BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
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Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
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Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
LA REGIÓN AMAZÓNICA EN EL FUTURO OBISPADO DE
CUENCA 1773-1778
RELACIÓN HISTÓRICO-POLÍTICACON MOTIVO
DE SU SEGREGACIÓN DEL OBISPADO DE QUITO
Hugo Burgos Guevara
1
Resumen
Este artículo analiza el impacto de la expulsión de los jesuitas
en 1774 en la región amazónica ecuatorial, entonces parte del Virrei-
nato de Santa Fe y la Audiencia de Quito. La salida forzada de los
misioneros, ordenada por Carlos III, desmanteló un complejo sis-
tema socio-cultural que, durante casi dos siglos, había articulado a
las poblaciones indígenas de los Maynas, el entorno selvático-fluvial
y la labor evangelizadora jesuítica. Este sistema, aunque rudimenta-
rio, había establecido una forma incipiente de civilización sostenible
en una de las zonas ecológicamente más importantes del planeta.
La creación del Obispado de Cuenca, en reemplazo de las
misiones, generó serias dificultades eclesiásticas, territoriales y ad-
ministrativas, debido a la imposibilidad del clero local para asumir
la vasta región amazónica. En este contexto, emergen dos figuras
clave: el ingeniero Francisco de Requena, delegado del rey, y el
obispo de Popayán, Miguel de Unda y Luna. Ambos defendieron
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Vol. CII – Nº. 213
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Recibido: 03/08/2025 // Aceptado: 10/09/2025
1 Académico EMÉRITO de la Academia Nacional de Historia del Ecuador (ANHE), Etnólogo,
Escuela Nacional de Antropología e Historia, México. 1964. Maestro en Antropología, UNAM,
1966. Philosophy Doctor, University of Illinois, USA, 1976. Social Sciences ^Proffesor (Pyoyecto
104 de la OEA) 1968.Cargos ocupados<. Faculty en Univ. de Illinois, 6 años. Experto Etnólogo
en Instituto Indigenista Interamericano, 1966-1970.México. Universidad Internacional del
Ecuador 2014-2018. Academia Nacional de Historia del Ecuador “Académico Emérito” 2022).
Obras: Relaciones Interétnicas en Riobamba (1970-78) El Guamán, el Puma y el Amaru, Form-
ación Estructural del Gobierno Indígena en Ecuador (Premio “José Mejía Lequerica) Municipio
de Quito) 1995.Investigaciones: Archivo Romano de los Jesuitas (Roma). Archivo General de
Indias de Sevilla, Archivo Histórico de Madrid, cuatro universidades de EE.UU.Literatura:
Primer Premio a la Bienal del cuento: “Cartas a Manuela” (1993).
posturas contrapuestas sobre la continuidad de la presencia religiosa
en el área. Las gestiones de Requena, limitadas por factores logísticos
y humanos, no lograron consolidar un nuevo modelo misional, de-
jando a las comunidades indígenas en un estado de abandono ins-
titucional y cultural.
Palabras clave: Amazonía, Expulsión, Misiones jesuíticas, Obispado
de Cuenca, Poblaciones indígenas
Abstract
This article examines the impact of the expulsion of the Je-
suits in 1774 on the equatorial Amazon region of South America,
then part of the Viceroyalty of New Granada and the Audiencia of
Quito. The forced departure of the missionaries, ordered by King
Charles III of Bourbon, dismantled a complex socio-cultural system
that, for nearly two centuries, had integrated the Indigenous Maynas
populations, the rich rainforest and riverine environment, and Jesuit
evangelizing efforts. This system, although rudimentary, had estab-
lished an incipient and sustainable form of civilization in one of the
planet’s most ecologically significant areas.
The establishment of the Diocese of Cuenca, intended to re-
place the Jesuit missions, brought about serious ecclesiastical, terri-
torial, and administrative challenges, given the local clergy’s inability
to manage the vast Amazonian region. In this context, two key figures
emerged: engineer Francisco de Requena, the royal delegate, and
Bishop Miguel de Unda y Luna of Popayán. They held opposing
views on the continuity of religious presence in the region. Requena’s
efforts, constrained by logistical and personnel limitations, failed to
implement a new missionary model, leaving Indigenous com-
munities in a state of institutional and cultural aban donment.
Keywords: Amazonia, Diocese of Cuenca, Expulsion, Indigenous
populations, Jesuit missions
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Preámbulo
Esta obra tiene por objeto destacar la territorialidad, geogra-
fía y cultura de la apartada región de los llamados indios Maynas,
de quienes se ocuparon las Misiones Jesuíticas desde temprano del
siglo XVII (1624). La primera categoría aparece por cuanto los tam-
bién llamados “jesuitas” quiteños” supieron administrar desde Quito
tareas arduas de evangelización, reduccionismo colonial a las anti-
guas naciones del Bajo Marañón, y cierto acomodo de recursos ma-
teriales para la Misión, desde su llegada. Todo habría ido bien si no
se decretara la expulsión inmediata de los misioneros en julio de 1767,
y su traslado a Italia. Quedó un vacío, el que quiso ser ocupado por
el nuevo Obispado de Cuenca que se acaba de crear en 1774, bajo el
Virreinato de Santa Fe. El impulsor para que estas misiones quedasen
bajo la responsabilidad del recién creado Obispado fue un Ing. Espa-
ñol, Francisco de Requena, pero todo el sistema episcopal, contando
con el de Popayán, como el régimen civil, rechazaron hacerse cargo
de territorios, naciones originarias amazónicas muy antiguas, y la ex-
periencia misional de un época que acababa de fenecer pero que tuvo
notoriedad. El decurso de los debates se analiza en este trabajo. El de-
senlace fue la anexión de Maynas al Virreynato del Perú entrado el
siglo XIX. Se destaca el juego de decisiones y alternativas que tiene
un gobierno colonial y el menoscabo de Maynas que significó para el
Virreynato de Santa Fe y Presidencia de Quito, por las vicisitudes de
una economía política que este artículo trata de explicar.
De paso se conoce la región a través de un mapa reservado
concedido por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad
Humana del Ecuador, como por la interpretación geoantropológica
del autor, que ya tiene obras publicadas sobre una expedición cien-
tífica hecha al Marañón (2013).
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Introducción
La Región Oriental de la Real Audiencia de Quito desde me-
diados del siglo XVIII se vio convulsionada por la expulsión de la
Orden Jesuita (1767), cuando estaba en pleno apogeo su política de
evangelización, reducciones y adoctrinamiento, entre naciones nati-
vas ubicadas en los afluentes del río Marañón, luego Amazonas. La
Orden de San Ignacio y sus misioneros son recordados por haber
mantenido un trabajo casi permanente entre las naciones indígenas
de los llamados Maynas, a donde habían llegado después de varia-
dos intentos por reducir otras naciones dispersas en el Alto y Bajo
Amazonas, con un hábitat selvático y húmedo, poblaciones que
prácticamente no habían sido tocadas antes por occidente. Desde el
tiempo del padre Cristóbal de Acuña (1637-1641), autor de dos cró-
nicas relevantes (una publicada en 1641 y otra ocultada e inédita y,
hallada por el autor en Roma. Burgos, 1972, 2007), puede decirse la
ocurrencia de una primera etapa de influencia entre 1601 y 1642,
según las crónicas y cartas “annuas” de destacados religiosos de la
orden, entre los que constan, Ferrer, Cubero, Lucas de la Cueva, Fi-
gueroa, y decenas más, por período que se va a extender a 180 años,
como propagadores de la fe de Cristo, arribando sucesivamente a las
dilatadas planicies selváticas. [No nos referiremos al asentamiento
de estos misioneros en las unidades pobladas de la Sierra de la Pro-
vincia de Quito].
Entre todas se destaca la Misión de Maynas, no solo por su di-
latada extensión, sino por la densidad poblacional indígena que se
esforzaba por no someterse al sistema de reducciones de los gober-
nadores y soldados, que comprometía un cambio cultural casi total,
la pérdida de sus soportes culturales aprendidos en 2 000 años, y un
estado de servidumbre para los colonos. Aun así. se fundó la llamada
Ciudad de Borja (acta de fundación 9 diciembre 1619 por Diego Vaca
de Vega) no lejos del Pongo de Manseriche, poco más allá de la de-
sembocadura del río Saint Tiago (Santiago) que tiene su origen en el
Paute, cerca de Cuenca. Parte la población Mayna había logrado ubi-
carse más al este, en las riberas del Bajo Pastaza, y altos del río Nu-
curay, en el entronque con el Amazonas.
Hugo Burgos Guevara
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Las misiones pronto se extendieron a ambos lados del gran
río, tomando con el tiempo el epicentro llamado de La Laguna, casi
en la desembocadura del río Huallaga en el Marañón, llegando al
Ucayali. Según la carta de P. V. Maldonado, editada por La Conda-
mine en 1750, se observa que el asiento original de los Mayna, no es-
taban lejos de una extensa laguna de Rimachi o Rimachi-uma “de ocho
leguas de largo”. (Ver mapa 1). Autores, analizados por A. C. Taylor
(1988: 102) creen aceptable la afiliación cultural entre los mayna de
entonces con la población de habla jíbaro. “A juzgar por la descrip-
ción de Cristóbal de Saabedra, “los Mayna tenían un gran parecido con
sus vecinos Jíbaro ribereños” (A. C. Taylor, ibid: 101). Tratando de afi-
liaciones lingüísticas, el mismo autor (1988: 102) acepta la hipótesis
de Tessmann según la cual los Mayna del Rimachi son los antepasa-
dos de los Kandoshi (Candoshi: murato, mayna, candoshi sapra).
Candoshi, es cierto, en el croquis de Michael Harner (1964), formaba
parte de las tribus vecinas de la nación de habla jíbaro , también iden-
tificada como Unsutsuri-Shuar (Harner 1972: 10 , Map 1, Jivaroan and
neighboring tribes). Esto confirma la teoría de que Jibaro y Candoshi
estaban relacionados culturalmente, aunque después, en 1640, los
candoshi, murato, mayna, sapra, se habían alejado sustancialmente
por el Marañón. Noticias actuales hablan de Candoshi como un
idioma aislado, en vías de extinción, hablado por 3.524 hbs., que
viven en la margen occidental de los ríos peruanos Morona y Pas-
taza.
La labor evangelizadora del Bajo y Alto Amazonas, era en el
período colonial, dirigida y controlada por los llamados “jesuitas
quiteños”, ubicados en la ciudad de Quito, por lo que la Misión de
Maynas extendía el territorio de la Real Audiencia de Quito, y luego
dentro de la Presidencia de Quito, bajo el Virreynato de Santa Fe,
quedando el obispado de la ciudad quiteña dentro de este virreinato.
Pronto las Misiones de Maynas se constituyeron para entonces en la
voz más resonante de la evangelización en América, lo que se dis-
torsionaba acaso por su desmedido afán de bienes materiales, for-
mando un sistema autónomo, aunque pasado el tiempo se
orientaron al estudio de la ciencia y la educación, creando la mejor
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biblioteca de América en Quito, contando colegios, seminarios, igle-
sias, manejando propiedades considerables, en fundos agrícolas y
textiles bajo el típico modo de producción colonial tardío de la Real
Audiencia de Quito, paralelo al sistema vigente de peonaje por deu-
das y servidumbre. Se sirvieron también de la esclavitud, tratándose
de medianas poblaciones de afro-descendientes, cuyas migraciones
históricas empezaban a ser realidad en las plantaciones y haciendas
de cultivo de caña y producción de aguardiente. No faltaban pues los
esclavos cimarrones provenientes del Chocó, y acaso de las Antillas,
para ser ubicados en el piedemonte y valles cálidos y templados,
como Mira, Guajara, Chota, Urcuquí, y otros, en el norte del país.
Desde sus inicios en 1586 –cuando llegaron a Quito, hasta el final apo-
calíptico de su destierro, ejecutado por Carlos III y los Borbones, la
repentina expulsión de los misioneros de San Ignacio, 1767, vino a
dejar un vacío doctrinal, y aun una anomia cultural, sin identidad.
Podría ensayarse una interpretación: aunque muchas “reduc-
ciones” habían fracasado los nativos habían aprendido a depender
de ellas en selectivos procesos de aculturación y adquisición de bie-
nes elementales como escopetas o machetes. Algunos jesuitas, ade-
más, habían llegado a sentirse abanderados de un sentimiento de
nacionalidad americana y aun quiteña, a la par que cautelosamente
podían estar en contra de la Corona española. Con su salida del país
en 1767, las Misiones jesuíticas completaron su ciclo clásico, en es-
pecial Maynas, que habían quedado abandonadas, seguido de un in-
termitente reemplazo que estaban lejos de poder reestructurar un
proceso misional completo, convertido en soporte de un elusivo sis-
tema colonial que ya presentaba inconvenientes, como la caída de
los productos de los obrajes, o definitivamente el creciente contra-
bando y monopolio imperial de las fuerzas internacionales de Ingla-
terra y Francia sobre España. Después de 180 años de un acaecer
evangelizador, lo jesuítico tuvo mucho entusiasmo y mártires, el re-
sultado deberá ser más bien positivo porque en los seminarios y uni-
versidades eran aceptados ya estudiantes mestizos, junto a
extranjeros de Europa; Sus sacrificadas exploraciones y fundaciones,
atrajeron a la elite urbana hacia la educación superior; sus exagera-
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dos semovientes los hacía ver como privilegiados religiosos del pre-
dominio económico local, y probablemente veían con simpatía las
ideas liberadoras frente a la decadente España. Con todo, la doctrina
jesuítica parece que no iba a ser comprendida por sus reemplazos,
como veremos en el corto estudio, ninguna de las instituciones reli-
giosas de la época querría hacerse cargo de las decantadas Misiones
de Maynas, mientras que los expatriados, catecúmenos de Loyola,
apenas lograrán sobrevivir en Faenza, y otras ciudades de Italia.
Nadie querrá volver a pensar en los derechos de autonomía cultural
y política, internalizados y encapsulados en sus rebeliones, recla-
mando para sí sus territorios como aborígenes de la Amazonia qui-
teña. Estaba claro que durante las misiones, también, los nativos se
volvían cimarrones, poblaciones dispersas se internaban cada vez
más en selva lejana, cercaban doblemente sus casas ovaladas, y la
vida real era vista más bien como representaciones mágicas, en los
sueños de los shamanes, producidas por bebidas e inhalaciones alu-
cinógenas, como ayahuasca, floripondio o guanto, entre otros; para
colmo de la inestabilidad cultural, sus luchas intestinas por venganza
o por el rapto de mujeres, y la caza de cabezas de sus enemigos, les
iba diezmando, haciendo que las relaciones económicas y políticas
de la sociedad mayor les empujara al marginalismo como conglo-
merados o naciones nativas, aisladas de la discreta modernidad y
ciudadanía que de todos modos iba apareciendo más allá de las al-
deas, con excepción de los pueblos ribereños.
El sedimento cargado de humus que acarreaban las corrien-
tes que bajaban de las cordilleras de Quito, como que era una com-
pensación a la carencia de tierra agrícola, suelos lateríticos
localizados, humus que era esperado por todos, para no seguir la
trashumancia, y reinstalarse en nuevos islotes o nuevas marismas y
poder sembrar la mandioca, las frutas, o acaso seguirse emborra-
chando con el masato o chicha de yuca, y luego emprender una nueva
vida más o menos permanente de sedentarismo. (Datos del “Archivo
Etno-histórico Burgos”, con papeles del Archivum Romanun Societati
Iesu, Roma).
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Problema de investigación
¿Por qué los gobernantes del Virreinato de Santa Fe, prima-
dos de la Iglesia de Roma, obispos de las ciudades de Popayán y
Cuenca, por lo menos, no aceptaron atender las sugerencias del es-
pañol Ing. Francisco de Requena, Comisionado por el Rey, quien pro-
ponía que las Misiones de maynas que había estado bajo la
protección del Obispado de Quito –en teoría, se dice que los jesuitas
eran autónomos- fueran desmembradas de éste y pasasen a formar
parte con sus territorios y poblaciones nativas, el recién creado Obis-
pado de Cuenca?
Etnohistoria
Axioma básico. No es verdad que el renombrado ingeniero
Francisco de Requena, haya querido desmembrar las Misiones de
Maynas, pertenecientes a la Audiencia y Obispado de Quito desde
1619, y traspasar las mismas al obispado de Trujillo, o la Virreinato
del Perú, en la época de la creación del obispado de Cuenca 1773-77.
Por el contrario, Requena fue el acendrado defensor de su tesis, de
que las Misiones maynenses, para entonces abandonadas por la ex-
pulsión de los jesuitas quiteños en 1767, por rencores de Carlos III,
pasaran a formar parte del recién creado Obispado de Cuenca, Vi-
rreinato de Sta. Fe, quitándola del de Quito. Cuenca y sus autorida-
des coloniales se opusieron a recibir los territorios y naciones
“Maynenses” tuteladas por la Orden de San Ignacio, desde la ciudad
colonial quiteña.
Configuración de los obispados. Tres Gobiernos estaban inclui-
dos en el “Obispado de Quito”: Quito, Macas y Maynas. “Jaén de
Bracamoros en lo civil pertenece al distrito de esta Real Audiencia,
y en lo eclesiástico pertenece a la iglesia de Trujillo”. “Obispado de
Cuenca”: obispados de Cuenca, Guayaquil y Loja.
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Postulados de Requena
Que el territorio de Quixos quedase para Quito. Los de
Macas y Maynas, para el de Cuenca, “persuadido que de este modo
serían más bien probadas, asistidas y visitadas las misiones y reduc-
ciones de infieles que se han establecido y subsisten sobre tan vastas
comarcas”.
Rechazo de Cuenca a los dictados de Requena
A través del Delegado de Popayán, Miguel Unda y Luna, y
por mano de experimentados eclesiásticos y oficiales reales, argu-
mentan y firman:
Yo, por el conocimiento ocular que tengo de la mayor parte de este
obispado, especialmente de las entradas descubiertas hasta ahora para
los referidos gobiernos o por el mérito que hallé sobre las cartas geográficas
de esta provincia, opiné todo lo contrario por las razones siguientes
:
(Folio No. 20).
Discusión
En estos puntos, asentaremos el movimiento de los argumen-
tos de parte y parte, y la descripción del territorio:
1. Entre 1773 y 1774, el Virrey de Santa Fe anunciaba por bando en
la ciudad, la erección del Obispado de Cuenca, separándolo del
de Quito. Era delegado de la eclesiástica división el Maestrees-
cuela de la Catedral de Popayán, don Miguel de Unda y Luna.
Cuenca recibía la noticia con gran regocijo, el 19 de octubre de
1774. De paso se reunía la población en la iglesia del Monasterio
de Nuestra Señora de la Limpia y Purísima Concepción, a cuya
deidad la denominan Patrona de la Catedral. Hay un regocijo ge-
neral y fiestas por dos días, en esta urbe colonial, que acaban en
vistosa procesión el 22 de octubre de 1774. La etnografía de la
fiesta tiene un sentido literario excepcional.
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2. Surgen los problemas, pues las autoridades no están de acuerdo
con los consejos del Ing. Francisco Requena, agrimensor español
de altísimo prestigio y ejecutorias, nombrado para que arbitre las
medidas geográficas conducentes para la desagregación del obis-
pado de Quito y erección del de Cuenca. Para que se ejecute el
traslado de responsabilidades de las Misiones de Maynas al recién
creado obispado de Cuenca. Surgía la duda si se podría continuar
la tarea de los jesuitas expulsados o se trataba de un nuevo pro-
grama de movilización del nuevo primado de Cuenca, y la asis-
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tencia de religiosos para la tarea. Baste decir que las Misiones de
Maynas venían siendo atendidas en todos los sentidos de la cul-
tura jesuita, que procuraba transculturación y conversión de los
néofitos. Son transcendentales para la historia, la ciencia natural ,
en particular la antropología y geografía, las centenares de cartas
de los “obreros” de la evangelización, que remitieron, por cerca
de 180 años, informando sus labores en los separadas misiones del
Marañón.
3. Para evitar parcialidades, se trajo a desde Popayán al primado
señor Don Miguel de Unda y Luna, Maestrescuela de dicha Cate-
dral, ya que su Obispo no estaba en condiciones de cumplir tan
agitada comisión. Unda y Luna, sin embargo, viene a constituirse
en un enigmático personaje que actuaba en diversos roles, que-
dando las dudas si era un consejero o más bien ejecutor de una
política anti-evangelizadora. Acaso era un elemento favorable a
uno de los Virreinatos, de Santa Fe o del Perú. En otras palabras,
el problema era la cobertura territorial que tendría el nuevo Obis-
pado de Cuenca. Unda y Luna será quien dictará las principales
decisiones y argumentos para que las autoridades del Patronato
cuencano (Estado Español e Iglesia) demostraran que no disponen
de las condiciones para continuar la evangelización en la región
interétnica más importante de la amazonia septentrional. El argu-
mento de Unda y Luna y del equipo de primados radicados en
Cuenca, era que la región del Marañón y por ende Maynas, pasara
directamente al Obispado de Quito, en donde –supuestamente-
disponían de todas las facilidades, recursos y número de religiosos
experimentados para administrar un forzado cambio cultural a
las naciones indígenas del Marañón, principalmente, inducirles
no solo al conocimiento de Dios sino asimilarles a los seculares
condiciones de servidumbre de las pequeñas ciudades, como S. F.
de Borja, La Laguna, entre otras.
4. Para comprender la profundidad de esta tarea podemos remitirnos
a verificar gran extensión del territorio (ver mapa), los límites de
la la región del Marañón iban por occidente desde el entronque
del río Chinchipe –que venía del norte con el Chachapoyas –que
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surcaba del sur y engrosar el Marañón con el Itcubamba, frente
al desaparecido puerto fluvial de Tomependa.
2
En el otro extremo
estaba el punto más oriental de la misma, río Yapurá, frontera con
los dominios portugueses. Pero igual, un afluente del Amazonas.
Maynas parece que era un región donde se daba la más amplia re-
lación intercultural entre etnias de distinto nivel civilizatorio, era
acaso el área indígena más transcultural de Sudamérica por su ca-
rácter multilingüístico, multicultural, un epicentro fluvial con mu-
chas desembocaduras en el gran río de las Amazonas.
La vida cultural a ambas riberas del Amazonas, por el sur el
Hualllaga y Ucayaly y por el norte todos los ríos que bajaban de las
serranías quiteñas, era una combinación de culturas que, a la vez, se
debatían por la dominación de diversos elementos además de los je-
suitas. Se vuelve entonces en un tema de economía política colonial:
avanzar o no en el viejo y discutido sistema de misiones, como se
sabe, no exentas de buscar recursos a través del cambio cultural y
religioso de los nativos para lograr los ulteriores fines de Occidente.
Para entonces el mercantilismo seguía vigente. Los europeos no es-
taban ajenos (como en la conquista) a la doctrina colonizadora de
sacra auris famis (sagrada hambre del oro). En el caso de los maynas,
con una cultura recia y rebelde, semejante a la de sus congéneres de
habla jíbaro, sea en las cordilleras del Cutucú o interiores de Macas,
rió Upano, etc., tal vez habrá sido un obstáculo imposible de cruzar?
La región del Marañón, llamemos, en la época de oro, apenas treinta
años posterior a los relevantes personajes como el padre Juan Mag-
nin, Pedro Vicente Maldonado, Schindler, Samuel Fritz, La Conda-
mine, entre muchos, era una zona donde los colonizadores en Quito
o en la selva producían o produjeron conocimiento, escribieron dia-
rios de campo y de viaje, etnografías, mapas y descripciones rele-
vantes, rescataban también el patrimonio oral de las naciones y
culturas que desaparecían rápidamente. Los indígenas por su parte
tuvieron que contender con problemas históricos de envergadura: a)
Hugo Burgos Guevara
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2 Ver Diario de Viaje de la Expedición a Jaén y Tomependa, Perú, de Hugo Burgos: Tras las huellas
de Carlos Montúfar acompañando a Humboldt 1802 . (Octubre de 2013). Inédita.
la falta de tierras agrícolas y la necesidad de trashumancia, b) la ne-
cesidad de evadir las prisiones y presiones de las reducciones; c) la
traición de sus propios compañeros que se prestaban para buscar
“prófugos o cimarrones maynas,
3
d) discriminación racial que les
producía baja estima y desconocimiento del “otro”, acentuando el
enfrentamiento, cultivando ambas civilizaciones prejuicios y un et-
nocentrismo malsano. Tal sería la tarea de los nuevos religiosos que
irían a reemplazar a los “expulsos”, si se aceptaba el consejo del In-
geniero Francisco Requena. Estaban, pues, en condiciones y habían
suficientes “obreros para cultivar la miel”, según la metáfora de Cris-
tóbal de Acuña?
4
Argumentos de los delegados de Popayán y de Cuenca
Las razones del firmante Miguel Unda y la y de sus asesores
llegó a ser la siguiente y se comunicó al Sr. Virrey, como sigue:
“PRIMERA. El futuro obispado de Cuenca a este respecto no tiene
fuerza para sostener aquellas misiones dando que el ingreso del Pre-
lado su vuelta, salida sean tan fáciles como el Ingeniero las figura.
Cuenca, Guayaquil y Loja son tres ciudades populosas, y las principa-
les cabezas de provincia que comprenderá el futuro obispado de
Cuenca, pero todas tres juntas con los lugares que se les subordinan,
no tienen copia de eclesiásticos que puedan destinarse al Ministerio
Apostólico de las referidas misiones. Son muy pocos los clérigos se-
culares que las habitan. Cuenca que es la principal donde se ha de fijar
la silla episcopal no tiene más que treinta y seis. En Guayaquil hay solos
cuatro. En Loja, seis. Las religiones tienen sus conventos en estas ciu-
dades cada uno tan pequeño que rara vez llega a ocho sujetos com-
prendidos el prelado y los legos. La religión de la Merced no tiene
convento alguno en las mencionadas ciu/folio 20va./dades, excepta
una casa de mero Hospicio en Cuenca. Siendo pues necesarios cuando
menos treinta misioneros para Maynas, ya comprenderá que vuestra
Excelencia que la futura Iglesia de Cuenca no es capaz de ministrarlos.
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3 Ver la masacre, en Descubrimiento del Río Nucuray por Juan Magnin, Documentos del Archivo
Nacional. Madrid. 1745.
4 La crónica prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazonas, por Hugo Burgos G. 2006.
No dudo que con el tiempo abundará más en clérigos seculares, pero
es necesario que pasen muchos años para que se ponga en estado. Un
seminario, un plan de estudios eclesiásticos y otros medios precisos,
para formar clerecía suficiente no son obra de un día ni que se la haya
de hallar el nuevo prelado de esa Iglesia. Al contrario en la sola ciudad
de Quito sin contar las de su dependencia villas y pueblos, que quedan
de esta parte hallamos muchas ventajas para el fin propuesto. El Semi-
nario Conciliar establecido desde cerca de dos siglos acá; otro Colegio
Real intitulado de San Fernando a cargo de los padres dominicos, la
Universidad de Santo Tomás con estudios generales que han florecido
mucho, hacen un manantial perpetuo de eclesiásticos idóneas por lo
que sin dificultad proveyó en el día de la expatriación de regulares ex-
tinguidos el ilustrísimo señor obispo, doctor don Pedro Ponce y Ca-
rrasco, sobre treinta clérigos seculares que inmediatamente pasaron a
ocupar dichas misiones, las que administraron más de dos años, hasta
que el señor Presidente Don Josef Diguja (por motivos que ignoro) re-
cogió los misioneros clérigos y encomendó las dichas misiones a la re-
ligión de San Francisco; y para que comprehenda Vuestra Excelencia
lo numeroso que es esta en Quito, consta que al punto proveyó todos
los sujetos necesarios para substituir a los clérigos”.
Aducen los contrarios que los jesuitas de Quito adquieren
constantemente muchos caudales:
Por otra parte se halla hecha en Quito la imposición de los auxilios
temporales precisos para el costeo de los misioneros en provisión, viaje,
estipendios, sustentos personales y ornato de sus iglesias. Sobre las
casas de Quito, están hechas las situaciones de todas estas expensas,
las de Cuenca dudo alcancen a sufragarlas cuando sea preciso hacerlas
en el fondo de la Real Hacienda, que, contienen, los Regulares extin-
guidos adquirieron para el fomento de las Misiones de Maynas, algu-
nos caudales de personas pías que los destinaban a este obispado que
quedará de Quito después de la división, sino inmediata a la capital.
Al tiempo de la expatriación se ocuparon estas haciendas por tempora-
lidades, que poseían dichos regulares y como son cuantiosas no pueden
menos de sufragar un producto considerable para el auxilio de dichas
misiones y alivio de la Real Hacienda. Todas estas conveniencias asis-
ten al obispado de Quito y faltan al de Cuenca para la conservación de
misiones tan importantes. De suerte que en lo espiritual y político es
Hugo Burgos Guevara
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indubitable la mayor capacidad y comodidades de este obispado para
administrarlas y servirlas con incomparables ventajas al de Cuenca.
Especialmente si el futuro prelado aplica su celo como es preciso a la
reforma y arreglo de tan bellas proporciones que ha de hallar en esta
capital, para objeto de tanta importancia.
SEGUNDA. Opinan que el Ingeniero no divide proporcionalmente
entre Quito y Cuenca los nuevos territorios y misiones.La Segunda
razón que me inclinó a este dictamen se funda en el mismo Plan del
Ingeniero Requena. Propuesto este que el Obispado de Quito aunque
se le desmembrasen las tres provincias de Cuenca, Loja y Guayaquil,
quedará todavía de una extensión dilatadísima y con casi phísica im-
posibilidad de poderla visitar un solo prelado, que si se reparte entre
los dos de Quito y Cuenca las misiones de Quijos, Macas y Maynas, de
mediado el trabajo se haría más soportable a cada uno de los prelados.
Desde luego es la propuesta especiosa, pero comprendido el medio de
división que sugiere, resulta de ninguna utilidad de Quijos, este es los
pueblos situados en las riveras de solo el río Napo al de Cuenca, los de
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Relación de las MIsiones de Maynas con motivo de la creación
del Obispado de Cuenca, 1776
Elaborado por H. Burgos G., 2014
Mapoteca de límites, cartografía y límites, 2013. Ministerio de Relaciones Exteriores
y Movilidad Humana del Ecaudor
Macas y Maynas, esto es todas las reducciones y poblaciones fundadas
y por fundar en las riberas del río Marañón y de todos los que le tribu-
tan sus aguas. Quien ignorare en que estos dos ríos está el nervio de
las misiones y conversiones de los infieles, se dejará fácilmente sor-
prender de tan hermosa proposición porque nada más congruente que
partir entre dos el peso de uno lo no alcanza a soportar. Pero deberá
tener vuestra excelencia presente: /folio 21/que este medio de división
no proporciona el trabajo entre los dos prelados, sino lo hecha cuasi
todo sobre el Obispo de Cuenca. Es el caso que en las riberas del río
Napo, no subsisten al presente más que tres reducciones tan pequeñas
que de todas tres no puede componerse un pueblo regular, como lo in-
formó el superior que fue de dichas misiones, después de expatriados
los regulares ex jesuitas Dr. Don Manuel Mariano de Echeverría pre-
bendado de esta Santa Iglesia en los autos de materia. La primera de
estas reducciones es nombrada la de Capucui; la segunda del nombre
de Jesús; la tercera de Payaguas. En las riberas del Marañón y de los
muchos ríos que se le unen antes de las juntas con el Napo están los
pueblos mayores como Laguna, Omaguas, Pebas, Ticunas, Geberos, Yu-
rimaguas, Chamicuros, Muniches, Varaderos, Caguapanas, Chayavitas, con
las ciudades de Borja y Santiago y otros muchos pueblos menores y reduccio-
nes de infieles. De suerte que en la realidad el proyecto del ingeniero no
dimidia (sic) la carga, sino la hecha toda sobre el obispado de Cuenca,
pues qué proporción de tres pueblos los más pequeños que se reservan
para Quito con más de treinta los mayores, que se destinan para
Cuenca?
Esta reflexión hace visible la desigualdad con que ha proyectado el In-
geniero su plano, el que si fuese tan ajustado a la topografía, como lo
es a las demarcaciones geográficas, fuera algo más tolerable, supuesto
que aún respecto de estas manifestaciones. Luego su desproporción.”.
Ahora bien será proyecto racional el que obliga al obispo de Quito para
que interne por caminos dificilísimos altas montañas, ríos peligrosos y
otros muchos riesgos, a más de quinientas leguas de distancia para vi-
sitar tres reducciones, las más pequeñas de todo ese distrito? Ya se ve
que el buen pastor debe dejarlas noventa y nueve ovejas dentro del
redil y pasar en solicitud de aquella sola que se le escapa.”
TERCERA. Que el Obispo de Quito entre al Marañón por el Napo:
“Ya se ve que el buen pastor debe dejarlas noventa y nueve ovejas den-
tro del redil y pasar en solicitud de aquella sola que se le escapa. Pero
no es conforme a razón, que de propósito se le ponga en necesidad de
charcha tan dilatada por un fruto tan pequeño. Yo no hallo dificultad
alguna para que el Obispo de Quito si llega hasta las juntas del Napo
Hugo Burgos Guevara
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con el Marañón deje de visitar todas las misiones de Maynas. Estas jun-
tas se hallan a tres grados veinte y cuatro minutos de latitud austral y a setenta
y dos grados de longitud de la meridiana de París, conforme a la carta de
don Carlos de la Condamine, que hizo su observación en una isla frente
a frente de la embocadura mayor de dicho Napo y halló por el cálculo
la diferencia de cuatro horas y tres cuartos entre los meridianos de Paris
y de dicha embocadura. De aquí que resulta que el obispo de Quito
para visitar los tres pueblos que se le asignan en proyecto deberá in-
ternar hasta los últimos términos de las misiones del Marañón donde
se le junta el Napo. Porque (como se percibe, por la carta citada de Con-
damine) muy poco más adelante siguiendo la corriente del Marañón
confinan las misiones españolas con las portuguesas ni de esta /folio
21ª/ Embocadura en adelante ocurren mas que los dos pueblos de
Pebas y Ticunas que sería facilicimo visitar y por consiguiente al regreso
todo lo que se hallan situados a una y otra rivera del Marañón hasta la
ciudad de San Borja, junto al Pongo de Manserriche, a cuatro grados
veinte y ocho minutos de latitud austral y a setenta y ocho y cuarenta
minutos de longitud desde el citado meridiano de Paris. El proyecto
pues de la mayor distancia del Marañón, al paso mismo, que por evi-
tarle un viaje tan dilatado aplica las Misiones de este río al Obispado de
Cuenca, sigue dando para el de Quito las puras misiones del Napo, es preciso
llegar a lo más remoto del marañón y fácil desde aquel punto recorrerlo todo
y visitar sus riberas, ya no subsiste la causa en que se funda dicho proyecto
sobre la distancia y dificultad de lugares tan remotos. Ha de llegar a ellos el
obispo de Quito que se adjudique el Marañón a Cuenca. Luego la ad-
judicación no lo exonera de aquel viaje y el excusarle de la visita de los
pueblos después de constituido en el paraje donde se hallan estos no
solo no le será de alivio sino de desconsuelo, hallándose en tanta pro-
ximidad sin jurisdicción para socorrerlos, visitarlos ni asistirlos.”
CUARTA. Argumenta Miguel de Unda y Luna que el Obispo de Quito
puede salir a las Misiones de Maynas por el Pastaza-Bobonaza:
Ya se ve que el buen pastor debe dejarlas noventa y nueve ovejas dentro
del redil y pasar en solicitud de aquella sola que se le escapa. Pero no
es conforme a razón, que de propósito se le ponga en necesidad de
charcha tan dilatada por un fruto tan pequeño. Yo no hallo dificultad
alguna para que el Obispo de Quito si llega hasta las juntas del Napo
con el Marañón deje de visitar todas las misiones de Maynas. Estas jun-
tas se hallan a tres grados veinte y cuatro minutos de latitud austral y a setenta
y dos grados de longitud de la meridiana de París, conforme a la carta de
don Carlos de la Condamine, que hizo su observación en una isla frente
a frente de la embocadura mayor de dicho Napo y halló por el cálculo
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la diferencia de cuatro horas y tres cuartos entre los meridianos de Paris
y de dicha embocadura a cuatro grados veinte y ocho minutos de lati-
tud austral y a setenta y ocho y cuarenta minutos de longitud desde el
citado meridiano de Paris. El proyecto pues de la mayor distancia del
Marañón, al paso mismo, que por evitarle un viaje tan dilatado aplica
las Misiones de este río al Obispado de Cuenca, sigue dando para el de Quito
las puras misiones del Napo, es preciso llegar a lo más remoto del marañón y
fácil desde aquel punto recorrerlo todo y visitar sus riberas, ya no subsiste la
causa en que se funda dicho proyecto sobre la distancia y dificultad de lugares
tan remotos. Ha de llegar a ellos el obispo de Quito que se adjudique el
Marañón a Cuenca. Luego la adjudicación no lo exonera de aquel viaje
y el excusarle de la visita de los pueblos después de constituido en el
paraje donde se hallan estos no solo no le será de alivio sino de des-
consuelo, hallándose en tanta proximidad sin jurisdicción para soco-
rrerlos, visitarlos ni asistirlos.
QUINTA. Opina el Delegado Unda y Luna que también los de Quito
pueden entrar por los ríos Paute-Santiago, pero se encontrará con los
“jíbaros”.
Híceme también cargo de lo que el Académico don Carlos de la Con-
damine, con motivo de haber llegado a San Tiago de las Montañas y
río de este nombre (que es el mismo de Paute) expone cerca de esta bre-
vedad de camino como de sus dificultades. Llegue (dice) a Santiago de
las montañas, lugarejo situado el día de hoy a la embocadura del Rio
del mismo nombre y formado de las reliquias de una ciudad que había
dado el suyo a este río, sus riberas están habitadas de una nación in-
diana llamada jíbaros, en otro tiempo cristianos, y rebelados de un siglo
acá contra los españoles, en bosques inaccesibles se mantienen en in-
dependencia e impiden la navegación de este río por donde se podría
descender cómodamente en menos de ocho días desde los contornos
de Loja y Cuenca de donde había partido yo por tierra dos meses antes.
El temor que inspiran estos indios ha obligado al resto de los habitantes de
Santiago a mudar dos veces de morada y a defender hasta la embocadura del
río en el Marañón, cerca de cuarenta años ha. La relación de este viajero
supone que por esta vía pudiera defenderse desde Cuenca al Marañón
en menos de ocho días, pero no es el derrotero que siguió para su en-
trada al Marañón ni propone aquí más que una de sus conjeturas, la
que solo pudo concebir verosímil a vista de la sierra que corta y atra-
viesa el río de Santiago. No es sino muy frecuente el que los senderos
tomen distintos giros y rodeos que los alargan y dificultan donde pa-
recen más corrientes /folio 23ª/ mirados por elevación-
Hugo Burgos Guevara
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Y si la conjetura del sabio académico es falible no obstante de haberla
formado al pie de la misma sierra y en la misma embocadura del Río,
cuanto más debe serlo la del ingeniero que no ha entrado al Marañón,
ni aproximadose tanto a las observaciones del Río de Santiago. Es pre-
ciso que exponga sus conjeturas confiado solo en las cartas de este via-
jero y los otros lo que las deja en mayor estado de desconfianza y de
que se aventure el resulto de sus proyectos. La rebelión de que habla
este viajero es sin duda la que acaeció por el año y siglo pasado de mil
seiscientos y sesenta, con motivo de que un gobernador de Maynas
destinó al capitán don Marín de la Riva para que con tropa y armas su-
biera el río de Santiago, desde donde se junta con el Marañón, hasta
dar con los Jíbaros y hacer su conquista.
SEXTA. Los comisionados para la división de territorios, a causa de la
erección del Obispado de Cuenca, argumentan que la dificultad que
habría si la entrada del nuevo obispo a Maynas pudiera por el río Paute
a cuyas orillas están los restos de la ciudad de Logroño y aquella de
Huamboya:
Otra población ocurre sobre las riberas del mismo Río de Paute al des-
colgarse este de la cordillera oriental de los Andes, que es la antigua
ciudad de Logroño, de cuya destrucción hace memoria don Antonio
de Ulloa, Libro sexto, capítulo cuarto, número ochocientos cincuenta
y uno y hay tradición de que los dichos jíbaros después de haber jurado
vasallaje al Rey se sublevaron a principios del siglo pasado atacaron
esta ciudad mataron a todos los españoles que moraban en ella
/folio24/ Y la redujeron a cenizas después de haberla saqueado y ro-
bado sus riquezas que eran grandes con otra población considerable
nombrada Guamboya. Don Pedro Maldonado fija el mapa donde existió
esta ciudad sobre tres grados de latitud meridional y ochenta de longitud desde
el meridiano de París, de suerte que estuvo fundada al pie del mismo de la Cor-
dillera Oriental de los Andes y por consiguiente a la entrada de la mon-
taña de los Jíbaros o en las cercanías de esta. Consta pues por memorias
antiguas que bajando de Cuenca por Paute se ha internado hasta donde
estuvo la mencionada ciudad de Logroño, subiendo del Marañón, por
el Río Santiago hasta la población donde llegó el capitán don Martín
de la Riva. Pero no hay documentos alguno de que se haya penetrado
la montaña de los jíbaros que está metida entre los parajes de la referida
población a la antigua Logroño, ni bajando el río o atravesándolo de
norte a sur ni subiendo de sur a norte, según las extremidades en que
se figuran estas poblaciones. Antes bien las historias del Marañón ase-
guran que la nación de los jíbaros no como quiera ha sido un embarazo
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para navegar el río Santiago, sino con belicosa y guerrera ha desolado
los países inmediatos arruinando no solamente los pueblos pequeños,
sino aun las ciudades y lugares opulentos de españoles como Logroño
y Guamboya, de que no quedó vestigio alguno, sino la trágica memoria
de una sangrienta carnicería que de sus habitantes hicieron los barba-
ros.
Concluyen los argumentos de los comisionados, notando supues-
tas inexactitudes de Requena
Concluyo este artículo notando en un punto de geografía
que el ingeniero supone se pasa a la provincia de Maynas por el de
Santiago salvando el Pongo de Manseriche. Lo que no es así; por que
según las cartas y seguras relaciones que se tienen de la situación de
este Pongo, cae en un estrecho más abajo de donde el Río Santiago
se incorpora con el Marañón. Así lo describe el sabio académico La
Condamine que compuso su carta topográfica de este Pongo: “El
Canal del Pongo (dice) cavado a manos de la naturaleza, comienza una
corta media legua mas debajo de Santiago y va estrechándose mas y mas de
suerte que de dista cincuenta toezas (a lo menos) que tiene bajo el encuentro
que veinte y cinco toezas es su mayor estrecho.
Esta canal pues, es un paso necesario e inevitable para los que de la
ciudad de Santiago pasasen a las misiones del Marañón y Maynas,
como lo es para los que entran a éstas por las cercanías de Jaén, si-
guiendo el derrotero que llevó dicho a La Condamine. Con que el ca-
mino designado por el ingeniero no quita a los misioneros el susto y
asombros que ha causado siempre este canal. Antes bien por las dos
entradas de Quito (que llevo referidas) se salva ciertamente el peligro
de este paso, porque los ríos del Pastaza y Napo desembocan en el Ma-
rañón, mucho más abajo del Pongo de Manserriche. De suerte que el
prelado que bajare por cualquiera de ellos puede visitar, (excepto sola-
mente la ciudad de Santiago), todas las reducciones y todo el distrito
de las misiones del Marañón, desde la ciudad de Borja, que cae bajo el
Pongo hasta el pueblo de Ticunas, que confina con las misiones portu-
guesas sin pasar esta canal.
Hugo Burgos Guevara
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Estrecho del Pongo de Manserich
Tomado de: Ecuador en las páginas de “Le Tour Dumonde”. Charles Wiener
1879-1882, Consejo Nal. De Cultura, Irving Zapater. 2011
El otro camino que ha propuesto el ingeniero para la entrada del obispo
de Cuenca, desde luego no tiene dificultad en cuanto a su apertura y
derroteros, pero debe vuestra excelencia advertir que este es uno de los
dos que pertenecen al de Quito, circunstancia que no previno dicho in-
geniero en su plano como lo dejo notado, y trata de este camino en los
términos generales que siguen: “Cuando no quisiere hacer (dice) el costo de
esta apertura de camino o se conceptuase arriesgada por los infieles, podría el
obispo de Cuenca entrar /folio 25ª/ por Andoas en el Marañón (Requena).
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Epilogo de una travesía demarcatoria en Cuenca
Al cabo de cuatro años de haber emprendido una disputa
para dotar de límites al obispado de Cuenca, desmembrado del de
Quito, y particularmente haber hecho hasta lo imposible para des-
deñar la idea de Requena de que las importantes Misiones de Maynas se
quedasen en el antedicho Obispado de Cuenca, es decir en el Virreynato de
Santa Fe, Miguel Luna y Unda, y el resto de autoridades del Corre-
gimiento y Gobierno de la ciudad, recibieron la noticia, de que el
gran comisionado Unda y Luna no podría regresar a seguir sus la-
bores de Maestreescuela en Popayán, pues se lo impedía una gran
rebelión de 1777, de los llamados indios de Otavalo, Cotacachi, Atun-
taqui, San Pablo, es decir todas las etnias del Norte con epicentro en
el corregimiento de Otavalo. Las causas de esta sublevación no son
parte de nuestro trabajo.
Para justificar su inasistencia a Popayán Unda tuvo que en-
causar una Declaración con testigos, que argumentaban así:
La parte del Señor Maestre escuela de Popayán doctor don Miguel de
Unda y Luna, presentó ante el señor capitán Don Fernando Bustamante
Y Cevallos, caballero de Santiago, alcalde ordinario de esta ciudad, sus
términos y jurisdicción por su majestad por testigo al capitán de mili-
cias don Alonso Feijoo, regidor perpetuo fiel ejecutor del ilustre cabildo
justicia y regimiento de la villa de Riobamba, de quien por ante mi se
le recibió juramento de decir verdad en lo que fuere preguntado y sién-
dolo examinado al thenor de las preguntas de uso con su inteligencia
dijo y declaró lo siguiente. A la primera dijo que es constante pública
y notoria la sublevación de los indios de Otavalo, Cotacachi, Cayambe,
Auntaqui, acaecida el día 9 de noviembre último que obligó a que el
señor presidente pasase con tropa a pacificarlos de cuya expedición se
restituyó a esta capital el dia veinte y uno de diciembre del año proxime
pasado que durante esta comision en que han practicado los indios
inauditos excesos y crueldades en la gente blanca, teniendo tomados
los caminos nadie se atrevio a transitarlos por no perder la vida a
manos de estos bárbaros por cuyo motivo tampoco pudo pasar el co-
rreo ordinario que trae las correspondencias del publico, así de Santa
Fe como de España, habiéndose detenido en la villa de Ibarra de donde
Hugo Burgos Guevara
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regresó sin llegar a esta capital por haber tenido los indios ocupados
los caminos intermedios hostilizando a los pasajeros y llenándoles de
terror con sus irrupciones.
Otra causa de carácter climático vendría a impedir el fácil re-
greso del Comisionado Unda, esto es, un fuerte invierno que duró
cuatro meses en Cuenca y regiones del norte, afectando la travesía
CuencaPopayán, cerca de 400 leguas de caminos difíciles a lomo de
mula y carretones, de modo que llegado el año 1778, Unda no podía
pisar todavía las puertas de su Catedral en Popayán:
Asi mismo es cierto, público y notorio en esta ciudad el riguroso in-
vierno y continuo flujo de llover que se ha experimentado desde la na-
vidad hasta el presente en que se continúa por lo cual como el
declarante ha transitado muchísimas veces el camino que dirige de esta
a la ciudad de Popayán de suyo áspero y trabajoso, aún en temporal
benigno y seco hace que con tan recia y continuada lluvia extraña e
irregular no puede menos que hallarse aquel camino intransitable por
la copia de peligros que tiene en sus repetidos malos pasos asperísimas
montañas graves precipicios, acrecentamiento de los ríos y demás in-
clemencias que no podrán practicarse sin conocido inminente y conti-
nuado riesgo de la vida, según se lo tiene enseñado su propia
experiencia y práctica.”
Acontecmientos posteriores
El cambio de opinión de Requena para negociar con el presidente de
la Audiencia de Quito, y el propio virrey del Perú.- Agotado Re-
quena de convencer de que las misiones de Maynas se debían quedar
a cargo del Obispado de Cuenca; negada esta posibilidad por los pro-
pios personeros del Virreynato de Sta. Fe, por los primados de
Cuenca, quien sabe si hasta por la sociedad cuencana, de no querer
llevar a efecto el esfuerzo monumental que había hechos los jesuitas
desde 1638 hasta 1767, los acontecimientos fueron cediendo en crear
un propio obispado y este sería en Maynas. Al respecto María Elena
Porras ha hecho el seguimiento, en su obra Gobernación y Obispado
de Mainas (1987). También Alfonso Anda Aguirre, destacado en estos
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temas, ofrece nuevas luces con su libro: Primeros Gobernadores de May-
nas. Los Generales Vaca de Vega. Aquí se perfila como el Ing. Requena
entra en alianza con el presidente de Quito, José Diguja, en donde
ya están más claros los intereses políticos, Diguja con su poder de
presidente quería establecer un puerto fluvial en el Marañón y tener
relación con los mercados europeos, aunque lo dudamos, este afán
era en nada descabellado, pues España tenía como obstáculo las
avanzadas de Portugal. Para entonces, Requena ha obtenido ya el
cargo de gobernador, y sus metas apuntaban a obtener ayuda tanto
en el campo espiritual como administrativopolítico. Está en procura
de la creación de un obispado y la conformación de una comandan-
cia general de la provincia, lo que se logra con la Cédula Real del 15
de julio de 1802, (Porras 1987: 117). Las Misiones quedaban a cargo
de los franciscanos de Santa Rosa de Ocopa. Esto sucedía casi un
cuarto de siglo después de que F. de Requena propusiera por una
década que Maynas se quedará bajo tutela de Cuenca, como se ha
demostrado. Los primados españoles del Virreinato de Santa Fé,
aquellos de Cuenca y Popayán, y la esfera pública misma, se había
negado a seguir manteniendo las antiguas Misiones de Maynas sin
jesuitas, lo cual ciertamente era necedad; pero es cierto que le dieron
ninguna importancia a la doctrina política de que las misiones sig-
nificaban también el mantenimiento de la territorialidad de España
contra los portugueses, y una herencia territorial para las futuras ge-
neraciones de la Audiencia y Presidencia de Quito, lo cual no llegará
a cumplirse acaso, por la miopía de las fuerzas económicas, políticas
y religiosas de la propia sociedad y nueva civilización que se había
beneficiado de ellas en tan largo periodo.
El trabajo de María Elena Porras es bien documentado desde
el punto de vista histórico, pero no político, pues sus letras dejan la
impresión de que el Ing. Requena siempre estuvo a favor de los inte-
reses del Virreinato del Perú, lo cual no fue así, para llevarse Maynas
y sus territorios. Aun la sociedad ecuatoriana actual piensa eso. Tal
cosa nunca existió. Por el contrario, Requena fue contrario a esa ten-
dencia; por una década debatió los rechazos dejados por el mediador
Miguel Unda y Luna. Este religioso debió ayudarse de un séquito de
Hugo Burgos Guevara
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conocedores del terreno, pues él mismo no podría presentar tantos
informes, como se ha indicado aquí. Unda no cejó en negarse a adop-
tar las misiones, y trasladó aquello al obispado de Quito. Pero en la
capital de la Presidencia de Quito, el Alma Mater, el Seminario y la
propia Compañía de Jesús, la biblioteca, ya habían quedado vacías.
Evangelización y gobierno en territorios coloniales tienen un
marco teórico y doctrinal. (Ver: Charles de Lannoy, 1907. Wilhelm
Roscher, 1944). Los dos términos necesitan mejor análisis pero los lí-
mites dados a nuestra obra, impiden profundizar una explicación.
Para el caso, Requena siempre quiso favorecer al recién creado Obis-
pado de Cuenca y reorganizar el gobierno y obispado de Quito, Qui-
jos, Macas y Maynas. Al presentársele tanta objeción, como se ha
demostrado, su alto conocimiento como negociador de límites terri-
toriales y eclesiásticos, posiblemente le haría girar su brújula en sen-
tido contrario. Su posición de geógrafo, político administrador,
estuvo entonces hacia donde las fuerzas que se imponía desde Ma-
drid y Roma bajo el Patronato. Hay informes de que Carlos III, el
Borbón, fue engañado e influido maliciosamente por “fuerzas ocul-
tas” para desterrar a los jesuitas del imperio “donde no se ponía el
sol”. Otras opciones recurren a la explicación de las Reformas Bor-
bónicas. Posiblemente la historia futura podría ratificar las nuestras,
y aun presentar mejores que las expresadas en el corto conocimiento
manifestado en esta obra.
La vida en las misiones de Maynas
No es este el lugar para trazar la etnografía de la epopeya je-
suita. Baste leer a Magnin y tantos otros que sobresalen con sus in-
formes.
Para ser objetivos, en las investigaciones de Burgos Guevara
en el Archivo Jesuítico de Roma, encontró datos muy variados. La
Sección N.R. et Quito 14, es ilustrativa como demografía y feligresía
de los nativos “bautizados”. Se ha comparado con otras numeracio-
nes del Marañón, y la diferencia es mínima. Se trata de “Razón y no-
ticia de las reducciones y pueblos que ha fundado y tiene la Compañía” (en
el Marañón).
La región amazónica en el futuro Obispado de Cuenca
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PUEBLOS No. de almas
de los bautizados
Ciudad de S. Francisco de Borja 22 800
Stos. Ángeles de Roamaynas 8 095
San Xavier de Gayes 4 030
Reducción de Pebas 315
Reducción de Aucugeos 150
Reducción de Semigayes 80
Concepción de Xeberos 22 320
Na. Sra. De Loreto de Paranapuras 2 300
Loreto de Cahayavitas 3 200
P. de Estanislao de Otanabis 3 200
San Ignacio de Mayorunas 4 300
Sta. María de Guallaga Sn Joseph de Maparinas 5 200
San Antonio de Aguanos 3 200
San Xavier de Chamicuros 8 200
San Lorenzo de Aibilitos 2 600
Cartagena de Gitipos 5 900
Sta. María de Ucayales 5 000
San Joaquin de Omaguas 45
32 islas pobladas de esta nación
Sma. Trinidad de los Cunibos y Manolobos 400
TOTAL DE BAUTIZADOS 101 335
Habrá que hacer una crítica a estas sumas, pero no se puede negar
que una parte de la población nativa de las naciones ubicadas a
ambos lados del Marañón del siglo XVII y XVIII, sí se mantuvo alre-
dedor de la iglesia, pero no exento del trabajo servil para los colonos
y gobernadores. Pero, tampoco olvidada de fugas frecuentes o ale-
jamientos colectivos como “indios cimarrones”
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Matrimonio y fiesta en el centro ceremonial de una reducción del Marañón
Tomado de Ecuador en las páginas de “Le Tour Dumonde”. Charles Wiener 1879-1882,
Consejo Nacional de Cultura, Irving Zapater. 2011
Conclusiones
• Proponer la investigación de una controversia colonial en la amplia
región amazónica, tanto del llamado Alto Marañón como del Bajo
Marañón, es tomar la investidura de ecuanimidad, objetividad y
ponderación, porque se trata de un proceso de vidas humanas que
formaban un triángulo de aspiraciones e intereses. Primero, la vida
y cultura de los llamados “infieles” que se enfrentan a la coacción
del cambio de su cultura. Miles de hombres y mujeres que desco-
nocían el sistema de valores de Occidente en una versión casi me-
dieval. Por otro ángulo, los misioneros extranjeros, mayormente
españoles pero también alemanes, suizos, etc. los que también em-
piezan un penoso sistema de adaptación cultural, desde sus taber-
nas e iglesias de la parte sur de Europa, a forzar en la ciudad
española de Quito, una vida de ascetismo, esfuerzo físico y mental,
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y más en la planicie selvática, conocer y bogar grandes ríos, un su-
ceso cultural, no exento de abnegación, pero también aprender a
defenderse y acaso odiar al próximo, como cualquier ser humano
en trance agudo de cambio cultural. Y finalmente, la fusión del Es-
tado-Iglesia en el Patronato, dirigentes espirituales con objetivos
del temprano mercantilismo en busca de tributos, recursos y vida
nueva. Los seres que entraron a este triángulo axiomático pusieron
en juego su vida y por parte de los indígenas, su vida y derechos,
por entonces desconocidos, con la sola alternativa de los levanta-
mientos, la huida al bosque húmedo, la servidumbre. Aprender a
cargar otro ser humano –su colonizador, y subir la cordillera así
cargado, cuando solo habían aprendido a cargar monos después
de la caza. La evangelización amazónica tiene las características de
haber sido de un contacto violento y receloso, engañoso por ambas
partes, de modo que la misión de los europeos colonizadores,
evangelizadores, contando excepciones maravillosas, como de
Schindler, Magnin, Ritcher, Figueroa, etc., fue la de querer convertir
un sueño espiritual contando con una realidad cultural mejor en-
trenada para contender con las ambiciones humanas, sumamente
entrenada para vivir en la soledad de la selva, como había sido, si-
quiera por dos mil años. Salían ganadores los neófitos nativos, por-
que habían aprendido a defenderse, teniendo a su favor el
conocimiento de la selva, los ríos, el intercambio de lenguas dife-
rentes, aficionados a la libertad, los rituales, la embriaguez y el sexo.
El paradigma indígena parece haber sido esperar y actuar
dramáticamente frente a la nueva sociedad que funcionaba como
”huésped ingrato” en América, pero también el otro lado, aprender
los trucos y mañas de Occidente. La misión por su parte, ofre-
ciendo también los valores espirituales del Viejo Mundo, tampoco
se puede negar. Este fue el escenario de los valores enfrentados, en
donde se representaron dos máscaras, tratando de engañarse la
una a la otra.
• En el campo de la ciencia, esta clase de conflictos territoriales deja
un bien agregado, el conocimiento de una antigua geografía y de
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sistemas culturales que para el entrenado observador luce como
una película de imágenes controvertidas, pero que han actuado de
un escenario maravilloso, como ha sido en el pasado las corrientes
de los ríos que han bajado y bajan del Ecuador prehispánico, for-
mando el Amazonas Septentrional, hábitat añejo que ha visto nacer
y fenecer a muchas civilizaciones aborígenes, que se volvió crucial,
como el caso de las Misiones de Maynas, por casi doscientos años.
• El estudio de esta clase de controversias del pasado, aplicando las
teorias y métodos de la interculturalidad que proporcionan las
ciencias antropológicas, se convierte en gran oportunidad de es-
trechar los lazos de solidaridad y colaboración científica, histórica
y cultural, haciendo de esta historia, etnohistoria del Amazonas,
de esta antropología, un objetivo común de estudio y beneficio
conjunto, entre los dos países resultantes, Ecuador y Perú.
Parte alta del puerto de Napo en los Quixos (Ecuador)
Osculatti, Fig. 2. 1895. Elaboración H. Burgos
Agradecimientos
El autor agradece a Carla Echeverría-Muñoz y a José Eche-
verría- Almeida por la ayuda prestada para ensamblar este trabajo.
Igual para el Ministerio de Relaciones del Ecuador, especialmente al
señor Embajador Dr. Juan Salazar y señor Rafael Gómez O., director
de la Mapoteca. Ha sido impecable el trabajo de paleografía de la
historiadora Alexia Ibarra. Hago extensivo el reconocimiento al Dr.
César Alarcón Costta, director de la Academia, por el interés para
que se publique esta nueva impresión.
El proyecto geográfico y antropológico de Burgos se llama
Relación Histórico-política y geográfica de la Región Amazónica del
Ecuador. El presente es la 1ª. Fase. La 2ª contendrá más datos, pues
los documentos que reposan en el Archivo General de Indias de Se-
villa, suman alrededor de 400 fotogramas en microfilm, que deben
ser adquiridos y estudiados. Que así sea, pues la investigación cien-
tífica no debe detenerse sin la producción de conocimiento histórico.
Bibliografía
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BURGOS GUEVARA, Hugo. La crónica prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazo-
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BURGOS GUEVARA, Hugo. Documentos y microfilms amazónicos catalogados y fi-
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nado, hechas sobre las Observaciones Astronómicas y Geográficas de los
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MISIONEROS DE MAYNAS. Madrid. 1750
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