si no actuamos en conjunto, de ahí la necesidad del enfoque glocal en
el que nos hemos empeñado.
Hay quienes piensan que la ciencia está reñida con la ética,
porque le interesan solo los resultados, porque aparece como apar-
tada de las emociones y los sentimientos;pero si consideramos a la
ciencia como un instrumento que puede ser usado para bien, tendre-
mos que ver al futuro con mayor optimismo, con la evidencia de que
la calidad de vida ha mejorado, de que las expectativas de vida se in-
crementan considerablemente, y de que podremos hacer un usora-
cional de los recursos sin que se deje de considerar esa visión de
futuro de la que hablábamos para garantizar la vida de las genera-
ciones que vienen.
Los objetos que creamos los seres humanos, más o menos
complejos, son instrumentos que pueden usarse al arbitrio de quien
los crea o los utiliza, así, volviendo a un viejo ejemplo que lo he citado
con frecuencia, el arma homicida que según la tradición bíblica usa
Caín para matar a su hermano Abel, no tiene nada de sofisticada, es
una quijada de burro, parte de la anatomía de un animal, que le sirve
para masticar sus alimentos, pero que, en manos de un homicida, se
transforma en un arma letal. Lo propio podríamos decir respecto de
lo que muchos consideran es un arma blanca, me refiero a un cuchillo,
sin embargo, ese cuchillo puede servir bien como elemento de cocina
para cortar un buen bife o un pedazo de queso o de pan, y ese mismo
instrumento, que mantiene su esencia a pesar de que adopta otras
formas, será el bisturí que en manos de un hábil cirujano será un ins-
trumento de sanación, así como también en manos de un criminal
puede ser un arma que cause la muerte.
La ciencia, el derecho, la democracia, la convivencia, son
construcciones, son constructoshumanos, son parte del proceso de
socialización, de humanización. Sin ellos, volvemos a la ley de la
selva, a la vigencia de los más fuertes, claro está que hay quienes
dicen que esa ley de la selva es la que rige todavía cuando analizamos
el poder de los grandes grupos económicos, de las multinacionales,
de los señores de la guerra y de los dueños de las armas.
Rosalía Arteaga Serrano
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La prospectiva, la que diseña espacios por venir, de futuro,
basada en el modelamiento que tiene mucho que ver con las fórmulas
matemáticas y las ciencias llamadas exactas, debe combinarse con las
variables del accionar de las personas, para arrojar resultados que
sean creíbles y posibles, sin los cuales no concebimos la presencia de
la vida en la tierra.
El cruce de variables como las que presentan la ciencia, la
ética, dentro del contexto humano son tan necesarias como difíciles
de conseguir. Guardo desde hace mucho tiempo una pregunta que
se la dejo planteada a ustedes, para tratar y dilucidar entre los espa-
cios que marcan la ciencia y la ética o la ciencia y la conciencia si,
cómo en mi caso, nos gusta jugar con las palabras, con sus consonan-
cias. Esta pregunta es: ¿puede la ciencia más que la conciencia? ¿Es
la conciencia la que dicta el trabajo de la ciencia?
Por ello, cuando se trata de pensar en las soluciones para en-
frentar amenazas tan reales como las del cambio climático, tal vez
haya que depositar más esperanzas en lo que la ciencia pueda conse-
guir que en la conciencia de los habitantes del globo terráqueo. Claro
que me gustaría concluir que el ideal es que ciencia y conciencia mar-
chen de la mano, vayan juntas, se apoyen la una en la otra; así, todos
podremos dormir más tranquilos, con la mira puesta en un futuro
más esperanzador y posible.
En meses anteriores he estado fascinada por una lectura apa-
sionante que considero pertinente citarla aquí, se trata del libro “La
invención de la naturaleza” de la germano-británica nacida en Nueva
Delhi, Andrea Wulf (2016), quien recrea para nosotros el legado de
una mente prodigiosa, de una versatilidad y visión extraordinarias,
me refiero al naturalista Alexander Von Humboldt, quien recorre los
paisajes y las geografías, dueño de una vitalidad inigualable, se ade-
lanta a enfrentar los temas que ahora nos convocan y que tienen que
ver con la interrelación de todos los seres de la naturaleza para pro-
porcionar explicaciones que son de gran actualidad como su visión
profética de lo que entendemos ahora como cambio climático y la
afectación de la naturaleza por la acción antrópica.
Me intriga pensar en lo que pensaría Humboldt sobre el
avance de enfermedades como el dengue, fruto de la picadura del
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mosquito Aedes Aegypti o Aedes Albopictus, que ahora atemorizan
a la población y a los visitantes de su amado París y de otras ciudades
europeas, en las que, por el avance de las temperaturas causadas por
el cambio climático, se han adaptado mosquitos que no solamente
transmiten el dengue, sino también la chikunguña, u otras especies,
como el Anopheles hembra, que transmiten la temida malaria, enfer-
medades que ya parecían erradicadas de diversas partes del globo
pero que ahora vuelven a atacar con virulencia gracias al calenta-
miento del planeta y otras razones coadyuvantes. Seguramente el
gran Humboldt habría concluido que sus tesis respecto a la conexión
e interacción de todas las especies era absolutamente cierta, así como
su preocupación por la deforestación y la modificación del clima.
Los estudios de Humboldt sirven de inspiración y de mapa-
guía a personajes con los que nos hemos familiarizado como Darwin,
Thoreau, Muir, Perkins Marsh, de Ernst Haeckel, pero también tocó
las vidas de Simón Bolívar, de Jefferson; interactuó y se nutrieron mu-
tuamente con gigantes como Goethe.
Humboldt se convierte en el primer Americanista, amante y
panegírico de nuestro continente, con el centro marcado por su visita
y escalada al Chimborazo, que dará lugar a la creación y explicación
de su Naturgermälde como una especie de telón de fondo para la com-
prensión de la naturaleza y su relación con el ser humano.
La existencia de las universidades, de tan larga data, como
centros de pensamiento pero también de vinculación con las socie-
dades, se justifica no solo por la formación y creación de los especia-
listas, sino por la especial visión de la que deben estar dotados
quienes pasan por sus claustros, de manera real o figurada, puesto
que ese pasaje puede realizarse de manera virtual, tan mandatoria en
los tiempos en que vivimos, signados por la pandemia, pero también
por las distancias, el abarrotamiento en las aulas físicas, los temas de
seguridad en los desplazamientos, así como por las necesidades de
interrelación entre quienes están distantes y forman equipos multi-
disciplinarios para el análisis y la solución de los problemas.
Hace ya algunas décadas el ministro del trabajo de la primera
administración Clinton, Robert B. Reich(1993), en su libro “El trabajo
de las Naciones” (The Work of the Nations), hablaba de la clasifica-
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ción de los trabajadores: rutinarios, de servicios y los que denominaba
analistas simbólicos, y estimaba que el futuro de las naciones estaría
en manos de estos últimos, capaces de solucionar los problemas, de
enfrentar los retos que el futuro nos depare.
Establece que los trabajadores rutinarios son aquellos que re-
alizan las actividades de manera mecánica, pueden ser fácilmente
reemplazables, y nosotros añadiríamos más ahora,en una época en
la que la Inteligencia Artificial perturba las hipótesis sobre el futuro
de la humanidad.
Los trabajadores de servicios son quienes se encargan de darle
ese rostro humano a esas actividades rutinarias y seguramente son
quienes van a perdurar en un mundo robotizado y deshumanizado.
¿Están las universidades en la capacidad de formar a estos
Analistas Simbólicos? Esa es una gran pregunta, que tiene que ver
con el desarrollo de competencias, de habilidades que rebasen la tí-
pica repetición de saberes, sobre todo en países como los de Latinoa-
mérica y específicamente en el Ecuador.
Pero debemos ir un paso más allá yabordarprecisamente un
tema que tiene que ver con el campo de la ética, o más bien los cam-
pos de la ética en las diversas manifestaciones e interrelaciones hu-
manas; para ello cabe preguntarse si estamos viviendo un mundo en
el que la ética, la enseñanza de los valores, la moral, tienen cabida,
cuando vemos el imperio no solo de lo inmoral, es decir las acciones
negativas que van en contra de lo moral, sino de lo amoral, enten-
diéndose por tal la carencia de toda percepción de lo que es lo bueno
y lo que es malo, lo que nos puede conducir a un mundo sin princi-
pios, sin valores, con la vigencia e imperio de los más rapaces, de
quienes no tienen los límites que la moral impone y para quienes da
igual tanto lo uno como lo otro.
Si estas formas de ver y concebir el mundo se instilan en los
niños y en los jóvenes, perderemos la batalla, como lo que está ocu-
rriendo en estos días con el ataque del crimen organizado en contra
de todo un continente, el Latinoamericano, espacio comprendido
entre México y Tierra de Fuego, cuando los carteles, las bandas, los
gangs y mafias se apoderan de todos los espacios imaginables: los
poderes del estado, las fuerzas del orden y, por supuesto de las es-
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cuelas, los colegios, las universidades, imponiendo la ley del más
fuerte, de las armas, de la conculcación de los derechos de los otros,
pervirtiendo a la sociedad desde los cimientos hasta la cúpula.
¿Qué hace la universidad, como actúa, reacciona y sobre todo
previene estas situaciones?, ¿Cuál es su rol y su papel? ¿Cómo formar
a las nuevas generaciones? ¿Cómo continuar con un rol protagónico
en un mundo tan cambiante y a veces tan trastrocado?
Sabemos que la formación de los formadores está en manos
de las universidades, que se deben a las sociedades en las que están
enclavadas. Los valores que se transmiten en la escuela y en la casa,
que constituyen un binomio inseparable, deben ser reforzados en las
universidades. Ese papel formador no debe ni puede evadirse, so
pena de perder a la sociedad.
Las universidades no son ni objetivas ni asépticas, están en
medio de un entorno al que se pertenecen, por ello se debe hablar
más de valores, se debe recurrir a estrategias que nos son vitales e in-
dispensables para ir modelando a los ciudadanos del futuro, y no es
admisible que se mire siempre hacia atrás, hacia los primeros estadios
de la educación,y se piense que los otrossectores y nivelesde la so-
ciedad son los responsables y que hablar de ética y de valores ya no
es un compromiso de la universidad.
Todo lo contrario, es un compromiso ineludible. Quienes fun-
gen como autoridades universitarias y como profesores, saben que
tienen en sus manos un deber que no puede soslayarse y que va más
allá del suministro de instrumentos de conocimiento, aún a nivel de
mediación con el concurso de las máquinas, de las tecnologías, de la
Inteligencia Artificial, porque no vivimos en un mundo de robots.
Vivimos en un mundo en el que los seres humanos quieren
expresar sus sentimientos, sus emociones, sus percepciones, y a ellas
hay que cargarlas de valores, como el software que se carga en los
computadores, como la vacuna que se inocula en su flujo sanguíneo,
así debemos transmitir los valores, lo que nos da el sentido de huma-
nidad y de no prescindencia,que tan necesarios nos son ahora en que
muchos trabajos y sobre todo trabajadores pueden ser reemplazados
por las máquinas.
Rosalía Arteaga Serrano
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¿Pueden los trabajadores ser reemplazado por robots? Desde
luego que sí y con la ventaja de que no reclaman derechos a sus pa-
trones, de que no se cansan ni exigen breaks, de que no son afectados
por el clima de trabajo, y así podríamos seguir con un largo etcétera.
Los trabajadores rutinarios si pueden ser reemplazados por robots,
y también muchos de quienes pertenecen a otras profesiones que ya
van siendo invadidas y colonizadas por la Inteligencia Artificial que
tiene la capacidad de alimentarse a sí misma, de reformarse, de ade-
cuarse a las necesidades del mundo laboral e inclusive del lúdico y
de esparcimiento.
¿Pueden los maestros ser reemplazados por los avances de la
inteligencia artificial? Desde luego que sí. Acabo de regresar de un
viaje a la China en donde tuve la posibilidad de interactuar con em-
prendedores y desarrolladores de plataformas de inteligencia artifi-
cial, específicamente dedicadas para la educación y por ello podemos
hacer esta aseveración.
Pude comprobar que es la propia IA la que desarrollaprogra-
mas de estudio específicamente determinados para las diversas eda-
des, puede dictar las clases, puede evaluar, puede decidir hasta dónde
van los niños de determinadas edades e, inclusive, puede interactuar
con los padres de familia.
¿Suena extraño? ¿Suena raro e impracticable? La respuesta es
que ya se está aplicando con niños desde los 8 años de edad y fun-
ciona, y hace que la educación sea más inclusiva porque detecta rá-
pidamente los vacíos y las deficiencias de aprendizaje y puede
personalizar hasta casi el infinito las experiencias de cada estudiante,
también puede homogenizar si esa es la meta, inclusive impidiendo
que los niños vayan más allá de lo permitido, reemplazando el control
parental, que hasta hace poco nos parecía insustituible.
El panorama que describo puede bien aplicarse a otras áreas
del conocimiento y del ejercicio profesional. Así, el Dr. Watson, mé-
dico virtual puede dar diagnósticos y prescribir medicinas. El Dr.
Watson, abogado virtual que creó IBM puede ser el asesor de quienes
consultan sus litigios y pendencias y pueden asesorar con perfecto
conocimiento de códigos, ordenanzas, normativa legal, a quienes re-
quieren de sus servicios.
Ética, educación superior y sociedad
Una mirada desde lo global
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Los ancianos y personas con dolencias que les recluyen en sus
casas tienen ya la compañía que les puede proveer una Alexa, que
alivia sus soledades, aparatito que se puede conseguir con un billete
menor a los cincuenta dólares y que ya se encuentra en muchos ho-
gares de nuestro medio, para recordar a las personas a qué hora
deben tomar sus medicinas, les provee de la música que quieren al
solo comando de la voz y se vuelven indispensables en determinados
entornos.
No vamos a mencionar todo el cúmulo de profesiones que
corren riesgo de desaparecer y que ya han empezado a experimentar
la “competencia” de las máquinas, si no, preguntémosles a los tra-
ductores, a los camarógrafos, a las secretarias, a los elaboradores de
guiones, cómo se presenta el mercado laboral, especialmente en los
países en los que el desarrollo, el alcance y la disponibilidad de los
elementos tecnológicos es más avanzado y generalizado.
Sin duda lo que vemos que ocurre en el mundo desarrollado,
rápidamente llegará a todos los confines de este mundo global y glo-
cal.
Y allí es cuando viene el papel preponderante de las univer-
sidades en la formación de estos analistas simbólicos, en los solucio-
nadores de problemas, en quienes tienen en sus manos la capacidad
de dirigir a las máquinas sin perder su humanidad.
Por supuesto que las nuevas realidades van a demandar nue-
vos profesionales en una serie detrabajos yprofesiones que ni si-
quiera existen todavía y queaún nosomos capaces de imaginar.
En algunos países y sobre todo por parte de algunos especia-
listas en análisis de futuros, ya se han empezado a hacer listas de po-
sibles profesiones en un futuro muy corto, que generalmente se
quedan rezagadas frente al avance de la cambiante realidad. Por ello
no nos sorprende cuando en esas listas de profesiones y ocupaciones
de futuro vemos menciones a carreras como: científicos de datos, es-
pecialistas en ciberseguridad, pilotos de drones, expertos en blog
chain y big data, especialistas en sostenibilidad ambiental, expertos
en construcciones sostenibles, expertos en transformación de la ba-
sura, creadores de órganos….
Rosalía Arteaga Serrano
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Todo ello nos habla de una realidad cambiante, que se tiene
que adaptar y moldear a las nuevas realidades, sin dejar de lado los
componentes éticos que harán que las sociedades se mantengan y que
garanticemos la sustentabilidad de la vida humana en un planeta tan
amenazado.
Decía Ernesto Sábato(2002), el gran escritor y científico ar-
gentino, que abandonó los caminos de la ciencia para dedicarse por
entero a la literatura, en uno de sus últimos libros “La Resistencia”
que “únicamente los valores del espíritu nos pueden salvar de este
terremoto que amenaza la condición humana”(pág.131) y no pode-
mos menos que coincidir con él, y relievar que encontramos en las
páginas de ese maravilloso y retador librito, como una especie de
deontología para estructurar el deber ser de las universidades del
siglo XXI, si no queremos que se sumerjan y hasta desaparezcan o
pierdan en medio del torbellino de los tiempos actuales y de los que
vendrán.
Esa condición de universalidad y de contemporaneidad per-
manente de las universidades constituyen un reto enorme a la hora
de definir la necesidad que tienen de marcar el paso, de fijar derrote-
ros al interior de los países y en el contexto mundial, de tal manera
que es necesario un constante repensar en su fin, en su deber ser para
que sean ese norte que orienta, que da oportunidades, que provee de
instrumentos, que proporciona certezas, pero que fomenta la creati-
vidad y que aparece como creadora y canalizadora y catalizadora de
inquietudes y de preguntas.
Es en este sentido que vuelvo al inicio de este escrito, a la ne-
cesidad de aportar con una mirada glocal a una visión de universidad
y de sociedad, algo que parece complejo y hasta utópico, pero que, si
miramos con cuidado en nuestro derredor, seguramente vamos a en-
contrar múltiples ejemplos de cómo proceder, de qué hacer, de cuáles
son los parámetros a seguir.
En estas palabras finales, quiero llamar su atención hacia un
ejemplo común, interesante pero no único, en relación con la presencia
en nuestra sociedad, de comunidades que se esmeran en mantener su
identidad, sin renunciar ni sacrificar su espíritu emprendedor, anda-
riego, de utilización de nuevas tecnologías. Me refiero en este ejemplo
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Una mirada desde lo global
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al caso de la comunidad otavaleña, grupo indígena de origen quichua,
ubicado territorialmente al norte del Ecuador, en la provincia de Im-
babura, cuyos integrantes, músicos, hábiles creadores de textiles, se
han posicionado en los diferentes espacios a los que les conduce su
actividad de industriosos comerciantes, manteniendo su identidad,
la que les proporciona su vestimenta, su peinado… y aprovechando
al mismo tiempo los instrumentos que les da la modernidad.
Así, no es nada raro el encontrar otavaleños, y lo puedo tes-
timoniar personalmente, dada mi condición de impenitente viajera,
en los más diversos lugares del planeta, los he visto en Viña del Mar,
en California o en Washington, en los confines de Marruecos, en los
territorios de Rusia, y seguramente los veremos en cualquier lugar
que podamos imaginar, siempre impecables, con sus largos ponchos
azules o grises, pantalones blancos hasta la pantorrilla, y una larga
trenza en la espalda y a veces alpargatas o, últimamente, zapatos de-
portivos. Las mujeres suelen vestir con faldas largas tejidas, general-
mente negras, blusas blancas bordadas con diversos colores, así como
chales y collares rojos o dorados.
No pierden su identidad, su sentido de lo local, pero viajan
en aviones, utilizan laptops en su trabajo, celulares de última gene-
ración.
Podríamos decir que los otavaleños son un símbolo de lo que
la percepción de lo glocal puede conseguir: son permeables a los cam-
bios en lo que de positivo tienen, actualmente conozco que se gesta
una organización de jóvenes científicos indígenas, para utilizar los
avances de la ciencia en beneficio de su pueblo, pero no vacilan en
demostrar que su cultura sigue siendo importante para ellos.
Lo glocal es una aproximación de dimensión humana, per-
mite mantener las especificidades y las diferencias sin que estas cons-
tituyan obstáculos para ser parte de esa globalidad y de esos avances
que como individuos de la raza humana tenemos.
Lo glocal puede ayudarnos a mantener la dimensión humana,
a converger en la búsqueda de soluciones comunes, con atención a
las particularidades, puede dar a la universidad esa nueva dimensión
ética, como elemento fundamental de las sociedades.
Rosalía Arteaga Serrano
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