Macas y Maynas, esto es todas las reducciones y poblaciones fundadas
y por fundar en las riberas del río Marañón y de todos los que le tribu-
tan sus aguas. Quien ignorare en que estos dos ríos está el nervio de
las misiones y conversiones de los infieles, se dejará fácilmente sor-
prender de tan hermosa proposición porque nada más congruente que
partir entre dos el peso de uno lo no alcanza a soportar. Pero deberá
tener vuestra excelencia presente: /folio 21/que este medio de división
no proporciona el trabajo entre los dos prelados, sino lo hecha cuasi
todo sobre el Obispo de Cuenca. Es el caso que en las riberas del río
Napo, no subsisten al presente más que tres reducciones tan pequeñas
que de todas tres no puede componerse un pueblo regular, como lo in-
formó el superior que fue de dichas misiones, después de expatriados
los regulares ex jesuitas Dr. Don Manuel Mariano de Echeverría pre-
bendado de esta Santa Iglesia en los autos de materia. La primera de
estas reducciones es nombrada la de Capucui; la segunda del nombre
de Jesús; la tercera de Payaguas. En las riberas del Marañón y de los
muchos ríos que se le unen antes de las juntas con el Napo están los
pueblos mayores como Laguna, Omaguas, Pebas, Ticunas, Geberos, Yu-
rimaguas, Chamicuros, Muniches, Varaderos, Caguapanas, Chayavitas, con
las ciudades de Borja y Santiago y otros muchos pueblos menores y reduccio-
nes de infieles. De suerte que en la realidad el proyecto del ingeniero no
dimidia (sic) la carga, sino la hecha toda sobre el obispado de Cuenca,
pues qué proporción de tres pueblos los más pequeños que se reservan
para Quito con más de treinta los mayores, que se destinan para
Cuenca?
Esta reflexión hace visible la desigualdad con que ha proyectado el In-
geniero su plano, el que si fuese tan ajustado a la topografía, como lo
es a las demarcaciones geográficas, fuera algo más tolerable, supuesto
que aún respecto de estas manifestaciones. Luego su desproporción.”.
Ahora bien será proyecto racional el que obliga al obispo de Quito para
que interne por caminos dificilísimos altas montañas, ríos peligrosos y
otros muchos riesgos, a más de quinientas leguas de distancia para vi-
sitar tres reducciones, las más pequeñas de todo ese distrito? Ya se ve
que el buen pastor debe dejarlas noventa y nueve ovejas dentro del
redil y pasar en solicitud de aquella sola que se le escapa.”
TERCERA. Que el Obispo de Quito entre al Marañón por el Napo:
“Ya se ve que el buen pastor debe dejarlas noventa y nueve ovejas den-
tro del redil y pasar en solicitud de aquella sola que se le escapa. Pero
no es conforme a razón, que de propósito se le ponga en necesidad de
charcha tan dilatada por un fruto tan pequeño. Yo no hallo dificultad
alguna para que el Obispo de Quito si llega hasta las juntas del Napo
Hugo Burgos Guevara
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 311– 341