BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. José Echeverría–Almeida
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Dr. José Echeverría Almeida Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
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Dra. Libertad Regalado Espinoza
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Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
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Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
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Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
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Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
LOS CAÑARIS Y LOS INKAS:
EXPRESIONES MATERIALES
DE HISTORIAS ENTRELAZADAS
Tamara L. Bray
1
Resumen
Este artículo adopta un enfoque centrado en el objeto para
abordar las dinámicas de poder y las historias entrelazadas. En par-
ticular, estudia una vasija única, interpretada como una expresión
material del entrelazamiento cultural en los Andes durante la fase
tardía de la época autónoma. Esta vasija, una amalgama de la com-
potera cañari y el plato llano inkaico, tiene una historia interesante
que contar: sobre encuentros interculturales, relaciones de poder asi-
métricas, negociación de identidades, y la agencia de los objetos. La
relación entre los cañaris y los Inkas, que comenzó con la incursión
de Túpac Inca en el sur del actual Ecuador a mediados del siglo XV,
fue relativamente prolongada. A lo largo de esta historia compartida,
debieron generarse amplias oportunidades para que surgiera un en-
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Vol. CII – Nº. 213
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Recibido: 05/08/2025 // Aceptado: 30/09/2025
1 Licenciatura en Antropología por Beloit College; maestría y doctorado en Antropología por la
Universidad de Binghamton. La Dra. Bray es reconocida a nivel nacional e internacional por
sus contribuciones al estudio del imperialismo incaico y la arqueología de la alimentación.
Especializada en la arqueología de las sociedades precolombinas tardías de los Andes septen-
trionales, ha dirigido proyectos interdisciplinarios de largo aliento en los sitios de Guaylla-
bamba, Pimampiro, Caranqui y San Miguel de Porotos, en Ecuador, así como en Copacabana,
Bolivia. Ha recibido diversas subvenciones de investigación del National Endowment for the
Humanities, la National Science Foundation, la Wenner-Gren Foundation, National Geo-
graphic y el programa Fulbright, entre otras. También ha sido distinguida con becas del School
of American Research, la American Philosophical Society, el Center for Advanced Study in the
Visual Arts de la National Gallery of Art y Dumbarton Oaks. Cuenta con una trayectoria de-
stacada de publicaciones en español e inglés, y es autora de varios libros y volúmenes editados,
entre ellos, más recientemente, Objects of Empire: The Ceramic Tradition of the Imperial Inca
State (University of Texas Press, 2025) y La arqueología de las wak’as: exploraciones de lo sa-
grado en los Andes precolombinos (Arequipa, 2021). Ha publicado, además, cerca de un cen-
tenar de artículos y capítulos especializados en su campo de investigación. Es miembro de la
Academy of Scholars; del Consejo Consultivo Internacional de la PUCP; del Comité Científico
del ICANH; ex Senior Fellow en Dumbarton Oaks; integrante del Comité Científico del INPC;
y miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. t.bray@wayne.edu
tendimiento del Otro por parte de ambos grupos. Cuándo, dónde, y
por qué se producen mezclas materiales de formas y estilos locales y
foráneos es una cuestión clave en los estudios sobre el contacto cul-
tural. Centrar la atención en objetos híbridos como este, ofrece pers-
pectivas valiosas sobre las formas específicas en que las personas
adoptaron elementos ajenos y utilizaron objetos para maniobrar so-
cial y políticamente. La vasija en cuestión, que representa un punto
material de articulación entre los cañaris y los inkas, fue creada espe-
cíficamente para operar dentro del ámbito de las relaciones comen-
sales. Si bien, el contexto original de este objeto es desafortunada-
mente desconocido, es posible, no obstante, obtener ciertas claves
sobre el papel que pudo haber desempeñado en la política cañari me-
diante un análisis de sus conexiones culturales, características prin-
cipales, función probable, y posible trayectoria.
Palabras clave: objetos híbridos; entrelazamientos culturales; agencia
material; materialidad de la política identitaria; cultura cañari; cerá-
mica inkaica
Abstract
This article takes an object-centered approach to the question
of power dynamics and intersecting histories. Specifically, it focuses
on an example of a unique vessel interpreted as a material expression
of cultural entanglement in the Andes during the late autonomous
era. This vessel, an amalgam of the Cañari compotera and the Inca
shallow plate, has an interesting story to tell: about inter-cultural en-
counters, asymmetrical power relations, the negotiation of identities,
and the agency of objects. The relationship between the Cañari and
the Inca, which began with Topa Inca’s incursion into southern Ecua-
dor in the mid-1400s, was relatively long. Over the course of this
shared history, ample opportunity would have existed for under-
standing of the Other to emerge on both sides. When, where, and why
material admixtures of local and foreign forms and styles occur is a
key concern in studies of culture contact. Centering such hybrid ob-
jects offers insights into the specific ways people appropriated ele-
Tamara L. Bray
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ments and used things to maneuver socially and politically. The ves-
sel in question, which represents a material point of articulation be-
tween the Cañari and the Inca, was specifically created to operate
within the domain of commensal relations. While the original context
of this object is unfortunately obscure, it is nonetheless possible to
gain insights into the role it may have played in Cañari politics via a
focus on its cultural connections, key features, likely function, and
probable itinerary.
Keywords: hybrid objects; cultural entanglements; material agency’
materiality of identity politics; Cañari culture; Inka ceramics.
Introducción
Al igual que la disciplina de la historia, la arqueología busca
ampliar nuestra comprensión del pasado, aunque lo hace a través del
estudio de restos materiales en lugar de documentos escritos. Esta
contribución al Boletín de la Academia Nacional de Historia se centra en
un objeto arqueológico en particular: un recipiente cerámico inusual
de filiación cultural cañari conocido hoy por los arqueólogos andinos
como una compotera (Figura 1). Tomo este objeto como punto de par-
tida para una discusión sobre las historias entrelazadas de los pueblos
de las tierras altas del sur del Ecuador y los cusqueños expansionistas
del sur-centro del Perú durante finales del siglo XV y principios del
siglo XVI d.C. Esta vasija, una amalgama de la compotera cañari de
estilo Cashaloma y el plato inka poco profundo, tiene una historia in-
teresante que contar sobre encuentros interculturales, políticas de
identidad, y formas de comunicación no verbal. La relación entre los
cañaris y los inkas, que comenzó con la incursión de Topa Inca en el
sur del Ecuador a mediados del siglo XV, fue relativamente larga y
no siempre cordial. A lo largo de esta historia compartida, existieron
amplias oportunidades para que ambos conocieran las prácticas po-
líticas y los sistemas de valores del otro.
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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Figura 1. Vasija híbrida de estilo inka-cañari con base alta en pedestal,
conocida como compotera, perteneciente a las colecciones
del Museo Americano de Historia Natural
(14 cm de altura, 20 cm de diámetro del cuenco; núm. cat. B/8268).
Fotografía, cortesía del Museo Americano de Historia Natural
Cuándo, dónde y por qué ocurren mezclas materiales de for-
mas y estilos locales y foráneos es una cuestión clave en los estudios
sobre el contacto cultural y el colonialismo. Centrarse en tales objetos
hibridados, como hago aquí, ofrece perspectivas sobre las maneras
específicas en que las personas apropiaron estilos y usaron objetos
para maniobrar social y políticamente, destacando la base material
de tales estrategias y el papel activo de la cultura material. El reci-
piente en cuestión, que representa un punto de articulación material
entre los cañaris y los inkas, fue creado específicamente para operar
dentro del ámbito de las relaciones de comensalidad. Aunque el con-
texto original de este objeto es, lamentablemente, poco claro, es posi-
ble, no obstante, obtener indicios sobre el rol que pudo haber de sem-
peñado en la política cañari y cusqueña mediante un enfoque en sus
características clave, su función probable y su posible itinerario.
Para contextualizar esta discusión, comienzo con una breve
reseña de la incursión inkaica en territorio cañari, la cual probable-
Tamara L. Bray
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mente se inició hacia mediados del siglo XV. Luego, presento el marco
teórico que utilizo para analizar el significado de los objetos híbridos
en el contexto de los encuentros interculturales y las relaciones de
poder asimétricas. A continuación, me centro con mayor detalle en el
objeto en cuestión y considero la historia, la distribución y el signifi-
cado funcional de la pieza, cuyas dos características principales son
la base alta en forma de pedestal, diagnóstica del estilo Cashaloma
de los cañaris, y el plato poco profundo de estilo inkaico que con-
forma la parte superior del recipiente. A través de este análisis, busco
aportar una comprensión más profunda del aspecto material (que se
relaciona con el aspecto ideológico) de la fusión cultural y las políticas
identitarias, explorando las maneras en que los objetos participan en
y reflejan las trayectorias de las personas.
Los cañaris
Durante el periodo tardío precolombino, la sierra sur de lo
que hoy es el Ecuador estaba habitada por una red poco centralizada
de pequeños señoríos que compartían una lengua común y practica-
ban formas de vida similares. A estos grupos se les llegó a conocer
colectivamente como los cañaris, aunque es poco probable que origi-
nalmente se concibieran a sí mismos como un grupo étnico unifi -
cado.
2
El territorio cañari era relativamente extenso, abarcando las
actuales provincias de Cañar y Azuay (Figura 2). Esta región, aunque
accidentada en ciertas zonas, cuenta con varios valles amplios que,
junto con el clima templado, la hacen especialmente favorable para
la agricultura. Al igual que muchas sociedades serranas del periodo
tardío precolombino, los cañaris eran principalmente agricultores,
con una economía intensiva basada en el riego.
3
La evidencia arqueo-
lógica e histórica también indica que tenían acceso abundante a pro-
ductos no locales como algodón, coca, sal y conchas marinas, lo cual
sugiere un alto grado de intercambio e interacción interregional.
4
Es
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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2 Tamara L. Bray, “Late pre-Hispanic Chiefdoms of Highland Ecuador.” Handbook of South Ameri -
can Archaeology, editado por Helaine Silverman and William Isbell, pp. 527-543. Springer, New
York, 2008.
3 Niels Fock, “Topocentric Space: Cañar Indian Conceptualization of the Landscape.” Folk 33:
211-228, 1991, p. 215.
interesante notar que algunos de los primeros registros documentales
también sugieren que las comunidades cañaris mantenían tierras pro-
pias en los valles cálidos de menor altitud para asegurar un suminis-
tro constante de algodón y coca.
5
Este tipo de organización remite a
la idea de microverticalidad propuesta originalmente por Udo Obe-
rem, que describe una forma particular de acceso y orientación hacia
distintas zonas de recursos en proximidad relativa como las que se
encuentran en los Andes septentrionales.
6
Figura 2. Mapa que muestra los parámetros generales
del territorio cañari en la época precolombina
Portocarrero y Stewart 2021; dominio público, CCO 4.0
Como la mayoría de los pueblos de los Andes ecuatoriales,
los cañaris vivían en pequeños caseríos o viviendas dispersas a lo
largo del paisaje. A partir de las investigaciones arqueológicas de
Jaime Idrovo y sus colaboradores en el valle de Cuenca, sabemos que
estos asentamientos tendían a distribuirse en torno a centros regio-
Tamara L. Bray
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4 Tamara L. Bray, op. cit., p. 539.
5 Niels Fock, op. cit., p. 213.
6 Udo Oberem, “Los cañaris y la conquista española de la sierra ecuatoriana: otro capítulo de
las relaciones interétnicas en el siglo XVI.” Journal de la Société des Américanistes 63: 263-274,
1974-1976.
nales de mayor tamaño que constituían focos de actividad políticore-
ligiosa local.
7
Importantes subsectores cañaris del periodo tardío pre-
colombino incluyeron Peleusí, Hatun Cañar, Llaver, Sigsig, Guapon-
delic y Cañaribamba, cada una de las cuales habría tenido su propio
líder principal o kuraka.
8
La evidencia histórica sugiere que estas pe-
queñas entidades políticas interactuaban entre sí de manera alternada
como enemigas y aliadas. Sin embargo, el aparente estado constante
de conflicto intraétnico a baja escala no parece haberles impedido for-
mar alianzas frente a amenazas externas, como la de los inkas, cuando
las circunstancias lo exigían.
La incursión inkaica
Si bien los relatos varían en cuanto a cómo y cuándo se inte-
gró el sector más septentrional de los Andes al Imperio inkaico, las
fuentes más tempranas, así como aquellas mejor informadas sobre la
región, coinciden en que fue Tupa Inga Yupanqui quien emprendió
las primeras expediciones hacia el actual Ecuador.
9
Se le atribuyen
dos campañas distintas orientadas al norte, ambas tradicionalmente
ubicadas en el tercer cuarto del siglo XV, con base en supuestos his-
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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7 Jaime Idrovo, Tomebamba: Arqueología e Historia de una Ciudad Imperial. Banco Central del
Ecuador, Cuenca 2000, p. 67.
8 Segundo Moreno, “Formaciones políticas tribales y señoríos étnicos.” Nueva Historia del Ecua-
dor, Vol. 2, editado por Enrique Ayala Mora, pp. 15-134. Corporación Editora Nacional, Quito,
1988, p. Tamara L. Bray, “Late pre-Hispanic Chiefdoms of Highland Ecuador.” Handbook of
South American Archaeology, editado por Helaine Silverman and William Isbell, pp. 527-543.
Springer, New York, 2008.
9 Niels Fock, “Topocentric Space: Cañar Indian Conceptualization of the Landscape.” Folk 33:
211-228, 1991, p. 215.
9 Tamara L. Bray, op. cit., p. 539.
9 Niels Fock, op. cit., p. 213.
9 Udo Oberem, “Los cañaris y la conquista española de la sierra ecuatoriana: otro capítulo de
las relaciones interétnicas en el siglo XVI.” Journal de la Société des Américanistes 63: 263-274,
1974-1976.
9 Jaime Idrovo, Tomebamba: Arqueología e Historia de una Ciudad Imperial. Banco Central del Ecua-
dor, Cuenca 2000, pp. 67. 99.
9 Juan Diez de Betanzos, Narrative of the Incas, editado por Roland Hamilton y Dana
Buchanan.University of Texas Press, Austin, 1996 [1551– 1557], p. 143; Miguel Cabello Balboa,
Miscelânea Antârtica. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 1951 [1586], pp. 321–
330; Pedro Cieza de León, Crónica del Perú: el señorío de los Incas, editado por Franklin Pease.
Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2005 [1553], p. 133.
toriográficos. No obstante, el creciente corpus de fechamientos por
radiocarbono provenientes de sitios inkas en el Ecuador sugiere que
estas intervenciones imperiales probablemente ocurrieron algunas
décadas antes, posiblemente entre las primeras décadas y mediados
del siglo XV.
10
Durante la primera incursión, las fuerzas inkaicas habrían
conquistado al menos hasta el territorio cañari en la sierra sur del
Ecuador, tomando prisioneros a varios señores de guerra locales.
11
Para el momento de la segunda campaña, muchos de los grupos ét-
nicos de la región ya se habían coaligado para enfrentar al ejército
inka. Sarmiento de Gamboa, por ejemplo, señala que los cañaris se
aliaron con guerreros de Quito, liderados por un caudillo llamado Pi-
llaguaso.
12
A pesar de dicha alianza, los cusqueños lograron impo-
nerse, avanzando hacia el norte hasta alcanzar el territorio de los
Cayambes, más allá de Quito.
13
Es probable que haya sido durante esta segunda campaña
cuando la esposa principal de Tupa Inga Yupanqui, Mama Ocllo, dio
a luz a su hijo y heredero, Huayna Capac, en el asentamiento inkaico
de Tomebamba. Este centro administrativo imperial, construido por
orden del gobernante inka, se ubicaba en el valle de Cuenca—el co-
razón del kuracazgo cañari de Guapondelic. Al cruzar diferentes re-
ferencias históricas, parece probable que el nacimiento de Huayna
Capac tuvo lugar hacia 1450 o 1455.
14
Esto sugiere que Tomebamba
ya funcionaba como un importante centro de operaciones inkaico por
lo menos un tiempo antes de esa fecha. La evidencia histórica deja
claro que Huayna Capac mantuvo un vínculo especial con su lugar
de nacimiento, lo cual se refleja en que promovió el estatus de Tome-
bamba como un “nuevo” Cuzco, lo convirtió en el sitio fundacional
Tamara L. Bray
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10 Dennis Ogburn, “Reconceiving the Chronology of Inca Imperial Expansion.” Radiocarbon,
54 (2): 219-237, 2012; Tamara L. Bray, “At the End of Empire: Imperial Advances on the
Northern Frontier.” The Inka Empire: A Multidisciplinary Approach, editado por Izumi Shi-
mada, pp. 325-344. University of Texas Press, Austin, 2015.
11 John H. Rowe, “Probanza de los incas nietos de conquistadores.” Histórica 9 (2): 193– 245,
1985, p. 211; Pedro Sarmiento de Gamboa, The History of the Incas, editado por Brian Bauer
y Vania Smith. University of Texas Press, Austin, 2007 [1572], p. 148.
12 Pedro Sarmiento de Gamboa, op. cit., p. 150.
13 Juan Diez de Betanzos, op. cit., p. 120.
14 Tamara L. Bray, op. cit., p. 326.
de su linaje real o panaqa, y elevó su importancia mediante la cons-
trucción de templos y palacios suntuosos.
15
Los cañaris, por su parte, parecen haber mantenido una rela-
ción compleja con los cusqueños. La mayoría de los relatos indican
que defendieron con ferocidad su territorio frente a la invasión in-
kaica. Sin embargo, una vez sometidos, al parecer fueron incorpora-
dos frecuentemente a la guardia personal del Inka, junto con los
Chachapoyas, otro pueblo considerado especialmente recalcitrante
del noreste del Perú. Este hecho resulta enigmático, aunque podría
reflejar simplemente un reconocimiento de su capacidad militar. En
cualquier caso, parece claro que durante la segunda mitad del siglo
XV, mientras Huayna Capac libraba guerras prolongadas contra los
Caranqui y Cayambes en el norte, utilizaba Tomebamba como lugar
de retiro, lo cual sugiere que el territorio cañari gozaba de relativa
tranquilidad.
Más adelante, tras la muerte de este gobernante, hacia 1520,
los cañaris aparentemente decidieron apoyar a los cusqueños en la
guerra civil fratricida que siguió. Esta elección resultó fatal, ya que
Atahualpa, quien asumió el control del ejército imperial en la región
norte ecuatorial tras la muerte de su padre, tomó cruel venganza con-
tra quienes habían sido leales a Huáscar y a la facción del Cusco, ma-
tando a un gran número de hombres y niños cañaris.
16
Probablemente
por esta razón, los miembros sobrevivientes de la población cañari se
dirigieron a Francisco Pizarro poco después de su llegada a Tumbes
en 1532 para ofrecerle sus servicios.
17
Antes del catastrófico final de Tawantinsuyu, una de las prin-
cipales estrategias de expansión y control imperial empleadas por los
inkas fue el programa de reasentamiento conocido como mitmaq. Esta
práctica profundamente disruptiva, que implicaba el traslado y reu-
bicación de grandes cantidades de personas a lo largo del Imperio,
tuvo un alcance masivo. La evidencia etnohistórica indica que comu-
nidades andinas enterasmuchas veces compuestas por cientos de fa-
milias fueron desarraigadas y forzadas a establecerse en territorios
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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15 Tamara L. Bray, op. cit., 2015; Jaime Idrovo, op. cit., 2000.
16 Miguel Cabello Balboa, op. cit., pp. 435-436.
17 Udo Oberem, op cit., p. 264.
ajenos, a veces a distancias enormes. Las colonias de mitmaqkuna pa-
recen haber sido casi ubicuas al momento de la invasión española.
Bernabé Cobo, por ejemplo, señaló que “la gente estaba tan mezclada y
revuelta con la de otras provincias, que apenas había valle ni pueblo en todo
el Perú donde no hubiese un ayllo o parcialidad de mitimaes”.
18
Este tipo
de deportaciones a gran escala servía tanto como forma de castigo
como para satisfacer las necesidades del aparato estatal imperial.
Los cañaris fueron uno de los grupos étnicos más amplia-
mente dispersos por los inkas. Algunas de las localidades a las que
fueron enviados como mitmaqkuna se muestran en la Figura 3. En el
Ecuador, fueron desarraigados de su territorio y enviados al norte,
hacia las tierras de los Cayambes y Caranquis.
19
En el Perú, se docu-
menta la presencia de comunidades cañaris en la costa norte, en Piura
y Lambayeque, así como en
Lima; y en la sierra, documen-
tos etnohistóricos indican su
presencia en Cajamarca, Huá-
nuco, Pas co, Huamachuco,
Jauja, Junín, Ayacucho y Cus -
co. En Bolivia, se registraron
comunidades cañaris en Co-
pacabana, La Paz y Sucre.
20
Así, podemos ver que, me-
diante su política de deporta-
Tamara L. Bray
116
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18 Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo, Tomo III, editado por Marcos Jiménez de la Es-
pada. E. Rasco, Sevilla, 1892 [1653], p. 225.
19 Mario Garzón Espinosa, Los cañaris civilizadores de los Andes: estudio etnohistórico de los
cañaris en el Perú. Consejo Provincial del Cañar, Cañar, 2005.
20 Mirko Solari, “Les chemins de l’ethnicité: parcours identitaires des descendants des mitmas
cañaris dans la région andine (XVIe –XXIe siècle).” Antropología Andina Muhunchik – Jathasa
2 (1): 44-71, 2015.
Figura 3. Mapa que indica la
dispersión general y las
localizaciones de las colonias
reubicadas de mitmaqkuna caña-
ris en el siglo XVI
Adaptado de Solari 2015
ción y reasentamiento, los inkas generaron una extensa diáspora ca-
ñari a lo largo de gran parte de la región andina.
Aquí deseo destacar a los mitmaqkuna cañaris establecidos
en el Cuzco, la región de la cual, según se informa, proviene la vasija
híbrida que constituye el foco de este estudio. De acuerdo con Juan
Diez de Betanzos, los primeros deportados cañaris llegaron al Cuzco
durante el gobierno de Tupa Inga Yupanqui, padre de Huayna Capac,
mientras que otros probablemente fueron enviados a la hacienda de
Huayna Capac en Yucay, en el Valle Sagrado, durante la vida de este
último.
21
Para dar una idea de la magnitud de este movimiento po-
blacional, se puede citar a Pedro Cieza de León, quien afirmó que
Tupa Inga trasladó a más de 15 000 hombres cañaris, junto con sus
familias, sus pertenencias y su kuraka, al Cuzco, para que residan allí
en calidad de rehenes.
22
Es posible que Huayna Capac haya depor-
tado un número similar de cañaris a la capital imperial. En 1571, el
cañari más anciano que se dijo haber nacido en Yucay tenía 77 u 78
años, lo cual constituye evidencia de que los cañaris vivían en el Valle
Sagrado ya durante el reinado de Huayna Capac.
23
Asimismo, testi-
gos cañaris del siglo XVI en el Cuzco declararon haber acompañado
al séquito que trasladó el cuerpo del emperador Huayna Capac de
regreso a sus dominios de Yucay tras su fallecimiento.
24
Hay un individuo cañari en el Cuzco que resulta particular-
mente interesante. Se trata de Francisco Chilche Cañari. El Inka Gar-
cilaso de la Vega escribió que, siendo niño, Chilche Cañari había sido
uno de los pajes de Huayna Capac.
25
Al parecer, este individuo fue
llevado a la hacienda del gobernante en el valle de Yucay, junto con
otros cañaris, en algún momento posterior al nacimiento de Huayna
Capac. Décadas más tarde, debido a que él y otros cañaris apoyaron
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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21 Juan Diez de Betanzos, op. cit., p. 120.
22 Pedro Cieza de León, op. cit., p. 421.
23 Francisco Toledo, “Informaciones que mandó levantar el Virrey Toledo sobre los Incas.” Don
Francisco de Toledo, supremo organizador del Perú, vol. 2, editado por Roberto Levillier. Espasa-
Calpa, Buenos Aires, 1940 [1571], pp. 82-85; citado en Carolyn Dean, Inka Bodies and the Body
of Christ, Duke University Press, Durham, 1999, p. 186.
24 R. Alan Covey, y Christina Elson, “Ethnicity, Demography, and Estate Management in Six-
teenth-Century Yucay,” Ethnohistory 54 (2): 303-335, 2007, p. 315.
25 El Inca Garcilaso de la Vega, , editado por Ángel Rosenblat. Emecé Editores, Buenos Aires,
1944 [1617], Libro II, cap. XXV, p. 181.
a los españoles a su llegada, fueron recompensados por Pizarro con
exenciones del sistema de encomiendas. Más allá de ello, don Chilche
Cañari fue particularmente reconocido por su valor y lealtad, al punto
que Pizarro le otorgó la hacienda de Yucay que había pertenecido a
Huayna Cápac, y además le concedió su propio nombre (es decir,
Francisco).
26
Otros eventos notables en la vida de Francisco Chilche
Cañari incluyen el envenenamiento de Sayri Túpac Inca, hermano de
Titu Cusi; su posterior matrimonio a Doña Inez Colla, la esposa del
fallecido Sayri Túpac; y la captura de Túpac Amaru en Vilcabamba,
en 1572.
27
En muchos sentidos, Francisco Chilche Cañari se convirtió
en lo que su antiguo señor y amo, Huayna Capac, había sido: se con-
virtió en un inka por derecho propio, un “cusqueño cañari” (Figura
4). Controlaba una hacienda real con su respectiva fuerza laboral mul-
tiétnica en el Valle Sagrado, vestía con suntuosidad y frecuentaba a
las nuevas autoridades de gobierno y a la élite colonial. ¿Qué papel
desempeñaron los objetos y la cultura material en las transformacio-
nes sociales que don Francisco Chilche, y probablemente otros caña-
ris, negociaron y experimentaron?
Tamara L. Bray
118
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26 Jean-Jacques Decoster, y Margareth Najarro, “De Tumibamba a Vilcabamba: los cañaris y su
ensayo de proyecto colonial.” Vilcabamba, entre arqueología, historia y mito, editado por
Jean-Jacques Decoster, y Marius Ziólkowski, pp. 88-101. Centro de Estudios Regionales An-
dinos Bartolomé de las Casas, Cusco, 2016.
27 Luis Arana Bustamente, “Un incidente en la vida de Francisco Chilche, kuraka del valle de
Yucay (1555).” Investigaciones Sociales 13 (23): 171-186, 2009.
Figura 4. Detalle de una de las pinturas de la serie Corpus Christi en Cusco
que representa a don Francisco Chilche Cañari al frente del contingente cañari
de celebrantes en la parte inferior izquierda de la imagen
Óleo sobre lienzo, c. 1680, Museo Arzobispal de Arte Religioso, Cusco; dominio público
Objetos híbridos y política de identidad
Hacia finales del siglo XX, las ideas sobre la importancia de
las formas híbridas y las mezclas culturales cobraron particular rele-
vancia en la teoría y el discurso poscolonial. Enfocarse en la hibridez
ofrecía una nueva lente para pensar en cómo los subalternos podían
subvertir el poder mediante la apropiación, la burla, o la redefinición
de las prácticas culturales del colonizador. Estas ideas no tardaron en
llegar a la arqueología y se convirtieron en la base de nuevas inter-
pretaciones sobre préstamos y amalgamas materiales observadas en
el registro arqueológico.
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
BOLETÍN ANH Nº 213 • 107 132
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Con mayor frecuencia, los estudios que han empleado con-
ceptos e interpretaciones relacionados con la cultura material híbrida
se han centrado en contextos coloniales y en las relaciones entre pue-
blos originarios y europeos, prestando atención sobre todo a las adop-
ciones indígenas de artefactos o estilos europeos. Rara vez se ha
teorizado de manera similar el uso por parte de los colonizadores de
elementos de la cultura material indígena, cultígenos, formas alimen-
tarias, entre otros. Esto solo quiere decir, como ya han señalado varios
autores, que es igualmente importante considerar el significado de
las mezclas culturales e hibridaciones desde el otro lado, al reflexionar
sobre las consecuencias materiales de los encuentros e intercambios
interculturales. Aquí utilizo este marco teórico en mi análisis de la
compotera inka-cañari que nos ocupa. La razón para elegir este en-
foque—como ocurre en la mayoría de los estudios sobre objetos hí-
bridos—es llegar a una mejor comprensión del funcionamiento del
poder y la dominación, así como de la resistencia y la subversión, tal
como se revelan a través de prácticas materiales concretas.
La vasija
Retomo ahora el objeto que es "la estrella" de este trabajo: la
vasija “fusionada” ilustrada en la Figura 1, a la que describo como
una compotera inka-cañari. Esta pieza se encuentra en el Museo Ame-
ricano de Historia Natural (MAHN) de la ciudad de Nueva York. La
conocí por primera vez hace unos veinte años, cuando realizaba in-
vestigaciones de colección en dicho museo. Los registros asociados
indican que la compotera fue adquirida en 1901 como parte de una
venta de 2000 antigüedades peruanas vendidas al MAHN por un of-
talmólogo limeño llamado Eduardo Gaffron. La vasija mide aproxi-
madamente 14 cm de alto y el diámetro del plato es de 20 cm.
Aunque al principio pensé que se trataba de una pieza única,
posteriormente encontré otro ejemplo de esta forma en el Museo Na-
cional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Lima (Fi-
gura 5). Estas dos vasijas son casi idénticas entre sí y son las únicas
dos compoteras de este tipo que he visto. Representan una amalgama
intencional de dos estilos culturales distintos, en la que el plato in-
Tamara L. Bray
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kaico, o puku, se une a la base alta de pedestal de una compotera ca-
ñari. El plato inkaico sustituye a la parte superior típica de la forma
cañari, que normalmente consistiría en un cuenco poco profundo
hecho (desde luego) en el estilo local. Un ejemplo de la forma cañari
ecuatoriana se muestra en la Figura 6.
Figura 5. Vasija híbrida de estilo inca-cañari en el Museo Nacional
de Arqueología, Antropología e Historia en Lima, casi idéntica a la compotera
del Museo Americano de Historia Natural mostrada en la Figura 1
(c. 15 cm de altura)
Fotografía de Dennis Ogburn
La intercambiabilidad de los componentes morfológicos de
vasijas provenientes de dos culturas diferentes sugiere que el puku y
la compotera eran percibidos como análogos u homólogos de algún
modo. Es decir, que dentro del esquema cultural de quienes produ-
jeron o usaron estas piezas, tenía sentido combinar estas dos formas.
A continuación, examino estas dos categorías de vasijas—la compo-
tera cañari y el puku inkaico—en términos de su distribución, carac-
terísticas materiales (affordances), posibles funciones, y significados.
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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Figura 6. Compotera estilo Cashaloma con decoración tanto positiva
en pintura blanca como negativa, y base en pedestal con la
característica abertura típica. (c. 22 cm de altura).
Colección privada, provincia de Cañar, Ecuador. Fotografía, cortesía de Catherine Lara
Las compoteras
La compotera es una forma de vasija compuesta, consiste en
un cuenco poco profundo unido a una base pedestal ligeramente
acampanada. La evidencia arqueológica indica que esta forma se aso-
cia principalmente con el sector andino de la región históricamente
conocida como Gran Colombia: es decir, Panamá, Colombia, Ecuador
y el extremo norte del Perú.
28
Habiendo trabajado en la sierra norte
la mayor parte de mi carrera profesional, nunca pensé en la compo-
tera como una forma de vasija particularmente especial, dado su ca-
rácter ubicuo. En Ecuador, este tipo de vasija aparece en conjuntos
arqueológicos de las regiones de Pasto y Caranqui en el extremo
norte, en las zonas culturales de Panzaleo y Puruhá en la Sierra cen-
tral, y entre las culturas proto-cañaris en el sur, así como en la Costa.
29
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122
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28 Ejemplo, Donald Collier y John Murra, Survey and Excavations in Southern Ecuador. An-
thropological Series, Vol. 35, Field Museum of Natural History, Chicago, 1943, p. 20.
29 Tamara L. Bray, “The Panzaleo Puzzle: Non-Local Pottery in Northern Highland Ecuador.”
Journal of Field Archaeology 22 (2): 137-156, 1995; Donald Collier y John Murra, ibid., pp.
64-66, Lams. 1, 52; Jacinto Jijón y Caamaño, Puruhá: contribución al conocimiento de los abo-
Sin embargo, resulta interesante que la compotera no parece haber
sido un tipo de vasija común en los conjuntos arqueológicos del Perú
y de los Andes centrales.
Los contextos culturales en los que se encuentran compoteras
en Ecuador generalmente no están bien fechados. Sin embargo, Wa-
rren DeBoer reportó que las compoteras comenzaron a reemplazar a
los recipientes polipodales en la costa norte ecuatoriana aproximada-
mente entre los años 200 y 300 d.C.
30
Donald Collier y John Murra,
trabajando en la sierra sur de Ecuador, registraron la presencia de
compoteras en colecciones que datan del período de Desarrollo Re-
gional (500 a.C.–500 d.C.).
31
En la costa, Betty Meggers señaló que las
compoteras formaron parte de los conjuntos locales correspondientes
a los períodos de Desarrollo Regional e Integración (500–1500 d.C.).
32
Estos datos sugieren que esta forma de vasija probablemente estuvo
en uso durante más de un milenio antes del contacto europeo.
El uso de cuencos con base pedestal para servir y consumir
alimentos ha sido documentado etnográficamente entre los Shuar,
Achuar, Sarayacu y Quichua Canelos en las tierras bajas orientales
del Ecuador. Entre los Quichua de esta región, estas vasijas se conocen
como callana y se describen como “cuencos para sopa.”
33
Se distin-
guen de los cuencos para beber por la orientación más vertical de las
paredes y el borde corto y vuelto hacia afuera, decorado con incisio-
nes. Un poco más al norte, entre los Siona del valle del Putumayo en
el sur de Colombia, los primeros misioneros informaron que las va-
sijas con forma de compotera se usaban para servir la bebida aluci-
nógena yagé, señalando que los objetos implicados en estas cere mo-
nias se usaban exclusivamente para ese propósito.
34
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
BOLETÍN ANH Nº 213 • 107 132
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rígenes de la provincia de Chimborazo. Editorial Salesianas, Quito, 1927; Betty Meggers,
Ecuador. Praeger, New York, 1966.
30 Warren DeBoer, Traces Behind the Esmeraldas Shore. University of Alabama Press, Tusca-
loosa, 1996, p. 66.
31 Donald Collier y John Murra, op. cit., pp. 62-66.
32 Betty Meggers, op. cit., 1966.
33 Rafael Karsten, Headhunters of Western Amazonas: The Life and Culture of the Jibaro Indians of
Eastern Ecuador and Peru. Societas Scientiarum Fennica, Helsinki, 1935, p. 101; Patricia Kelley,
y Carolyn Orr, Sarayacu Quichua Pottery. SIL Museum of Anthropology, Quito, 1976, p. 26;
Norman Whitten, Sacha Runa. University of Illinois Press, Urbana, 1976, p. 201; James
Zeidler, Social Space in Valdivia Society. Tésis doctoral, Microfilms, Ann Arbor, 1984, p. 353.
Los datos arqueológicos tienden a respaldar la interpretación
de la compotera como un recipiente destinado al servicio de alimentos.
Pedro Porras, por ejemplo, señaló que varias compoteras Cosanga re-
cuperadas de contextos funerarios cerca de Píllaro, en la región central
del Ecuador, contenían huesos de cuy.
35
Max Uhle hizo un comentario
similar respecto al contenido de compoteras halladas en asociación
con entierros en Cumbayá.
36
En mis propios estudios, he observado
que los interiores de las compoteras provenientes de las tierras altas
del norte suelen presentar superficies picadas o marcadas por peque-
ñas hendiduras, un tipo de desgaste por uso que sugiere remoción o
raspado.
37
La forma abierta de la compotera permite un acceso fácil al
contenido del recipiente e indica una ausencia de preocupación por
el derrame o la evaporación; la base elevada en pedestal enfatiza la
presentación. En suma, los rasgos morfológicos de esta forma sugie-
ren una función asociada al servicio de alimentos sólidos o semisóli-
dos, o de otras sustancias de consistencia similar.
Inka puku
El puku es una de las formas cerámicas más comunes del con-
junto imperial inkaico y se encuentra a lo largo y ancho del Tawan-
tinsuyu.
38
Estos platos poco profundos suelen estar provistos de un
asa modelada explícitamente en forma de cabeza de ave, mientras
que el borde opuesto presenta invariablemente un par de pequeños
salientes dobles. Esta última característica bien podría estar destinada
a representar plumas caudales, si consideramos, como propongo, que
todo el plato representa la encarnación misma de una especie aviar.
39
Existe también un porcentaje significativo de puku que carecen de
Tamara L. Bray
124
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34 Plácido de Calella, “Apuntes sobre los indios Sionas del Putumayo.” Anthropos 35-36: 737-
749, 1940/41.
35 Pedro Porras, Arqueología del Ecuador. PUCE, Quito, 1984, p. 280.
36 Max Uhle, Las ruinas de Tomebamba. Sáenz Rebolledo, Quito, 1923, p. 14.
37 Tamara L. Bray, “To Dine Splendidly Imperial Pottery, Commensal Politics, and the Inca
State.” Food and Feasting in Early States and Empires, editado por Tamara L. Bray, pp. 93-
142. Springer, New York, 2003, p. 129.
38 Tamara L. Bray, ibid., 2003.
39 Tamara L. Bray, Objects of Empire: The Ceramic Tradition of the Imperial Inca State. University of
Texas Press, Austin, 2025, p. 55.
apéndices a manera de asa y que, en su lugar, presentan dos pares de
salientes dobles ubicados en lados opuestos del borde del plato (Fi-
gura 7). Dentro del conjunto cerámico estatal inkaico, el puku es la
forma que muestra mayor libertad de expresión artística, exhibiendo
una amplia gama de motivos policromos pintados y formatos de di-
seño.
Figura 7. Puku inkaico con dos pares de nódulos dobles en el borde opuestos
entre sí y un panel central con una doble fila de motivos en forma de X
y barras del sitio de Pachacamac, Perú (17,3 cm de diámetro)
Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pennsylvania, núm. cat. 31085;
fotografía de la autora
Con respecto a sus características morfológicas, el plato llano
enfatiza la facilidad de acceso y manipulación, y refleja una falta de
preocupación por el derrame o el deterioro del contenido. Además, la
profundidad del recipiente, que promedia solo 2.6 cm, y el bajo ángulo
de las paredes indican una escasa aptitud para contener líquidos.
40
El
tamaño, la morfología y el tratamiento decorativo del puku inkaico
sugieren, por tanto, que probablemente funcionó como un plato de
servicio individual para alimentos sólidos o semisólidos, posiblemente
carne, papas o legumbres. Un estudio reciente que incluyó un análisis
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
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125
40 Tamara L. Bray, ibid., p. 53.
de residuos en varios de estos recipientes recuperados en contextos
mortuorios en un sitio inkaico en Chile reveló que uno de ellos conte-
nía gránulos de almidón probablemente asociados con papas y ají.
41
Otro fragmento de puku recuperado en excavaciones cerca de San Mi-
guel de Porotos, en Ecuador, también arrojó evidencia de almidones
de papa y leguminosas en un estudio piloto reciente.
42
En resumen, las características morfológicas y los tratamientos
decorativos de estas dos formas cerámicas—el puku inkaico y la com-
potera cañari—indican que ambas probablemente estaban destinadas
a desempeñar un papel ostentoso en la presentación y el servicio de
alimentos sólidos o semisólidos en el contexto de eventos comensales
presumiblemente significativos. En otras palabras, la función de la
compotera y el puku debió haber sido percibida como esencialmente
equivalente por los fabricantes y usuarios de estos recipientes. Sin em-
bargo, al menos en unos pocos casos, como lo demuestran los dos
principales testimonios materiales que aquí nos ocupan, alguna per-
sona o personas consideraron ventajoso, o quizá subversivo, fusionar
estas dos formas, combinando el ampliamente reconocido puku in-
kaico con la quizá menos conocida compotera cañari. En este caso, el
alfarero llevó a cabo un acto de sustitución: reemplazó el cuenco de la
compotera cañari con un plato inkaico, en lugar de, por ejemplo, em-
bellecer el recipiente cañari con iconografía inkaica, o viceversa. No
se trató de una copia, sino de una transmutación: la génesis de una
nueva forma híbrida a partir de estilos que aparentemente eran perci-
bidos como iguales en cuanto a estatus. La Figura 8 presenta un ejem-
plo adicional, quizás un poco menos evidente, de este tipo de fusión
cultural material. Este recipiente, que se encuentra en el Museo de Cul-
turas Aborígenes en Cuenca, probablemente fue desenterrado en las
cercanías de Inka Tomebamba, en el territorio original de los cañaris
en el sur del Ecuador.
Tamara L. Bray
126
BOLETÍN ANH Nº 213 • 107 132
41 Carolina Belmar, Luciana Quiroz, Carolina Carrasco, y Daniel Pavlovic, “Ofrendas para los
difuntos: rescatando los ritos culinarios desde el interior de los ceramios de Quilicura 1, un
sitio del periodo tardío de Chile central.” Latin American Antiquity, 31 (1): 40-60, 2020, p. 51.
42 Gabriela Lloyd Pérez, Tamara L. Bray, y Catherine Lara, “Estudio piloto de residuos alimen-
ticios en una muestra de cerámica inca y cañari excavada en el austro ecuatoriano.” Sabor y
saber: una viaje al interior de la alimentación precolombina, editado por Carlos Montalvo. Museo
Alabado, Quito, 2026.
Figura 8. Compotera cañari con influencia inkaica en el
Museo de Culturas Aborígenes, Cuenca, Ecuador
(c. 16 cm de altura, 28 cm de diámetro de la placa)
Fotografía de la autora
Existen diversas posibles explicaciones para este tipo de fu-
sión material. Sugiero que la manera en que comprendemos tales en-
tidades híbridas depende en gran medida de saber para quiénes
fueron producidas y en qué contextos se usaron. Especulando sobre
la intención del creador en este estudio, ¿podría haber sido para ele-
var aún más (en un sentido tanto figurado como literal) el prestigio
del puku incaico? ¿O, por el contrario, la confluencia del plato inkaico
con la base pedestal de la compotera cañari habría tenido como pro-
pósito validar la importancia de esta última forma? ¿Podría haberse
concebido el recipiente como una proclamación material de identi-
dades fusionadas—la amalgama de un pueblo provincial con la de
los amos imperiales? ¿O sería mejor verlo como una afirmación con-
creta de equivalencia de valor y la negación material de relaciones
asimétricas de poder?
La compotera inka-cañari del MAHN se atribuye supuesta-
mente a Cusco. Esto me sugiere una asociación con los mitmaqkuna
cañaris deportados allí durante finales del siglo XV y principios del
XVI. Entre ellos se encontraba don Francisco Chilche Cañari, clara-
Los cañaris y los inkas: expresiones materiales
de historias entrelazadas
BOLETÍN ANH Nº 213 • 107 132
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mente un individuo orgulloso y ambicioso que utilizó todos los me-
dios a su alcance para avanzar en su posición. Los objetos materiales
y los atributos seguramente jugaron un papel importante en las pro-
yecciones cambiantes del yo y las afirmaciones de identidad y estatus.
Mi hipótesis es que este recipiente fue producido por un hábil alfarero
cañari enviado a Cusco como uno de los mitmaqkuna provenientes
del sur de Ecuador y hecho para un individuo cañari en Cusco, en
vísperas de la invasión española. Estudios tecnológicos sobre la ma-
nufactura del recipiente y la composición de la pasta podrían confir-
mar o refutar gran parte de esta hipótesis.
En cualquier caso, el objeto se erige simultáneamente como
una expresión de innovación y de interacción intercultural, y como
uno, entre probablemente muchos agentes materiales, que hicieron
realidad estas relaciones. La compotera inka-cañari es una manifes-
tación de las complejas negociaciones identitarias que surgieron como
resultado de un entrelazamiento histórico específico. Resulta intere-
sante reflexionar sobre cómo la transformación de los cuerpos cerá-
micos y las formas materiales paralelaron la de los cuerpos cañaris
en sus recorridos geográficos y temporales. Explorar el contexto y
los posibles significados de tales entidades híbridas contribuye a una
comprensión más profunda de cómo la expansión del Imperio Inka
y la integración de tradiciones locales moldearon, y fueron moldeadas
por, la cultura material. Estos estudios ponen de relieve la agencia
tanto de los inkas como de los pueblos provinciales en la creación y
uso de estas innovaciones, así como la capacidad productiva de estas
formas novedosas e híbridas para instaurar nuevas identidades.
Agradecimientos
Al Museo Americano de Historia Natural (AMNH) y al Museo de
Arqueología y Antropología de la Universidad de Pennsylvania por
acoger mis visitas de investigación a sus colecciones. También quiero
agradecer al AMNH, a Catherine Lara y a Dennis Ogburn por pro-
porcionar las fotografías de varias de las compoteras analizadas en
Tamara L. Bray
128
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este artículo. A José Echeverría-Almeida, por sus gentilezas a lo largo
de los años y por sus persistentes recordatorios de que enviara un ar-
tículo para este Boletín., así como por la revisión del presente trabajo
y mejora de las figuras.
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