Años más tarde, cuando Wayna Qhapaq se estaba muriendo
de viruela, que se propagaba más rápido que los conquistadores es-
pañoles, tres t’inrikuna supuestamente se le aparecieron para convo-
carlo al más allá (p. ej., Pizarro [1571] 1917:39; Cobo [1653] 1979:
160-161).
3
Tras la muerte de Wayna Qhapaq, fue momificado y
Chimpu Sanktu fue seleccionado para encabezar la procesión fúne-
bre de su padre desde Quito hasta Cuzco. A su llegada a Cuzco, un
enfurecido Waskar —uno de los hijos biológicos de Wayna Qhapaq
y un contencioso sucesor al trono inka— ordenó que Chimpu Sanktu
fuera arrojado a un sakay, una mazmorra inka llena de serpientes,
pumas y osos. Chimpu Sanktu sobrevivió varios días en cautiverio,
fue liberado y luego se le permitió acompañar a la momia de Wayna
Qhapaq a sus propiedades imperiales personales en Yucay, a las
afueras de Cuzco, donde continuó cuidando de su padre adoptivo
hasta la llegada de los conquistadores españoles (Diez de Betanzos
[1576] 2004:243-244).
La historia de Chimpu Sanktu es particularmente impor-
tante, ya que detalla varias trayectorias potenciales de un hank'a den-
tro del Tawantinsuyu; la experiencia de Chimpu Sanktu no fue la
misma que la de su compatriota Cara; fue elevado dentro del impe-
rio debido a su diferencia física. Si bien Diez de Betanzos es el único
escritor conocido que mencionó a Chimpu Sanktu, existen algunos
detalles peculiares que surgen de otras fuentes. A finales del siglo
XVI, un individuo llamado Pedro Cochachín ([ca. 1580] 1970:108-
La cuarta calle: reconociendo el legado
de la diferencia corporal y la discapacidad dentro del imperio Inka
BOLETÍN ANH Nº 213 • 279– 309
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3 Había un mito del Manuscrito de Huarochirí ([ca. 1608] 1983: 98-103) que relataba que el
Wayna Qhapaq supuestamente murió era simplemente un doble. El Wayna Qhapaq original
viajó con Wiraqucha, el dios creador, al lago Titicaca. Mientras estaba allí, Wiraqucha envió
mensajeros a Pachakamaq, su padre, para recuperar a una hermana de este último del Mundo
Inferior. Cuando los mensajeros regresaron, llevaban un cofre. Supuestamente cuando Wayna
Qhapaq abrió el cofre, comenzó a caer un rayo, y dentro del cofre encontró a una t’inri
(“enana”) con cabello dorado. Inmediatamente, el Sapa Inka se enamoró de ella y decidió irse
con ella, aunque adónde iba es ambiguo. Wayna Qhapaq envió a un sustituto de su propia
panaqa para que viviera el resto de sus días como si fuera el Sapa Inka. Sabine MacCormack
(1991: 310-311) interpretó el final de esta historia como la partida de Wayna Qhapaq al más
allá, a Upamarka (la tierra de los mudos). Argumenta que este mito se consideraba profético
del fin del Tawantinsuyu, ya que tanto Wayna Qhapaq como el creador abandonaron a su pue-
blo. El creador permitió que esto sucediera y les dio la espalda. Wayna Qhapaq refutó las nor-
mas matrimoniales y reveló su identidad. Esta es otra historia en la que un enano estuvo
involucrado en la transición de Wayna Qhapaq al más allá.