BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
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Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
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Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
EL ORIGEN Y LA DOMESTICACIÓN DEL CACAO
Y SU USO SOCIAL EN LA ALTA AMAZONÍA
THE ORIGIN AND THE DOMESTICATION OF CACAO
AND ITS SOCIAL USE IN THE UPPER AMAZON
Francisco Valdez
1
Resumen
El origen y el proceso de la domesticación del cacao y su uso social
en América tropical se discute durante muchas décadas en la litera-
tura botánica, antropológica y arqueológica. Tradicionalmente, se
pensó que estos procesos se dieron en el área cultural mesoameri-
cana, pues había abundante información al respecto en las crónicas
tempranas del territorio de la Nueva España y de los territorios que
hoy conforman buena parte de América Central. Hasta fines del siglo
XIX, la botánica repetía estas informaciones sin cuestionar su vera-
cidad científica, hasta que los estudios modernos en los territorios
de América del Sur comenzaron a demostrar la presencia masiva de
Theobroma en la mayor parte de la cuenca amazónica y en especial
en la alta Amazonía. A partir del siglo XXI, el estudio genético entra
en escena y se documentan los orígenes de la planta en el sur del
continente americano. Paralelamente, las investigaciones arqueoló-
gicas recientes demuestran que el Theobroma fue domesticado y uti-
lizado socialmente en la Alta Amazonia casi 2000 años antes que en
Mesoamérica.
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Vol. CII – Nº. 213
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Recibido: 28/08/2025 // Aceptado: 15/09/2025
1 Doctor en Etnología prehistórica y Sociología comparada, Universidad de Paris X, Nanterre
(1985). Arqueólogo de los Museos Banco Central del Ecuador (1981-1989). Arqueólogo del In-
stitut de Recherche pour le Développement (IRD, ex ORSTOM) 1990-2022. Miembro asociado
de la Unidad Investigativa Mixta PALOC, Patrimonios Locales Gobernanza y Globalización.
IRD / MNHN, Paris. (2022 hasta la actualidad). Director de proyectos arqueológicos en Ecua-
dor (Sigsig, La Tolita, Zamora Chinchipe) y México (Cuenca de Sayula) Investigador para Plan
Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza Ecuador Perú. fxv1254@gmail.com
Palabras clave: culturas arqueológicas domesticación, Mayo Chin-
chipe, Theobroma, uso social.
Abstract
The origin of the process of the domestication of Theobroma and its
social use in tropical America has been discussed for many decades
in the botanical anthropological and archaeological literature. Tradi-
tionally, it was thought that these processes occurred in the Meso-
american culture area, as there was abundant information about it in
the early chronicles of the territory of the viceroyalty of New Spain,
and the territories that today make up much of Central Ameri ca. Until
the late 19
th
century, botanist repeated this information without ques-
tioning its scientific veracity, until modern studies in South America
began to demonstrate the massive presence of Theobroma through-
out much of the Amazon basin, and especially in the upper Amazon.
Starting in the 21
st
century, genetic studies come into play and docu -
ment the origins of the plant in the southern part of the American
continent. At the same time, recent archaeological research shows that
Theobroma was domesticated and socially used in the upper Amazon
nearly 2000 years before it was known in Mesoamerica.
Keywords: Archaeological cultures, domestication, Mayo Chinchipe,
social use, Theobroma.
Francisco Valdez
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Introducción
Pocas plantas y frutos (¡legales!) han tenido un impacto glo-
bal tan asombroso y generalizado como el cacao (Theobroma cacao),
su consumo selectivo ha aumentado notablemente durante los últi-
mos 50 años a través del mundo occidental, en Asia y naturalmente
también en toda América. ¿Cuál es la razón de este incremento en la
popularidad de su consumo? Al parecer, esto se debe a que una serie
de estudios científicos multidisciplinarios recientes, han demostrado
que el consumo correcto de esta fruta es muy beneficioso para la
salud. Una gran variedad de disciplinas duras, como la biología mo-
lecular, la botánica, y la farmacéutica, se han unido a las ciencias so-
ciales como la antropología, la etnohistoria, la historia del arte, la
epigrafía y últimamente en gran parte la arqueología para subrayar
sus efectos positivos para el ser humano y así están contribuyendo
al consumo masivo del cacao. En la discusión de este proceso entra
en juego una región del mundo en particular: la alta Amazonía, pues
como se verá, a lo largo de este relato, históricamente fue decisiva
en su origen, su domesticación y en su dispersión por el mundo en-
tero. También se comprenderá por qué esta región está hoy cobrando
una importancia significativa en los cambios de las costumbres del
incremento en su consumo.
A pesar de su importancia socioeconómica, hasta hace pocos
años, los orígenes de la domesticación de esta planta se desconocían,
o eran materia de ásperas discusiones entre los especialistas, que ar-
gumentaban que sus orígenes botánicos eran muy controvertidos y
difíciles de explicar. Muchos coincidían en que la planta se encon-
traba de manera intensiva en tierras amazónicas, pero los fundamen-
talistas aseguraban que su naturaleza antrópica se encontraba en
tierras mexicanas. No obstante, a pesar de que en la actualidad la
mayor producción de cacao se encuentra en el continente africano,
nadie se ha atrevido a dudar del origen americano de esta planta y
de su importancia cultural identitaria para los pueblos amerindios.
En realidad, muy pocos consumidores modernos saben que, al igual
que el tomate, la patata, el aguacate, el maní, la yuca y el maíz, el
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
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cacao se introduce recién en el mercado mundial a partir del siglo
XVI. En los últimos años, el origen y la domesticación inicial del
cacao ha ocupado muchas páginas en las revistas científicas interna-
cionales, a veces creando cierta confusión en el público y en los me-
dios especializados, por lo que se hace necesario poner algunos
puntos en claro sobre esta materia para esclarecer el panorama y así
evitar futuros malentendidos.
Un poco de historia
El mundo occidental conoce por primera vez el cacao a partir
del descubrimiento de América; en 1502, durante el cuarto viaje de
Cristóbal Colón. El Almirante lo descubre casualmente cuando na-
vegaba a lo largo de las costas de Honduras, cerca de la isla de Gua-
naja. Allí los españoles abordan una nave Maya cargada de “bienes
de cambio (Mota 2008, 61-64; citado por Manzetti 2013, 221). De
acuerdo con la tradición, los nativos ofrecieron una carga importante
de almendras de cacao a los europeos, pero éstos no comprendieron
el verdadero interés de las pepitas y se las llevaron a bordo sin
mucho convencimiento. Luego vieron que los nativos preparaban
con ellas una “bebida fuerte y amarga”. La historia actual atribuye
al conquistador español, Hernán Cortés el haber valorado el cacao,
cuando en 1520, el emperador azteca, Moctezuma, lo agasajó con el
brebaje reservado para los dioses. El emperador azteca tomó a Cortés
por Quetzalcoatl y lo honró con la bebida y luego le entregó su plan-
tación real de cacao de Manialtepec. Con el tiempo, el conquistador
aprovechó muy bien este regalo, pues rápidamente estableció con
los nativos el intercambio de las almendras sagradas por oro. Cortés
comprobó igualmente su valor intrínseco cuando vio que sus tropas
podían soportar todo un día de marcha forzada consumiendo solo
un vaso de bebida de cacao (Cortés, 1985) Con estos conocimientos
Cortés envió al Emperador Carlos V, una cantidad apreciable de
cacao, explicando su importancia en las Indias y recalcando los be-
neficios para la salud (Malbrán, 2017). De esta manera, Cortés intro-
dujo oficialmente el cacao en occidente.
Francisco Valdez
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Varios cronistas europeos de los siglos XVI, XVII y XVIII, que
conocieron de primera mano esta fruta en las tierras, hoy llamado
Mesoamérica, describieron la planta, sus preparaciones, sus usos,
sus propiedades y su repartición en el territorio de México y de
buena parte de América Central (ver las referencias al final del texto).
Desafortunadamente, en Sudamérica no hubo un recuento similar
de lo que los viajeros vieron en el sur del continente americano. Por
ello, tradicionalmente, se ha pensado que la planta del cacao no exis-
tía en esta parte del continente. Se suponía que las plantas vistas en
las tierras del sur habían sido introducidas, en épocas precolombinas
desde el norte (Mesoamérica), o inclusive que habían sido traídas y
sembradas por los españoles desde Nueva España. Esta visión del
origen del cacao ha flotado en el aire durante casi 400 años, historia-
dores y los primeros científicos asumieron que la planta era origina-
ria de las tierras del norte. Esta situación cambia a fines del siglo XIX
y a inicios del siglo XX cuando los botánicos comienzan a estudiar
sobre el terreno las colecciones recabadas de las distintas partes del
continente americano (Morris 1882; Hart 1892; Muller 1899; Van Hall
1914; Pound 1938; Vavilov 1940; Chessman 1944; Wickizer 1951; Des-
rosier 1954; Cuatrecasas 1964). Así, se constata que hay por lo menos
tres clases o variedades de cacao y que todas éstas no aparecen en el
área mesoamericana, sino en su mayoría en la región amazónica de
Sur América. La situación se complica, o más bien se simplifica con
los estudios genéticos que identifican y diferencian las variedades
por su composición genética. De esto se tratará en detalle más ade-
lante, pero ahora basta decir que, a partir de estos estudios, el pano-
rama del cacao se expande enormemente.
Problemas en la determinación del lugar de la domesticación del
cacao
Como se mencionó antes, establecer los orígenes de la do-
mesticación del cacao siempre ha sido muy controversial, la razón
es que la distribución geográfica de este fruto es muy amplia en la
América tropical. La planta del Theobroma sp. está presente desde la
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y su uso social en la alta Amazonía
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parte central de México, extendiéndose por Centro América para cu-
brir una buena parte de Sud América hasta llegar a las selvas de Bo-
livia. La mayor concentración de especies de esta planta aparece en
la Amazonía, y más concretamente en la alta Amazonía. De hecho,
estudios especializados han demostrado que el Theobroma y otra
planta emparentada, la Herrania (Schultes 1951) se encuentran de
manera natural en los trópicos del continente sudamericano desde
hace más de 12 millones de años. La separación de estas dos especies
se dio hace unos 9,9 millones de años, con el Theobroma ya bien sin-
gularizado (Richardson et al 2015). Con este antecedente, se pensó
originalmente que los géneros Theobroma y Herrania, pertenecían a
la familia Sterculiacea, de las Dicotiledóneas, pero en la actualidad
se las ha reclasificado dentro de la familia de las Malváceas. Ambas
están relacionadas y tienen sus orígenes en Sur América, siendo la
Herrania también conocida como el “cacao silvestre colombiano”
(Schultes 1951). Muchos botánicos piensan que ambas plantas salie-
ron desde la cuenca amazónica y migraron, ya sea por agencia hu-
mana o por procesos naturales, a través del Ismo de Panamá hacia
Centro América, llegando hasta México (McNeil 2006:4-5;). Sin em-
bargo, no todos están de acuerdo si estas salieron en estado silvestre
o como cultígenos (Cuatrecasas, 1964; Schultes 1984; Stone 1984;
Young 1994; Motamayor et al. 2002; Bletter y Daly, 2006; Ogata,
Gémez-Pompa y Taube, 2006) y por allí se moderniza el debate. Mu-
chos estiman que desde el siglo XVI (o inclusive en épocas preco-
lombinas) hubo mucha intervención humana en los procesos de
reproducción de estas frutas. En la naturaleza se pueden dar cruces
constantes entre subespecies taxonómicos (variedades) de estos dos
géneros y, probablemente esto debió haber sido una constante desde
la época colonial, en que se comenzaron a sembrar las plantas de ma-
nera regular en buena parte de América tropical. Por ello, se ha pen-
sado que probablemente debieron haber, por lo menos, dos centros
mayores de domesticación: el uno en Mesoamérica y el otro en Su-
damérica (Ogata et al 2006: 70).
La discusión ha sido promovida por los estudiosos que sos-
tenían que la domesticación del cacao fue obra de los pueblos de Me-
Francisco Valdez
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soamérica (Olmecas, Mayas y otros). Este argumento se basaba en
que en la Amazonía hay muchas variedades silvestres que podían
ser aprovechadas por el ser humano, pero que no llegaron a ser re-
producidas a voluntad (proceso de domesticación) por los pueblos
nativos de esa región. De alguna manera, quedaba latente la idea que
los amazónicos no tenían la capacidad cultural para llevar a cabo ese
proceso. ¿En qué se sustentaban estas ideas? En varias suposiciones,
algunas con ciertos fundamentos científicos. Por ejemplo, se sabe
que, en la Amazonía, y en general en la naturaleza, los árboles de
cacao silvestres son más altos y tienen sus inflorescencias dispersas,
o a veces en conjuntos, a lo largo del tronco o de las ramas principa-
les. Por ello, el número de flores que dan frutos es más bajo que el
cacao cultivado. Así mismo, el árbol silvestre adulto tiende a vivir
mucho tiempo, sus semillas tienen un período de latencia relativa-
mente largo, por lo que se demoran en germinar y a menudo se cría
sólo o de forma aislada en el bosque. Los factores de dispersión en
las variedades silvestres son los animales, concretamente los monos,
las ardillas, los murciélagos y también ciertas aves. Por otro lado, los
árboles cultivados son más bien bajos, sus flores crían en el tronco y
en las ramas en mayor número, por lo que hay muchas frutas en cada
árbol. Sus semillas tienen un período de somnolencia relativamente
corto, por lo que germinan rápidamente. Además, el árbol puede
criarse en conjuntos, o aislado. Por último y lo más importante, los
principales agentes de dispersión son los seres humanos (Ogata et
al. 2006, 70-79; Hart 1911; Young 1994). En la actualidad, la Amazonía
posee la mayor cantidad de especies (silvestres y cultivadas) de Theo-
broma, por lo que la evidencia sugería, que, a pesar de ser una planta
originaria de esa región, el proceso de la domesticación no se habría
dado originalmente allí.
En el debate botánico, se habían descrito dos subespecies pri-
mordiales del género Theobroma: el T’ cacao ssp. cacao, que se ex-
tiende desde Sud América hacia la parte sur de México; y el T. cacao
ssp sphaerocarpum, que aparece entre Sudamérica y América Central
(Cuatrecasas, 1964). Con ello, se fundamentaba la división entre Crio-
llo y Forastero, afirmándose que la subespecie sphaerocarpum (Foras-
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y su uso social en la alta Amazonía
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tero) era más común en la Alta Amazonía, mientras que la subespecie
cacao (Criollo) era dominante en Mesoamérica. Esto abogaba por la
domesticación preferencial en el norte del continente. No obstante,
la teoría de los dos centros de domesticación seguía vigente, gracias
a los estudios realizados por Pound (1938) en la región entre los ríos
Napo, Putumayo y Caquetá (zona fronteriza de Colombia y Ecua-
dor). Allí se demostró que había una gran cantidad de plantas con
características similares o variadas de las dos subespecies, demos-
trando que no había una diferencia geográfica significativa entre
ellas. Pound propuso entonces que el centro de origen y de la dis-
persión evolutiva del cacao se encontraba en esa área. Años más
tarde, Cheesman propuso que una cantidad de la población de cacao
encontrada en esta zona cruzó la cordillera (por métodos o medios
aún no conocidos en ese entonces) y a partir de ellas evolucionaron
los dos grupos de Criollo que se conocían en ese entonces (Cheesman
1944 :155 citado en Ogata et al 2006, 73).
Como se verá a continuación, los progresos en el estudio ge-
nético del Theobroma ha logrado hacer una diferenciación más precisa
entre las subespecies dominantes y ahora se han clasificado 12 gru-
pos genéticos, o variedades, de cacao presentes entre Sudamérica y
el territorio de la antigua Mesoamérica (Lanaud 2024). El equipo de
genetistas que trabajó con Juan Carlos Motamayor hizo estudios en
poblaciones de Theobroma cacao mexicanas y encontró que había
muy poca diversidad entre ellas y lógicamente asumió que el Theo-
broma cacao debería mostrar altos niveles de diversidad genética,
tales como aparecen en la amazonia entre Colombia, Ecuador y Perú
(Motamayor et al. (2002). El equipo estudió los marcadores genéticos,
los elementos macro satelitales y la restricción del tamaño de los
fragmentos del polimorfismo y comparó la diversidad genética entre
el Theobroma cacao mesoamericano y el de Sudamérica y encontró
que en las muestras mesoamericanas había muy poca diversidad ge-
nética. Se pudo argumentar así que la ausencia de registro palinoló-
gico de Theobroma en los depósitos del período Terciario, sugerían la
idea de que el Theobroma no aparecía de forma natural en Mesoamé-
rica antes de la ocupación humana (Ogata et al, 2006:78). Al igual
Francisco Valdez
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que el botánico Robert Schultes (1984), el equipo de Motamayor con-
cluyó, que genéticamente, se podía afirmar que la antigua variedad
de Theobroma cacao (criollo) se originó probablemente a partir de
unos pocos individuos, en la alta Amazonía (región entre Colombia
y Ecuador) y que de allí progresivamente se dispersó hacia el norte
llegando a Centro América y México. Más tarde, otro grupo de ge-
netistas realizó estudios para comprender mejor la diferenciación, la
clasificación y el origen mismo del Theobroma cacao. Con la base del
análisis de genotipos de 1 241 árboles se propuso una nueva clasifi-
cación del Theobroma, que dividía las variedades conocidas en diez
grupos o conjuntos genéticos, remplazando así la clasificación tradi-
cional de Criollo, Forastero y Trinitario. Estos grupos genéticos son:
Amelonado, Contamana, Criollo, Curaray, Guiana, Iquitos, Mara-
ñón, Nacional, Nanay y Purús (Motamayor et al. 2008, citado en Za-
rrillo y Blake 2022: 125). Nuevos estudios genéticos hoy reconocen
dos grupos nuevos Caquetá y una nueva variedad silvestre, llegando
a doce los grupos genéticos (Lanaud et al 2024). Gracias a los avances
del estudio genético del ADN se ha podido secuenciar las distintas
variedades para comprender sus diferencias y especificidades (Mo-
tamayor et al 2002 y 2003). Las diferencias entre las distintas varie-
dades son importantes para establecer el origen de estas y así tratar
el tema de la domesticación de esta planta.
La evidencia arqueológica
El problema del origen y la domesticación del cacao, desde el
punto de vista botánico es claro y como se ha visto, el progreso en las
ciencias biológicas y sobre todo en la genética han demostrado que
el Theobroma está presente en la Amazonía desde hace millones de
años, mientras que en la región del norte del Istmo de Panamá no
tiene antecedentes naturales muy antiguos. Los estudios modernos
han demostrado que, la presencia efectiva de variedades silvestres o
de cultivares de cacao son relativamente escasas comparadas con lo
que hay en Sudamérica (figura 1). Corresponde entonces buscar las
evidencias materiales de orden cultural y para ello hay que recurrir
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
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a la arqueología. Los estudios efectuados sobre el cacao en Mesoamé-
rica demuestran que los antiguos pueblos ubicados en las áreas fron-
terizas entre México y Guatemala tienen evidencias del uso social del
cacao desde hace casi 4 000 años antes del presente. La evidencia ar-
queológica más antigua de Theobroma en la región de los sitios San
Lorenzo y El Paso de la Almada, demuestra que los Olmecas, y sus
contemporáneos de la cultura Mokaya, contaban con cultivos de
cacao entre el año 1 900 y el 1 500 antes de Cristo, por lo que se presu -
mía que ellos fueron los responsables de su domesticación (Powis et
al, 2011: 8595). La presencia del cacao había sido igualmente estable-
cida entre los Mayas en épocas tempranas (Powis et al, 2002), por lo
que se comprobaba que su uso era ya generalizado en Mesoamérica
durante todo el periodo prehispánico. Éstas evidencias han figurado
como las pruebas del origen cultural de este fruto en las Américas.
De hecho, no se habían encontrado evidencias arqueológicas que sus-
tenten el cultivo antiguo de esta planta en América del Sur.
Fig. 1 Presencia de variedades de Theobroma en América Tropical
Francisco Valdez
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Esta situación ha cambiado ahora con los estudios efectuados
en la Alta Amazonia de Ecuador, concretamente en el sur de la pro-
vincia de Zamora Chinchipe fronteriza con el Perú (figura 2). Los ha-
llazgos más significativos son los vestigios culturales diseminados a
lo largo de la cuenca hidrográfica del Mayo Chinchipe, pertenecien-
tes al período Formativo Temprano y medio (Olivera Núñez 1999;
Valdez et al., 2005). Hasta ahora, las manifestaciones culturales de
una época tan antigua eran desconocidas en la vertiente oriental de
los Andes, considerada poco propicia a la instalación sedentaria del
hombre. El clima actual se caracteriza por la existencia de fuertes
precipitaciones (superiores a 3 000 mm anuales) con un régimen es-
tacional más húmedo e inestable que el que se encuentra actual-
mente en la Baja Amazonia. La variación de los suelos es amplia,
incluye las tierras de origen volcánico que cubren la vertiente orien-
tal de la cordillera y los suelos detríticos que se ubican en el pie de
monte andino. La cobertura vegetal es igualmente muy diversa: bos-
ques de montaña a más de 700 m.s.n.m.; bosques densos e inundados
a lo largo de los ríos; bosques de transición con formaciones de
bambú y arbustos dispersos de los bosques tropicales secos y las sa-
banas de altura extensiva que caracterizan al norte del Perú (Guffroy
2003: 287; Valdez 2013: 9-16). La cuenca del Chinchipe es un mosaico
de nichos ecológicos complementarios, que varía entre el bosque hú-
medo de altura (bosque de nubes) en la región de sus cabeceras (2
000/1 600 m.s.n.m.) hacia un bosque tropical muy húmedo en la
parte media (1 500/800 m.s.n.m.) para terminar en un bosque seco,
casi xerofítico, en su desembocadura en el Marañón (400 m.s.n.m.).
Por ello, esta cuenca es una de las regiones del mundo con el más
alto índice de biodiversidad, que en que las zonas transicionales o
“cejas de selva o de montaña” guardan un marcado endemismo en
cada franja altitudinal (Valdez 2013: 12).
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
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Fig. 2 Ubicación de la cuenca hidrográfica Mayo Chinchipe–Marañón,
con el sitio Santa Ana–La Florida (Palanda, Ecuador)
En esta cuenca se han encontrado las evidencias de una
nueva cultura prehispánica, hoy denominada Mayo ChinchipeMa-
rañón que tiene una antigüedad de casi 6 000 años antes del presente.
Desde el punto de vista botánico, la Alta Amazonía ha sido el medio
propicio para la domesticación de muchas especies; la humedad
constante, el calor y los cambios altitudinales favorecen la germina-
ción rápida de semillas, que fueron, a menudo, transportadas por
los habitantes de esta región, desde su medio original a otras zonas
distintas. Esto obligó a varias especies a adaptarse a distintos nichos
ecológicos. La intervención humana rompió el endemismo natural
de la vegetación de esta región y provocó la modificación genética
de algunas plantas, que antes estaban consignadas por la altura o
por los medios naturales de polinización. El caso del cacao es un
buen ejemplo de estos procesos. Hoy se sabe que el cacao crece de
manera silvestre y produce frutos hasta una altura máxima de casi
2 000 m s. n. m., lo que corresponde a la gradiente inclinada que baja
Francisco Valdez
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
paulatinamente al este de la cordillera de los Andes. Como ya se ha
señalado, en este medio natural, la planta está dispersa en el bosque
con pocos ejemplares reunidos, creciendo a menudo cerca del cauce
de los ríos, que por su pendiente se drenan constantemente.
Estudios arqueológicos realizados durante los últimos veinte
años en la región, han vuelto a poner el tema del origen del cacao en
el tapete, pues se han encontrado evidencias materiales de que el
Theobroma fue utilizado en la Alta Amazonía hace más de 5 000 años.
Excavaciones efectuadas en el sitio Santa Ana-La Florida, cerca de
Palanda, han revelado contextos culturales de la cultura Mayo Chin-
chipe, donde el cacao está presente en forma física, tanto en el inte-
rior de recipientes, depositados como ofrendas funerarias, como en
los basurales del pueblo que habitó el sitio. Las fechas radiométricas
obtenidas de los restos orgánicos de cacao en los basurales se ubican
entre 5 500 y 5 300 años antes de presente (AP), pero otras fechas ob-
tenidas de varias tumbas y basurales, donde la presencia de cacao
está bien comprobada, prolongan su utilización entre 4 400 y 3 970
AP (Valdez, 2013). Esto implica que el cacao fue una planta regular-
mente utilizada por esta sociedad durante más de mil años (Tabla 1).
La nueva evidencia demuestra la antigüedad del uso social del cacao
en la Alta Amazonía durante un periodo que cubre más de mil qui-
nientos años antes de sus primeras evidencias en México o Guate-
mala. Para tratar del tema de la domesticación del Theobroma, es
pertinente hablar del pueblo que lo efectuó, pues, así como en Me-
soamérica se atribuía este hecho tecnológico a un pueblo tan desa-
rrollado socioculturalmente como los Olmecas, conviene describir al
pueblo amazónico que efectuó en realidad este proceso con mucha
anterioridad.
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
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Tabla 1. FECHAS DE CARBONO 14 ASOCIADAS A LOS CONTEXTOS
CON EVIDENCIA DE CACAO
# 13C/12C Edad 14
C
Edad 14
C
Calibración 1 Calibración 2
Laboratorio (‰) medida convencional sigmas sigmas
Contexto
Beta-312078 AMS 14,4% 4450 +/- 30 4620 +/- 30 3490 / 3360 BC 3500/3330 BC X4 (17) basural -
(5440 / 5310BP) (5500/5300BP) 60/80 cm
Beta – 398107 AMS 22,4% 3720 +/- 40 3760 +/- 40 2195 / 2170BC 2265/2260 BC IV 4 -80 cm
(4145/4120BP) (4215/4210BP)
Nivel ocupacional/
2145/2110BC 2205/2015 BC basural
(4095/4060BP) 1995/1980BC
2100/2035 BC (4155/3965BP)
(4050/3985BP) 3945/3930BP)
Beta – 398108 AMS 28,4% 3690 +/- 30 3640 +/- 30 2010 / 2000BC 2030/1885 BC IV 4 basural-
(3960/3950BP) (3980/3835BP) 85/90 cm
1975 / 1915 BC
(3925/3865BP)
Beta-214742
Radiometric 3800 +/- 60 3800 +/- 60 2197 / 1983 BC 2450 / 2040BC Tumba 2 pozo
SALF 04-05 19,1% (4146 /3932 BP) (4400/3990BP) entrada -60 cm
XII- 4 (8)
Beta-197176 AMS 22,9% 3700 +/- 40 3700 +/- 60 2141 / 2031 BC 2270/2260 BC Tumba 2 pozo
SALF 014-04 3730 +/- 40 (4090/3980 BP) (4220/4210BP) cámara
2220/2020 BC -220 cm
(4170/3970BP) XIV- 4(8)
Beta-261402 AMS 25,8% 3710 +/- 40 3700 +/- 40 2140 / 2030 BC 2200/1970BC Tumba 4 material
SALF 03/09 (4150/3920 BP) (4150/3920BP) relleno -192 cm
Un Centro Ceremonial de la Cultura Mayo Chinchipe
El sitio Santa Ana-La Florida (SALF), ubicado a 1 050 m sobre
el nivel del mar, fue originalmente un pequeño poblado establecido
sobre una terraza aluvial, en las cabeceras del río Chinchipe. El po-
blado se extendió sobre una planicie encañonada entre el río y el
flanco empinado de la cordillera circundante. El sitio creció paulati-
namente y llego a cubrir algo más de una hectárea. Con el paso del
tiempo se convirtió en un centro de reunión para los pobladores que
vivían dispersos en la región. El sitio SALF fue un centro ceremonial,
Francisco Valdez
146
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
al igual que los sitios mesoamericanos antes mencionados, que a
pesar de su antigüedad representa una sociedad sedentaria con un
desarrollo sociocultural precoz importante. Su función como centro
cívico ceremonial ha dejado evidencias de una arquitectura planifi-
cada y orientada a estas actividades. Estuvo organizado en torno a
una plaza circular, delimitada por un muro de piedra de 40 m de diá-
metro (Valdez et al., 2005). Este espacio central se encontraba en des-
nivel en relación con el terreno circundante, donde se levantaron una
veintena de estructuras circulares de piedra, identificadas como vi-
viendas (temporales o permanentes). En el entorno circundante so-
bresalen dos plataformas construidas sobre los extremos de un eje
este/oeste de la plaza central (figura 3). Las plataformas se elevan y
dominan el espacio central, donde se reunía la colectividad. Las téc-
nicas constructivas asombran por la lógica de su ingeniería que cum-
ple con una finalidad, tanto simbólica como funcional. La plataforma
ubicada en el extremo oriental, próxima a la depresión del barranco
del río, se acopló al declive del terreno. La ingeniería empleada en
su técnica de construcción es asombrosa. En un inicio se rellenó el
declive natural del terreno con tierra y muros de contención de pie-
dra de forma concéntrica. A medida en que su altura se erigía, se
añadían sedimentos y contrafuertes hasta alcanzar un área de unos
900 m
2
. La forma ovalada se elevó a más de 10 m sobre la margen
del río y a unos 3 m sobre el nivel de la plaza central. Los muros con-
céntricos fueron paulatinamente incorporándose al centro, dando al
conjunto la forma de un espiral de piedra.
Sobre la cima de la plataforma, se edificó una estructura cir-
cular, hoy denominada el templo, en cuyo centro se identificó un eje
circular, materializado por una hoguera ceremonial. Esta estructura
ha sido identificada como un altar, puesto que en su base se efectua-
ron ex votos suntuosos: dos mascarones de piedra verde y un cente-
nar de cuentas de turquesa probablemente un collar. El diseño curvo
de los muros concéntricos y la forma en espiral son una de las carac-
terísticas notables de esta cultura. Recientemente, se ha encontrado
y excavado una plataforma de esta misma cultura, que presenta
igualmente la arquitectura en espiral; esta se encuentra en la ciudad
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
147
peruana de Jaén, ubicada en el bajo Chinchipe, no lejos del Marañón
(Olivera Núñez, 2014). El simbolismo que expresa la arquitectura re-
fleja la noción de movimiento continuo, materializada en los trazos
circulares y en la dualidad adentro / afuera que le son indisociables.
El ejemplo más claro de esto es un contexto funerario (horizon -
tal/vertical) que acompaña a la hoguera central, con ofrendas sun-
tuosas, inmersas en su espiral lítico. A menos de un metro de
distancia del altar ceremonial se encontró un rasgo arquitectónico
notable. La construcción de una tumba de pozo, con las paredes ver-
ticales revestidas de piedras superpuestas, a manera de una segunda
espiral. En realidad, las piedras imitan la figura de un caracol, con
el diámetro de la boca de entrada ancha, que se adelgaza a medida
en que desciende hacia el interior. La cavidad del pozo tiene más de
dos metros, y en su momento fue rellenada con tres lajas rectas de
Francisco Valdez
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
Fig. 3 Plano del centro ceremonial Santa Ana – La Florida
buen tamaño, tierra y otras piedras. Las tres lajas se suceden verti-
calmente desde la entrada, en un eje ligeramente inclinado, hacia la
cámara mortuoria. Se subraya así la noción de unidad vertical al cen-
tro de la espiral. La arquitectura funeraria lleva implícito el concepto
de verticalidad / horizontalidad en conexión con la noción del trán-
sito entre la vida y la muerte. La estructura circular de la cima, o tem-
plo, tiene un diámetro de 12 m con un área de aproximadamente 110
m2. El piso del interior de la estructura fue intensamente quemado
para reforzar su resistencia. Empero, una de las características más
importantes de esta plataforma es la presencia de un cementerio, do-
tado de ricas ofrendas funerarias, en el subsuelo de esta. Por la cali-
dad de la parafernalia que acompañaba a los individuos allí
inhumados se podría considerar que esta plataforma tuvo el carácter
de un camposanto de personajes de elite, quizás ligados a funciones
chamánicas (Valdez, 2007; 2008; 2013).
En el extremo occidental de la plaza central, se aprovechó la
topografía natural ascendente para construir una plataforma escalo-
nada, que se elevó aproximadamente unos cinco metros sobre la
plaza. El acceso a esta estructura se hace mediante una rampa que
se eleva sobre la plaza hundida y alcanza un graderío compuesto
por cinco filas de escalones que ascienden hacia el cuerpo de la pla-
taforma. Desde este espacio superior se domina todo el contexto del
sitio y quizás desde allí se dirigían las actividades cívico-ceremonia-
les que se realizaban al interior de la plaza central. Lo notable del
conjunto es la presencia vista de la piedra como elemento principal
de las construcciones. Estos elementos arquitectónicos están cons-
truidos con una mezcla de tierra y pequeñas piedras. El exterior de
los muros tiene piedras mayores, que le dan su aspecto monumental.
Este tipo de construcciones no eran antes conocidas en la región ama-
zónica del país.
La excavación de las diferentes estructuras encontradas en
el sitio permitió recabar mucha información sobre las diferentes ac-
tividades que se dieron durante la ocupación del yacimiento. Sin em-
bargo, la mayor cantidad de datos sobre la vida y los usos de la
sociedad Mayo Chinchipe proviene de los depósitos funerarios en-
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
149
contrados bajo la plataforma oriental. Las ofrendas, o ajuares inclu-
yeron recipientes cerámicos y artefactos de piedra que alguna vez
contuvieron alimentos y bebidas dispuestas para acompañar a los
difuntos en la otra vida. Entre los objetos notables se encontraron
igualmente concentraciones importantes de cuentas de turquesa, pla-
quetas de malaquita, dijes de piedra verde acompañadas de algunas
cuentas de nácar y fragmentos mal conservados del caracol marino
Strombus. Estas conchas provenientes del océano Pacífico debieron
haber llegado a la Alta Amazonía por algún mecanismo de interac-
ción a larga distancia. Como se verá más adelante, la interacción con
la cultura Valdivia de costa del Pacífico fue importante desde el
punto de vista ideológico, y probablemente también económico, para
las dos regiones geográficas separadas por la cordillera de los Andes.
Otros contextos importantes que han dado mucha informa-
ción sobre la vida del sitio fueron los depósitos de basura cotidiana,
encontrados en la periferia del sitio. Allí se han acumulado desechos
de muchos de los alimentos que eran consumidos en aquella época.
El análisis especializado realizado en diversas muestras obtenidas
demostró la presencia de gránulos de almidón de varias especies de
plantas. Sonia Zarrillo, de la Universidad de Calgary, identificó las
siguientes especies: ají (Capsicum spp.), frejol (Phaseolus vulgaris, fa-
milia Fabaceae), yuca (Manihot esculenta), camote (Dioscorea spp.), ba-
tata (Ipomea spp.), papa china (Colocasia esculenta), maíz (Zea mays),
cacao de monte (Herrania spp.) y cacao (Theobroma spp.). Estas plan-
tas dieron una idea de los diferentes alimentos que eran cultivados
por los antiguos habitantes de la cultura Mayo Chinchipe en el sitio
Santa Ana-La Florida (Zarrillo, 2012: 190, 207-213).
El proceso de la domesticación y uso social del cacao
La identificación del proceso de domesticación tuvo algunas
fases. La puesta en evidencia de los contextos arqueológicos, donde
aparece la presencia del Theobroma, fue, sin duda, el sustento cientí-
fico para comprender su significado sociocultural. El estudio de Za-
rrillo incluyó análisis palinológicos, de fitolitos y de los gránulos de
Francisco Valdez
150
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
almidón de distintas plantas que se habían conservado en los resi-
duos arqueológicos. La importancia de la evidencia orgánica con-
viene ser descrita a cabalidad. Los gránulos de almidón se forman
durante el proceso de crecimiento de varias especies vegetales, pue-
den ser encontrados en los órganos y en los tejidos de la mayor parte
de las plantas. Los gránulos de cada especie pueden ser identificados
y diferenciados, con un microscopio de lentes polarizados, por su
consistencia semi-cristalina, que refleja sus diferencias estructurales
en la geometría interna, que es específica de cada especie. Para con-
firmar la presencia efectiva del Theobroma en los depósitos arqueo-
lógicos del sitio SALF, intervino igualmente, un equipo de expertos
en la identificación bioquímica del cacao, por medio de la extracción
y el análisis de las metilxantinas presentes en los objetos excavados.
La teobromina, la cafeína y la teofilina son las metilxantinas que de-
muestran la presencia química del cacao en los residuos orgánicos
depositados en las paredes de los recipientes arqueológicos. Este
equipo estuvo compuesto por arqueólogos y químicos expertos en
la identificación de la antigua alimentación precolombina: Drs. Terry
Powis (Kennesaw State University, Georgia, EE. UU.), Nilesh Gaik-
wad y Louis Grivetti (University of California, Davis, EE. UU.). Por
último, la identificación de proceso de domesticación de una varie-
dad de cacao estuvo a cargo de la Dra. Claire Lanaud, genetista del
Centro Internacional de Investigación Agronómica para el Desarrollo
(CIRAD) de Montpellier, Francia. La Dra. Lanaud y su equipo fue
determinante en la identificación y en el secuenciar al antiguo ADN
de los restos orgánicos de Theobroma y Herrania encontrados en las
muestras arqueológicas del sitio SALF. El estudio genético de las evi-
dencias demostró que los géneros Theobroma y Herrania habían sido
manipulados, quizás de manera inconsciente, para producir una va-
riedad de Theobroma susceptible de ser cultivado y reproducido a vo-
luntad por el ser humano. En esto consiste justamente el proceso de
la domesticación de una especie vegetal o animal. El cambio genético
produce una mutación en la estructura de la planta y permite que
esta sea cultivada en distintos tiempos y medios del que fue origi-
nalmente encontrada en la naturaleza. Es por eso que el cacao do-
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
151
mesticado pudo ser trasladado de su medio natural en la Alta Ama-
zonía hacia los terrenos tropicales de la costa del Pacífico. Más tarde,
la Dra. Lanaud constató que el cacao estuvo presente en todas las
culturas arqueológicas de la costa ecuatoriana, a partir de la cultura
Valdivia que fue la primera receptora del cacao amazónico hace más
de 5 000 años antes del presente. Utilizando métodos arqueogenó-
micos Lanaud y un amplio equipo de científicos lograron comprobar
la dispersión del Theobroma a través del tiempo y del espacio, en las
culturas arqueológicas de Colombia, Panamá, México y Belice (La-
naud et al, 2024). Con este estudio, se comprobó como el cacao ama-
zónico cruzó la cordillera de los Andes y como llegó a Mesoamérica
en un lapso de unos 1 500 a 1 800 años, luego de su domesticación
en la Alta Amazonía.
El uso social del cacao implica una definición clara de lo que
se debe entender por social. La constatación de la presencia de cacao
en distintos tipos de contextos del sitio da a entender que este fruto
y sus derivados fueron un alimento o una sustancia utilizada en dis-
tintos momentos, en distintas ocasiones y en distintas circunstancias
por la comunidad que residía u ocupaba el sitio en la antigüedad. El
valor social de los alimentos es importante puesto que no solo im-
plica el hecho de compartir un alimento, sino que abre las puertas a
un universo complejo donde se intercalan valores alimentarios, sim-
bólicos y prácticos. El universo social que el cacao ha tenido y aún
tiene entre los pueblos amerindios es amplio, pero en la Amazonia
es aún poco conocido. Cuando uno piensa en el árbol cacaotero en
la selva uno lo relaciona primeramente con la posibilidad de refres-
carse antes de alimentarse. El ser humano, muchos mamíferos y
aves, ven en el fruto maduro una fuente agradable de energía casi
instantánea. La mazorca de cacao tiene en su interior un conjunto de
semillas revestidas de una pulpa adiposa, de sabor agridulce que es
consumido vorazmente por quienes deambulan por el bosque hú-
medo tropical. El jugo quita la sed y el sabor y la textura de la pulpa
deleita al que la chupa. Este acto, en sí, puede ser considerado como
individual (humano o animal), pues luego de que se ha comido la
pulpa, generalmente se bota la pepa en el camino, y el caco se sigue
Francisco Valdez
152
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
renovado cuando la semilla germina. En algunos casos específicos,
la gente recoge las semillas, pero la mayoría de las veces estas caen
en el suelo pueden reproducir un nuevo árbol. De lo contrario, las
semillas no se dispersan de manera natural y se pudren en la ma-
zorca que de por sí queda fijada en el tronco del cacaotero. De esta
manera el acto individual se convierte en un hecho social, pues qui-
zás sin querer se ha regenerado la especie para el bien de los próxi-
mos viajeros de la selva. Cuando el ser humano comprendió el
proceso reproductivo del fruto y el comienza a trasladar las semillas,
a áreas cercanas a sus viviendas, es posible que el proceso de cultivo
y de la cosecha no intencional haya generado la conciencia del pro-
ceso regenerativo y el ser humano comienza a intervenir en el cam-
bio genético en el Theobroma. Los desechos del fruto arrojados liberan
las semillas que puede germinar y al botar raíces, para convertirse
en un almácigo, que se nutre en la tierra con otros desechos orgáni-
cos. Con el paso del tiempo el entorno de las viviendas se fue paula-
tinamente convirtiendo en un jardín o huerto, con la presencia de
varias especies vegetales. El proceso de la domesticación está así per-
feccionado.
En los Andes, el estudio de gránulos de almidón de maíz ha
sido empleado como evidencia para la identificación de las plantas
antiguamente utilizadas para la producción de bebidas fermentadas.
La hipótesis de que la chicha fue una de las motivaciones principales
para la producción masiva de maíz no es nueva, y se piensa que in-
cluso estuvo al centro de la domesticación de algunas variedades.
Muchos investigadores en los Andes llegan a la conclusión de que
la producción de bebidas fermentadas era altamente deseada como
un elemento de vinculación social. Según las estimaciones de varios
investigadores, la importancia de la chicha de maíz sobrepasa am-
pliamente la necesidad de producir alimentos consumibles como pan
o tortillas (Jennings y Bowser, 2009). Dentro de este contexto, la evi-
dencia arqueológica del uso activo del cacao y de su relación con la
producción probable de bebidas fermentadas (tipo chicha) añade
ciertamente nuevas luces a la discusión de su uso social. La produc-
ción de estas bebidas es relativamente simple en el caso del cacao.
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
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De las mazorcas se retiran las almendras y se extrae la pulpa para
mezclarlas con agua en un recipiente, luego son aplastada y expri-
midas repetidas veces para obtener un jugo agridulce que se puede
consumir inmediatamente o dejar fermentar en un ambiente cerrado.
El grado alcohólico varía con el tiempo que se los deja fermentar,
pero el resultado es una “chicha de cacao”. Durante mucho tiempo
los estudiosos de Theobroma en Mesoamérica sostenían que, en Amé-
rica del sur, este fue el principal o el único uso que se daba al cacao
entre los pueblos amerindios (Coe y Coe 1996, 26; Henderson y Joyce
2006). Hoy la evidencia arqueológica demuestra lo contrario.
La discusión teórica que se ha generado desde hace años,
sobre la importancia y la función que tuvo la producción de bebidas
fermentadas, desde el inicio del desarrollo de la agricultura, debe ser
también considerado al hablar de la dimensión del uso social del
cacao. En la década de los años 50, se inició un debate sobre la moti-
vación para el cultivo masivo de cereales. Robert Braidwood, y otros
autores, se hacían la misma pregunta ¿qué fue más importante, el
pan o la cerveza? Argumentaban que es probable que la cerveza haya
sido el producto principal que se buscaba al cultivar cereales, como
el trigo y la cebada en Mesopotamia desde hace 5 200 años (Braid-
wood et al., 1953). En ese momento fue la detección de un elemento
residual, el oxalato de calcio, presente en la cerveza, lo que llevo a
identificar la presencia de una bebida hecha a base de cebada. Esta
constatación que se dio inicialmente en el “triángulo fértil” de Me-
sopotamia, se dio luego en los restos cerámicos de contextos domés-
ticos del sitio Jiahu de la provincia Henan en China. Los restos
fechados en tres subperiodos se ubican entre 7 000 y 5 500 años antes
del presente. En China se analizaron los componentes químicos re-
manentes, adheridos a los fragmentos cerámicos, para identificar los
cereales fermentados como mijo y arroz (McGovern et al., 2004).
Lo mismo se puede decir de muchas de las plantas que han
sido domesticadas en la Amazonía, pues su dimensión social es im-
portante y está documentada regularmente entre los pueblos nativos
de la región. La idea de compartir una bebida agradable, estimulante
y ligeramente embriagante es común entre los amazónicos y, de
Francisco Valdez
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
hecho, es el primer gesto que estos tienen cuando reciben a algún vi-
sitante. Cuando se dan reuniones o eventos sociales entre grupos afi-
nes se comparten grandes cantidades de chicha. La fermentación de
las bebidas hechas con cacao parece haber sido un hecho que se cons-
tata por el almacenamiento de líquidos que dejan residuos, en la
forma de los gránulos de almidón que se han encontrado en los re-
cipientes cerámicos y de piedra arqueológicos encontrados en el sitio
SALF.
Como se ha dicho, las botellas encontradas como ofrendas
funerarias, contienen gránulos de almidón, tanto de cacao como de
maíz, y esto atestigua que líquidos fabricados con estos productos
eran considerados bebidas importantes, dignas de ser llevadas a la
otra vida. Al mismo tiempo, su presencia en recipientes abiertos y
semi-cerrados sugiere la idea de que pudieran haber sido utilizados
para procesar las almendras, cociéndolas y eventualmente también
tratándolas para producir alimentos de diversa índole.
La presencia de estas bebidas en recipientes, delicadamente
elaborados y decorados, dentro de los contextos funerarios tiene una
fuerte carga simbólica que obliga a estudiar la relación de dialogo
entre el contenedor y el contenido. Donde claramente está enfatizada
la fuerza de un mensaje ideológico. Las botellas de asa de estribo que
contuvieron restos de maíz y cacao son formas poco comunes entre
los recipientes utilitarios, por lo que merecen ser resaltadas. El reci-
piente que contuvo una bebida de cacao es lo que se conoce como
una “botella efigie” que es utilizada para trasmitir conceptos simbó-
licos de trascendencia sagrada. Al analizar la forma y la representa-
ción iconográfica del cuerpo se observa la figura doble de la cabeza
de un individuo que emerge de la bivalva de una concha marina,
identificada como Spondylus crassisquama (antes prínceps). A cada
lado del recipiente, aparece la faz antropomorfa de un mismo ser
que se transforma en un jaguar, tomando los atributos simbólicos
del hocico sangriento del felino con una lengua protuberante. En
ambos lados, la cara está, además, revestida de la misma concha a
manera de un casco espinoso (figura 4).
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
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Fig. 4 Recipiente efigie de asa de estribo
con representaciones faciales en sus lados opuestos
La idea de la transformación de un individuo es constante
en la práctica chamánica amerindia. Esta alusión al jaguar es propia
de la iconografía de la cultura Valdivia, de la costa del Pacifico, en
donde se originó el culto a la diada Strombus / Spondylus. La cultura
Mayo Chinchipe-Marañón es contemporánea con Valdivia y sus
nexos resultan evidentes con la presencia física de la concha Strombus
en las tumbas y, sobre todo, con la representación idealizada de la
bivalva Spondylus en cerámica. El simbolismo y la fuerza del mensaje
de la transformación chamánica, materializada en la botella de asa
de estribo, cobra además toda su dimensión al contener el recipiente
una bebida energética (fermentada o no), que se consume, tanto en
ritos específicos como en contextos de la vida cotidiana. El valor so-
cial de la iconografía sagrada presente en el contenedor es además
Francisco Valdez
156
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
doblemente interesante por la alusión que hace a la interacción de
las fuerzas distantes del mar (Spondylus) con las del medio selvático
(jaguar–serpiente–halcón). El contenido que comparte la gente con
el oficiante del rito funerario se torna socialmente sagrado. El caso
de la botella que contenía restos de una bebida de maíz es también
notable, pues hay que recalcar la forma tubular y circular del reci-
piente que transporta y circula en su interior la energía del líquido.
Esta forma tan particular aparece también en botellas de asa de es-
tribo en las culturas ecuatorianas del pedido Formativo medio: Ma-
chalilla y Cotocollao (Meggers et al, 1965; Villalba, 1988). La función
de los recipientes dotados de un asa de estribo (contenedor) es ma-
teria de discusión entre los especialistas. Valentine Wauters lo discute
en su tesis doctoral y subraya que algunos autores como Shimada
(2001, p. 197) o Stone-Miller (1996, p. 104) consideran que estos reci-
pientes estaban destinados a contener bebidas fermentadas de ce-
reales como la chicha (Wauters, 2018, pp. 31-32). Su forma es
constante entre las ofrendas funerarias en los Andes centrales.
Un caso semejante se da igualmente en la iconografía gra-
bada en el lomo de varios cuencos de piedra pulida, donde también
se detectó la presencia de cacao. En este caso, aparece una doble fi-
gura de un ser antropomorfo que se asocia o manipula con los brazos
la representación de una serpiente y de un halcón. El mensaje sim-
bólico se refuerza con la dualidad en la representación del individuo
que se desdobla, simétricamente opuesto, en cada extremo del
cuenco (figura 5). El dialogo entre el contenido y su contenedor re-
sulta evidente, pues se informa sobre la naturaleza del concepto que
se encuentra detrás de ambas representaciones, al mismo tiempo que
alude al estatus y la probable pertenencia del antiguo usuario al
mundo chamánico.
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
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Fig. 5 Iconografía sobre el lomo de cuencos de piedra pulida
El procesamiento social del cacao va más allá del uso de la
fruta como alimento o bebida, pues estudios etnográficos revelan
que el consumo de esta planta incluye, la corteza, la madera, las
hojas, la pulpa que recubre las semillas y naturalmente los granos
mismos del cacao. Cada parte involucra un procedimiento especifico
que debe ser aprehendido por los distintos miembros de una comu-
nidad. Las distintas partes están destinadas a fines muy concretos y
estos están rodeados de saberes tradicionales que se trasmiten de
distintas maneras en las sociedades selváticas. El Theobroma fue siem-
pre una parte importante de la farmacopea amerindia. La corteza,
las hojas y eventualmente la madera era utilizadas para producir ele-
mentos curativos por sus propiedades antiinflamatorias y antisépti-
cas. Hay registros de la quema de estas partes constitutivas del cacao
para obtener una ceniza que se aplica en las heridas, impidiendo así
Francisco Valdez
158
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
que se infecten. La mazorca y sus frutos son parte de un sistema de
intercambio o comercio a corta o la larga distancia. Todos estos as-
pectos son parte del accionar social que le dieron vida al cacao en la
comunidad.
Otro artefacto encontrado en la tumba central del sitio SALF,
que también tuvo huellas de cacao en sus paredes, fue un pequeño
mortero de piedra en forma de un buitre. Este objeto no sirvió para
moler las semillas del cacao, pero que pudo haber sido utilizado en
preparaciones de farmacopea, moliendo cortezas u hojas secas de
esa planta. Varios morteros de este tipo han sido encontrados como
ofrendas en la plataforma oriental del sitio. Estos objetos, llamados
también “tabletas de inhalación”, sirvieron para moler las semillas
y producir polvos o “snuffs” de algunas plantas con propiedades alu-
cinógenas (figura 6). En la Amazonía, el uso del género Anadenathera
spp es conocido en los relatos etnográficos de varios pueblos; estas
plantas son consideradas como sagradas y los snuffs que de ellas son
producidos se conocen con nombres que pueden variar entre
“yopo”, “huila” o “vilca”, “cebil” o “cohoba”. El polvo que se pro-
duce al moler las semillas es inhalado, con o sin algún tubo, por la
nariz y sus efectos psicotrópicos son casi inmediatos (Schultes, 2000).
El origen y la domesticación del cacao
y su uso social en la alta Amazonía
BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
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Fig. 6 Mortero / tableta de inhalación de piedra pulida
en forma de un buitre real
Conclusiones
En la actualidad, se puede afirmar que, tanto el origen como
el proceso de la domesticación de por lo menos una variedad de
Theobroma se dio en la alta Amazonía hace unos 5500 años antes del
presente. Es evidente que este proceso pudo haberse dado también
en muchas otras localidades de la Amazonía, pero los únicos estu-
dios científicos que sean hecho, hasta la fecha, sobre esta temática
han sido efectuados en el contexto de la cultura Mayo Chinchipe, en
el sitio arqueológico Santa AnaLa Florida, ubicado en el cantón Pa-
landa de la provincia de Zamora Chinchipe, Ecuador. Estos estudios
han puesto fin a la supuesta teoría de que el cacao se originó y se
dispersó desde el área cultural mesoamericana hacia el sur del con-
tinente. En la práctica, se ha comprobado genéticamente que el cacao,
Francisco Valdez
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BOLETÍN ANH Nº 213 • 133 169
una planta natural de la región amazónica, cruzó tempranamente la
cordillera de los Andes y fue introducido en la costa del Pacífico hace
más de 5 000 años. Desde allí comenzó su dispersión a través del no-
roeste de Sudamérica hasta llegar paulatinamente a lo que ahora son
las repúblicas de Guatemala y México. La cultura Mayo Chinchipe
– Marañón tuvo un alto grado de desarrollo sociocultural, tecnoló-
gico e ideológico que le permitió tener una intensa interacción con
las culturas costeñas contemporáneas. Valdivia fue la receptora del
cacao amazónico y lo diseminó a todo lo largo de la costa ecuato-
riana.
El uso social de esta planta y sus derivados ha podido ser de-
mostrado en los contextos arqueológicos del sitio Santa Ana - La Flo-
rida. Las prácticas de su cultivo, así como las diversas formas de su
uso cotidiano y en contextos rituales han sido evidenciados gracias
a los estudios multidisciplinarios, y en especial a los análisis paleo-
botánicos, con la identificación de las metilxantinas que le son pro-
pias (la teobromina, la cafeína y la teofilina) y por un, sobre todo, al
estudio genético del antiguo ADN, secuenciado en las muestras ar-
queológicas.
La interpretación de la evidencia y los análisis sugieren una
amplia gama de productos procesados a partir del cacao, que fueron
aprovechados en la cultura Mayo Chinchipe, ya sea como un ele-
mento alimenticio, una parte integrante de la farmacopea y como un
componente socialmente simbólico de mucha trascendencia ideoló-
gica. Se requiere de mayores estudios comparativos entre los actuales
pueblos amazónicos, de las regiones vecinas para obtener informa-
ción y elaborar nuevas hipótesis sobre los múltiples usos posibles
del cacao, conocidos y practicados tradicionalmente por los pueblos
amerindios.
De la misma manera, se piensa que trabajos arqueológicos
futuros podrán brindar nuevos contextos en los que se evidencian
otras prácticas efectuadas por esta cultura arqueológica. En defini-
tiva, los estudios efectuados en el sitio SALF han abierto las puertas
para una nueva dimensión en la comprensión de los pueblos ama-
zónicos, demostrando que estos han sido calificados erróneamente
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como grupos de cazadores recolectores que viven en un estado de
semi barbarie. Las pruebas del alto grado de desarrollo sociocultural
de la cultura Mayo Chinchipe demuestran la importancia de la inte-
racción humana entre regiones geográficas distantes. Ahora, se
puede afirmar que la noción errónea que se ha venido repitiendo
sobre los pueblos amazónicos refleja únicamente los efectos del ais-
lamiento sociocultural que han vivido las poblaciones orientales a
partir del siglo XVI. Los estereotipos creados sobre su organización
social tienen que ser revisados a la luz de la evidencia de estos pue-
blos precolombinos, que fueron un factor determinante en la crea-
ción de la civilización Andina. La interacción entre los pueblos de
las tres regiones geográficas fue un factor decisivo en la transmisión
del pensamiento cosmológico, de las tecnologías imperantes y de las
estructuras sociales que los regían (Valdez 2017).
Agradecimientos
A Ph.D. Galo Pabón, profesor en la Facultad de Ingeniería en
Ciencias Agropecuarias y Ambientales de la Universidad Técnica del
Norte-Ibarra y al Dr. José Echeverría Almeida, Experto en Cultura y
Patrimonio en el Instituto de Altos Estudios de la misma Universi-
dad, por la revision del texto.
Francisco Valdez
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