BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. José Echeverría–Almeida
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
COMITÉ EDITORIAL
Dr. José Echeverría Almeida Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
Dra. Rocío Rosero Jácome
Dra. Libertad Regalado Espinoza
MSc. Bayardo Ulloa Enríquez
Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
Dr. José Echevería–Almeida Universidad Técnica del Norte
COMITÉ CIENTÍFICO
Dra. Katarzyna Dembicz Universidad de Varsovia-Polonia
Dr. Silvano Benito Moya Universidad Nacional de Córdoba/CONICET- Argentina
Dra. Elissa Rashkin Universidad Veracruzana-México
Dr. Stefan Rinke Instituto de estudios latinoamericanos/ Freie Universität Berlin-Alemania
Dr. Carlos Riojas Universidad de Guadalajara-México
Dra. Cristina Retta Sivolella Instituto Cervantes, Berlín- Alemania
Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
Dr. Justo Cuño Bonito Universidad Pablo de Olavide-España
Dr. Héctor Grenni Montiel Universidad Don Bosco- San Salvador
Dr. Pablo Solórzano Marchant Univesidad Católica Silva Henríquez – Chile
Dr. Tomás Caballero Truyol Universidad del Atlántico – Colombia
Dr. Julio César Fernández Universidad Nacional Pedro R. Gallo – Perú
Dra. Laura Falceri Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Jairo Bermúdez Castillo Universidad Sergio Arboleda – Colombia
Dr. Renato Ferreira Machado Facultad Salesiana de Porto Alegre – Brasil
Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
POLISEMIA Y MEMORIA EN EL TOPÓNIMO COTACACHI:
UN ANÁLISISDESDE LA LINGÜÍSTICA HISTÓRICA
Y LA COSMOVISIÓN ANDINA*
Raúl Clemente Cevallos Calapi
1
María Fernanda Cevallos Vaca
2
William Israel Tréboles Baroja
3
Juan Francisco Hinojosa Vallejo
4
Resumen
Este artículo analiza el origen y la evolución del topónimo
Cotacachi desde una perspectiva multidisciplinaria que articula en-
foques lingu�ísticos, históricos, antropológicos y filológicos.
A
partir de una revisión crítica de diversas hipótesis formu-
ladas entre los siglos XVI y XXI, se evidencia la riqueza polisémica
y la complejidad cultural de este nombre geográfico, profundamente
enraizado en la cosmovisión andina. El estudio valora interpreta-
ciones provenientes de lenguas como el aimara, kichwa, chapalachi,
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Vol. CII – Nº. 213
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Recibido: 01/06/2025//Aceptado: 31/07/2025
* Revisión académica: Dra. Berta Fabiola Alencastro Vaca
1 Investigador con formación multidisciplinaria en turismo, lingüística, educación, antropología
y ciencias sociales. Consultor para organismos internacionales, funcionario del Ministerio de
Educación y rector del ITS 17 de Julio. Reconocido como Maestro Insigne del Ecuador. Profe-
sor-investigador en diversas universidades y miembro de la Academia Nacional de Historia,
ha participado en congresos de historia en América Latina y Europa; raclece@hotmail.com
2 Abogada por la Universidad Católica del Ecuador y magíster en Derecho Penal por la Uni-
versidad Técnica del Norte. Ha ejercido funciones públicas en áreas laborales y jurídicas, y es
coautora de artículos científicos en el ámbito del Derecho y de Historia. Actualmente se de-
sempeña como abogada en libre ejercicio profesional; mafer_bs2611@hotmail.com
3 Abogado por la Universidad Central del Ecuador y magíster en Administración y Políticas
Públicas por la IEXE Universidad de Puebla, México. Secretario regional del Trabajo, ha ejer-
cido cargos directivos en el Ministerio del Trabajo. Capacitador en temas jurídicos e históricos
en el ámbito educativo intercultural; wiler_cw1984@hotmail.com
4 Abogado por la Universidad Católica del Ecuador, y maestrante en la Universidad de Los
Hemisferios en Quito. Gerente general del Grupo Industrial Hinojosa-Ortiz. Cuenta con ex-
periencia como capacitador en seguridad industrial, historia industrial y salud ocupacional;
juanfrancisco.hinojosa@giho.com.ec
puquina, chaima, nasa yuwe, tsáfiqui, así como propuestas más
especulativas desde el euskera y el caldeo. Se incorpora además la
posibilidad de una influencia de la cultura sefardita, particularmente
a través de interpretaciones filológicas que asocian el término Cota-
cachi con una herencia judeoespañola llegada a la región en el peri-
odo colonial. Asimismo, se explora la relación con lenguas del grupo
barbacoano meridional, lo que amplía el marco de análisis hacia el
contacto lingu�ístico interr
egional. La hipótesis central del equipo in
-
vestigador sostiene una raíz aimara anterior a la expansión del
kichwa, reforzada por la lectura del Vocabulario de la lengua qui-
chua de Diego González Holguín (1608), analizado por Ruth Moya
(1993). Se concluye que el topónimo es un palimpsesto lingu�ístico
donde convergen múltiples capas de memoria territorial, mitología
y apropiaciones identitarias, lo que lo convierte en un eje simbólico
esencial para la comprensión del territorio y la historia cultural de
Cotacachi.
Palabras Claves: Cosmovisión Andina, lenguas originarias, multi-
lingu�ismo ancestral, polisemia, toponimia.
1. Introducción
La fundación de numerosos pueblos en América ha estado
históricamente vinculada, por un lado, al calendario santoral católico
impuesto durante la colonización, y por otro, de manera más ances-
tral, a los ciclos festivos del calendario ritual andino, frecuentemente
etiquetado como “pagano” desde una perspectiva eurocéntrica. La
confluencia de estos dos sistemas simbólicos —aparentemente con-
trapuestos, pero profundamente entrelazados en la práctica social—
ha dado lugar a una onomástica compleja y diversa, en la que los
nombres de los lugares no solo aluden a advocaciones cristianas, sino
que también conservan vestigios de antiguos referentes culturales
indígenas. Esta fusión cultural adquiere especial relevancia cuando
se pretende indagar en el origen etimológico o la raíz primaria de
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
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los glosónimos, pues revela procesos de resignificación simbólica,
mestizaje lingu�ístico y adaptación fonética.
En este contexto, la toponimia de los pueblos latinoamerica-
nos cons tituye un archivo simbólico de incalculable valor para com-
prender la profundidad histórica y la persistencia de las cosmovi
siones originarias, aún codificadas en los nombres que hoy nos re-
sultan cotidianos. Como advierte CerrónPalomino, el estudio de
estos nombres no está exento de dificultades: “ahí viene el problema,
pues todo el mundo se pone a estudiar toponimia, pero sin base
lingu�ística”.
5
Diversos estudiosos de la cultura andina y de la historia del
Ecuador como Sancho Paz Ponce de León (1582), Jacinto Jijón y Caa-
maño (1940), Moisés Guzmán (1961), Federico González Suárez
(2002), Alfredo Albuja Galindo (1961), Filemón Proaño (1965), Pedro
Raúl Echeverría (1994), Marco Andrade (2013), Camilo Andrade
(2023) y Agustín Moreno Proaño (2015) han dedicado atención al
significado del topónimo Cotacachi. No obstante, dada la compleji-
dad intrínseca del análisis toponímico, así como la diversidad de en-
foques lingu�ísticos, culturales e históricos involucrados, no ha sido
posible llegar a una interpretación definitiva. En consecuencia, mu-
chas de las propuestas formuladas a lo largo del tiempo han oscilado
entre conjeturas creativas y adaptaciones fonéticas forzadas, en un
esfuerzo por desentrañar un sentido particular del nombre, a me-
nudo condicionado por perspectivas ideológicas, simbólicas o re-
gionales.
Cotacachi se ubica en la región norandina del Ecuador, den-
tro de la provincia de Imbabura, y se distingue por una población
mayoritariamente bilingu�e en kichwa y castellano. Esta localidad de-
staca no solo por su patrimonio cultural y artesanal, sino también
por su rol histórico como nodo de articulación interregional. Particu-
larmente significativa es la relación comercial sostenida con el pueblo
chachi, asentado en la costa de Esmeraldas. Desde tiempos prehis-
pánicos, los chachis recorrían antiguas rutas de intercambio hasta
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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5 R. Cerrón-Palomino, Las Lenguas de Los Incas El Puquina, El Aimara y El Quechua (Vol. 13)
Sprachen, Gesellschaften und Kulturen in Lateinamerika / Lenguas, sociedades y culturas en Lati-
noamérica, Berlin, 2013.
Cotacachi, transportando oro, productos del manglar y delicadas ar-
tesanías en cestería, que eran trocadas por cultivos andinos, como el
maíz y otros cereales propios de las fértiles tierras de altura.
Estas dinámicas de intercambio no solo revelan una integra-
ción económica entre regiones cultural y ecológicamente diversas,
sino que también reflejan la movilidad y la interdependencia de los
pueblos originarios antes y después del periodo colonial. La presen-
cia chachi en Cotacachi persistió hasta mediados del siglo XX, y aún
se recuerda su tránsito regular por la zona hasta aproximadamente
el año 1975 (Guzmán, 1961) (Cevallos, 2015), constituyéndose en un
testimonio de los antiguos lazos entre la sierra y la costa ecuatori-
anas. El estudio del topónimo Cotacachi adquiere relevancia en tanto
permite acceder a un nivel profundo de interpretación histórica,
lingu�ística y cultural del territorio norandino del Ecuador
.
En un contexto donde las lenguas originarias
6
han sido par-
cial o totalmente desplazadas por los procesos coloniales y repub-
licanos, el análisis filológico de los nombres propios se convierte en
una herramienta clave para reconstruir memorias históricamente si-
lenciadas. Esta investigación no solo busca esclarecer el origen del
topónimo Cotacachi, sino también visibilizar aquellos aspectos fre-
cuentemente omitidos por la historiografía local. En consecuencia,
el estudio propone un aporte significativo a los campos de la topo-
nimia, la identidad territorial y la historia intercultural, ofreciendo
lenguaje como archivo vivo de la memoria colectiva.
La sociedad cotacacheña se ha configurado históricamente a
partir de un denso entramado intercultural, en el que convergen de
manera significativa las raíces andinas, particularmente caranquis,
7
y
la herencia hispano-sefardita.
8
Por un lado, el legado de los pueblos
caranquis
9
se manifiesta en prácticas lingu�ísticas, territoriales y sim-
bólicas profundamente enraizadas en la cosmovisión andina prehis-
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
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6 L. Pazmiño, Lenguas Indígenas del Ecuador- Boletín de la Academia Nacional de Historia.
Quito, 1941.
7 J.C. Morales, CARANQUIS, Imprenta Mariscal, Quito, 2014
8 R. Ordoñez, La herencia sefardita en la Provincia de Loja, Casa de la Cultura Ecuatoriana,
Quito, 2005.
9 E. Grijalva, Toponimia de las provincias de Imbabura y Carchi, Ecuatoriana Editores, Quito,
1947.
pánica. Por otro, la influencia de poblaciones sefarditas descendientes
de judíos expulsados de la península ibérica introdujo estructuras
culturales, lingu�ísticas y comerciales que dejar
on una impronta du-
radera en la región. Esta interacción compleja entre dos matrices civ-
ilizatorias ha generado dispositivos culturales y semióticos únicos,
construidos y consentidos colectivamente a partir de las lenguas en
contacto y de los procesos de resignificación sociolingu�ística.
Pese al creciente interés por la historia local y la revalorización
de los saberes ancestrales en el Ecuador, persiste una comprensión
limitada del origen y significado profundo de ciertos topónimos,
como Cotacachi. En muchos casos, las interpretaciones etimo lógicas
han estado marcadas por un enfoque reduccionista que atribuye sis-
temáticamente raíces kichwas a toda la toponimia andina, sin con-
siderar la presencia de pueblos preincaicos como los caranquis
10
que poseían lenguas y sistemas simbólicos propios. A esta visión par-
cial se suma la escasa consideración de posibles influencias sefarditas
en los procesos de denominación territorial, a pesar de las evidencias
de migraciones y asentamientos judíos durante la época colonial.
Esta invisibilización limita una comprensión integral del proceso in-
tercultural que ha configurado la identidad cotacacheña contempo-
ránea. Ante este vacío, se hace necesaria una investigación que,
desde una perspectiva filológica e histórica, reexamine el glotónimo
Cotacachi como una construcción lingu�ística compleja, r
esultado de
múltiples capas de contacto cultural, simbólico y lingu�
ístico.
Diversos estudios han documentado la presencia de mi-
grantes sefarditas judíos conversos expulsados de la península ibé -
rica– en América Latina durante los siglos XVI y XVII.
Investigaciones como las de Gitlitz & Davidson (2009) reve -
lan patrones lingu�ísticos, comer
ciales y culturales que podrían haber
influido en la conformación simbólica de ciertos territorios. En zonas
como Cotacachi, estos aportes han sido poco estudiados, lo que abr
e
una línea de exploración original sobre su posible influencia en la
toponimia.
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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10 Ídem
Antes de la expansión inca, el territorio norandino del Ecua-
dor fue habitado por pueblos como los caranquis,
11
cuya lengua y
cosmovisión aún no han sido plenamente descifradas. Las fuentes
arqueológicas y etnohistóricas, como las de Jijón y Caamaño (1940)
12
indica la existencia de sistemas lingu�ísticos ajenos al kichwa, lo que
pone en duda la interpretación exclusivamente kichwa del topónimo
Cotacachi. La exploración de estas raíces preincaicas es fundamental
para una reconstrucción filológica rigurosa.
Para reforzar lo señalado, el estudio introductorio realizado
por Ruth Moya (1993)
13
al Vocabulario de la lengua Quichua de
Diego González Holguín (1608)
14
sostiene que la lengua de dominio
en el incanato no era originalmente el quechua/kichwa, sino el ay-
mara. Según esta interpretación, habría sido Wayna Kapak el artífice
de la generalización del quechua en el Tahuantinsuyo, al disponer
su uso como lengua común en todo el territorio, posiblemente in-
fluido por factores familiares y políticos vinculados a la región de
Chincha.
A este Inga, Huaina Cápac, se atribuye haber mandado en toda la tierra
se ablase la lengua de Chinchay Suyo, que agora comúnmente se dice
la Quichua general, o del Cusco, por haber sido su madre Yunga, nat-
ural de Chincha, aunque lo más cierto es haber sido su madre Mama
Ocllo, mujer de Tupa Inga Yupanqui su padre, y esta orden de que la
lengua Chinchay Suyo se hablase generalmente haber sido por tener
él una mujer muy querida, natural de Chincha.
(Moya, 1993, p. XI. Citado en estudio introductorio de González Hol-
guín, 1608).
15 y 16
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
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11 U. Oberem, Udo, Los Caranquis de la sierra norte del Ecuador y su incorporación al Tahuan-
tinsuyo, en: Moreno, Yánez, S.E y U. Oberem (comp). Contribución a la etnohistoria…, Vol. I,
Otavalo, 1981.
12 J. Jijón Caamaño, COTACACHI. Revista Ocasional, Órgano del Muy Ilustre Concejo Munic-
ipal Nº 2, Revista Cotacachi, Cotacachi, 1940.
13 R. Moya, Estudio Introductoria en Arte Breve de la Lengua Quechua en Alonso de Huerta,
Colección Kashcanchicracmi. EBI. CEN, pp. XIII-XXXII, Quito, 1993.
14 D. González Holguín, Vocabulario de la Lengua Quechua. Quito: Colección Kashkanchikrani
Tomo I y II, P-EBI, CFN, Quito, 1993
15 Traducción literal del castellano de 1608, expuesto por Diego González Holguín y citado en
Moya, 1993.
16 G. De la Vega, Comentarios Reales de los Incas. Fondo de Cultura Económica, Vol. I y II, Lima,
1991
Desde esta perspectiva, la presente investigación plantea la
siguiente interrogante: ¿El glotónimo Cotacachi proviene exclusiva-
mente del kichwa, como se ha sostenido tradicionalmente, o su eti-
mología responde a un entramado filológico más complejo, que
incorpora raíces preincaicas posiblemente caranquis y elementos
culturales y lingu�ísticos de origen sefar
dita, fr
ecuentemente ignora-
dos debido a procesos históricos de estandarización lingu�ística e in-
visibilización intercultural?
A partir de esta pregunta, el estudio propone una revisión
crítica y multidisciplinaria de las diversas interpretaciones toponí-
micas, con el objetivo de aportar a una comprensión más profunda,
situada y plural del origen y la evolución del nombre Cotacachi,
concebido aquí como una clave simbólica de la identidad territorial
norandina.
Metodología
La presente investigación adopta un enfoque cualitativo y documen-
tal, orientado al análisis filológico, histórico y lingu�ístico del léxico
Cotacachi.
17
La metodología se inscribe dentro del paradigma inter-
pretativo, que busca comprender fenómenos culturales desde sus
significados simbólicos y contextos históricos. Se utilizarán técnicas
como revisión documental, análisis filológico comparado, estudio
toponímico y glotónimo, y entrevistas semiestructuradas a sabios lo-
cales. La delimitación espacial se centra en Cotacachi (Imbabura) y
temporalmente abarca del siglo XV al siglo XIX.
El análisis de los heteroglotónimos y autoglotónimos
18
per-
mite identificar, de manera reveladora, cómo los nombres asignados
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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17 Cevallos, R., & otros. (2023) Historia de la talabartería en Cotacachi: etimología de Cotacachi
desde una visión filológica e histórica. En Generando Ciencia. Jornadas Internacionales de
Investigación Científica: I Foro de Investigación. Desafíos actuales de la sociedad del conocimiento
(UTN). Nueva versión revisada y ampliada: Cevallos, R., & otros. (2025). Polisemia y me-
moria en el topónimo Cotacachi: Un análisis desde la lingu�ística histórica y la cosmovisión
andina.
18 Tal es el caso, en español, el término alemán constituye un heteroglotónimo —es decir, un
nombre asignado desde fuera— para referirse a la lengua hablada en Alemania, mientras
que sus hablantes la denominan Deutsch, lo que representa su autoglotónimo, o nombre en-
dógeno.
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a los pueblos y sus lenguas han sido transformados en su significado
original a lo largo del tiempo. Estas denominaciones reflejan diversos
criterios lingu�ísticos y culturales que han influido en la construcción
de la identidad toponímica y etnolingu�
ística.
En el contexto andino,
19
es frecuente que se asignen de man-
era generalizada significados de origen kichwa a topónimos y glo-
tónimos, sin considerar que, antes del dominio incaico, el territorio
norandino del actual Ecuador estuvo habitado por pueblos con len-
guas, prácticas sociales y cosmovisiones propias, distintas y ajenas
al universo cultural kichwa. Esta superposición lingu�ística ha con-
tribuido a la pérdida o distorsión de significados originarios, lo que
ha derivado en la invisibilización de la diversidad histórica y cultural
de la región.
Ante esta problemática, la presente investigación plantea un
análisis crítico de fuentes documentales y transcripciones históricas
con el propósito de recuperar y reinterpretar el sentido profundo del
vocablo Cotacachi. Se trata de un esfuerzo por restaurar su dimen-
sión histórica, cultural y lingu�ística desde una perspectiva amplia,
situada e inclusiva, que contribuya a visibilizar la complejidad in-
tercultural que ha marcado su evolución.
En algunos casos, las interpretaciones han sido formuladas
con lucidez; en otros, expuestas con perplejidad o sin el debido rigor
analítico. En este contexto, la investigación se propone desentrañar
las diversas acepciones del vocablo Cotacachi, a partir del estudio
comparado de las lenguas castellana, caranqui,
20
kichwa, aymara,
21
tsáchila, awapit y páez. Estas lenguas, aún vigentes en contextos an-
dinos y tropicales, permiten cuestionar los enfoques interpretativos
heredados o asumidos, muchos de ellos marcados por híbridos mor-
fológicos ajenos a la lógica lingu�ística originaria. T
ales apr
oxima-
ciones no han contribuido de manera significativa a la construcción
de una identidad histórica sólida en torno al significado toponímico
19 A partir del análisis de campos léxicos como la antroponimia, la zoonimia y la fitonimia
20 Se estima que alrededor de 400 términos de la lengua caranqui han sido incorporados al vo-
cabulario del kichwa ecuatoriano.
21 Desde los primeros textos coloniales, la grafía aymara ha sido registrada con dicha forma.
Este arcaísmo ortográfico, según Rodolfo Cerrón Palomino, ha evolucionado hacia un uso
con fines reivindicativos, constituyéndose en un signo de afirmación identitaria."
y onomástico del término Cotacachi,
22
lo que hace necesario replan-
tear su análisis desde una perspectiva más crítica, intercultural y fi-
lológicamente fundamentada.
En este marco, la presente investigación tiene como objetivo
analizar, desde una perspectiva filológica e histórica, el vocablo Co-
tacachi, identificando sus posibles raíces andinas, preincaicas, caran-
quis y sefarditas. Busca aportar evidencias lingu�ísticas y documen-
tales que permitan una reinterpretación etimológica del término, así
como una comprensión más profunda de los procesos interculturales
que han influido en su formación. De este modo, se pretende con-
tribuir a la valorización del patrimonio lingu�ístico e identitario an-
dino, mediante una relectura crítica de Cotacachi como expresión de
la memoria intercultural.
El referente metodológico se fundamentó en fuentes biblio-
gráficas especializadas, con énfasis en el dominio de la lengua
kichwa y un enfoque filológico del quechua.
23
La investigación se es-
tructuró a partir de un riguroso proceso de documentación y análisis
de registros históricos, entre los cuales destaca: El Levantamiento In-
dígena de Cotacachi (1777) de Segundo Moreno Yánez; Lenguas In-
dígenas del EcuadorBoletín de la Academia Nacional de Historia (1941)
de Luis Paz y Miño; Cuatro años entre los ecuatorianos (1863) de Fried-
rick Hassaureck;
24
Diccionario Kichua-Castellano Yurakshimi-Runashimi
(1981) de Glauco Torres Fernández;
25
Vocabulario de la Lengua Qqichua
(1608)
26
de Diego González Holguín; Los Cayambes y Carangues: Siglo
XV-XVI. El testimonio de la Etnohistoria (Vol. 3) (1988) de Waldemar
Espinoza Soriano; Carolin Orr, y otros (1975). Estudios fonoló gicos de
las lenguas vernáculas del Ecuador; Relación y descripción de los pueblos
del Partido de Otavalo (1582 [1964]) de Sancho Paz Ponce de Leon; To-
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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22 R. Cevallos y otros, Historia de la Talabartería en Cotacachi: etimología de Cotacachi desde
una visión filológica e histórica, Generando Ciencia, Jornadas Internacionales, Investigación
Científica. 1er Foro de Investigación. Desafíos actuales de la sociedad del conocimiento
(UTN), Ibarra, 2018.
23 El kichwa es un dialecto además ecuatoriano, que proviene de la lengua principal denomi-
nada quechua, que tiene su origen en Perú.
24 F. Hassaurek, Cuatro años entre los ecuatorianos. Traducción Jorge Gómez, Abya-Yala, Quito,
2015.
25 G. Torres Fernández de Córdova, Diccionario Kichua-Castellano Yurakshimi-Runashimi.
Tomo I, Casa de la Cultura Núcleo de Azuay, Cuenca, 1981.
26 Qqichua, versión original, ortográficamente registrada por Diego González Holguín en 1608
pinimia de las provincias de Imbabura y Carchi (1947) de Emilio Grijalva;
La herencia sefardita en la Provincia de Loja (1947) de Ricardo Ordoñez;
A Drizzle of Honey: The Lives and Recipes of Spain's Secret Jews (2009)
de Gitlitz & Davidson; Maíz, Danza y Rebelión (2013) de Raúl Cle-
mente Cevallos, entre otros.
El contexto: Santa Ana de Cotacachi
En el contexto de la expansión colonial hispánica en los Andes sep-
tentrionales, la fundación de pueblos no se limitó al establecimiento
físico de viviendas o plazas, sino que también implicó una profunda
transformación simbólica y espiritual de los territorios y sus habi -
tantes. La consolidación del poder eclesiástico se llevó a cabo a través
de las visitas pastorales, que eran instrumentos tanto de control re-
ligioso como de articulación política del nuevo orden colonial. Según
consta en los archivos parroquiales de la Iglesia La Matriz de Cota-
cachi, el fraile Pedro de la Peña, con autorización del rey Felipe II de
España, eligió este territorio para asentar una nueva población. Du-
rante una de estas visitas pastorales al norte del obispado de Quito,
en el año 1544, consagró el naciente poblado bajo el rito católico, in-
cluyendo a sus habitantes originarios y a un reducido grupo de chap-
etones, quienes fueron reconocidos como los nuevos “vecinos” de
Cotacachi.
27
Este acto no solo tenía implicaciones espirituales, sino
también políticas y jurídicas, ya que el reconocimiento de “vecin-
dad” implicaba integración al sistema colonial como sujetos tributa -
rios, evangelizados y disciplinados.
La evangelización temprana en Cotacachi estuvo a cargo
tanto de religiosos pertenecientes a órdenes como de sacerdotes secu -
lares, en un contexto en el que aún no se había definido con claridad
la separación de funciones entre el clero regular y el secular. Estos
doctrineros asumieron la responsabilidad de enseñar la fe cristiana,
imponer nuevas prácticas sociales y transformar profundamente las
estructuras comunitarias indígenas, muchas veces edificando su labor
sobre los vestigios de antiguas tradiciones andinas.
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
180
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27 R. Cevallos, Maíz, Danza y Rebelión, la Toma de la Plaza en Inti Raymi Cotacachi, Editorial Aca-
démica Española, Madrid, 2013.
Este proceso, sin embargo, no fue ni lineal ni uniforme. La
resistencia cultural, las apropiaciones simbólicas y las reinterpreta-
ciones indígenas de los rituales cristianos marcaron profundamente
el desarrollo del nuevo orden colonial. Así, la consagración del pue-
blo de Cotacachi no debe verse únicamente como un acto de impo-
sición religiosa, sino también como un hito dentro de una compleja
dinámica de negociación, conflicto y resignificación cultural entre
los pueblos originarios y el aparato colonial.
El fundador de Cotacachi, segundo Obispo principal de Quito que por
autorización del Rey Felipe II de España, escogiera este sitio para fun-
dar dicho pueblo de vistoso panorama, hermosos prados y campiñas,
tierras fértiles, a las faldas del pintoresco volcán. Las parcialidades de
las planadas, lomas y laderas eran numerosas, habitaban más de dos
mil indios (Guzmán, 1961).
Los religiosos franciscanos asumieron la responsabilidad de la Doc-
trina cristiana en Cotacachi durante los primeros años de la colonia.
Gracias a su conocimiento del kichwa, lograron predicar, enseñar y
catequizar a los pueblos originarios en su propia lengua, facilitando
así una evangelización más efectiva y profundamente arraigada en
el contexto cultural local. En este proceso, la lengua kichwa no solo
fue un vehículo de transmisión de la fe, sino que también vivió un
notable florecimiento. Bajo la influencia de los doctrineros francis-
canos, se produjo una intensa producción de sermones, catecismos,
himnos y otros textos religiosos en kichwa, lo que contribuyó a su
preservación y expansión, aunque subordinada a los fines evangeli-
zadores del proyecto colonial. Sin embargo, años más tarde la impo-
sición doctrinaria cayó en estado de calamidad y atraso por los
tributos de custodias religiosas. Esta coyuntura, provocó el Alza-
miento Mayor Indígena en Cotacachi en 1777, cuando los indígenas
se levantaron, de manera especial las mujeres. Quemaron varias
casas en el pueblo de Cotacachi, pendieron a las autoridades religio-
sas y muchos fueron segados. En este mismo año Cotacachi forma
parte del Corregimiento Mayor de Otavalo.
28
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
181
28 S. Moreno, Sublevaciones Indígenas en la Audiencia de Quito, desde los comienzos del siglo XVIII
Cotacachi formó parte de la antigua Federación Imbaya,
29
una confederación de señoríos locales que incluía a los cahuasquis,
quillcas, hatuntaquis y asamas. Esta federación constituía una es-
tructura sociopolítica propia de los Andes septentrionales antes de
la expansión incaica.
Más tarde, Cotacachi fue integrado al señorío de los Kara,
cuya hegemonía se extendía en el norte del actual Ecuador y cuya
élite gobernante desempeñó un papel importante en los procesos de
resistencia y negociación frente al avance del Tahuantinsuyo.
30
Hacia finales del siglo XIV, el avance militar y político del
Imperio inca llegó a estas tierras bajo el mando de Wayna Kápac,
como parte de la campaña de expansión hacia el norte. A diferencia
de las conquistas más violentas ejecutadas en el sur andino, en Co-
tacachi se desarrolló un proceso más sutil y simbólicamente com-
plejo: una conquista disimulada, como la han denominado algunos
cronistas. En este caso, la dominación no se limitó a la apropiación
territorial, sino que implicó una profunda transformación cultural,
marcada por la reconfiguración de símbolos, prácticas y estructuras
sociopolíticas locales.
31 y 32
S. Paz Ponce de León, Relación y Descripción de los Pueblos del Partido
de Otavalo, Instituto del Hombre Americano, Otavalo, 1582 [1964]. R.
Cevallos y otros, Historia de la Talabartería en Cotacachi: etimología de
Cotacachi desde una visión filológica e histórica, Generando Ciencia, Jor-
nadas Internacionales, Investigación Científica. 1er Foro de Investi-
gación. Desafíos actuales de la sociedad del conocimiento (UTN), Ibarra,
2018.
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
182
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
hasta finales de la Colonia, Ediciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito,
1985.
29 S. Moreno, Historia antigua del país Imbaya. Colección Espacio tiempo, IOA – Universidad de
Otavalo, Otavalo, 2007.
30 F. Salomon, F, Native Lords of Quito in the Age of the Incas: The Political Economy of North-Andean
Chiefdoms. Cambridge: Cambridge University Press, 1986.
31 S. Paz Ponce de León, Relación y Descripción de los Pueblos del Partido de Otavalo, Instituto del
Hombre Americano, Otavalo, 1582 [1964].
32 R. Cevallos y otros, Historia de la Talabartería en Cotacachi: etimología de Cotacachi desde una
visión filológica e histórica, Generando Ciencia, Jornadas Internacionales, Investigación Científica.
1er Foro de Investigación. Desafíos actuales de la sociedad del conocimiento (UTN), Ibarra,
2018.
La lengua kichwa como variedad regional del quechua
33
im-
puesto por el Tahuantinsuyo se convirtió en vehículo de integración
y control, pero también en herramienta de continuidad identitaria.
34
Nuevas prácticas sociales, rituales y estructuras administrativas fue-
ron introducidas, dando paso a un proceso de mestizaje andino tem-
prano. Cotacachi, en este contexto, no perdió su identidad original,
sino que la reformuló desde el contacto, el sincretismo y la resistencia
cultural.
35 y 36
En esta secuencia reveladora, resulta pertinente retroceder a
los tiempos fundacionales de la organización sociopolítica indígena
en los Andes septentrionales. En ese marco, emerge la figura de los
llaktakuna, pequeños núcleos poblacionales andinos organizados en
torno a relaciones de parentesco y dirigidos por un líder local, con-
ocido como el Señor Étnico (ethnic lord), figura analizada por Salo-
mon (1980) como parte fundamental de las jerarquías nativas en la
región de Quito antes de la conquista.
37
A partir de alianzas estratégicas entre estos kurakuna (líderes
de linajes), se conformaron estructuras más complejas: los señoríos
étnicos, entidades políticas autónomas que gobernaban territorios
definidos y articulaban redes de reciprocidad, redistribución y pres-
tigio. Estas formaciones fueron tempranamente incorporadas al
proyecto expansionista del Tahuantinsuyo, que, si bien impuso su
autoridad política y lengua oficial, no transformó de manera abrupta
las bases económicas y sociales locales. Por el contrario, el Imperio
Inca optó por integrar estas unidades a su sistema mediante mecan-
ismos de cooptación y respeto a las jerarquías tradicionales, mante-
niendo así una continuidad relativa de las estructuras indígenas
preexistentes.
38 y 39
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
183
33 I. Almeida, Historia del Pueblo Kechua, PEBI-GTZ, Quito, 1999.
34 R. Cevallos y otros, Sisayacuc Shimipanpa: Diccionario Infantil Quichua, DINEIB-UNICEF-GTZ-
LAEB,Cuenca, 2011.
35 W. Espinoza Soriano, Los incas y el antiguo Ecuador, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito,
1973.
36 M. Rostworowski, M. Estructuras andinas del poder: ideología religiosa y política, Instituto de Es-
tudios Peruanos, Lima, 1988.
37 F. Salomon, Los señores étnicos de Quito en la época de los Incas: el sistema de parentesco y la organ-
ización sociopolítica en los Andes del Norte, Ediciones Abya-Yala, Quito, 1980.
38 Ídem.
Desde fines del siglo XVII, y con mayor intensidad a lo largo
del siglo XVIII, se observa un progresivo traspaso de tierras comu-
nales indígenas a manos de españoles y criollos, a través de mecan-
ismos legales como compraventas y herencias frecuentemente
derivadas de matrimonios mixtos o mediante apropiaciones direc-
tas. Este proceso marcó el inicio de la desestructuración del modelo
de producción comunitario que había caracterizado a las comuni-
dades indígenas de Cotacachi. La pérdida sistemática de tierras pro-
vocó un cambio sustancial en la organización económica y social de
los pueblos originarios, que fueron progresivamente despojados de
sus medios tradicionales de subsistencia. Como resultado, amplias
extensiones del territorio pasaron a formar parte del régimen hacen-
datario, imponiendo relaciones laborales de carácter servil y una lóg-
ica de producción orientada al beneficio de los nuevos propietarios.
Este sistema de hacienda perduró en la región hasta bien entrada la
década de 1960, consolidando un modelo de desigualdad estructural
que tuvo efectos duraderos en las condiciones de vida de las pobla-
ciones indígenas.
40
En las primeras etapas de formación de Cotacachi, la pres-
encia de españoles de ascendencia sefardí desempeñó un papel im-
portante en la configuración sociocultural del asentamiento. Esta
influencia no solo se manifestó en lo arquitectónico y ocupacional,
sino también en el plano lingu�ístico, donde el sustrato sefar
dita pudo
haber dejado huellas léxicas y fonéticas en el habla local. La con
-
vivencia con indígenas que hablaban lenguas distintas al kichwa re-
fuerza la idea de una diversidad lingu�ística temprana, en la que el
castellano sefardita pudo actuar como una variante influyente en los
procesos de contacto, préstamo y resignificación toponímica, espe-
cialmente en términos como Cotacachi, cuya etimología podría
contener rastros de dicha herencia hispano-judía.
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
184
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
39 J.V. Murra, El mundo andino: población, medio ambiente y econo mía, Instituto de Estudios Perua-
nos, Lima, 1975.
40 L. Martínez, Economía Política de las Comunidades Indígenas, ILDIS, Abya-Yala, OXFAM,
FLACSO, Quito, 2007.
Debates históricos y lingu�ísticos sobre la etimología de Cotacachi
Los heteroglotónimos y autoglotónimos es decir, los nombres que
provienen de designaciones externas o autóctonas para referirse a
una lengua, así como otros recursos etimológicos derivados de la
antroponimia (nombres de personas), la zoonimia (nombres de ani-
males) y la fitonimia (nombres de plantas), permiten explorar de
manera reveladora cómo ha ido modificándose el significado origi-
nal de diversos topónimos. Estas denominaciones, influenciadas por
la mirada exógena o endógena de los hablantes, revelan tensiones y
desplazamientos semánticos en la interpretación del territorio. Bajo
esta perspectiva, se presentan a continuación las distintas acepciones
propuestas para el origen del topónimo /Cotacachi/:
1. Sancho Paz Ponce de León
41
(1582). Corregidor de Ota-
valo, a él se le debe una de las interpretaciones más antiguas sobre
el nombre y los habi tantes de Cotacachi: “son indios de razonable en-
tendimiento, viven de labranza y crianza, tienen muchas lenguas diferen -
tes unas de otras y de la lengua del Inga, porque casi en cada pueblo hay su
lengua”. En este contexto multilingu�e, el corregidor sostenía que, en
la lengua local, Cotacachi significaba “cerro alto a manera de torre”.
42
Esta afirmación no solo evidencia un intento temprano de
etimología colonial, sino también las limitaciones fonéticas, semán-
ticas y culturales del funcionario español al enfrentarse a lenguas in-
dígenas ajenas a su universo lingu�ístico. Su compr
ensión del término
Cotacachi estaba mediada por los esquemas acústicos y las estr
uc-
turas fonológicas del castellano de la época, lo que explica que en
sus registros figure la variante Cotacache, reflejo de una oscilación
fonética provocada por el contacto intercultural y la transcripción
forzada de términos indígenas a la escritura castellana.
Leída desde una perspectiva contemporánea, la interpreta-
ción del corregidor pone en evidencia los desafíos estructurales de
la traducción colonial: registros etnolingu�ísticos atravesados por una
escucha fragmentaria del otro, y por una lógica de dominación que
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
185
41 S. De Leon, Relación y Descripción de los Pueblos del Partido de Otavalo, En Instituto del
Hombre Americano. San Luis de Otavalo, 1582 [1964].
42 V. Jaramillo. Colección Carangue, Volumen IX, Segunda Edición, CCE-NI, Ibarra, 2011.
tendía a simplificar o distorsionar los significados originarios. En
este sentido, Cotacachi no debe entenderse únicamente como un
nombre geográfico, sino como un palimpsesto lingu�ístico en el que
convergen múltiples voces, tensiones históricas y saberes en disputa.
Su interpretación permanece abierta, en tanto se sitúa en el cruce
entre memoria oral, imposición colonial y búsqueda contemporánea
de sentido.
2. Jacinto Jijón y Caamaño (1940), amplía el horizonte del
análisis lingu�ístico en torno al topónimo Cotacachi. Si bien señala
que dicho léxico podría provenir de la lengua chapalachi, hablada
por pueblos indígenas vecinos de la provincia de Esmeraldas, y cuya
traducción sería “cerro alto a modo de torre”, su planteamiento se
vuelve aún más revelador cuando introduce una comparación con
la lengua puquina, considerada por algunos investigadores como
una lengua secreta o ritual de las élites incaicas. En ese idioma, según
argumenta, el morfema kachi significa “cerro”.
A partir de esta observación, Jijón y Caamaño propone una
posible raíz compuesta, donde kota o cota representaría también la
noción de “cerro”, presumiblemente desde una influencia sureña o
altiplánica, posiblemente a través del puquina o incluso del aimara.
Así, desde una lectura semántica influida por la morfología que-
chua/kichwa, la estructura lexical completa Kota-kachi podría tra-
ducirse como “laguna del cerro” o, alternativamente, como “cerro
de la laguna”.
Esta interpretación evidencia la complejidad de los procesos
de hibridación y superposición lingu�ística que afectan a los topóni-
mos andinos. Más allá de una traducción lineal, Cotacachi aparece
como un término polisémico, en el que confluyen sustratos
lingu�ísticos diversos chapalachi, puquina, quechua/kichwa, re-
flejo de la movilidad, el contacto cultural y las dinámicas de expan-
sión territorial del mundo andino prehispánico. La posibilidad de
una influencia léxica sureña también sugiere que Cotacachi, lejos de
ser un enclave aislado, estuvo articulado a redes mayores de comu-
nicación, intercambio y poder simbólico.
43
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
186
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
43 J. Jijón y Caamaño, COTACACHI. Revista Ocasional, Órgano del Muy Ilustre Concejo Munici -
pal Nº 2, Cotacachi, 1940.
3. Moisés Guzmán (1961), planteaba que el valle donde ac-
tualmente se asienta Cotacachi habría sido bautizado por los Caras,
un grupo étnico que, según algunas fuentes, tendría su origen en la
región de Manabí y cuya presencia en el territorio se remontaría al
primer milenio a. C. Diversas evidencias históricas y arqueológicas
sostienen que, entre los siglos VIII y X de nuestra era, los Caras ha-
brían seguido el curso del río Esmeraldas hasta arribar a la zona de
Quito, donde derrotaron a los Quitus. Posteriormente, se fusionaron
con estos grupos y fueron finalmente incorpo- rados al dominio in-
caico antes de ser conquistados por los españoles en 1534.
En este proceso de ocupación y mestizaje cultural, Guzmán
señala que los Caras habrían asignado el nombre [Kotakzsis] al te -
rritorio, término que utilizaban para referirse a diversos pueblos o
tribus asentados en los alrededores. Con el paso del tiempo, y espe-
cialmente durante la expansión del Tahuantinsuyo, esta forma lexical
habría sido transformada fonéticamente por los incas en Cotacachi,
a través de un proceso de adecuación fonológica y semántica, común
en los contactos interétnicos del mundo andino.
Sin embargo, Guzmán también advierte que la filiación
lingu�ística del término se torna difusa: no está clar
o si la raíz topo
-
nímica procede de los incas, los awá, los pastos, los caranquis o in-
cluso de una cultura más antigua y hoy desconocida. En ese marco
de indeterminación, propone una interpretación desde la multipli-
cidad lingu�ística que incluye raíces fonemáticas hipotéticas. Según
una interpretación lingu�ística, el topónimo se compone de los sigui-
entes elementos:
• Ko significaría “cuello”,
• ta, “haber”,
• ha, también “hay”,
• shi, “cosa cilíndrica”.
Este sintagma Ko-ta-ha-shi puede traducirse de manera aproxi-
mada como “gran cuello cilíndrico”. Esta lectura sugiere que el nom-
bre del lugar, posiblemente Cotacachi, proviene de una metáfora
toponímica, es decir, una forma simbólica de nombrar un sitio a par-
tir de una característica distintiva del paisaje. En este caso, se inter-
preta que el nevado Cotacachi, por su presencia imponente y
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
187
visualmente dominante, habría constituido un referente simbólico o
espiritual para denominar el territorio que lo rodea.
Este tipo de interpretación revela no solo la riqueza semán-
tica de los topónimos andinos, sino también la superposición de tra-
diciones lingu�ísticas y culturales en conflicto o fusión. El nombr
e
Cotacachi, lejos de ser un término simple o estático, encierra una his-
toria palimpséstica, una acumulación de capas fonéticas, mitológicas
y políticas que r
eflejan los procesos de apropiación, traducción y re-
significación que marcaron el devenir del territorio.
4. Alfredo Albuja Galindo (1961) Se plantea una interpreta-
ción alternativa del topónimo Cotacachi, basada en una versión re-
cogida por el historiador ecuatoriano Aquiles Pérez.
44
Esta explicación
parte de un análisis comparativo con lenguas indígenas como el páez
(nasa yuwe) del sur de Colombia y el tsáfiqui (también conocido
como colorado) hablado en la provincia ecuatoriana de Santo Dom-
ingo de los Tsáchilas. Según esta hipótesis, el nombre Cotacachi de-
rivaría de raíces léxicas compartidas o coincidentes entre ambas
lenguas, lo que sugiere un origen toponímico relacionado con proce-
sos de mitimazgo, desplazamientos poblacionales o intercambios cul-
turales entre zonas andinas y tropi cales.
• Cota: del páez (nasa yuwe), significa brazo,
• Cachi: del tsáfiqui, significa rojo.
De acuerdo con esta lectura, el sintagma bilingu�e podría in-
terpretarse literalmente como: “Brazo rojo como la sangre”. Aunque
el autor no detalla cómo habría llegado el pueblo páez a Cotacachi,
se presume que Aquiles Pérez conocía que la lengua nasa yuwe
forma parte de la familia lingu�ística chibcha, cuyos pueblos se des-
plazaron históricamente desde el norte del actual territorio colom-
biano hasta regiones del actual Ecuador, motivados principalmente
por intercambios comerciales.
45
El pueblo páez o Nasa, según su autodenominación habita
principalmente los departamentos colombianos de Cauca, Huila,
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
188
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
44 A. Pérez, Las mitas en la Real Audiencia de Quito. Imprenta del Ministerio del Tesoro, Quito,
1948.
45 A. Albuja, Estudio Monográfico del cantón Cotacachi. Volumen XX, Colección Carangue, CCE
Núcleo de Imbabura, Ibarra, 2011.
Valle del Cauca y Tolima, y conserva viva su lengua nasa yuwe (tam-
bién escrita náasa yuwe), que significa literalmente “la lengua del
pueblo Nasa”. Se estima que alrededor de 60 000 personas la hablan
actualmente, lo que la convierte en una de las lenguas indígenas más
vitales del suroccidente colombiano.
Esta propuesta toponímica resulta especialmente interesante
por tres razones:
1. Interculturalidad lingu�ística: La combinación de raíces de dos
lenguas indígenas de distintas zonas sugiere la existencia de
interacciones interétnicas antiguas entre pueblos andinos y
tropicales, probablemente anteriores o paralelas a la expan-
sión incaica.
2. Metáfora corporal del paisaje: La imagen del “brazo rojo”
puede aludir simbólicamente a accidentes geográficos, como
ramales volcánicos teñidos de hierro u óxidos, o a eventos
históricos relacionados con derramamientos de sangre o con-
flictos que marcaron el territorio.
3. Hipótesis migratoria chibcha: Vincular el término Cota con
el pueblo páez se alinea con otras teorías que explican la
presencia de pueblos de la familia chibcha (como los pastos
o los cañaris) en el norte ecuatoriano, apoyando la tesis de
migraciones prehispánicas con fines comerciales, rituales o
defensivos.
5. El músico e historiador Filemón Proaño (1965) desarrolla
un análisis crítico del topónimo, sosteniendo que su origen se re-
monta a la lengua caldea, una forma del neoarameo utilizada histó-
ricamente en regiones del Próximo y Medio Oriente. Esta propuesta
se enlaza con la hipótesis de una posible ascendencia sefardí entre
ciertos colonos españoles que se establecieron en Cotacachi entre fi-
nales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII.
Su razonamiento se desarrolla dentro de un marco interpre-
tativo de inspiración romántica, alimentado por diversos elementos
del patrimonio material e inmaterial local. Entre ellos se incluyen las
manifestaciones artísticas, la arquitectura tradicional, la antigua
plaza del pueblo, los juegos populares como el trompo, las tortas,
el zumbambico, la rayuela o el salto de la soga, así como los hábitos
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
189
alimentarios, las expresiones religiosas, las muletillas del habla co-
tidiana y ciertos arcaísmos propios del español antiguo.
A partir de este entorno cultural, y desde una postura que
combina intuición filológica con apego a las raíces familiares, Proaño
sostiene que el vocablo /Cotacachi/ proviene del caldeo y lo traduce
como “bella vista” o belavista. Esta interpretación, aunque carece de
fundamentos sólidos desde la lingu�ística histórica y comparada, r
e
-
fleja un esfuerzo por entrelazar el pasado remoto de las lenguas se-
míticas con la identidad local andina, proyectando un significado
simbólico que refuerza la belleza del entorno natural y urbano del
pueblo.
Esta propuesta debe entenderse más como un ejercicio de
evocación poética o reconstrucción histórica —característico del pen-
samiento romántico de los siglos XIX y XX que como una hipótesis
lingu�ís
ticamente sustentada desde los principios de la lingu�ística
comparada. No existe evidencia verificable que r
elacione la lengua
caldea —una variante extinta del arameo semítico— con los topóni-
mos de origen andino. Sin embargo, el interés de Proaño no reside
tanto en la validez filológica de su planteamiento, sino en la manera
en que construye una narrativa identitaria híbrida, entretejiendo ele-
mentos de la memoria sefardí, el lenguaje vernáculo y el entorno cul-
tural local para conferir al nombre Cotacachi un significado
simbólico y trascendente.
El autor analiza una propuesta etimológica que, aunque ca-
rente de fundamento científico desde el punto de vista de la
lingu�ística comparada, r
esulta valiosa como expr
esión simbólica. En
lugar de buscar rigor filológico, la interpretación de Proaño se ins -
cribe en una corriente romántica que utiliza la toponimia como ve-
hículo para proyectar una memoria colectiva imaginada, en este caso
vinculada a una posible herencia sefardí. Su propuesta funciona
como un artefacto cultural que resignifica el territorio, integrando
componentes históricos, lingu�ísticos y afectivos. En este sentido, más
que una explicación etimológica en sentido estricto, se trata de una
ficción fundacional que articula identidad, memoria y paisaje.
6. Pedro Raúl Echeverría (1994), hace referencia al topónimo
Cotacachi con el propósito de explorar tanto su forma como su sig-
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
190
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
nificado etimológico, proponiendo una lectura de marcado carácter
romántico, cuyo imaginario ha trascendido las barreras del tiempo
y del espacio, particularmente a partir de su difusión en el ámbito
escolar local. De hecho, su enseñanza en las aulas cotacacheñas ha
contribuido a consolidar una interpretación histórica del término,
alejada de los criterios rigurosos de la filología. Desde esta perspec-
tiva, se plantea que el origen lingu�ístico de Cotacachi podría encon-
trarse en el euskera (lengua vasca), descomponiendo el término de
la siguiente manera:
46
• Cota, interpretado como “altura” o “castillo”,
• Cachi, entendido como “luz”.
De esta combinación, se deriva el supuesto significado “cas-
tillo alto de luz”. No obstante, dicha estimación carece de sustento
lingu�ístico verificable, ya que en euskera las palabras equivalentes
son gañi (altura), gaztelu (castillo) y argi (luz), lo que demuestra una
inconsistencia fonética y semántica con respecto al término anali-
zado. Esta atribución etimológica no guarda relación con la realidad
lingu�ística del euskera y constituye más una invención especulativa
que una conclusión científica.
El párrafo analiza una hipótesis etimológica extravagante e
insostenible, que atribuye al topónimo Cotacachi un origen vasco sin
respaldo en la fonética, morfología ni en los sistemas de correspon-
dencia semántica del euskera. Esta propuesta, difundida particular-
mente en entornos escolares locales bajo una óptica romántica y
esencialista, refleja una tendencia común en los siglos XIX y XX: la
búsqueda de raíces exóticas o prestigiosas para explicar topónimos
indígenas, muchas veces sin fundamento lingu�ístico serio.
Dicha interpretación parece responder más a un anhelo de
construcción identitaria simbólica que asocia el nombre Cotacachi
con valores como la luz, la altura o la nobleza que a una investiga-
ción filológica rigurosa. En efecto, las formas auténticas del euskera,
como gaztelu (castillo) o argi (luz), no guardan relación fonética ni
semántica con Cotacachi, lo que invalida esta hipótesis desde el
punto de vista lingu�ístico.
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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46 P.R. Echeverría, Síntesis Monográfica del Cantón Cotacachi. Imprenta: Cotacachi, 1994.
En resumen, esta interpretación debe considerarse como un
constructo ideológico más que como un resultado del método cien-
tífico-lingu�ístico, y forma parte de un r
epertorio de narrativas topo
-
nímicas que, si bien pueden ser culturalmente significativas, no
resisten el análisis desde la lingu�ística histórica y comparada. Esta
interpretación, aunque carente de sustento filológico riguroso, revela
la potencia de la toponimia como campo de construcción identitaria
y de transmisión intergeneracional de imaginarios fundacionales.
7. Monseñor Federico González Suárez (2002). El clérigo,
historiador, arqueólogo y arzobispo de Quito, propuso una interpre-
tación singular de la toponimia Cotacachi, estableciendo un vínculo
con el idioma chaima, una lengua indígena de la región caribeña. En
su análisis etimológico, descompone el término en una secuencia sin-
tagmática de cuatro sílabas: coatacachi, a las cuales atribuye el si-
guiente significado:
• co: nombre propio o adjetivo que se traduce como “suelo fér-
til”,
• ata: adjetivo que significa “uno solo” o “principal”,
• ca: término polisémico que puede referir tanto a “tierra”
como a “seco”,
• chi: sustantivo o adjetivo que significa “vivo”.
A partir de esta construcción etimológica, González Suárez
concluye que el topónimo Cotacachi podría traducirse como “co-
marca o lugar seco y hermoso” o, en una interpretación más literaria
y simbólica, como “jardín florido de los Andes”. Esta propuesta reve -
la no solo una tentativa de desciframiento lingu�ístico, sino también
una visión idealizada del paisaje andino, en la que la geografía se
transforma en metáfora estética y espiritual.
Sin embargo, esta propuesta ha sido objeto de escepticismo
en el ámbito lingu�ístico. Su valor r
eside más en la cr
eatividad inter-
pretativa que en la verosimilitud filológica. El hecho de relacionar
un topónimo de los Andes septentrionales con una lengua caribeña
sin vínculos lingu�ísticos demostrables —ni cronológicos, ni geográ-
ficos— debilita su fundamento académico.
Además, la segmentación
fonética y la asignación de significados parecen responder más a una
búsqueda estética que a una metodología filológica sistemática.
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
192
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
Desde esta perspectiva, la interpretación de González Suárez
puede considerarse una conjetura ingeniosa, aunque sujeta a lo que
algunos críticos han denominado una “tortura fonética”, al forzar
una segmentación léxica que resulta insostenible según los principios
de la lingu�ística histórica y comparada. No obstante, esta lectura ilus-
tra cómo las construcciones etimológicas en el pensamiento ecle -
siástico del siglo XIX y comienzos del XX estuvieron fuertemente
influenciadas por los ideales románticos y por el afán de armonizar
la belleza natural del paisaje andino con significados simbólicos y
espirituales, proyectando sobre los topónimos una visión poética y
evangelizadora del territorio.
8. Padre Agustín Moreno Proaño (2011) plantea varias teo-
rías:
1. Una etimología multilingü�e con raíz aymara. El topónimo
Cotacachi tendría un origen léxico en la lengua aymara, lo cual su-
giere la existencia de una influencia cultural anterior o paralela a la
expansión del kichwa en la Sierra norte del Ecuador. Desde una mi-
rada filológica, argumentó que su etimología presenta una natural-
eza polisémica, aludiendo simultáneamente a dos referentes
geográficos esenciales: la laguna de Cuicocha y el nevado Cotacachi.
En lengua aymara, quta significa “laguna”, “cuenco” o
“palma de la mano”, mientras que k’achi puede interpretarse como
adjetivo que alude a cualidades como “lúgubre”, “calmada”, “inci-
siva” o “hermosa”. Asimismo, kachi puede funcionar como sustan-
tivo, representando una “divinidad en forma de punta”, en alusión
al perfil cónico del volcán Cotacachi. Desde esta perspectiva, el tér-
mino QutaK’achi puede leerse como “laguna sagrada y hermosa”,
“cuenco lúgubre” o incluso “laguna vigilada por una divinidad”.
Proaño no limitaba su hipótesis a una traducción literal, sino que in-
terpretaba esta composición como parte de un lenguaje sagrado que
revela la interacción entre paisaje, espiritualidad y memoria ances-
tral. En apoyo a esta lectura, el autor hacía referencia a fenómenos
naturales en la laguna de Cuicocha, como la presencia de azufre y la
emisión de burbujas desde el fondo, percibidos por las comunidades
locales como señales de salinidad o energía espiritual.
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
193
Este fenómeno físico-químico reforzaba, según Proaño, la
percepción ritual del lugar como espacio sagrado, en el que el agua
“salada” o transformada conectaba con el imaginario ancestral de lo
sagrado. Aunque el aymara no está históricamente documentado
como lengua dominante en la región de Imbabura, la hipótesis de
Moreno Proaño cobra sentido dentro de una lectura geopoética y
mítica del paisaje, en la que las migraciones culturales, los préstamos
lingu�ísticos y las r
esignificaciones son parte constitutiva de la me-
moria toponímica.
2. Cotacachi como geografía simbólica; en la visión de
Moreno Proaño, el topónimo Cotacachi no se limita a designar un
espacio geográfico, sino que sacraliza el territorio. La montaña y la
laguna no son simples elementos físicos: son entidades vivas, dota -
das de poder espiritual. En este sentido:
• El nevado Cotacachi es concebido como un apu, o espíritu
tutelar masculino que vigila desde lo alto.
• La laguna de Cuicocha representa el principio femenino, aso-
ciado a la fertilidad, el útero y la energía de regeneración.
• El topónimo, por tanto, articula una dualidad sagrada: mas-
culino/femenino, altura/profundidad, fuego/agua.
Así, Cotacachi se convierte en una síntesis geolingu�ística y
espiritual del territorio, donde cada elemento natural forma parte de
un sistema relacional complejo que estructura la vida social, agrícola
y ritual de las comunidades andinas.
3. Cosmovisión e implicaciones culturales.- Desde la pers -
pectiva andina, el lenguaje no se limita a representar el mundo, sino
que participa activamente en su configuración. En este marco, el to-
pónimo Cotacachi:
• Nombra una montaña y una laguna,
• Evoca funciones simbólicas (protección, fertilidad, espiritua -
lidad),
• Transmite una memoria colectiva que integra mitología, ex-
periencia y territorio.
A diferencia de la lógica occidental, que privilegia la preci-
sión y el significado único, las lenguas andinas asumen la polisemia
como una riqueza expresiva. Por ello, términos como Cotacachi
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
194
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
pueden sostener múltiples niveles de sentido: geográfico, espiritual,
cultural y simbólico.
En esta concepción, Cotacachi es más que un lugar: es un ser
territorial, un sujeto sagrado que establece vínculos de reciprocidad
con sus habitantes. Las danzas, las fiestas, los rituales como el Inti
Raymi o los pagos a la Pachamama no son prácticas aisladas, sino
formas de diálogo con la montaña, el agua y el espíritu del entorno.
La lectura de Agustín Moreno Proaño, basada en una raíz léxica ay-
mara y en una visión profundamente espiritual del paisaje, ofrece
una interpretación del topónimo Cotacachi como concepto multi-
dimensional, multilingu�e y simbólicamente complejo. Su pr
opuesta,
articulada con las perspectivas contemporáneas de la lingu�
ística an-
dina, invita a comprender que:
• El topónimo encierra la memoria de pueblos antiguos (aima-
ras, caranquis, kichwas).
• Está vinculado a la economía simbólica de la sal y la sacrali-
dad del agua.
• Expresa una cosmovisión en la que naturaleza y lenguaje se
entrelazan.
En suma, Cotacachi no es solo un nombre: es una forma de
nombrar el mundo desde la mirada andina, donde el territorio se
siente, se recuerda y se celebra a través de la palabra.
9. Marco Andrade Echeverría (2011). Aunque la etimología
de Kutakachi ha sido comúnmente interpretada como la unión de
kuta dentificada como una raíz verbal que remite a la acción de
moler, o como sustantivo asociado a la harina o al polvo y kachi,
que en kichwa significa “sal”, la traducción conjunta como “mole-
dores de sal” resulta sumamente cuestionable. Andrade advierte que
esta interpretación ha generado controversia tanto en el ámbito aca-
démico como en el saber popular, dando lugar a un debate persis-
tente sobre el verdadero origen y significado del topónimo. Pese a
su fragilidad desde una perspectiva filológica, esta hipótesis ha con-
tribuido a nutrir el imaginario colectivo y ha ofrecido insumos va-
liosos para la reflexión sobre la construcción simbólica del territorio
en el pensamiento andino.
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
195
El análisis de Andrade reconoce la atracción cultural y se-
mántica que tiene la interpretación de Cotacachi como “moledores
de sal”, una lectura que apela tanto a la materialidad (el recurso sa-
lino) como a la acción humana ritual o productiva (moler). Sin em-
bargo, el autor también advierte que esta interpretación carece de
una base sólida en la lingu�ística histórica y morfológica del kichwa,
especialmente en cuanto a la formación de compuestos o sintagmas
nominales complejos.
La propuesta, más que ser una afirmación definitiva, se pre-
senta como un ejemplo de cómo las etimologías populares o simbó-
licas pueden generar procesos identitarios y debates culturales. En
ese sentido, Andrade no niega su valor cultural o evocativo, pero sí
pone en cuestión su validez científica. Esto refuerza la idea de que
los nombres indígenas no son solo descripciones físicas, sino también
vehículos de memoria, creencias y relaciones sagradas con el paisaje.
En el estudio de la etimología de Cotacachi, resulta inevitable
vincular su significado original con la sal, ya que la interpretación
del paradigma /kachi/ se asocia comúnmente al término kichwa
equivalente a sal. En este sentido, al analizar las diversas propuestas
etimológicas, destaca sin duda la interpretación del murciano Marcos
Jiménez de la Espada, miembro de la Comisión Científica del Pací-
fico (1862–1865),
47
como una de las más cercanas a la realidad. Esta
cercanía no solo se debe al hecho de que, tras la conquista inca, el
kichwa se consolidó como lengua dominante en la región, sino tam-
bién a que existen varios puntos de contacto entre la idea de que Co-
tacachi significa “moledores de sal” y el contexto histórico y social
de este pueblo.
48
En concordancia con la expectativa planteada por Andrade,
cabe preguntarse: ¿qué relación guardan la sal y la evocación del acto
de moler con Cotacachi? Desde una perspectiva integral que articula
la historia y la antropología, su respuesta resulta esclarecedora. La
sal, como elemento vital para la subsistencia humana, ha sido histó-
ricamente trascendental en diversas culturas del planeta. No obs -
tante, aunque en Cotacachi no existen evidencias físicas de
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
47 F. González Suárez, Los aborígenes de Imbabura y Carchi, Noción Editorial, Quito, 2002.
48 M. Andrade, La Etnohistoria de Cotacachi, su etimología y relación con la sal, Universidad
de Otavalo, Revista Sarance, Otavalo, 2011.
yacimientos salinos destinados al consumo humano Andrade (2011)
sostiene que este poblado, tanto en época preincaica como incaica,
debió estar estrechamente vinculado a la explotación, tráfico e inter-
cambio de sal, lo que explicaría la persistencia simbólica del término
en su toponimia.
49
En esta misma línea de análisis, uno de los primeros aspectos
que debe enfatizarse es que, antes de la llegada de los incas y la di-
fusión de su lengua y cultura, los pueblos nativos de la región ya ha-
bían desarrollado formas complejas de organización sociopolítica,
estructuradas en núcleos familiares extendidos o señoríos étnicos.
En este contexto, es posible que el actual territorio de Cotacachi haya
sido parte de estos asentamientos norandinos preincaicos, por estar
ubicado en territorio caranqui.
En contraste con visiones reduccionistas que subordinan la
historia local a la influencia incaica, el planteamiento de Kaarhus
(1989)
50
contribuye significativamente a ampliar el debate sobre el
sistema económico prehispánico, subrayando la existencia de redes
de intercambio entre poblaciones asentadas en distintos pisos ecoló -
gicos. Según esta perspectiva, los pueblos ubicados en la región de
Otavalo –incluidas las comunidades de Cotacachi se distinguieron
por su intensa actividad comercial, la cual generaba prestigio y privi -
legios sociales para quienes la ejercían.
Entre los productos de alto valor en estas redes de intercambio
figuraba la sal, cuya explotación y distribución habría conferido un
estatus especial a quienes la controlaban.
51
Este análisis pone de relieve
que el topónimo Cotacachi no puede ser comprendido úni camente
desde una perspectiva lingü�ística, sino que debe situarse en el entra-
mado histórico, económico y simbólico de las sociedades andinas pre-
hispánicas. La mención recurrente a la sal, tanto en interpretaciones
etimológicas como en registros etnohistóricos, no responde a una coin -
cidencia, sino a la centralidad que este recurso tuvo en la economía de
prestigio y en las dinámicas territoriales de poder.
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
197
49 Ídem.
50 R. Kaarhus, Historias en el tiempo, historias en el espacio. Dualismo en la cultura y lengua
quechua /quichua, Abya-Yala, Quito, 1989.
51 M. Andrade, La Etnohistoria de Cotacachi, su etimología y relación con la sal, Universidad
de Otavalo, Revista Sarance, Otavalo, 2011. pp: 109.
Así, Cotacachi emerge no solo como un lugar físico, sino
como un símbolo de intercambio, movilidad y jerarquía, profunda-
mente inscrito en la lógica de los antiguos sistemas andinos. Su nom-
bre, más que una simple etiqueta geográfica, es una clave de lectura
del paisaje cultural, donde lenguaje, comercio y memoria se entrela-
zan en una toponimia viva.
10. Camilo Andrade (2023)Para sustentar su teoría ha cote-
jado las fuentes sincrónicas y diacrónicas existentes. Debido a la gran
densidad toponímica de voces /kachi/ desde Imbabura hacia el sur,
(Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Cañar) la voz
/kachi/ se adscribe al barbacoano meridional, pues delimita la iso-
glosa o frontera linguística con las variantes septentrionales o del
norte.
• Kota, hondonada, caldera, cráter,
• Ka, étimo clasificador de montañas, lomas o quebradas,
• Kachi, bosque, chaparro.
Por tanto, /kota-kachi/ > Cotacachi = “montaña frondosa
de la caldera”. La caldera alusiva /kota/ es la gran hondonada de
la laguna Cuicocha.
La voz Cotacachi, por tratarse de un topónimo mayor, su in-
terpretación ha sido muy controvertida y objeto de glosas populares,
pseudo eruditas e hipotéticas. La tendencia más ingenua ha sido re-
solver el problema hermenéutico a través del reduccionismo quichua
[kichwa], así /kuta/ es la tercera persona del singular del verbo
kichwa /kutana/ = moler y /kachi/ = sal.
52
Según Andrade (2023), la traducción propuesta carece de
plausibilidad formal y adecuación semántica, además de contravenir
las reglas gramaticales y sintácticas del kichwa. En este contexto, las
personas hablantes de la lengua se ven en la necesidad de forzar una
glosa que no responde a las estructuras propias del idioma. En
efecto, en kichwa normativo, la forma correcta sería kachi-ta kuta y
no kota-kachi, lo que pone en entredicho la viabilidad lingu�ística de
esta interpretación dentro del marco del kichwa andino.
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
198
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52 C. Andrade, Lenguas Pretéritas, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Ibarra, 2023. Según este
autor, en unaentrevista de campo en QuirogaCotacachi (2019), hemos preguntado a un in-
dígena quichua hablante, ¿cómo se traduciría la voz Cotacachi y nos respondió “el que muele
sal” y quién es el que muele sal? Nos dijo, el cerro muele sal.
Igualmente sostiene que, el término kachi presenta fenóme-
nos de homonimia y homofonía en al menos cinco lenguas indígenas
andinas. En quechua, kachi significa “sal”; en barbacoa, “montaña”;
en la extinta lengua peruana puquina, se traduce como “cerco” o
“fortaleza”; en copallén —lengua del nororiente peruano—, designa
un “río”; y en kakan, lengua indígena del área andina de Chile y Ar-
gentina, kachi se refiere a un “peñón”. Cabe señalar que el nevado
Cachi (6.380 m), ubicado en Argentina, ha sido interpretado en dicha
lengua como “peñón solitario”.
Este repertorio de significados revela la riqueza polisémica
del lexema kachi en diversas lenguas originarias de Sudamérica. Su
recurrencia con sentidos diferentes en contextos geográficos disper-
sos sugiere que estamos ante un caso interesante de convergencia fo-
nética con posibles raíces independientes. Aunque no implica un
origen común, este fenómeno puede interpretarse como una muestra
del dinamismo lingu�ístico r
egional y de la manera en que los pueblos
ancestrales asignaban nombr
es simbólicos a accidentes geográficos
según su propia cosmovisión.
11. Raúl Clemente Cevallos (2025) manifiesta que, aunque la
etimología folk (popular) carezca de rigor técnico desde el punto de
vista lingu�ístico, conserva un valor signifi
cativo por su car
ga simbó-
lica y su papel en la configuración de identidades colectivas. En este
contexto, cobra relevancia la interpre- tación de Warmi Razu, difun-
dida por actores indígenas kichwas de Cotacachi, quienes traducen
este término como “nieve femenina” o “montaña femenina”. Esta
representación, profundamente enraizada en la cosmovisión local,
es posteriormente reinterpretada desde una perspectiva no indígena,
dentro del mismo entorno cultural kichwa, como parte de un es-
fuerzo por fecundar nuevas resignificaciones del topónimo Cota-
cachi.
En este ejercicio hermenéutico, se proponen las siguientes
descomposiciones léxicast
a. Kota: proveniente de la toponimia cayapacolorado, signifi-
caría cuello,
b. Ka: se asocia con el conjunto de actividades agrarias que cul-
minan en la cosecha,
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
199
c. Chik: se vincula al pronombre posesivo kichwa ñukanchik-
pak (nuestro).
Esta versión interpretativa, sustentada en la memoria oral de
los comuneros kichwas de Cotacachi, es recreada y transmitida en
diversos espacios: desde el ayllu familiar y la vida comunitaria, hasta
las instituciones educativas y los centros de capacitación indígena y
campesina, donde se configuran procesos de aprendizaje social, po-
lítico y simbólico. Dentro de esta cosmovisión, el nevado Cotacachi
es considerado una deidad femenina, una “mama”, es decir, madre
y diosa a la vez. La mama Cotacachi es concebida como una montaña
viviente, animada, bella y personificada como Isabel, una mujer
rubia, de larga cabellera, ojos resplandecientes, que se enamora del
Tayta Imbabura, con quien concibe un hijo: Yana Urku, un cerro que,
según la visión andina, aún no ha alcanzado la mayoría de edad.
Sin embargo, desde la lingu�ística formal, esta constr
ucción
r
esulta fonológicamente inviable. Si bien es posible que se produzcan
procesos de síncopa es decir, pérdida de fonemas en posiciones in-
iciales, medias o finales de una palabra, no es coherente que estas
omisiones ocurran simultáneamente en más de un punto. Por tanto,
la mutilación del pronombre ñukanchikpak para extraer el morfema
-chik, carece de validez desde la fonología descriptiva. Además, una
traducción literal del conjunto resultaría en una frase incoherente
como “nuestro cuello enganchado”, que no se sostiene ni lingu�ística
ni semánticamente, constituyendo así una interpretación imprecisa,
relativa y carente de sustento en la etimología formal.
Este análisis revela una tensión entre dos modos de produc-
ción de sentido toponímico: uno basado en la lingu�ística científica y
otro en la etimología popular o simbólica. Mientras la lingu�ística his-
tórica exige regularidad fonológica
53
y morfológica, las comunidades
andinas recurren a la imaginación mítica y simbólica para resignifi-
car su entorno.
A continuación, se plantea otro ejercicio interpretativo sobre
Cotacachi, mediante la siguiente descomposición lexical:
d. Kuta, que podría derivar de formas verbales relacionadas
con triturar o moler (kutana = moler, kachi = sal),
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
200
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
53 R. Cevallos; Historia de la Talabartería en Cotacachi. Editorial UTN. Ibarra, 2018.
e. Kachi, significa directamente sal en kichwa.
Por tanto, “Kuta-kachi” o “Cotacachi” podría interpretarse
como “los que muelen sal” o “lugar donde se muele sal”, lo cual re-
fleja una antigua función productiva del territorio. Pese a que hay
serios cuestionamientos de la interpretación, como “Moledores de
sal”, hay que comprender que la sal no solo tenía un valor económi -
co, sino también simbólico y ritual, siendo esencial en diversas prác-
ticas culturales y religiosas. Cotacachi fue históricamente reconocida
como una región clave en la producción y comercio de sal, un recurso
vital tanto para la alimentación como para la conservación de ali-
mentos en las sociedades prehispánicas andinas.
¿Por qué la sal es tan importante en la zona norandina andina?
La sal tuvo una importancia crucial en Cotacachi y otras re-
giones de los Andes septentrionales, no solo como recurso económ-
ico, sino como elemento simbólico profundamente integrado a la
cosmovisión andina. En tiempos preincaicos e incaicos, fue un bien
estratégico dentro de las redes de intercambio interregional, espe-
cialmente entre tierras altas andinas y zonas bajas costeras o ama-
zónicas. Su acceso solía estar controlado por cacicazgos o por el
Estado incaico, integrándose al sistema tributario mediante las mitas.
En el plano simbólico, la sal era valorada como sustancia pu-
rificadora y sagrada, utilizada en rituales de limpieza, ofrendas a la
Pacha Mama y prácticas protectoras. Su rareza relativa y su capaci-
dad de conservar y preservar reforzaban su carácter ritual. Local-
idades como Cotacachi, Otavalo, Ibarra y Cayambe cuentan con
yacimientos de sal fósil o sal de manantial, explotados artesanal-
mente desde épocas ancestrales.
La interpretación del topónimo Cotacachi como “moler sal”
se enmarca en esta historia cultural y económica, donde la sal no solo
era un bien de intercambio, sino también un símbolo de identidad y
de poder espiritual. En este contexto, la laguna de Cuicocha, situada
en el mismo territorio cultural, refuerza esta dimensión sagrada.
Aunque no contiene sal, Cuicocha es un lago ritual, asociado simbó-
licamente a la fertilidad, la purificación y lo femenino. Las comuni-
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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201
dades kichwas locales interpretan sus islotes circulares como rep-
resentaciones uterinas, vinculadas a ciclos de regeneración agrícola
y espiritual.
El agua y la sal se conciben en la cosmovisión andina como
elementos complementarios: el agua fecunda, fluye y conecta; la sal
purifica, conserva y protege. En este sentido, Cuicocha y Cotacachi
constituyen polos simbólicos de un mismo paisaje sagrado, donde
la interacción de ambos garantiza el equilibrio vital.
Durante el periodo prehispánico, la zona fue habitada por
sociedades agrícolas organizadas, como los Caranquis, que mante-
nían intercambios con pueblos de la costa y del oriente. La sal form-
aba parte de estas redes, y su valor estratégico continuó durante la
ocupación incaica, cuando se integró a los sistemas de redistribución
del Tahuantinsuyo. Caminos como el Kapak Ñan atravesaban Cui-
cocha, donde probablemente existieron tampus o puntos de parada
rituales y comerciales.
Cuicocha no era solo un referente geográfico, sino una waka,
o lugar sagrado. Allí se realizaban rituales de fertilidad, encuentros
interétnicos y posiblemente ferias o intercambios ceremoniales. La
continuidad de esta función se refleja en celebraciones actuales como
el Inti Raymi, donde la laguna sirve de escenario ritual y la sal es
empleada en limpias y bendiciones. Aunque no se dispone de ev-
idencia arqueológica directa que confirme el uso de Cuicocha como
centro de comercio de sal, la lógica de la geografía sagrada andina,
la memoria ritual y los patrones económicos prehispánicos permiten
sostener que este espacio cumplía una función articuladora entre lo
simbólico, lo económico y lo territorial. Así, Cotacachi (sal) y Cuico-
cha (agua) deben entenderse como parte de un sistema cultural in-
terconectado, donde la sacralidad del paisaje se traduce en prácticas
vivas de identidad, reciprocidad y pertenencia.
Resultados y conclusiones
En esta sección no se busca emitir juicios de valor definitivos
sobre la validez o error de las múltiples interpretaciones propuestas
por diversos autores a lo largo del tiempo. Por el contrario, cada una
Raúl Clemente Cevallos Calapi et. al.
202
BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
de ellas ha sido valorada en función de su contexto histórico, su
aporte al debate toponímico y su resonancia en el imaginario colec-
tivo. Estas hipótesis han sido revisadas críticamente y enriquecidas
desde una mirada filológica, kichwística y antropológica por parte
del equipo de investigación, con el objetivo de ofrecer una síntesis
interpretativa que articule saberes académicos con memorias cultur-
ales. A partir de este enfoque integrador, se presentan a continuación
los principales resultados y conclusiones de este estudio.
El topónimo Cotacachi representa una construcción lingu�ís -
tica compleja, polisémica y plural, cuyas múltiples interpretaciones
no deben ser juzgadas desde una lógica excluyente o reduccionista,
sino comprendidas en su contexto histórico, simbólico y cultural.
Cada propuesta —aunque diversa en su rigor filológico— aporta ele-
mentos valiosos al entendimiento del territorio, su memoria colectiva
y su resignificación identitaria.
La toponimia de Cotacachi refleja un origen multilingu�e y
multicultural, resultado de un territorio históricamente habitado por
pueblos diversos que dejaron huellas linguísticas superpuestas.
Desde el testimonio colonial temprano de Sancho Paz Ponce de León
hasta las interpretaciones más recientes, se evidencia un entorno
marcado por el multilingu�ismo y la hibridación cultural.
La hipótesis del origen aymara del topónimo, propuesta por
Agustín Moreno Proaño, aporta una lectura polisémica que relaciona
el paisaje natural (nevado y laguna) con categorías espirituales del
pensamiento andino. Esta visión complementa el carácter ritual y
simbólico del territorio y permite comprender el nombre como parte
de una geografía sacralizada.
Interpretaciones como las de Jijón y Caamaño, Moisés Guz-
mán o Alfredo Albuja Galindo amplían el horizonte lingu�ístico al
considerar lenguas como el puquina, chapalachi, páez o tsáfiqui, y
sugieren que Cotacachi pudo haber surgido en contextos de contacto
intercultural, mitimazgo y comercio entre regiones andinas, tropi-
cales y costeras.
Versiones más especulativas, como las de Filemón Proaño
(caldeo) o Pedro Raúl Echeverría (vasco), aunque filológicamente
débiles, muestran el deseo de conectar el origen del topónimo con
Polisemia y memoria en el topónimo Cotacachi
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genealogías exógenas o simbólicas, revelando así una búsqueda
identitaria a través del lenguaje.
Las propuestas de Marco y Camilo Andrade, junto con las
reflexiones de Raúl Clemente Cevallos, revalorizan las etimologías
populares o folk no por su precisión técnica, sino por su capacidad
de generar sentido colectivo, reforzar vínculos con la tierra y fomen-
tar resignificaciones culturales del territorio.
El término kachi aparece como un componente recurrente,
con múltiples significados según la lengua de origen (sal, cerro, rojo,
bosque), lo que refuerza la hipótesis de una raíz compartida o con-
vergente en varias tradiciones lingu�ísticas andinas.
La importancia de la sal en Cotacachi —como bien económ-
ico, sustancia ritual y símbolo de poder ancestral— permite com-
prender por qué aparece integrada en las diferentes lecturas del
topónimo. La sal es un elemento central en la cosmovisión local y
sugiere un vínculo profundo entre el nombre del lugar, sus recursos
naturales y su función ceremonial.
En conjunto, el topónimo Cotacachi debe entenderse como
una expresión polisémica, simbólica y territorializada, donde con-
fluyen memoria histórica, espiritualidad andina y transformaciones
lingu�ísticas sucesivas. Más que designar un punto geográfico, el
nombre nombra una cosmovisión.
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 171 207
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