BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. José Echeverría–Almeida
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. José Echeverría Almeida Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. José Echevería–Almeida Universidad Técnica del Norte
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
COLECCIÓN DE RETRATOS "GREGORIODE LARREA"
INCORPORACIÓN COMO MIEMBRO DE NÚMERO
DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA DEL ECUADOR
Gregoriode Larrea
He viajado de lujo por gran parte del mundo, lo cual me ha
permitido analizar sus diferentes culturas, tomando lo positivo de
algunas de ellas. Particularmente, me han impresionado el perfec-
cionismo, disciplina y puntualidad germanas, suizas y niponas.
Digno de resaltarse es que el alemán siempre cumple su palabra, sin
excusas. Los musulmanes practican las normas morales bastante más
que los católicos. En la India causa asombro el total desapego de las
cosas materiales, doctrina que ya estudiamos los alumnos fundado-
res de la Universidad San Francisco de Quito cuando Santiago Gan-
gotena, cultor de las filosofías orientales, nos hizo leer elBha ga-
vad-gita.
Si nos hemos de referir a la religión, seamos creyentes o ag-
nósticos, toda forma de pensar tiene algo de rescatable. La modestia
de San Francisco de Asís, cuya Basílica conocí en Italia, ha sido una
de las directrices de mi vida. Por otra parte, en mi juventud, durante
algún tiempo frecuenté el Opus Dei, cuyo principio fundamental es
desempeñar a la perfección el trabajo al que nos dediquemos, sea
cual fuere. Además, en el Opus Dei son importantes el orden y la
puntualidad.
Se suponía que mi profesión y destino iban a ser otros. Sin
embargo, en vista de la serie de pruebas que me puso la vida, du-
rante muchos años laboré en el Fondo Antiguo"Luciano Andrade
Marín"de la Biblioteca Municipal, en el Centro Cultural Metropoli-
tano, donde fui perfeccionista y puntual en mi trabajo. Tal es así que
la escritora Soledad Fernández de Córdova De Ascázubi, al posesio-
narse como directora de la Red de Bibliotecas del Distrito Metropo-
litano de Quito, me dijo, frente a todas mis colegas:"Usted tiene bien
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ganada una excelente imagen fuera de la institución", pues, efectiva-
mente, realizaba mi trabajo más allá de mis obligaciones, laborando
horas adicionales a las exigidas, incluso trabajando sábados y do-
mingos. No me limitaba a facilitarles a los investigadores los libros
antiguos de la época colonial que estaban bajo mi custodia, sino que,
con mi vasta experticia, además les asesoraba, guiaba, instruía, les
hacía sugerencias, entregaba información científica que solamente
yo conocía, les proporcionaba contactos con colegas historiadores y
les decía que vayan en mi nombre. Todo ello yo lo hacía espontánea
y desinteresadamente, sin esperar nada a cambio. Mi prestigio era
tal que, en Quito y otras ciudades, los investigadores a quienes apoyé
comentaban que, en el Centro Cultural Metropolitano, el Licen-
ciadoGregoriode Larrea ayuda de manera altruista, con sus vastos
conocimientos, a todos quienes lo necesitan.
Hago hincapié en que existen principios y valores universal-
mente válidos y aceptados como: la corrección, honorabilidad, hon-
radez, ética, los cuales siempre han constituido el Norte de mi vida.
Por donde paso, voy dejando ejemplo de corrección, pues no me can-
saré de repetir que el ser humano habla con sus actos. Yo hablo con
mi intachable vida.
Respecto a mi especialidad, la investigación histórica y ge-
nealógica, manifiesto que, en todas las asociaciones culturales a las
que he pertenecido, he colaborado activamente de múltiples mane-
ras: escribiendo artículos que dan a luz mis descubrimientos cientí-
ficos, haciendo sugerencias para su progreso, aportando y donando
dinero. Digno de resaltarse es que paulatinamente estoy donando a
mi querida Academia Nacional de Historia mi colección de antigüe-
dades. En suma, soy miembro activísimo, pues no he ingresado a las
corporaciones culturales para únicamente incluirlo en mi currículum
vitae.
Pues entonces, es muy grato para mí nuevamente dirigirme
a ustedes para donar a la Academia Nacional de Historia la tercera
parte de mi colección de antiguos retratos al óleo: seis piezas pinta-
das en el siglo XIX y tres en el XX.
La primera, de formato mediano, representa a Gabriel García
Moreno, el mejor presidente del Ecuador del siglo XIX, forjador de
Gregorio de Larrea
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la nacionalidad ecuatoriana, tan injustamente atacado por la mayoría
de historiadores. Aparece con la banda presidencial, su bastón de
mando y el sombrero bicornio bajo el brazo.
La segunda es el retrato, igualmente de mediano formato, de
caballero con su mano sobre consola, pintado por 1880. Lleva abrigo
negro tres cuartos, guantes blancos, leontina de Oro y flor en la so-
lapa.
La tercera pieza, también de formato mediano, recientemente
restaurada, muestra a dama pintada hacia el año 1890 con su brazo
apoyado sobre pilastra. Trae puesta un traje de dos piezas, de solapas
y falda anchas, guantes blancos con un anillo y corbata con prende-
dor en el nudo. Su marco es grueso, pesado y plateado.
El cuarto retrato corresponde a un elegante caballero con
leontina, apellidado Mera, pintado circa 1861, el cual fue restaurado
hace pocos años. Se conoce que algún parentesco tenía con Juan León
Mera, autor del Himno Nacional del Ecuador.
El quinto es de doña Rosa Grijalva y Pástor Delgado, retra-
tada con sus manos sobre el vientre hacia 1895, e igualmente com-
pletamente restaurado hace no mucho. Doña Rosa nació en Ibarra
por 1840, hija de Vicente Grijalva Ribadeneira (1806-1893) nacido en
Puntal (Carchi), y de la ibarreña Rafaela Pástor Delgado.
La sexta pieza, pintada por 1910, de excelente factura acadé-
mica, representa a doña Matilde Egas, nacida por 1883, esposa de
Amable Villalba Rodríguez nacido hacia 1873, hijo de Francisco Vi-
llalba nacido por 1838 y Benigna Rodríguez nacida por 1848. Doña
Matilde, retratada de medio cuerpo, lleva vestido negro con decora-
ción delantera en alto relieve y collar de perlas de dos vueltas; en
medio de la parte superior del vestido tiene un prendedor de"cuerno
de la abundancia"de Oro y perlas.
La séptima, el retrato de mi tía la soprano Hilda Olgisser Gro-
nish tocando guitarra en 1942, pintado por su hermano Guillermo Ol-
giesser Gronish. Hilda Olgisser nació en Rumania en 1923, llegó a
Quito en 1936, se graduó en 1946 en el Conservatorio Nacional de
Música de Quito con máximas calificaciones, luego se especializó en
New York durante cuatro años en institutos musicales norteamerica-
nos, en la Universidad de Columbia y en la Mannes School of Music.
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Presentó recitales y conciertos en Madrid (1956), París, Viena, Was-
hington, New York y Quito. Su hermano, el pintor Guillermo Olgies-
ser, nació en Rumania en 1916, estudió en la Academia de Bucarest y
en la Escuela de Bellas Artes de Quito; fue propietario de la centena-
ria, tradicional y conocidísima fábrica de chocolates Bios, la cual fun-
daron sus padres en Europa hace 113 años, trasladaron a Quito en
1936 y ha pertenecido a su familia por cuatro generaciones ¿Quién
en Ecuador no se ha servido chocolates Bios?
El octavo cuadro tiene carácter religioso, representa a María
Magdalena, firmado en Quito en 1891 por Juan Manosalvas, consi-
derado uno de los mejores pintores ecuatorianos de la segunda
mitad del siglo XIX, quien había perfeccionado sus estudios en Roma
becado por el presidente García Moreno. Sobre fondo obscurísimo,
María Magdalena aparece mirando hacia arriba, con aureola y sus
manos cruzadas, puesta manto azul y pañuelo blanco en el cuello.
El noveno cuadro que entrego a nuestra Academia se ti-
tula"Maternidad", pues muestra a madre de cabello largo y rubio
con su bebé, pintado al óleo por el gran Víctor Mideros en 1933,
cuando en Quito empezaba a dirigir la Escuela de Bellas Artes y ya
era el pintor de moda de la alta sociedad quiteña. Víctor Mideros fue
el autor de los murales que decoran la capilla de la Catedral de Quito
donde descansan los restos del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio
José de Sucre. En 1919 fue secretario de la Embajada del Ecuador en
Italia, lo cual le permitió perfeccionarse en Roma asistiendo a Escue-
las de pintura italiana, inglesa y española. En 1921 visitó Francia y
España, donde se reconocieron sus méritos artísticos. En 1922 vivía
en Nueva York. Retornó al Ecuador en 1924 y continuó cosechando
éxitos. Digno de resaltar es que, a lo largo de su vida, ganó, múltiples
veces, el prestigioso premio de arte "Mariano Aguilera".
En el transcurso del año 2024, en varias ocasiones, realicé do-
naciones a nuestra querida Academia Nacional de Historia de anti-
guos retratos al óleo pintados por los mejores artistas, razón por la
que tienen gran valor cultural y estético. A saber:
El retrato de la señora María Salvadora Benavides Villagó-
mez, de los poquísimos de dos siglos de antigüedad que existen en
Ecuador, ya que fue pintado en 1824. Posee, pues, importancia his-
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tórica. Aquella dama nació en Cuenca hacia 1776 y falleció en Quito
por 1826, hija de Francisco Javier Benavides y Alvear, y Teresa Villa-
gómez y Neira de Calle. Alrededor de la cabeza de la retratada se
leen sus nombres y seis apellidos de sus antepasados.
Un retrato de bebé sentada sobre cojín azul, pintado a fines
del siglo XIX, constituyéndose en una rareza, pues en aquel entonces
las bebés no solían ser retratadas. Fue completamente restaurado y
reentelado.
El retrato con mostacho del gallardo Coronel Manuel María
Larenas, realizado circa 1906, antepasado del Embajador Galo Lare-
nas Serrano. Su marco de madera tallada es antiguo, grueso y pe-
sado.
Otro retrato de un apuesto caballero de ojos verdes y bigote
pintado hacia 1910.
Adicionalmente, un pequeño retrato de joven mujer del siglo
XX, peinada con cola de caballo, cuya escuela y antigüedad exacta
se desconocen.
De singular valor histórico, artístico y económico es el retrato
de doña Ana Paredes Arosemena, esposa del expresidente del Ecua-
dor Eloy Alfaro, obra atribuida nada menos que a Rafael Salas, pin-
tada seguramente en 1895 y nunca antes expuesta. Sobra mencionar
que el pintor perteneció a la célebre saga de los Salas, los mejores re-
tratistas de nuestro país.
El famoso retratista ambateño César Villacrés es el autor del
retrato realizado, en la primera mitad del siglo XX, de cierta dama
de mediana edad y cabello corto, rubio obscuro. Se recuerda a César
Villacrés porque en 1909, casi al cumplirse el centenario de la masa-
cre de los patriotas del 2 de Agosto de 1810, pintó su célebre cuadro
que representa aquella matanza, el cual sirvió de modelo para mon-
tar dicha macabra escena en el tan conocido"Museo de figuras de
cera"del Centro Cultural Metropolitano de Quito. César Villacrés
alcanzó nombradía como retratista de múltiples personajes históri-
cos. Su estilo era realista.
Mención especial merece el injustamente olvidado pintor
Ezequiel Tamayo, autor de tres de los retratos que he donado a la
Academia, todos ellos del mismo formato, pintados dentro de óva-
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los, firmados en 1899 y 1900. El primero presenta, con impresionante
exactitud en los detalles, a caballero con lentes y barba. El segundo
muestra a un hombre de edad avanzada y el tercero a distinguida
dama con crucifijo en el pecho.
El historiador doctor Ricardo Descalzi solía decir:"El pro-
blema de los historiadores es que hemos escrito copiándonos unos a otros".
Efectivamente, todos los libros de Historia del Arte Ecuatoriano se
refieren a los mismos pintores. Sin embargo, sobre Ezequiel Tamayo,
reputado como el segundo mejor retratista de su generación (pues
el primero fue Salas), no se ha escrito ni un solo párrafo. Lo que ha
logrado determinar quien escribe estas letras es que seguramente
nació a mediados del siglo XIX en Cangahua, población cercana a
Cayambe, pintó los retratos de los expresidentes del Ecuador Eloy
Alfaro y Luis Cordero que cuelgan en el Salón Amarillo del Palacio
Presidencial.
En la"Casa Azul", ubicada en el Centro Histórico de Quito,
residencia solariega de la marquesa de Solanda y marquesa de Villa
Rocha, esposa del gran mariscal Antonio José de Sucre, reposan otros
cuatro retratos de autoría de Ezequiel Tamayo, todos ellos firmados
en 1899, a saber: el del mismo mariscal Sucre, el de Simón Bolívar;
otro de Francisco de Paula Santander, quien fuera presidente de la
actual Colombia; y el de Manuel Rodríguez de Quiroga, inmolado
en la masacre de los Próceres de la Independencia del 2 de agosto de
1810.
Adicionalmente, en 1901 retrató al óleo a mi pariente don
Antonio Proaño Larrea, nacido en Cangahua en 1856, uno de los fun-
dadores de la Cámara de Comercio de Quito, quien importaba mer-
cancías desde Europa, muerto en 1923 y sepultado en su mausoleo
del Cementerio de San Diego de Quito. Fue abuelo del recientemente
fallecido doctor Francisco Ron Proaño, miembro correspondiente de
la Academia Nacional de Historia del Ecuador.
Además de los múltiples retratos pintados por Ezequiel Ta-
mayo, conozco dos cuadros de su pincel, de gran formato, 110x150
centímetros, firmados en Quito, 1899. En el primero aparecen siete
personas, una de ellas puesta armadura. En el segundo se observan
ocho personas que aparentemente representan el juicio seguido a Ga-
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lileo Galilei. Conocí aquel par de pinturas hace casi cuarenta años,
cuando pertenecían al difunto ingeniero Antonio Mórtensen Cordo-
vez, quien los entregó al Opus Dei y ahora se conservan en la Uni-
versidad de los Hemisferios.
Ezequiel Tamayo tardíamente habría estudiado en el exterior,
quizá en Europa, seguramente con una beca del gobierno liberal, y
posiblemente falleció en Guayaquil, aparentemente víctima de tu-
berculosis, después de 1917, sin llegar a la vejez, razón por la que
existen pocos cuadros de su autoría, lo cual les hace valiosos.
Es necesario resaltar que todas las piezas pictóricas donadas
tienen marcos de lujo; a varias de ellas las he hecho restaurar, lo cual
me ha representado un altísimo egreso económico; y a otras piezas
las he sometido a costosas limpiezas químicas del óleo.
Quiero manifestar que, cuando en mi juventud me iniciaba
en la investigación histórica y genealógica, el doctor Fernando Ju-
rado, con su gran experiencia, me aconsejó diciéndome: Al fallecer al-
guien, todos tratan de llevarse las joyas y electrodomésticos. En cambio,
Usted,GregorioCésar, por su afición a la Historia, cuando muera algún
pariente (cercano o lejano), un amigo o conocido, pida que le entreguen los
documentos, fotos y obras de arte antiguas.
Siguiendo su sugerencia, he llegado a conformar una me-
diana colección de antigüedades, las cuales paulatinamente estoy
donando a la Academia Nacional de Historia, para que se exhiban
permanentemente y no queden guardadas y olvidadas en la bodega
de algún museo, sin prestar utilidad cultural alguna.
Insisto en que dichos cuadros deberían constituir el inicio de
la pinacoteca de antiguos retratos que nuestra Academia debería em-
pezar a formar, con los que cualquier ecuatoriano quisiera entregar,
para que sean admirados en tan prestigiosa institución cultural.
Valga recordar que esta donación tiene dos filantrópicos an-
tecedentes familiares:
Primeramente, mi tatarabuelo materno, don José Narváez y
Correa, en 1870 donó parte de su hacienda llamada"Minas"para la
fundación de San José de Minas, hoy parroquia con catorce mil ha-
bitantes, ubicada cerca de Quito. Se llama"San José"en honor al
santo del donante, y"de Minas", debido al nombre de su hacienda.
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La avenida principal de acceso a San José de Minas justa-
mente se llama: José Narváez, en homenaje a mi tatarabuelo ma-
terno. Una calle de San José de Minas lleva el nombre de mi
bisabuelo materno: Tobías Muriel. La escuela de niñas de San José
de Minas funcionó en una casa propiedad de mis abuelos maternos
don Vidal Proaño Moreno y doña Francelina Muriel Narváez. Por
otra parte, el expresidente del Ecuador Camilo Ponce Enríquez bau-
tizó a la enorme escuela de San José de Minas como"Escuela Alejan-
dro Larrea"en honor a un primo–hermano de mi abuelo paterno.
El 14 de septiembre de 2018, el Gobierno Autónomo Descen-
tralizado de San José de Minas me entregó una placa en homenaje a
mi tatarabuelo, por haber sido quien donó parte de su hacienda para
la fundación de dicha parroquia en 1870.
La hacienda"Minas"y su desmembración el fundo"San
Félix"fueron propiedades de mi familia materna durante cuatro ge-
neraciones, aproximadamente desde 1840 hasta 1974.
El segundo caso es el de mi tíoabuelo paterno don Miguel
Ángel Larrea Segovia, nacido en Quito en 1914.Benefactor social y
filántropo, en 1953 fue el fundador y dirigió perpetuamente la"Acción
Social pro Madres Pobres", conformada por innumerables mujeres.
Fundó el"Instituto Técnico Profesional de Señoritas". Como di-
rector vitaliciotenía bajo sus órdenes a un grupo de instructoras,
cuyas alumnas recibían el título de “maestras en corte, confección y
bordado”.En dicho Instituto no se cobraba absolutamente nada a
sus alumnas.
El Instituto funcionaba en una casa grande ubicada cerca del
Coliseo Julio César Hidalgo, en la calle Olmedo, la cual fue derro-
cada en 1971 para construir el paso a desnivel. Inmediatamente fun-
cionó en la calle Chimborazo y Rocafuerte, hasta el fallecimiento de
don Miguel Ángel acaecido en el año 1991.
Adicionalmente, con cierta frecuencia, don Miguel Ángel La-
rrea gestionaba y recibía donaciones de víveres, los cuales, como be-
neficencia, publicamente entregaba a las personas de escasos
recur sos de la ciudad.
Don Miguel Ángel Larrea fue docente en varios planteles
educativos de Quito, Riobamba y Latacunga.En Quito, largos años
Gregorio de Larrea
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profesor de la Escuela Espejo y uno de los profesores fundadores del
Colegio Benalcázar, plantel que ocupaba el primer lugar en el ran-
king académico del Ecuador.
Dotado de gran oratoria y convocatoria, desde 1934 fue polí-
tico, especialmente velasquista, por lo que acompañó a Velasco Ibarra
en todas sus campañas presidenciales. Fue uno de los organizadores
de la"Federación de Barrios"y de la"Unión de Quiteños"; además,uno
de los fundadores del Movimiento Político"Acción Revolucionaria De-
mocrática Ecuatoriana", ARDE.
Su memoria bien merece ser honrada por los quiteños debido
a aquel filantrópico espíritu.
Señoras y Señores.
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