BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
BOLETÍN
DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE HISTORIA
Volumen CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
Quito–Ecuador
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director Dr. Cesar Alarcón Costta
Subdirectora Dra. América Ibarra Parra
Secretario Ac. Diego Moscoso Peñaherrera
Prosecretaria Ac. Ingrid Diaz Patiño
Tesorero Dr. Claudio Creamer Guillén
Bibliotecario archivero Lcdo. Carlos Miranda Torres
Jefe de Publicaciones (e) Dr. José Echeverría–Almeida
Relacionador Institucional Dr. Eduardo Muñoz Borrero
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Dr. José Echeverría Almeida Presidente
Dr. Jorge Ortiz Miranda
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Dr. Wilson Gutiérrez Marín
Dr. Álvaro Mejía Salazar (alterno)
Dr. Sebastián Donoso Bustamante (alterno)
EDITOR
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Dr. Claudio Tapia Figueroa Universidad Técnica Federico Santa María – Chile
Dra. Emmanuelle Sinardet Université Paris Ouest - Francia
Dr. Roberto Pineda Camacho Universidad de los Andes-Colombia
Dra. Maria Letícia Corrêa Universidade do Estado do Rio de Janeiro-Brasil
Dr. Roger Pita Pico Investigador Academia Colombiana de Historia-Colombia
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Dr. Saúl Uribe Taborda Universidad Politécnica Salesiana – Ecuador
Dr. Juan Cordero Íñiguez Academia Nacional de Historia – Ecuador
Dra. Olga Zalamea Patiño Universidad de Cuenca
BOLETÍN de la A.N.H.
Vol. CIII
Nº 213
Enero–junio 2025
© Academia Nacional de Historia del Ecuador
ISSN Nº
1390-079X
eISSN Nº
2773-7381
Portada: Una inka real cuida a una persona con cifosis.
Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Historia del Piru.
Diseño e impresión
PPL Impresores 2529762 Quito
landazurifredi@gmail.com
Noviembre 2025
Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura
Libro de distribución gratuita
PERÍODO FORMATIVO EN LOS ANDES*
Patricio Orbe Garcés
1
Resumen
Este capítulo, segunda parte de la Genealogía de Valdivia,
continúa el estudio iniciado en el período formativo de la Costa, en-
focándose ahora en la Sierra. Los eventos volcánicos que afectaron
la región costera con mantos de ceniza se manifestaron en la Sierra
mediante flujos piroclásticos y depósitos de material volcánico que
hicieron inhabitables amplias zonas durante largos períodos. Hacia
el 2000 a.C., grupos valdivianos migraron hacia la Sierra por los ríos
que descienden de los Andes, estableciendo asentamientos en los va-
lles interandinos, identificados por los sitios arqueológicos hallados.
Por los ríos Toachi, Blanco y Mindo penetraron hacia el no-
roccidente de Pichincha y, posteriormente, a la planicie de Quito,
donde se consolidó la cultura Cotocollao (2000–500 a.C.), primera
aldea estable en dicha región. Esta cultura se expandió desde Imba-
bura hasta Chimborazo, siendo afectada por erupciones de los vol-
canes Pichincha, Cayambe, Tungurahua, Cuicocha y Pululahua.
Paralelamente, el avance valdiviano por el río Cañar dio ori-
gen a la cultura Cerro Narrío, que se desarrolló en las hoyas del
Cañar y Azuay. En esta investigación, Cotocollao se interpreta como
un asentamiento valdiviano de la meseta de Quito, mientras que
Cerro Narrío representa la expansión meridional del ámbito cultural
de Valdivia.
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Vol. CII – Nº. 213
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* La primera parte de este tabajo fue publicado en el Boletín de la ANH Nª 212
1 Patricio Estuardo Orbe Garcés es Profesor, Master of Science e Ingeniero Eléctrico en Sistemas
Eléctricos de Potencia, con formación en la Escuela Politécnica Nacional de Quito y en The
Victoria University of Manchester, Institute of Science and Technology (UMIST), Inglaterra.
Ha desarrollado una amplia trayectoria en consultoría, diseño, construcción y fiscalización de
obras eléctricas, así como en docencia y gestión académica y administrativa en la EPN y
UMIST. Es autor de varias publicaciones, entre ellas Fundamentos de Ingeniería Económica
(2013) y Elementos de Finanzas (2010). Actualmente jubilado, se dedica al estudio de las cul-
turas aborígenes. Contacto: patricio@orbe.cc.
Palabras clave: Valdivia, Cotocollao, Cerro Narrío, Migración, Vol-
canismo
Summary
This chapter, the second part of the Genealogy of Valdivia,
continues the analysis initiated in the Formative Period of the Coast
and examines the expansion of the Valdivia culture toward the An-
dean highlands. The volcanic phenomena previously described for
the coastal region are reconsidered within the Sierra context, where
their effects were more intense: pyroclastic flows and extensive ash
deposits rendered vast territories uninhabitable for centuries or even
millennia.
Around 2000 BCE, Valdivian groups migrated inland follo-
wing the river systems that link the coast to the highlands. This mo-
vement led to the establishment of early Formative settlements
throughout the inter-Andean valleys. Among the most significant
migration routes were those along the Toachi, Blanco, and Mindo ri-
vers, which facilitated the arrival of Valdivian populations to the
Quito plain. There, they founded Cotocollao—the earliest known vi-
llage on the plateau and the nucleus of the homonymous culture that
flourished between 2000 and 500 BCE.
The Cotocollao culture extended from Imbabura to Chimbo-
razo, while further south, migrations along the Cañar river produced
the long-lasting Cerro Narrío culture in the Cañar and Azuay basins.
Within this framework, Cotocollao is viewed as a northern Valdivian
settlement, and Cerro Narrío as its southern counterpart within the
broader Valdivian cultural sphere.
Keywords: Holocene volcanism, aboriginal cultures, Valdivia cul-
ture, Cotocollao, Cerro Narrío
Patricio Orbe Garcés
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Antecedentes
El volcanismo Holocénico cubrió el Valle Interandino con
enormes depósitos provenientes de diferentes volcanes. Esa activi-
dad eruptiva, al norte del 1° 30’ S., latitud de los volcanes Tungura-
hua y Chimborazo, dejó depósitos de cenizas y pómez, flujos
in can descentes y rocosos, sobre los cuales se han depositado capas
sucesivas de cenizas y pómez que revela la estratigrafía de los suelos.
La Fig. 1 muestra la probable distribución de los mantos de cenizas
de las erupciones volcánicas consideradas.
a)
b)
Fig. 1 Distribución de las principales cenizas volcánicas en el Valle interandino.
a) Hall, M. y Mothes, P.,
1994;
2
b) Mantos sobre el mapa del Ecuador, (elaborado
por el autor)
Caso especial constituye el paisaje desértico del valle de La-
tacunga y Salcedo que tiene una enorme cobertura de pómez y ce-
niza de hasta doscientos metros cerca de Latacunga, dejado por la
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2 Reproducido de Hall, M. y Mothes, P., 1994: 62
enorme erupción del volcán Chalupas (Beate, 1985), aproximada-
mente hace 211 mil años, depósito que llenó el valle desde Saquisilí
hasta Ambato, dejando una planicie porosa de pómez.
3
Durante los
últimos 5 000 años, el Cotopaxi ha tenido una serie de erupciones
que han dejado un manto de 1020 m de materiales porosos y esté-
riles al noroeste, oeste y suroeste del volcán. Desde entonces, el valle
superior de Latacunga no ha sido apto para la agricultura.
4
La estra-
tigrafía de la cuenca de Quito registra una capa de ceniza volcánica
de alrededor de 1,5 m, que cubrió toda la zona, quizás, resultado de
una erupción del Cotopaxi hace aproximadamente 6000 años AP.
(Alvarado, 1996).
Una de las más fuertes erupciones del mismo volcán, ocu-
rrida el 4500 AP, fue debido al colapso del flanco del volcán con flujos
piroclásticos que fundieron gran parte del casquete glacial del cono
(Mothes et al. 1998; Hall y Mothes, 1992a, 1995), produjo uno de los
lahares más grandes que se ha documentado, formando “un depósito
de al menos dos metros de espesor que posiblemente dejo el área inhabitable
por algunos milenios (Hall y Mothes, 1998: 24)”,
5
arrasó o sepultó toda
evidencia de este período hasta la cota 2 400 m., afectando especial-
mente a los valles de los Chillos y Cumbayá, Fig. 2-2a y con cenizas,
el valle del Cutuchi al sur, hasta las cercanías de Píllaro.
En la historia geológica del Cotopaxi se ha reconocido la ocurrencia de
un colapso de flanco hace 4500 años, que destruyó una parte del edifi-
cio del Cotopaxi II-A. La avalancha de escombros resultante fluyó en
dirección norte y noreste hasta chocar con los flancos bajos de los vol-
canes Sincholahua, Rumiñahui y Pasochoa, cubriendo una superficie
de ~140 km
2
con una capa de escombros de decenas de metros de es-
pesor.
6
Patricio Orbe Garcés
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3 Hall, Minard y Mothes, Patricia: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador, 1.
La actividad volcánica del holoceno en el Ecuador y Colombia Austral: Impedimento al desa-
rrollo de las civilizaciones pasadas, Ediciones Abya Yala, 1998, p. 32.
4 Ibidem, p. 27
5 Figueroa, Silvia: Complejidad social al final del período Formativo tardío. La ceniza de la úl-
tima erupción del volcán Pululahua (2400 A.P.) como marcador temporal, Antropología Cua-
dernos de Investigación, núm. 18, enero-junio 2017, p. 7.
6 Andrade, Daniel, et. al.: Los peligros volcánicos asociados con el Cotopaxi, IG-EPN. IRD, Serie:
Los peligros volcánicos en el Ecuador No. 3, Corporación Editora Nacional, Nov. 2005, p. 53.
Me voy a permitir incluir tres recuerdos del Cotopaxi en el
valle de los Chillos. Antes de la construcción del Centro Comercial
Plaza de El Valle, en El Triángulo, San Rafael, se podía ver un enorme
hueco del que se había extraído el material volcánico, en ese sitio fue
construido el Centro Comercial, 1990?, el hueco ocupa el subsuelo
del centro comercial.
Hace algunos años, en la construcción de los alcantarillados
de una urbanización en el sector de San Rafael, en las zanjas abiertas
observé que, bajo una capa vegetal menor a un metro, la capa de ce-
niza volcánica era de algunos metros y había rocas que atravesaban
la zanja, quedando enterradas a uno y otro lado.
En el complejo recreacional El Ejido, al este del monumento
El Choclo, en Sangolquí, se puede ver la gran cantidad de material
volcánico depositado, quizás, en la última erupción.
Lippi refiere un “largo período de despoblamiento en el occidente
andino debido a una extensa actividad volcánica”,
7
por erupciones del Pi-
chincha, 1550 a.C., CotacachiCuicocha, 990 a.C., Tabla 1-1. La ocu-
pación formativa del noroccidente terminó con la erupción del
Pululahua, 485 a.C., encausándose sus flujos por las quebradas del
noroeste hacia los ríos Monjas y Guayllabamba, Fig. 2-2b.
En la región de Quito, especialmente los volcanes Pichincha y Pulula-
hua han influido notablemente en la población debido a su cercanía;
sin embargo, los volcanes Cotopaxi, Quilotoa y posiblemente Cayambe
tuvieron su grado de incidencia en ciertos períodos, tal como se ob-
serva en la estratigrafía encontrada en la ciudad de Quito (Alvarado,
1996).
8
Fueron eventos devastadores con impactos severos aunque,
en muchos casos, no fue el evento en sí el que habría provocado des-
plazamientos, sino la cobertura de pómez y ceniza, que dejó inhabi-
table el Valle Interandino durante cientos o miles de años.
Periodo Formativo en los Andes
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7 Ventura i Oller, Montserrat: Al sur del lejano Oeste: marginalidad, ambivalencia y anacronismo
en las clasificaciones culturales desde la perspectiva sur-barbacoa, Revista española de Antropo-
logía Americana, Departamento de Antropología y Etnología de América, April 2019, p. 47.
8 Villalba, Marcelo y Alvarado, Alexandra: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecua-
dor, 3. La arqueología del Valle de Quito en clave volcánica, Ediciones Abya Yala, 1998, p. 80.
a) b)
Fig. 2-2 Grandes eventos volcánicos del Holoceno
9
a) Depósitos en el valle del río San Pedro, b) Depósitos en las cercanías de Quito
Los mantos de ceniza de las erupciones volcánicas que se uti-
lizan en esta y las siguientes secciones son tomados de la Fig. 2-1 y
superpuestos en el mapa del Ecuador.
Primeros habitantes de los Andes
El historiador Velasco explica que “el espacio de país, desde el
grado de altura septentrional, hasta otro grado de la meridional, entre los
grados 80 y 82 de longitud de París, fue poblado en su más remota antigüe-
dad por la nación llamada Quitu”.
10
Los esposos Costales sostienen: “los
primitivos habitantes de las provincias de Imbabura, Pichincha, Cotopaxi
y Tungurahua fueron los cayapas o quitus
11
y Aquiles Pérez ratifica que
Patricio Orbe Garcés
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9 Hall, Minard L. y Mothes, Patricia: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador,
1. La actividad volcánica del holoceno en el Ecuador y Colombia Austral: Impedimento al de-
sarrollo de las civilizaciones pasadas, Ediciones Abya Yala, 1998, pp 22 y 25
10 La vocal débil “u”, del antiguo idioma quitu, identificable en la lengua de los actuales chachis
(o cayapas). El pueblo Chachi, conocido comúnmente como Cayapas, habita extensas áreas
en la zona selvática de la provincia de Esmeraldas, al noroeste del territorio ecuatoriano.
Costales, Alfredo y Dolores: Etnografía, lingüística e historia antigua de los Caras o Yumbos
Colorados, Ediciones Abya Yala-Quito, 2002, pp. 76 y 78
los Cayapa fueron los primeros migrantes al territorio ecuatoriano, ocu-
paron las provincias indicadas en edades arcaicas y su gentilicio específico
fue Quitus”,
12
gentilicio dado por Velasco, sin ningún sustento porque
más tarde explica el origen del nombre Quito como herencia del úl-
timo soberano que murió en los enfrentamientos con los Cara, en su
segunda llegada.
Jorge Salvador Lara ratifica: “Parece también que hay una co-
rriente formativa que llega por tierra… quizás por el río Magdalena… y
que en el territorio ecuatoriano se expande por la región interandina, por lo
menos del Carchi al Chimborazo…
13
Según Jacinto Jijón,
(…) los cayapas, cuyas tradiciones señalan a Imbabura como su sede
nativa, debieron ser los que penetraron por Pimampiro. Los que entra-
ron por Putumayo, habrán dominado un tiempo el país pasto, pero
fueron sojuzgados por la población más antigua, la que conquistó tam-
bién Imbabura (época de los sepulcros en pozos); entonces, quizás, se
verificó la emigración al litoral
14
Los primeros habitantes aparecen tardíamente, Cayapas
(Chachis), llegados desde Colombia en el Formativo medio, quizás
después de la erupción del Cotopaxi, habrían llegado hasta Quito
pero, por efecto de la erupción no habrían podido seguir al sur, por
lo que es necesario varias acotaciones:
El Parque Arqueológico y Ecológico Rumipamba, “guarda
evidencia cultural desde el período Arcaico (2200 a.C.) hasta Integración
(970 – 1280 d.C.)”
15
Myer (1976), sostiene que “Imbabura tiene una antigüedad de
2100 a.C. y que desde su inicio estuvo habitada por pueblos de procedencia
centro americana del Caribe, Chibcha Barbacoa (Imbas), entre otros”.
16
Periodo Formativo en los Andes
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19
11 Ibidem, p. 93
12 Pérez T., Aquiles R.: Los Seudo-Pantsaleos, Llacta No. 14, Instituto Ecuatoriano de Antropo-
logía y Geografía, Talleres Gráficos Nacionales, Quito, 1962, p. 259
13 Salvador Lara, Jorge, Esquema para el Estudio de la Prehistoria en el Ecuador, Quito -Ecuador,
Editorial Ecuatoriana, 1971
14 Jijón y Caamaño, Jacinto: Antropología prehispánica del Ecuador, Capítulo IV: Las glaciaciones
en los andes ecuatoriales y notas acerca de la relativa antigüedad del hombre, Biblioteca Vir-
tual Miguel de Cervantes
15 Fundación Museos de la Ciudad, Parque Arqueológico y Ecológico Rumipamba
16 Benítez Bastidas, Nhora Magdalena, et. al., Hechos y realidades de los pueblos kichwas de
El parecido estilístico de la alfarería del lago San Pablo con Val-
divia, llevó a Myers a comparar cerámicas específicas con la fase Valdivia y
concluye que pudo ser contemporánea con Valdivia C o Valdivia 6, fechada
cal. 2200 a.C.”,
17
posición discutida por Athens (1978) quien sostiene
que esa cerámica supuestamente Formativa corresponde al Yaci-
miento de la Chimba (Pi-1), fase Media (150 a.C.).
El registro de polen estratificado de la cuenca del lago San Pablo
ha demostrado la utilización del maíz hace 4000 años, 2000 a.C. y es posible
que registros más profundos posibiliten extender este marco temporal hasta
fechas todavía más tempranas”. (Athens, 1995: 10-13)
18
Según la tradición, el Quito primitivo fue fundado quizás,
antes del 2000 a.C.
De lo anterior se deduce que en el Formativo, la Sierra Norte
estuvo habitada antes del 2200 a.C., dando idea de cuando habría
llegado la migración de la etnia Caribe de Centro América y se-
gundo, la presencia del maíz se remonta alrededor del 2000 a.C., ra-
tificando la llegada de los valdivianos, portadores del maíz aunque,
también pudo ser traído por los migrantes del Caribe que, según al-
gunos autores, ya lo cultivaban en su hábitat original.
Desplazamientos valdivianos hacia la serranía
La serranía o Región Andina, se ubica entre dos cordilleras
más o menos paralelas, entre la planicie costera y los declives hacia
la llanura amazónica, separada por ramales discontinuos de la ter-
cera cordillera; de norte a sur está dividida por nudos, macizos mon-
tañosos transversales que forman las hoyas. Esta región se divide en
dos subregiones: norte-centro y sur: las montañas del norte-centro
son más altas, con actividad volcánica notable desde tiempos inme-
moriales; en la región sur, las dos cordilleras pierden individualidad,
Patricio Orbe Garcés
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Imbabura: a partir de la historia, el territorio ancestral, la constitución e indicadores de de-
sarrollo, en la última década, Revista Turismo y Desarrollo local, Vol. 9, Nº 21, diciembre 2016.
17 Berenguer R., José y Echeverría A., José: Ocupaciones del periodo Formativo en la sierra norte del
Ecuador?: un comentario a Myers y Athens, Instituto Otavaleño de Antropología, 1988
18 Moreno Yánez, Segundo E.: Historia antigua del País Imbaya, Impreso en Studio21, Quito-Ecua-
dor, 2007, p. 66
Zarrillo, Sonia y Valdez, Francisco: Evidencias del cultivo de maíz y de otras plantas en la ceja de
selva oriental ecuatoriana, IRD Éditions, 2013, OpenEdition Books
son más bajas y erosionadas y sin actividad volcánica reciente, donde
no se muestra claro el callejón interandino, son los Andes Antiguos.
A lo largo de la Región Andina, los pisos altitudinales per-
miten múltiples entornos ecológicos que originan páramos, bosques
andinos, valles templados y valles cálidos. Esta zona se conecta con
las otras regiones a través de cuencas fluviales que, después de cru-
zar una de las dos cordilleras, unas se dirigen hacia la Costa del Pa-
cífico y otras, a la Amazonía.
Estas condiciones permitieron la conformación de unidades
histórico-culturales que mantuvieron contactos bien definidos con
la Costa y la Amazonía, mientras que en el sentido norte-sur las re-
laciones fueron más difíciles por los macizos transversales, siendo el
nudo del Azuay el último ya que, al sur, los Andes son de menor al-
tura. Realidad geográfica que hizo que en el Formativo Medio y Tar-
dío de la sierra se desarrollaran culturas acordes con los valles
intermontanos en que habitaron y no se pueda hablar de culturas
como las del Formativo costeño que poblaron toda la región.
Aquiles Pérez, sustentándose en la toponimia, explica que
alrededor del 2000 a.C., hubo desplazamientos valdivianos que por
los ríos torrentosos que bajan de la sierra ingresaron al interior,
siendo absorbidos sus habitantes nómadas, por los valdivianos, por
ser más civilizados, argumento respaldado por los investigadores
Costales. Aquiles Pérez sostiene, además: “se conservan rastros idio-
máticos acerca del avance de los Caras o Colorados desde la Costa hacia la
Sierra”.
19
También hubo desplazamientos posteriores de Machalilla
y Chorrera, fases evolutivas de Valdivia.
¿Qué motivó esos desplazamientos? Fue su espíritu expan-
sionista que ya se dio con la ocupación de la Costa, desde Esmeradas
hasta El Oro o quizás, fue la búsqueda de otros pisos ecológicos. Hay
autores que afirman que la segunda condición pudo haber tenido in-
fluencia decisiva en la penetración de Valdivia por los valles hacia
el interior.
20
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
21
19 Pérez T., Aquiles R.: Los Seudo-Pantsaleos, Llacta No. 14, Instituto Ecuatoriano de Antropo-
logía y Geografía, Talleres Gráficos Nacionales, Quito, 1962, p. 22
20 Crespo, Hernán y Vargas, José María Coord., Arte ecuatoriano, Tomo I, Salvat Editores Ecua-
torianos S.A., Quito, 1976, Pág. Cultura Chorrera, p. 74
Los valdivianos habrían entrado por el Chota hasta los con-
fines con los Cayapas, en las cercanías del lago San Pablo donde se
encontraron restos cerámicos supuestamente emparentados con Val-
divia, que evidencian contactos, alrededor del 2000 a.C., entre el Al-
tiplano Andino septentrional y la Costa.
21
Por el Guayllabamba hasta
tierras de Quisaya, San José de Minas, por el Blanco y el Mindo hasta
el noroccidente de Pichincha y por el Toachi hasta Cotopaxi y Tun-
gurahua.
22
Excavaciones e investigaciones en el sector de La Maná,
en la provincia de Cotopaxi, demuestran que alrededor del 2000 a.C.,
habían llegado hasta esas regiones: “la alfarería contenida en las capas
existentes antes de la construcción de las tolas se refiere al estilo Chorrera
por lo más tardío (Formativo Tardío 1500-500 a.C.) y Valdivia (Hill, 1975)
por lo más antiguo (Formativo Temprano 3500-1500 a.C.
23
Los desplazamientos que siguieron por los ríos Blanco y
Mindo llegaron a la altiplanicie de Quito, alrededor del 2000 a.C., te-
rritorio habitado por nómadas, cazadores recolectores que habrían
sido absorbidos por los valdivianos, dando como resultado Cotoco-
llao, la “primera aldea establecida en Quito”,
24
al norte de la laguna de
Añaquito. Del nombre de la aldea, surge el gentilicio para sus habi-
tantes, cotocollaos, que se extendieron desde Imbabura hasta Chim-
borazo.
En esta investigación se mantiene el gentilicio cotocollao,
aunque el historiador Velasco y otros autores utilizan otros; ni quitus
ni otro es correcto porque no hay antecedente histórico para su acep-
tación. El nombre Quito y la cultura Quitu-Cara aparece, según Ve-
lasco, con la segunda llegada de los Cara, cuando éstos, según el
mismo autor, subyugaron al pueblo existente, la explicación del ori-
gen del nombre aparece en el Período de Integración.
Patricio Orbe Garcés
22
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21 Moreno Yánez, Segundo E., Historia antigua del País Imbaya, Impreso en Studio21, Quito-Ecua-
dor, 2007, p. 62
Berenguer R., José y Echeverría A., José: Ocupaciones del periodo Formativo en la sierra norte del
Ecuador: un comentario a Myers y Athens, Instituto Otavaleño de Antropología, 1988, p. 66
22 Pérez T., Aquiles R.: Los Seudo-Pantsaleos, Llacta No. 14, Instituto Ecuatoriano de Antropo-
logía y Geografía, Talleres Gráficos Nacionales, Quito, 1962, Pág. 260
23 Guillaume-Gentil, Nicolas, Patrones de asentamiento en el piemonte andino, en la alta cuenca del
río Guayas: Proyecto La Cadena-Quevedo-La Maná, Ecuador, El área Septentrional Andina, Institut
francais d’études andines, 1998
24 Museos de Quito, Museo de Sitio Cotocollao.
Los ríos Chimbo, Chanchán y Cañar fueron otras vías de ex-
pansión del pueblo Valdivia. Por el río Chimbo habrían ingresado a
la provincia de Bolívar, según los esposos Costales (2002), la zona
oriental de la provincia de Bolívar fue ocupada por ‘yumbos colorados
y lo ratifican cuando identifican a la provincia como un sitio “riquí-
simo en tolas”.
25
De esos desplazamientos habría surgido la nación de
los Chimbis, integrada por parcialidades como Guarangas, Tomabe-
las, Azancotos, Chillanes, Simiatug, Guanujo y otras.
El ingreso por el río Chanchan hacia Alausí se ha probado
con evidencias Chorrera sobrepuestas a Machalilla,
26
dato que evi-
dencia desplazamientos Machalilla y no de Valdivia. Al sur de la pro-
vincia de Chimborazo, surgió la cultura Alausí, (1500 – 1000 a.C.),
cultura que mantuvo estrechas relaciones con Chorrera y Cerro Na-
rrío.
La ocupación de Chimborazo señalada por Olaf Holm y Her-
nán Crespo, pudo originarse en desplazamientos que por el río
Chanchán llegaron a los sectores de Alausí y Pallatanga, sur de la
provincia y cruzando el nudo de Tiocajas, habrían ingresado a la
hoya del Chambo.
Por el río Cañar habrían ingresado a las provincias de Cañar
y Azuay y posteriormente, cruzaron la cordillera, según Rostain “por
la ruta ‘Boca de Montaña’ que partía de Azogues, al norte de Cuenca, para
llegar hasta la ciudad de Méndez”,
27
para asentarse en el valle del río
Upano, en las faldas del Sangay. Valdivia se extendió por el sur hasta
El Oro y por el valle del río Jubones habría llegado a la altiplanicie,
dato confirmado por la misión de la Escuela de Arqueología de la
Universidad de Londres.
Esos desplazamientos valdivianos hacia la sierra abrieron
rutas de intercambio y la cultura valdiviana y las posteriores fueron
influyendo en los pueblos serranos, con ellos habría llegado el maíz
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
23
25 Jurado Noboa, Fernando, La etnia Chimbo desde tiempos prehispánicos hasta el terremoto
de 1674, Instituto Otavaleño de Antropología, Revista Sarance Nº 32, 2021, p. 32.
26 Crespo, Hernán y Vargas, José María Coord., Arte ecuatoriano, Tomo I, Salvat Editores Ecua-
torianos S.A., Quito, 1976, p. 46.
27 Rostain, Stéphen y de Saulieu, Geoffroy: El Pastaza y el Upano, dos ríos tropicales que co-
nectan los Andes a la Amazonía, Revista del Museo de La Plata, Volumen 4, Número 2: 353-
384, 2019, pp 353-384.
y fréjol hasta la serranía. Contactos culturales que incluyeron “no solo
la compartición de bienes manufacturados o de subsistencia, sino también
tecnologías y vínculos ideológicos y políticos”.
28
Cotocollao, asentamiento valdiviano en la meseta de Quito
El valle, meseta o planicie de Quito, que se la identifica como
una llanura, presentaba no solo desniveles importantes, sino que las
182 quebradas conformaron un relieve bastante irregular, originando
lagunas en las llanuras de Añaquito y de Turubamba. El flanco orien-
tal del volcán Pichincha se encauzaba a través de 68 quebradas que
alimentaban las lagunas, mientras otras desaguaban hacia el valle
de los Chillos y Pomasqui (Noni et al., 1986; Peltre, 1989). Una de las
quebradas de mayor aporte fue la de Rumipamba, que forma una
extensa vía de desfogue hacia el norte de Quito.
En el área de Quito, valle de aluviones que descienden por
las laderas nororientales del volcán Pichincha, han originado capas
de varios metros de material dentrítico que cubrieron la planicie (Al-
varado, 1996) y las evidencias de asentamientos tempranos.
Cotocollao fue el mejor sitio de la planicie para los primeros
asentamientos sedentarios ya que sus tierras no fueron ni secas ni
húmedas, se evaporaba la misma cantidad de agua que caía en forma
de lluvia, razón por la que los suelos son fértiles todo el año (Villalba,
1988). Peterson sostiene la idea de una invasión o aparición repentina
de una cultura poseedora de conocimientos agrícolas en un territorio
previamente habitado por cazadores recolectores,
29
lo que sugiere
que Cotocollao habría surgido por transculturación de los primeros
habitantes, Cayapas, aunque Aquiles Pérez sugiere que fueron ab-
sorbidos por los valdivianos que, alrededor del 2000, llegaron a la
planicie de Quito. Según la tradición, el Quito primitivo fue fundado
quizás, antes del 2000 a.C.
30
Patricio Orbe Garcés
24
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28 Ledergerber-Crespo, Paulina, Editora, Formativo Sudamericano una revaluación, Departamento
de Antropología, Museo de Historia Natural, Smithsonian Institution, Washington, Abya
Yala, 1999, p. 116.
29 Holm, Olaf y Crespo, Hernán: Historia del Ecuador, Tomo I, Salvat Editores Ecuatorianos S.A.,
Quito, 1981, p. 183.
30 Museos de Quito, Museo de sitio Cotocollao.
La presencia de 94 sitios asociados a esta tradición cultural constituye
la evidencia de su importancia. Se hallan distribuidos a lo largo de la
meseta de Quito siguiendo un patrón de asentamiento disperso alre-
dedor de las antiguas lagunas y junto a las principales quebradas para
aprovechar la presencia de agua permanente durante todo el año.
31
Los cotocollao fueron agricultores experimentados en el cul-
tivo de maíz, fréjol, quinoa, papa y chochos, así lo atestiguan los aná-
lisis de restos de polen. Su principal alimento fue la carne de venado,
conejo, guanta, puma, lobo, cuy y tórtolas. Además, recurrieron al
algodón para elaborar sus prendas de vestir.
En Cotocollao, la evidencia de la planta de sus viviendas son
los huecos para los postes hechos en suelo volcánico ‘cangahua’ que
revela una estructura rectangular de aproximadamente 4 por 6 me-
tros, construidas con madera, techo de paja y paredes de bahareque.
En su cerámica utilizaron múltiples técnicas y diseños y en su deco-
ración fue muy común el color rojo, demostrando gran variedad de
rasgos decorativos y sensibilidad artística, nada inferior a la de Val-
divia, obviamente Cotocollao recibió directamente la influencia de
Valdivia.
Villalba (1988: 252),
32
señala: “Cotocollao resulta ser la síntesis
más temprana y mejor documentada de una posible transición cerámica
Valdivia-Machalilla
33
y Segundo Moreno: “Cotocollao ha demostrado
que sí se puede hablar de interrelaciones entre Costa y Sierra Norte durante
las fases finales de Valdivia y su transición a Machalilla”.
34
Abundan los rasgos comunes. especialmente en la decoración y moti-
vos geométricos: rombos, triángulos y cuadrículas a manera de “tejidos
de estera”. Formas cerámicas identificadas en Cotocollao se han encon-
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
25
31 Villalba, Marcelo y Alvarado, Alexandra: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del
Ecuador, 3. La arqueología del Valle de Quito en clave volcánica, Ediciones Abya Yala, 1998,
p. 89.
32 Villalba, Marcelo: Cotocollao: una Aldea Formativa del Valle de Quito, Miscelánea Antropoló-
gica Ecuatoriana, Serie Monográfica No. 2, Museo del Banco Central de Ecuador, Quito, 1988
33 Figueroa, Silvia: Complejidad social al final del período Formativo tardío. La ceniza de la úl-
tima erupción del volcán Pululahua (2400 A.P.) como marcador temporal, Antropología Cua-
dernos de Investigación, núm. 18, enero-junio 2017, pp. 14-26.
34 Moreno Yánez, Segundo E.: Historia Antigua del País Imbaya, Centro de Investigaciones Uni-
versidad de Otavalo, Studio21, 2007, p. 63.
trado en los valles de los Chillos y Tumbaco-Cumbayá”.
35
En Cotocollao se han identificado tres tipos de botellas cerá-
micas: “una botella de asa de estribo similar a las de Machalilla, una botella
silbato de aspecto semejante a las de Chorrera y otra botella silbato con ras-
gos curiosamente chorreroides pero con características generales muy pro-
pias por lo que fue considerada como vasija propia”.
36
Las botellas evidencian la influencia de las culturas costeñas
y, a través de ellas, de Mayo Chinchipe, que se mantuvo a través de
las relaciones comerciales entre sierra y costa. “Las relaciones interre-
gionales se desarrollaron en torno al intercambio de ciertas materias primas
para posteriormente, consolidarse en verdaderas relaciones comerciales”.
37
Fig. 2-3 Actividad eruptiva del volcán Cayambe en los últimos 4000 años
38
Patricio Orbe Garcés
26
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
35 Lozano Castro, Alfredo: Quito Ciudad Milenaria, Ediciones Abya Yala, 1991, p. 26.
36 Ugalde, María Fernanda: Primeras Evidencias del Precerámico Terminal En Quito, Arqueología
Iberoamericana 42 (2019): 14-27. ISSN 1989-4104. http://laiesken.net/arqueologia/
Carrera, Juan: Las Botellas de Asa y Pico de Cotocollao, p. 45.
37 Buys, Jozet y Domínguez, Victoria: Hace 2000 años en Cumbayá Proyecto arqueológico "Jardín
del Este", Cumbayá, Provincia de PichinchaEcuador, Editorial Arboleda, Auspicia y financia
Banco de desarrollo del Ecuador,1988, p. 20.
38 Volcán Cayambe, Mapa de los peligros potenciales del volcán Cayambe, IG-EPN, 17 de enero
de 2024
El Cayambe ha tenido entre 18 y 20 eventos eruptivos du-
rante los últimos 4000 años (Samaniego, 1996; Monzier et al. 1996),
Fig. 2-3. En época del primer periodo de actividad del volcán, hacia
el 1600 a.C., los declives oeste y septentrionales del volcán fueron
afectadas por caídas de ceniza y lapillis de pocos centímetros de es-
pesor con distribución limitada, dudándose que tuvieron mayor im-
pacto sobre los valdivianos que el 2000 a.C. llegaron hasta San Pablo.
Los flujos piroclásticos como lahares descendieron por el norte del
cono y se dirigieron al este, a zonas no pobladas.
Según Santiago Ontaneda:
(…) una buena razón para explicar la ausencia de evidencia arqueológica
para estos sitios tempranos ocupados por primeros pobladores son las
erupciones volcánicas ocurridas en aquel período. Grandes eventos han
sido reportados para el 3900 a.C., el 3400 a.C. y el 2700 a.C., todos ellos
provenientes del volcán Cayambe. El depósito de ceniza de la erupción
más antigua, con un espesor de 102 cm, causó un gran desastre
ecológico.
39
Nota del autor: Los primeros habitantes, Cayapas, cazadores recolectores
nómadas, habrían llegado después de las erupciones, pero antes del 2200
a.C.
La actividad del Guagua Pichincha se resume en una serie
de erupciones con una tasa de recurrencia estimada en 500 años, sin
que ningún fenómeno violento de ellas haya llegado a la cuenca de
Quito, en varias ocasiones las caídas de piroclastos han cubierto
dicha cuenca con decenas de centímetros de lapilli que llegan al este,
hasta Tumbaco y Pifo, las caídas pasadas fueron al oeste (Hall y Mo -
thes, 1994),
40
siendo el flanco oeste del volcán el que recibió los ma-
yores flujos que fueron encauzados hacia el río Guayllabamba, Fig.
2-2b.
El IG-EPN explica:
Durante la época prehistórica las erupciones de mayor magnitud fueron
Periodo Formativo en los Andes
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27
39 Ontaneda, Santiago: Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 8.
40 Mothes, Patricia, Coord.: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador, 2. Actividad
Volcánica del Holoceno en Ecuador y Colombia Austral Ediciones Abya Yala, 1998, p. 21.
las ocurridas hace 3700 (debe ser la de 1550 a.C.) y hace 1000 años. La
erupción histórica del año 1660 fue también muy importante, aunque de
menor magnitud que las precedentes. En todos los eventos hubo caídas
de ceniza importantes en la ciudad de Quito, así como flujos piroclásti-
cos, colapsos de domos y generación de lahares secundarios en varios
sectores del volcán (Robin et al., 2010).
41
A falta de datos y para tener idea de la erupción de 1550 a.C.,
sin citar textualmente, es oportuna la descripción de González Suá-
rez y otras fuentes acerca de la erupción de 1660 d.C. que, está am-
pliamente documentada en los archivos históricos de Quito y en el
Archivo General de Indias.
El 27 de octubre de 1660, hizo el Pichincha la erupción más espantosa.
El día amaneció medio opaco y a las siete y media de la mañana, se
dejó percibir una nube obscura, que como un denso torbellino se le-
vantaba del Pichincha y poco a poco se dilataba en todas direcciones:
conforme crecía la nube, se iba oscureciendo el día; a las nueve las ti-
nieblas eran tan cerradas que no se podían distinguir los objetos, au-
mentó el terror, la llama del volcán y los bramidos continuaban. Una
lluvia copiosa de tierra y piedrecillas caía sin cesar, después era una
granizada de trozos de piedra pómez del tamaño del puño de la mano.
Fue al menos, un día y medio hasta que se disipó la obscuridad.
La ceniza arrojada por el volcán se esparció en un circuito de más de
ochocientas leguas, por el norte llegó hasta el páramo de Guanacas (Po-
payán); por el sur avanzó hasta Loja y Zamora y por el Oriente cayó
en los bosques de las remotas misiones del Marañón; los bramidos sub-
terráneos se oyeron hasta Pasto y Popayán. Por el occidente se trastor-
naron las selvas y arrasaron completamente todas las haciendas con
sus casas y sembrados.
Los canales quedaron destruidos con la ceniza, la ciudad sufrió mucho
por falta de agua. El día se tornó en noche, durante 40 horas. Se supo
que había arrojado peñascos y tanta piedra gruesa, que taló montes y
llenó algunas profundísimas cimas igualándolas con lo superior de la
tierra. Versiones sobre la acumulación de ceniza indican que en Quito
fue de una cuarta de vara, (21 cm.) o un pie (31 cm).
42
Patricio Orbe Garcés
28
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
41 Ibidem, p. 8.
42 González Suárez, Federico: Historia General de la República del Ecuador, Tomo IV, Ediciones
Esfel, 1965, Quito, pp. 246-248.
Según el IG-EPN, “La erupción histórica del año 1660 aunque
fue muy importante, fue de menor magnitud que las precedentes” aunque,
en varias ocasiones los piroclastos cubrieron la planicie con centíme-
tros de lapilli.
Es importante el dato de James A. Zeidíer (2023): la erupción
del Guagua Pichincha, que se estimaba con un VEI de 4 (Andrade et
al., 2021), ahora se la considera con un VEI de 6 sobre la base de nue-
vos estudios arqueológicos y vulcanológicos en el sitio Papayita, en
la vecindad de Portoviejo, donde la capa de tefra tiene 85 cm de
alto.
43
Desplazamientos que justifican que Santiago Ontaneda y
otros autores expliquen que Cotocollao amplió sus dominios desde
Imbabura hasta Tungurahua y otros, hasta el centro de Chimborazo,
originando que la sierra centro norte fuera poblada por Cotocollao,
quienes se mantuvieron hasta la segunda llegada de los Cara, alre-
dedor del 1000 d.C., sin olvidar que hubo otros desplazamientos val-
divianos que ingresaron a la serranía por el Chota a la provincia de
Imbabura y por el Toachi a Cotopaxi y Tungurahua y que los dife-
rentes poblados, fueron evolucionando de acuerdo con su entorno.
Tal sería el caso de las evidencias formativas tardías, con claras influen-
cias de rasgos culturales tipo Cotocollao que se advierte en algunos si-
tios cercanos como La Chimba (Athens, 1978, 1995; Goff, 1980); Los
Soles, San Antonio de Ibarra (Byron Camino: Colección en poder del
INPC; Villalba: colección de excavaciones, Museo del Banco Central);
Tababuela (Berenguer y Echeverría, 1988, 1995 [1984]); Socapamba (At-
hens, 1980). Los indicios de cerámica tipo Cotocollao localizados en
Cotopaxi (Rodríguez et al., m.s.), Tungurahua (Patricio Moncayo, co-
municación personal -colección procedente de la ciudad de Baños) y
Cebadas, Chimborazo (Arrellano, 1992), son posibles evidencias de una
migración a larga distancia
44
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
29
Historia de erupciones en Quito, Revista Vistazo, No. 747, oct. 8/98, pp. 28-29.
Autor desconocido, Datos sobre las erupciones históricas del volcán Guagua Pichincha
43 A. Zeidíer, James: Nuevas perspectivas sobre el volcanismo holocénico ecuatoriano y sus re-
petidos impactos en el valle de Jama: hacia un “geoarchivo” de tefra distal, STRATA, Revista
Ecuatoriana de Arqueología y Paleontología, 07-12/ 2023, vol. 1, nro.2, e9, p. 22.
44 Villalba, Marcelo y Alvarado, Alexandra: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del
Ecuador, 3. La arqueología del Valle de Quito en clave volcánica, Ediciones Abya Yala, 1998,
p. 91.
Arellano (1992: 169; 1994: 118-120) sostiene que “existen sitios
del Formativo Tardío a lo largo de la sierra desde el norte hasta la región
austral donde se encuentra cerámica con formas y rasgos decorativos Coto-
collao, al igual que la obsidiana de la región Quito”.
45
Marcelo Villalba, del grupo de arqueólogos del Banco Cen-
tral, relata:
Hemos encontrado 70 sitios de tradición Cotocollao los mismos materiales,
las mismas formas, las mismas decoraciones, la misma forma de enterrar a sus
muertos– en estos dos últimos años de prospección sistemática. ¿Dónde?
Desde Guayllabamba al norte, hasta Uyumbicho al sur, el valle de los Chillos
al este y Cachillacta (en Mindo, al noroccidente de Pichincha) al oeste, donde
se han localizado restos del año 1300 A.C. aproximadamente.
Alrededor del actual Quito: Pusuquí, Parcayacu, Cotocollao (primero en el
tiempo y en la importancia), la Florida, por la intersección de las avenidas Ma-
riana de Jesús y Occidental, Toctiuco, Mena 2, la Ecuatoriana, el Beaterio,
Amaguaña, la loma de Puengasí, Conocoto, Ontaneda, el actual Colegio de la
Salle, el complejo del Ministerio de Salud, en un lugar entre Guangopolo y
Cumbayá, Miravalle, Nayón y Carcelén”.
46
Los datos anteriores revelan que Quito y sus alrededores es-
tuvo poblado por Cotocollao, antes del 1300 a.C., como relata Mar-
celo Villalba.
Los estudios vulcanológicos muestran que el Tungurahua tuvo una
erupción particularmente violenta hacia 1100 AC. Los depósitos ates-
tiguan un ‘soplo volcánico’ violento, cargado de polvo y escorias, que
devastó los alrededores del volcán hasta 15-20 Km. del cráter.
Los depósitos de nubes ardientes acumulados durante las fases de alta
actividad eruptiva contienen localmente fragmentos de cerámica cuya
edad ha podido ser estimada fechando con radiocarbono las maderas
y carbones incorporados en las brechas de roca. Los tiestos más anti-
guos están contenidos en una capa, fechada alrededor de 1100 AC.
Patricio Orbe Garcés
30
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
45 Figueroa, Silvia: Complejidad social al final del período Formativo tardío. La ceniza de la úl-
tima erupción del volcán Pululahua (2400 A.P.) como marcador temporal, Antropología Cua-
dernos de Investigación, núm. 18, enero-junio 2017, pp. 14-26.
46 Cuando Quito era una laguna, Diario Hoy, 30.07.93.
Estos tiestos atestiguan la presencia de poblaciones establecidas alre-
dedor del volcán.
Los tiestos de cerámica encontrados en los depósitos de erupciones
posteriores a este evento mayor indican que el volcán y sus alrededores
han sido constantemente reocupados después de cada erupción des-
tructora (aproximadamente una erupción importante por siglo).
47
Mapa 2-1 Huella probable del manto de ceniza del volcán Tungurahua,
1000 a.C.
48
Hall y Mothes (1998 y 1999) ubican al ‘colapso del Tungurahua’
en el 1000 a.C., enorme avalancha del flanco NW y potentes flujos
de lava que llenaron el cauce del rio Pastaza por un tramo de 20 km,
dejando muchas capas de escoria y pómez al oeste y suroeste del vol-
cán, que habrían afectado el sureste de la hoya del Patate y el cen-
tro–norte y noreste de la hoya del Chambo.
Jijón y Caamaño excavó en la población prehistórica de Guano, que en-
contró bajo una gruesa capa de materia volcánica, producto quizás de
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
31
47 II Congreso Ecuatoriano de Antropología y Arqueología Balance de la última década, Aportes,
Retos y nuevos temas, Tomo I, Abya-Yala, 2007, pp. 372, 373.
48 La huella probable del manto de ceniza del volcán Tungurahua, mapa 2-1, es tomada de:
Villalba, Marcelo y Alvarado, Alexandra, Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del
Ecuador, 3. La arqueología del Valle de Quito en clave volcánica, Ediciones Abya Yala, 1998,
p. 79.
una erupción del Tungurahua. Según relata, los habitantes de la ciudad
tuvieron la oportunidad de ponerse a salvo, puesto que no se encuen-
tran vestigios que testifiquen la presencia humana durante el cata-
clismo. Lo que sí abunda y quedó ‘in situ’ fue el utillaje y los víveres
de la población, rotos los unos, carbonizados los otros, como conse-
cuencia de la caída de los techos de las habitaciones, que estaban fa-
bricados de paja y madera.
49
Según las excavaciones realizadas por Jijón y Caamaño, el
manto de escoria y pómez llegó hasta Guano, cerca de Riobamba, a
30 km del volcán y por el norte, hasta cerca de Ambato.
Los autores, de Saulieu y Le Pennec señalan que el material
recogido evoca a Cotocollao, contemporáneo del evento, aunque es
difícil saber si realmente es Cotocollao o si comparte una serie de
rasgos comunes o importados. No se descarta la influencia de Ma-
chalilla porque, pudo haber influencia cultural costeña o bien inte-
racciones más intensas con esas sociedades. Finalmente, es
interesante anotar que ninguna semejanza aparece con el material
de Alausí, más cercano geográficamente del Tungurahua que de la
región de Quito y atribuido al mismo periodo cronológico.
50
Concluyéndose que Cotocollao se extendió hasta el centro de
Chimborazo y, como señalan los autores, “La región de Alausí es toda-
vía desconocida: los datos de Alausí no poseen más que una atribución cro-
nocultural y flotan por lo tanto en la imprecisión arqueológica
Según el IG-EPN, la más reciente actividad del volcán Cota-
cachi-Cuicocha data del 990 a.C., Tabla 1-1 y Fig. 2-1, un milenio des-
pués de la introducción del maíz (S. Athens, 1997), está perfec-
tamente documentada:
Fueron dos grandes flujos piroclásticos, fechados en 3100 y 2900 aAP,
que al salir de la caldera (la laguna de Cuicocha) viajaron pendiente
abajo, cubriendo los sectores de Quiroga y Cotacachi con una potente
Patricio Orbe Garcés
32
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49 Crespo, Hernán y Vargas, José María Coord., Historia del Arte ecuatoriano, Tomo I, Salvat Edi-
tores Ecuatorianos S.A., Quito, 1977, p. 242.
50 De Saulieu, Geoffroy y Le Pennec, Jean-Luc: Nota descriptiva sobre un material formativo
de las cercanías del volcán Tungurahua, II Congreso Ecuatoriano de Antropología y Arqueo-
logía Balance de la última década, Aportes, Retos y nuevos temas, Tomo I, Abya-Yala, 2007, pp.
371, 382.
capa (5-20m) de ceniza y pómez y se extendieron al SE hasta Otavalo.
Seguramente llegaron hasta Atuntaqui e Imantag (von Hillebrandt,
1989; von Hillebrandt Hall, 1988)
.
51
La investigación del “esmalte dental del cráneo del hombre de
Otavalo determinó que tiene alrededor de 3000 años, 1000 a.C., dato que
podría aproximarse a la edad del cráneo”.
52
Consecuentemente, el hom-
bre de Otavalo sería contemporáneo de esta erupción.
Según Santiago Ontaneda, “ese evento que se produjo entre 1500
y el 1000 a.C. fue particularmente devastador, originando un aparente
abandono poblacional aproximadamente desde el 1500 y el 700 a.C. (Athens,
2003)
53
que, según Lippi “se explica por un largo período de despobla-
miento (entre 300 a.C. y 800 d.C.), debido a una extensa actividad volcánica
en el occidente andino”.
54
Aunque las fechas no son concordantes con
el dato del IG-EPN, dan una idea clara del tiempo que habría sido
inhabitable la zona centro suroccidental de Imbabura.
Esa provincia estuvo inicialmente habitada por cayapas y
luego, alrededor del 2000 a.C., con los desplazamientos valdivianos,
los nuevos habitantes habrían absorbido a los primeros. Santiago
Ontaneda refiere que el éxodo poblacional probablemente produjo
desolación durante 800 años. Sus habitantes se habrían desplazado
a la costa por el río Chota y quizás, habrían regresado cuando el en-
torno hubiere mejorado.
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
33
51 Hall, Minard y Mothes, Patricia: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador, 1.
La actividad volcánica del holoceno en el Ecuador y Colombia Austral: Impedimento al de-
sarrollo de las civilizaciones pasadas, Ediciones Abya Yala, 1998, p. 16.
52 El cráneo de Otavalo fue investigado, Diario El Comercio, 20 de julio de 2019.
53 Ontaneda, Santiago: Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 9.
54 Ventura i Oller, Montserrat: Al sur del lejano Oeste: marginalidad, ambivalencia y anacro-
nismo en las clasificaciones culturales desde la perspectiva sur-barbacoa, Revista española de
Antropología Americana, Departamento de Antropología y Etnología de América, April 2019,
p. 47.
Según Silvia Vallejo, entre el 990 y 270 a.C., se dieron las erupciones del Cuicocha, 990 a.C.;
Pululahua, 485 a.C. y Atacazo 270 a.C.
El autor considera errado el dato del despoblamiento indicado por Lippi, 300 a.C. - 800 d.C.
porque el dato más temprano del repoblamiento de Imbabura lo indica Segundo Moreno
cuando refiere la cronología de la cerámica de Tababuela, 200 a.C. y, 800 d.C., señala Carlos
Iza Terán como el inicio de la segunda ocupación del noroccidente de Pichincha, después
de la erupción del Pululahua.
Segundo Moreno refiere que la cerámica de Tababuela (200
a.C200 d.C.), una ocupación estable, de corta duración, en un medio
ambiente semiárido, tiene afinidades estilísticas con la cerámica del
período medio de La Chimba.
55
Dato que, por un lado, evidencia el
repoblamiento de Imbabura, antes del 200 a.C., luego de la erupción
del Cotacachi-Cuiccocha y por otro, evidencia la expansión Cotoco-
llao en la provincia de Imbabura.
Cotocollao se desarrolló con características propias que le
permitieron subsistir algo como 1500 años como una ‘cultura receptora
que selecciona y reinterpreta los elementos culturales foráneos en función
de sus necesidades’. Ciertos rasgos de su cerámica revelan vínculos
con las culturas formativas de la costa, especialmente en formas y
decoraciones con Valdivia tardía, Machalilla y Chorrera, en Pichin-
cha existe la evidencia en una franja a más de 3000 m sobre el nivel
del mar: Las Casas, Toctiuco y Miraflores Alto con fechas 950 a.C.
Molestina (1974) encontró asas y recipientes relacionados con Cho-
rrera, con fecha C
14
hacia el 950 a.C. También se ha comprobado la
presencia de Cotocollao en Machachi, en el valle de Tumbaco, Nayón
y San Gabriel Alto con fecha 995 a.C.
56
El Pululahua pasó por tres períodos eruptivos importantes,
entre el 1190010800 AP, entre el 108006750 AP y hace aproximada-
mente 2500 AP, entró en una etapa durante la cual sucedieron al
menos cuatro erupciones explosivas de gran magnitud en un pe-
ríodo aproximado de 100 años (Andrade, 2002).
57
El cuarto y último
evento explosivo, con flujos piroclásticos de gran magnitud, genera-
ron potentes flujos tanto piroclásticos como de bloques y ceniza que
cubrieron las planicies desde San Antonio de Pichincha hasta Pomas-
qui, Fig. 2-2b, dejando depósitos de pómez y ceniza, alrededor del
volcán, con espesores que van desde los pocos metros en el río Mon-
jas, hasta decenas de metros en Calacalí (25-30 m) y en Nieblí (70-80
m).
58
Según Andrade et al. (2021) Volentik et al. (2010) la erupción
fue el 485 a.C., Tabla 1-1.
Patricio Orbe Garcés
34
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
55 Moreno Yánez, Segundo E., Historia Antigua del País Imbaya, Centro de Investigaciones Uni-
versidad de Otavalo, Studio21, 2007, p . 71.
56 Holm, Olaf y Crespo, Hernán, Historia del Ecuador, Tomo I, Salvat Editores Ecuatorianos S.A.,
Quito, 1981, p. 184.
57 Andrade, Daniel, et. al., Los peligros volcánicos asociados con el Atacazo-Ninahulca y Pululahua,
IG-EPN, IRD, 2012, p. 27.
(…) la actividad eruptiva del Pululahua se caracteriza por la ocurrencia
de al menos seis grandes erupciones explosivas que dieron lugar a la
formación del gran cráter del volcán, entre 2600 y 2400 años A.P. Estas
erupciones provocaron la migración masiva de la cultura Cotocollao,
que se desarrollaba al norte de Quito y que fue seriamente afectada por
el proceso eruptivo del Pululahua.
59
La prosperidad de Cotocollao y de los asentamientos Forma-
tivos del noroccidente de Pichincha se vio interrumpida por el largo
proceso eruptivo del volcán Pululahua que culminó con la gran
erupción el 2485 A.P. (Andrade et al., 2021, Volentik et al., 2010),
Tabla 1-1. “Este evento no se produjo repentinamente, sino que sus habi-
tantes muy probablemente debieron sufrir los estragos de las columnas de
humo y fuegos piroclástico durante varias semanas, por lo que habrían te-
nido tiempo de abandonar la aldea”.
60
Esta erupción parece haber sido de gran magnitud y pudo haber
producido desastres naturales de tal magnitud que conllevó la desocupación
de la zona durante varios siglos” (Porras 1982; Villalba 1988; Villalba y
Alvarado 1998).
61
El poblado de Cotocollao fue destruido por la paulatina
erupción del volcán Pululahua, lo que concitó el progresivo abandono del
lugar
62
A esa erupción parece haber seguido otros eventos eruptivos no
identificados que terminaron con las posibilidades de ocupación de la región
por un buen tiempo”.
63
Para tener idea de esta “erupción de gran magnitud”, las esti-
maciones de Papale y Rosi (1993) señalan que el volumen de la erup-
ción sería de 5-6 km
3
con una columna eruptiva de entre 28 y 33 Km.
y para una comparación contemporánea, refieren la devastadora
erupción del Pinatubo, Filipinas 1991, que produjo entre 2 y 4 km
3
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
35
58 Ibidem, p. 28.
Hall, Minard y Mothes, Patricia: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador, 1.
La actividad volcánica del holoceno en el Ecuador y Colombia Austral: Impedimento al de-
sarrollo de las civilizaciones pasadas, Ediciones Abya Yala, 1998, p. 20.
59 IG-EPN, Volcán Pululahua, Instituto Geofísico–EPN.
60 Ontaneda, Santiago: Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 16.
61 Ugalde, María Fernanda: Rancho Bajo: Primeras Evidencias del Precerámico Terminal en
Quito, Arqueología Iberoamericana 42 (2019).
62 Ministerio de Cultura y Patrimonio,
Cotocollao,
63 Instituto de la Ciudad, Conociendo Quito, 2017, No. 7, p. 26.
de tefra, aproximadamente la mitad del volumen estimado para la
erupción del Pululahua.
64
González Suárez, refiriéndose al Cotopaxi, “el más formidable
de los volcanes ecuatorianos”, plantea interrogantes igualmente aplica-
bles a esta erupción:
En la impresionable imaginación de éstos (los indígenas), ¿no había de
causarles terror el aspecto del volcán, cuando presenciaban sus horri-
bles erupciones? ¿Cuándo lo veían encendido arrojando llamas?
¿Cuándo oían sus bramidos, roncos y prolongados?
65
Mapa 2-2 Huella probable
del manto de ceniza del volcán Pululahua, 485 a.C.
66
La capa de ceniza que dejó en la cuenca de Quito fue de 10
cm. siendo lo más impresionante la cantidad de arenas volcánicas
que fueron lavadas de los flancos del Pichincha y depositadas en
Patricio Orbe Garcés
36
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
64 Isaacson, John S. y Zeidíer, James A.: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador,
2. Accidental History: Volcanic Activity and the End of the Formative in Northwestern Ecuador,
Ediciones Abya Yala, 1998, p. 64.
65 Gonzáles Suárez, Federico: Historia general de la República del Ecuador, Libro primero, Capítulo
sexto, Monumentos de los Incas, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004.
66 La huella probable del manto de ceniza del volcán Pululahua, mapa 2-2, es tomada de: Mo -
thes, Patricia Coord.: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador, Edicio-
nes Abya Yala, 1998, pp. 13 y 79.
dicha cuenca, capa de hasta 1,5 m de espesor (Alvarado, 1996).
67
En
la hoya de Quito, se han encontrado cenizas desde:
Cayambe al noreste, en San Juan al sur de Quito, entre los volcanes
Guagua Pichincha y Atacazo y los alrededores de Mindo y Nanegalito
por el Noroeste (Hall y Mothes, 1994: 29) … Bajo la tefra de este evento
natural catastrófico quedó abundante material cultural relacionado con
la ocupación y desarrollo de actividades domésticas, artesanales y agrí-
colas en estos sitios.
68
Datos que obligan a ampliar el manto de distribución de ce-
niza del volcán Pululahua propuesto por Silvia Vallejo. El Mapa 2-2,
tomado de la referencia citada, incluye las zonas indicadas, que-
dando libre de afectación, quizás el norte de Cayambe, los valles de
Cumbayá, los Chillos y el de Machachi; también hay que tratar de
imaginarse la destrucción de los bosques del noroccidente de Pichin-
cha, subtrópico quiteño que, seguramente tuvieron que reempezar
de cero.
Según las investigaciones de Lippi en Palmitopamba, la es-
tratigrafía muestra una capa de ceniza del Pululahua de un metro
de espesor y en Mindo, dos metros de espesor.
69
Esa erupción puso fin a la ocupación de Cotocollao y a los
asentamientos Formativos del noroccidente de Pichincha que, como
ya se explicó, fueron los valdivianos que, alrededor del 2000 a.C., se
radicaron en los espesos bosques del subtrópico quiteño, atraídos
por los abundantes recursos que el área ofrecía.
La antigüedad del sitio (Cotocollao) ha sido datado entre el 2000 a.C.,
fecha probable de la ocupación del sitio, hasta poco después del 500 a.C.,
cuando por un cataclismo provocado al parecer por la explosión volcá-
nica del Pululahua pone fin a esa población, posiblemente reasentada
tras la catástrofe en lugares aledaños.
70
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
37
67 Hall, Minard L. y Mothes, Patricia: Actividad Volcánica y los pueblos precolombinos del Ecuador,
1. La actividad volcánica del holoceno en el Ecuador y Colombia Austral: Impedimento al desarrollo
de las civilizaciones pasadas, Ediciones Abya Yala, 1998, p. 16.
68 Figueroa, Silvia: “Complejidad social al final del período formativo tardío. La ceniza de la
última erupción del volcán Pululahua (2400 A.P.) como marcador temporal”, Antropología
Cuadernos de Investigación, núm. 18, enero-junio 2017, p. 15.
69 Lippi, Ronald: Conferencia: Palmitopamba: tierra de yumbos e inkas, Reserva Técnica Ar-
queológica y Paleontológica Resfa Parducci, Quito, junio 27 de 2023.
Según el arqueólogo Holguer Jara al referirse al noroccidente
de Pichincha, los sobrevivientes del proceso eruptivo debieron re-
montar la cordillera hacia tierras más seguras en la Amazonía, donde
aún existen asentamientos pertenecientes a esa cultura que, por tra-
dición recuerdan “que provienen del otro lado de las montañas”.
En Llano Chico se encontraron restos arqueológicos con 2000
años de antigüedad, “siendo más precisos, el inicio del proceso de ocupa-
ción en ese lugar va del 151 a.C. y culmina en el 336 d.C. según los resul-
tados de análisis de C
14
en 16 muestras
71
corresponden al período de
Desarrollo Regional dijo Andrés Mosquera, jefe del equipo de inves-
tigadores del Instituto Metropolitano de Patrimonio, IMP.
Los investigadores manejan la hipótesis de que se trató de una pobla-
ción que migró del Litoral ecuatoriano, con el fin de explotar las fuentes
de obsidiana de los alrededores.
Sobre las evidencias localizadas a unos 80 cm bajo la superficie, se en-
contró una capa de ceniza asociada a una erupción volcánica del Pi-
chincha, ocurrida hace más de 1900 años
.
72
Nota del autor: la referida erupción del Pichincha fue hace 1000 años,
el 990 d.C.
La influencia de Cotocollao se observa en Rancho Bajo al
norte de la ciudad de Quito, Tajamar en el área de Pomasqui y Nueva
Era y Nambillo al noroccidente de Pichincha, con un alto porcentaje
de cerámica similar a la observada en Cotocollao.
En Rancho Bajo, se reportó un cementerio y una superficie
de uso fechados entre de 16001400 a.C., siendo el cementerio más
antiguo encontrado en el área de Quito. En Tajamar, se distinguen
dos momentos de ocupación, uno durante el Formativo tardío y otro
durante Integración. En Nueva Era, se estableció la ocupación desde
el Formativo Medio hasta el Formativo Tardío, (1500 – 1200 a.C. –
335 a.C.). En Nambillo, (1600 a.C.400 a.C.), se identificó su ocupa-
ción durante el Formativo Tardío.
Patricio Orbe Garcés
38
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
70 Salvador Lara, Jorge, QUITO, Editorial: MAPFRE, Madrid, 1992, p. 45.
71 En Llano Chico se encontraron restos arqueológicos con 2000 años de antigüedad, Quito in-
forma, 18 julio 2023.
72 Ibidem.
El Parque Arqueológico y Ecológico Rumipamba, en las la-
deras del complejo volcánico Pichincha, es uno de los sitios mejor
preservados, contiene trazas urbanas de pueblos prehispánicos
desde el período Arcaico (2200 a.C.) hasta Integración (9701280
d.C.).
73
Sus canales de escorrentía además de encausar el agua procedente de las
laderas del volcán, durante los procesos eruptivos fueron rutas de laha-
res. Los estudios demuestran que las erupciones del Guagua Pichincha
frenaron el avance del asentamiento y provocaron el abandono definitivo
de sus zonas agrícolas.
74
Muchas culturas conservan la tradición del diluvio universal.
Se mencionó la tradición caribe del diluvio que, entre otros, también
conservan los quitus y los cañaris. El relato de los quitus recoge el
historiador Velasco
75
y el relato cañari, Pedro Sarmiento de Gamboa.
76
Según Salvador Lara:
(…)
dos leyendas conservadas por los indios Quitus y Cañaris, acerca
de pequeños núcleos de hombres primitivos que, tras míticos diluvios
(los cuales habrían correspondido a las precipitaciones pluviales del
postglacial), se habrían salvado en las cimas de dos montañas, el Pichin-
cha, en el un caso; el Fasayñán, en el otro y habrían originado la repo-
blación posterior de estas comarcas, viviendo inicialmente en cuevas
.
77
Con relación a la tradición cañari, González Suárez señala:
no deja de encontrarse un fondo de verdad y una como reminiscencia con-
fusa y lejana de hechos bíblicos, mezclada con fábulas y supersticiones pu-
ramente locales”.
78
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
39
73 Parque Arqueológico y Ecológico Rumipamba, Instituto Metropolitano de Patrimonio, Quito
74 Simbaña E., Vásconez F. y Vásconez A., Evidencias de la destrucción de poblados prehispánicos
por lahares del volcán Cayambe en la Sierra Norte, VIII Jornadas en Ciencias de la Tierra, EPN,
Quito, 2017.
75 Conferencia Episcopal Ecuatoriana: Historia de la Iglesia Católica en el Ecuador, Ediciones Abya
Yala, 2001, p. 6.
76 Ibidem, p. 7.
77 Salvador Lara, Jorge, Esquema para el Estudio de la Prehistoria en el Ecuador, Quito – Ecuador,
Editorial Ecuatoriana, 1971.
Esta antigua tradición aborigen, al igual que otras tradicio-
nes, son focalizadas en los lugares en que ellos vivían, siendo muy
difícil encontrar la genuina tradición indígena por las circunstancias
y añadidos de los cronistas y escritores castellanos que quizás, deli-
beradamente, incluyeron pasajes con clara influencia de la religión
católica o con interpretaciones dentro del ámbito de la religión.
La tradición del diluvio que conservaban muchos pueblos
aborígenes de América, ¿se referirán al diluvio del Génesis? o tal vez,
¿será recuerdo de antiguos cataclismos sucedidos en el Nuevo Con-
tinente?
La Chimba temprana, asentamiento Cotocollao septentrional
Siglos antes de la erupción del Pululahua,
Cotocollao amplió sus dominios por las provincias de Pichincha, Co-
topaxi y Tungurahua y el nororiente de Pichincha... Permitiendo plan-
tear que la cultura La Chimba, (Athens, 1995), con una secuencia
continua de casi mil años, asentada en los declives septentrionales del
volcán Cayambe, entre Ayora y Olmedo, provincia de Pichincha, se ha-
bría originado de un asentamiento Cotocollao y su relación se da por
la similitud en la tradición cerámica, evidente, sobre todo, en la cerá-
mica temprana
.
79
John S. Athens y Alan J. Osborn (1974), con la cooperación del Instituto
Otavaleño de Antropología, realizaron investigaciones arqueológicas…
en La Chimba… donde se encontraron abundantes tiestos, restos de
fauna, artefactos de piedra, hueso, concha y arcilla que posibilitaron
definir tres períodos (Athens, Osborn, 1974): el ‘temprano’ (600200
a.C.) caracterizado por cuencos punteados; el ‘medio’ (200 a.C.200
d.C.) con incisiones diagonales finas principalmente sobre cuencos
aquillados y el período ‘tardío’ (200700 d.C.) definido por pintura li-
neal roja y diseños geométricos en cuencos y vasijas globulares”
.
80
Patricio Orbe Garcés
40
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
78 González Suárez, Federico, Estudio histórico sobre los Cañaris, Capítulo tercero, Historia de los
Cañaris, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
79 Ontaneda, Santiago, Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, pp. 9 y 22.
80 Moreno Yánez, Segundo E., Historia Antigua del País Imbaya, Centro de Investigaciones Uni-
versidad de Otavalo, Studio21, 2007, pp. 64-65.
El mismo investigador, en dataciones posteriores obtiene
nuevos resultados: Chimba temprano, 670438 a.C. (Athens, 2001),
Chimba medio, 39790 a.C. (Athens, 1995) y Chimba tardío, 90–250
d.C. (Athens, 1995).
Otros sitios tempranos de La Chimba, por el sitio epónimo,
son los denominados Im-11 y El Salado, próximos a Otavalo (Athens,
2003), Los Soles, junto a San Antonio de Ibarra y Oyacachi (Athens,
1979).
El uso de la obsidiana se dio desde tiempos muy tempranos,
al menos desde 1500 a.C., lo que llevó a pensar que ese material llegó
vía Cotocollao junto con la tecnología para su tallado y aún con la
experiencia para su explotación en el Antisana. “Su cerámica guarda
relación con la de Cotocollao, fundamentalmente en ollas carenadas y deco-
ración puntuada (Bruhns 2003)”.
81
Cotocollao controlaba los sitios estratégicos que permitían
una fácil comunicación con distintas zonas, uno de ellos fue La
Chimba, como paso de montaña que servía como ruta natural hacia
la Amazonía, a través del río Quijos y es, otra de las razones para
pensar que La Chimba se originó de un asentamiento Cotocollao,
además la cantidad de fragmentos cerámicos encontrados, eviden-
cian la conexión con los valles de Misahualli� y Quijos.
Mantuvo un comercio intenso con la costa e incluso la selva, dada la
presencia de madreperlas, spondylus, strombus, vasijas Chorrera, ce-
rámica de oriente (Cosanga)
82
de la que se han encontrado numerosos
fragmentos e incluso coca a juzgar por la decoración en algunas vasijas
(Athens 1995).
83
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
41
81 Mesía Montenegro, Christian, El periodo formativo en los Andes Septentrionales y sus rela-
ciones con los Andes Centrales, Arqueología y Sociedad Nº 27, 2014: 111-130, p. 122.
82 Cosanga: Este grupo humano ocupó los valles de Misahuallí, Jondachi y Quijos, en la actual
provincia amazónica de Napo. Su manifestación cultural sobrevivió en el valle de los Quijos
y ha sido identificada con este grupo etnohistórico que persistió hasta la época colonial.
El estilo cerámico Cosanga fue muy apreciado y demandado por los grupos humanos de la
Sierra a través de varios objetos junto con la alfarería propia de cada zona que se han encon-
trado desde Carchi hasta Chimborazo; entre ellos vasijas especiales reservadas para ceremo-
nias y rituales.
Ministerio de Cultura y Patrimonio, Cosanga (1600 a.C.–1532 d.C.)
83 Mesía Montenegro, Christian: El periodo formativo en los Andes Septentrionales y sus rela-
ciones con los Andes Centrales, Arqueología y Sociedad Nº 27, 2014: 111-130, p. 122.
También llegaron otros productos selváticos como plantas
medicinales, el arte plumario, el conocimiento y objetos chamánico
y otros.
Según Santiago Ontaneda, La Chimba temprana, “constituye
el primer sitio en el callejón interandino que recibe cerámica Cosanga”.
84
Goff (1980) reporta hallazgos de esta cerámica a partir de depósitos
fechados el 150 a.C. (sin calibrar)
85
y según (Athens 1995), “los niveles
en los que los tiestos Cosanga son más numerosos, están fechados entre los
años 40 a.C. y 120 d.C.
86
El análisis de la cerámica Cosanga en La Chimba, Athens (1995:
20), muestra correspondencia con el período tardío de La Chimba, (200 –
700 d.C.), cuando se intensificó el intercambio con las tierras bajas orien-
tales”.
87
Segundo Moreno explica que la cerámica Cosanga “se ha en-
contrada generalmente en sitios con montículos de la Sierra Norte, que
datan entre 1250 y 1350 d.C.” (Cfr. Athens, 1 980)
.
88
Las principales rutas de intercambio fueron las lagunas de Pisayambo
en los Llanganatis, hacia la ciudad de Píllaro, en la Sierra Central, los
afluentes del río Quijos que permiten la comunicación con la zona de
Papallacta, de Oyacachi y de la Chimba (desde donde era factible co-
nectarse con Cayambe, El Quinche y el valle de Quito) y, un paso de
montaña que facilitaba el acceso a la zona de Pimampiro que, a su vez
se enlazaba con el valle del Chota-Mira, en la Sierra Norte.
89
La botella de asa de estibo de Cotocollao, también aparece
en la tradición La Chimba, su presencia es muy decidora porque re-
salta la relación con Cotocollao, fundamentalmente en lo referente a
las ollas carenadas y decoración puntuada y aplicada (Bruhns 2003).
Patricio Orbe Garcés
42
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
84 Ontaneda, Santiago, Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 14.
85 Bray, Tamara (1995). The Panzaleo Puzzle: Non-Local Pottery in Northern Highland Ecuador.
En Journal of Field Archaeology, 22 (2), p. 138.
86 Cuéllar, Andrea M., Juego de Datos Asentamientos de Quijos, Fechados absolutos, Centro
de Arqueología Comparada, Base de Datos de Arqueología Comparativa, University of Pitts-
burgh.
87 Moreno Yánez, Segundo E., Historia Antigua del País Imbaya, Centro de Investigaciones Uni-
versidad de Otavalo, Studio21, 2007, p. 67.
88 Ontaneda, Santiago, Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 15.
89 Ibidem, p. 15.
El intercambio a corta y larga distancia era una actividad re-
servada a los mercaderes o mindalas, quienes recorrían Costa, Sierra
y Amazonía cumpliendo su misión, el intercambio de productos,
siendo los principales: sal de mina, hoja de coca, concha Spondylus,
ají, hierbas medicinales, adornos metálicos, piedras preciosas y man-
tas (ropa finamente elaborada).
El vaso de Cusín, representa un mercader costeño que porta
sobre sus espaldas un recipiente en forma de canasto (donde trans-
portaba su mercadería), personaje conocido como ‘canastero’. “La fi-
gura, por sus características formales y decorativas, es de tradición entre
Tolita Temprano (de influencia chorrera) y Tolita Clásico, ubicado tempo-
ralmente entre el 400 y el 200 a.C.”, otro canastero se ubicó en San Pablo
del Lago.
90
En época del inicio del segundo período de actividad del vol-
cán Cayambe, contemporáneo con la erupción del Pululahua, hacia
el 500 a.C., al norte del volcán estuvo el asentamiento La Chimba
(700250 a.C.) que debió ser afectada por la actividad eruptiva de al-
rededor de 800 años, con eventos muy pequeños y moderados, fig.
2-3. La planicie de San Pablo también habría sido afectada con ceniza
y lapillis. Las cenizas del volcán Pululahua llegaron hasta el valle de
Cayambe.
Continúa en la tercera parte: Desarrollo Regional
Cerámica Cosanga
Esta cultura amazónica, (1600 a.C. – 1532 d.C.), se ubicó en
los valles de Misahuallí, Jondachi y Quijos, en las estribaciones de la
cordillera central hacia la amazonía. Su patrón de asentamiento en
el valle de Quijos da cuenta de grandes sitios urbanos con construc-
ciones en piedra y terrazas de cultivo. Su hábitat, construido sobre
plataformas rectangulares e integrado por veinte casas, rodeaban
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
43
90 Ontaneda, Santiago, Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 18.
una plaza central y sus calles conducían hacia las chacras.
91
Los pri-
meros grupos Cosanga aparecen en el valle de Misahuallí donde fue
evolucionando su complejidad; en el valle de Jondachi la ocupación
es menos compleja. Cosanga sobrevivió en el valle de Quijos hasta
el período de Integración.
Desarrolló una cerámica caracterizada por su pasta fina, cui-
dadoso acabado de la superficie y por su sonido metálico al gol-
pearla, destacando utensilios tanto utilitarios como ceremoniales y
las grandes ollas esféricas asociadas con caras humanas.
Sin ser parte de la tradición Valdivia, Cosanga se incluye por-
que su cerámica fue muy apreciada y demandada y los registros ar-
queológicos evidencian una muy significativa dispersión fuera de
su región de origen, que ha dado lugar a falsas interpretaciones.
El análisis arqueológico más reciente ha desmitificado algu-
nas de las ideas previas, mostrando una visión más compleja y ma-
tizada de esta sociedad.
Esta cultura sin ser parte de la tradición Valdivia, se la in-
cluye porque su cerámica fue muy apreciada y demandada y los re-
gistros arqueológicos evidencian una muy significativa dispersión
fuera de su región de origen, que ha dado lugar a falsas interpreta-
ciones.
Inicialmente se la clasificó con la denominación de ‘Cosanga-
Píllaro’ y se la asoció con la cerámica Panzaleo, lo que causó confu-
sión sobre su origen geográfico y temporal. Tradicionalmente fue
considerada como un bien exótico de origen probablemente amazó-
nico, sin reflejar la extensión territorial y duración de la cultura y, a
menudo, se la encasilló de forma simplista en un periodo o área re-
ducida.
Estudios recientes revelan que la cerámica Cosanga no era
un lujo restringido, sino que alcanzó a todos los estratos sociales, su-
giriendo que las poblaciones locales no solo importaban las piezas,
sino que también estaban involucradas en una amplia red de inter-
cambio de productos, lo que explica un mayor acceso y una dinámica
social más compleja. Su clasificación ocasionó problemas y debates
sobre sus límites culturales.
Patricio Orbe Garcés
44
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
91 Cosanga, Ministerio de Cultura y Patrimonio
El análisis arqueométrico, análisis de las propiedades geo-
químicas y mineralógicas de las arcillas, ha sido fundamental para
corregir las viejas interpretaciones, estudios que permiten distinguir
la cerámica de origen amazónico de la elaborada en los Andes, apor-
tando una comprensión más precisa de las redes de intercambio y
producción cultural.
Esta cultura se desarrolló entre el 1600 a.C. y el 1532 d.C., ex-
tendiéndose desde los valles del río Quijos hasta las zonas altas y
orientales de la provincia de Tungurahua. Su ubicación estratégica
entre la Amazonía y la sierra influyó en sus prácticas culturales y co-
merciales. Su longevidad y alcance geográfico desmienten la idea de
un grupo pequeño y aislado.
Es conocida por la cerámica reportada por Porras (1975, 1980,
1987) en la zona del valle Quijos. Cuéllar señala que “la fase tem-
prana se inició alrededor del 600 a.C. y pudo haber durado unos 1100
años antes de ceder el paso a la ocupación tardía, la cual habría te-
nido una duración similar” (Cuéllar 2009: 42). Cosanga I 600– 500
a.C. y Cosanga II 500 a.C.–1532 d.C.
(…) este material cultural ha generado debates sobre el intercambio de
objetos terminados hacia la región andina provenientes de la Amazo-
nía, sustentados en la temporalidad de los artefactos de la primera zona
en lugares como Cochasquí (900-1300 AD), valle del Chota Mira (700-
1600 AD), Cumbayá (500-1500 AD), Cayambe (900- 1250 AD), la
Chimba (40 AC-120 AD) y en la Sierra Centro (565-725 AD) (Bray 1992,
1995, 2003; Oberem 1981; Echeverría 1995; Buys 1994; Uhle 1926; Cor-
dero 1988; Rodríguez 1991; Athens 1995; Cuéllar 2010)
.
92
Según Santiago Ontaneda, la Chimba temprana “constituye
el primer sitio en el callejón interandino que recibe cerámica Cosanga”.
93
Goff (1980) reporta hallazgos de esta cerámica a partir de depósitos
fechados el 150 a.C. (sin calibrar)
94
y según (Athens 1995), “los niveles
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
45
92 Solórzano, María Soledad y Carrillo, Henry: Distribución cronológica y espacial del material
cerámico prehispánico reportado en el área de influencia del curso superior del río Napo,
Alta Amazonía ecuatoriana, Arqueología Iberoamericana, March 2023
93 Ontaneda, Santiago: Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador, BCE,
2010, p. 14.
94 Bray, Tamara (1995). The Panzaleo Puzzle: Non-Local Pottery in Northern Highland Ecuador.
En Journal of Field Archaeology, 22 (2), p. 138.
en los que los tiestos Cosanga son más numerosos, están fechados entre los
años 40 a.C. y 120 d.C.”.
95
Para explicar la presencia de cerámicas Cosanga, posteriores
al 800 d.C., en las provincias de Cotopaxi, Tungurahua y Chimbo-
razo, Porras realizó excavaciones en Píllaro, donde encontró una
serie de tumbas con ajuares funerarios (Bray, 2003), conformados por
‘cerámica fina’ a la que denominó Cosanga-Píllaro y cerámica local
(Puruhá). La mayor cantidad de cerámicas recuperada fue ‘cerámica
fina’ que, en su mayoría databa entre 1140 – 1500 d.C., período de
Integración.
(…) Es la más amplia y dispersa en el Ecuador, llamando a esta fase
Cosanga por la manifestación de este período en el este de los Andes:
Píllaro porque en esta ciudad se encontró el 80% de material recobrado
por nosotros y por nuestros estudios, que actualmente se encuentran
reposando en los museos del país. Además, que Panzaleo era solo el
nombre que se utilizaba para denominar a una etnia prehistórica los
que habitaban en los valles de Machachi y Aloasí.
96
Las investigaciones resaltan que los Cosanga, cultura ama-
zónica del valle de Quijos, fueron grandes comerciantes, su estilo ce-
rámico fue muy apreciado y demandado por los grupos humanos
de los Andes, encontrándose sus cerámicas desde Carchi hasta
Chimborazo y aún en Los Ríos, pero no se radicaron en la Sierra, ra-
tificándose el criterio de Jijón y Caamaño que el comercio contribuyó
a la amplia distribución de esa cerámica. Ugalde (2007) acota que
contaron con un centro de distribución en La Comarca, valle de
Cumbayá, siendo un posible enclave comercial dedicado al inter-
cambio entre tierras altas y tierras bajas amazónicas (Ontaneda, 2002,
p. 20).
Patricio Orbe Garcés
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95 Cuéllar, Andrea M.: Juego de Datos Asentamientos de Quijos, Fechados absolutos, Centro
de Arqueología Comparada, Base de Datos de Arqueología Comparativa, University of Pitts-
burgh
96 Mogollón Naranjo, Yeseña Rosalía: Diseño de un Museo Virtual de la cerámica perteneciente
a la cultura Panzaleo, a través de herramientas multimedias y 3d, el cual servirá como medio
de difusión y preservación cultural, durante el período 2013, Universidad Técnica de Coto-
paxi, Ingeniería en Diseño Gráfico Computarizado, Tesis previa a la obtención de título de
Ingeniera en Diseño Gráfico, 2015, p. 23.
La inquietud actual es el origen de la cerámica Cosanga en
los Andes, cómo llegó, “fue manufacturada localmente o importada
desde la región de Quijos”.
97
Según Ontaneda (2002), la cerámica fina tipo ‘cascara de
huevo’ es Cosanga. Por la procedencia de la materia prima, la com-
posición química de la cerámica Cosanga es diferente de la cerámica
gruesa. “El origen de la arcilla Cosanga, son los ríos de la provincia
del Napo y el origen de la cerámica Cosanga, las estribaciones orien-
tales de la Cordillera Oriental, demostrado mediante una serie de es-
tudios de laboratorio (Bray 1995; De Paepe & Buys 1990; Fritz &
Schönfelder 1987)”.
98
Porras (1975) señala que los habitantes de las laderas orien-
tales de los Andes fueron los productores originales de esa cerámica,
pero plantea una migración forzada de la población desde su tierra
natal, el valle del río Quijos, hacia las cuencas del altiplano. El éxodo
gradual y la consiguiente dispersión de los fabricantes de esta cerá-
mica explicaría la gran distribución de los materiales observados en
la Sierra.
99
El Museo Casa del Alabado señala que Cosanga tuvo orga-
nizaciones complejas vigentes a la llegada de los españoles, como
los cacicazgos de Píllaro y Mulaló en Cotopaxi, y “Cosanga fue el tipo
cerámico en uso al momento de la conquista española. Esto ha sido señalado
anteriormente por Lumbreras (1990), Delgado (2000) y Ontaneda (2002)
y contradice la idea propuesta por Porras de que la región fue abandonada
alrededor de 700 d.C.”
100
Aunque según Porras “no se evidencian centros de producción
cerámica especializados en la Alta Amazonía”, Solórzano-Venegas (2021)
señala que existen indicios de posibles áreas de producción lítica y cerá-
mica”,
101
afirmación que abre una posibilidad, pero no la certeza del
Periodo Formativo en los Andes
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
47
97 Cuéllar, Andrea M.: Juego de Datos Asentamientos de Quijos, Centro de Arqueología Compa-
rada, Base de Datos de Arqueología Comparativa, University of Pittsburgh
98 Ugalde, María Fernanda: Hacia la desmitificación del Orientearqueología en la cuenca amazónica
ecuatoriana Indiana, vol. 28, 2011, pp. 59-78 Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kul-
turbesitz Berlin, Alemania.
99 Bray, Tamara (1995). The Panzaleo Puzzle: Non-Local Pottery in Northern Highland Ecuador.
En Journal of Field Archaeology, 22 (2), Pág. 143.
100 Cuéllar, Andrea M.: Juego de Datos Asentamientos de Quijos, Fechados Absolutos, Centro de Ar-
queología Comparada, cit.
intercambio a larga distancia, siendo lógico pensar que las arcillas
habrían llegado a los asentamientos de valles interandinos a través
de intercambios o alianzas matrimoniales, elaborándose las cerámi-
cas in situ con materia prima importada. El comercio o intercambio
de arcillas no es algo nuevo. Shimada et. al. (1994) advierte el caso
de alfareros itinerantes, que transportaban sus arcillas preferidas de
un sitio a otro… Druc (2001), reporta el intercambio de materias pri-
mas entre los centros de producción Huari, Ancash en el Perú, datos
que respaldarían a la teoría planteada.
102
Ontaneda (2010) explica que posteriormente se habría esta-
blecido una nueva ruta de intercambio: Quijos-Oyacachi-Canga -
hua,
103
cerca de Cayambe y Serrano (2013) sugiere Cangahua como
un centro de producción. El mismo autor (Serrano, 2014a), reporta
arcillas metamórficas en Tungurahua (Occidente de la Cordillera
Real), “que potencialmente se relacionarían con la cerámica fina”
104
por lo que, las cerámicas reportadas por Porras (1975) en Píllaro, in-
ducen a pensar que habrían sido producidas localmente, conclusión
que Jijón y Caamaño propuso tiempo atrás, la región entre Ambato-
Latacunga como el probable centro de producción.
Durante el período de Integración, los Omaguas, cultura
Napo, fueron empujando a la gente Cosanga de los valles de Misa-
huallí y Jondachi, hecho evidenciado por los restos arqueológicos
encontrados: Napo superpuestos sobre Cosanga.
‘Fase Napo’ es la denominación genéricaarqueológica que
se utiliza para referirse a varios grupos poblacionales que entre
1200 - 1532 d.C., habitaron los alrededores del río Napo y sus afluen-
Patricio Orbe Garcés
48
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101 Solórzano-Venegas, María Soledad et. al.: Caracterización arqueométrica de fuentes de arcilla
y cerámica tipo Cosanga, Ecuador, Research Article, Arqueología Iberoamericana 51 (2023):
68-77. ISSN 1989-4104.
102 Serrano Ayala, Sthefano: Etnoarqueología de intercambio de bienes y productos en los ca-
minos Precolombinos de Pichincha y Napo, Ecuador, Proyecto de Grado previo a la obten-
ción del Título de: Máster en Arqueología del Neotrópico, ESPOL, Guayaquil – Ecuador,
2017, pp. 303-304.
103 Ontaneda, Santiago: Historia de los pueblos precolombinos de la Sierra norte del Ecuador,
BCE, 2010, p. 22
104 Serrano Ayala, Sthefano: Etnoarqueología de intercambio de bienes y productos en los ca-
minos Precolombinos de Pichincha y Napo, Ecuador, Proyecto de Grado previo a la obten-
ción del Título de: Máster en Arqueología del Neotrópico, ESPOL, Guayaquil – Ecuador,
2017, pp. 275, 303.
tes. Al norte, llegaron hasta el río Aguarico y al oeste, los valles Mi-
sahuallí y Jondachi,
105
ocupando territorios de la cultura Cosanga.
La actividad eruptiva holocénica menciona que el volcán
Quilotoa tuvo una sola erupción durante el período aborigen, la
mayor erupción volcánica en Sudamérica desde el inicio del Holo-
ceno, que extendió la lluvia de cenizas por la mayor parte de Ecua-
dor,
106
el 1200 d.C. (Hall y Mothes, 1998; Hall y Mothes, 1999), con
un VEI de 6 (Mothes y Hall, 2008). “La erupción cubrió gran parte
de la Sierra Norte y las montañas adyacentes con 10-15 cm de ceniza
pliniana (Mothes y Hall, 2008; Knapp y Mothes, 1998)”,
107
Mapa 3-
20. “Produjo grandes flujos piroclásticos de pómez y depósitos de
caída que se encuentran distribuidos a lo largo del Norte del país,
en las provincias de Cotopaxi, Pichincha, Napo e Imbabura, la ceniza
enterró varias zonas agrícolas precolombinas, lo que aparentemente
forzó la migración de los pueblos indígenas que las habitaban (Mot-
hes y Hall, 1998)”.
108
El dato de la erupción del Quilotoa coincide con la fecha ini-
cial de la cultura Napo, coincidencia que siembra varias inquietudes:
¿la ceniza del Quilotoa alcanzó a la provincia de Napo? En ese caso,
probablemente fue el fin de la cultura Cosanga y la fase o cultura
Napo debió ocupar esa zona después de transcurrido el hiato debido
a la erupción que Zeidler estimó en treinta años para la zona de
Jama-Coaque. En todo caso es un problema que debe ser resuelto
por la arqueología.
Cerro Narrío, asentamiento valdiviano meridional
Una de las vías de expansión de Valdivia fue el río Cañar,
asentándose al noreste de la hoya del Cañar en una colina a la orilla
Periodo Formativo en los Andes
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105 Napo, Ministerio de Cultura y Patrimonio
Napo, Educa Alabado
106 Mothes, Patricia y Hall, Minard: The Plinian Fallout Associated with Quilotoa’s 800 yr BP
Eruption, Ecuadorian Andes, Journal of Volcanology and Geothermal Research, vol. 176,
no 1, 2008, Pág.56-69
107 Hechler, Ryan Scott: Quijos… ¿quiénes?: desenmarañando las identidades de los períodos
de Integración Tardía y de colonialismo español de la Alta Amazonía del norte de Ecuador,
STRATA, 01-06/ 2023, vol. 1, nro.1, e6, Pág. 2
108 IG-EPN: Quilotoa
del río Quillohuac y expandiéndose a la hoya del Paute, originando
la cultura Cerro Narrío o Chaullubamba, tradición cultural temprana
cuyas evidencias culturales datan del 2000 a.C.
109
La Universidad de
Londres reportó evidencias significativas con dataciones de 2000 a.C.
en capas profundas en Cerro Narrío,
110
tradición cultural temprana
que, más tarde, constituyó el génesis de lo que etnohistóricamente
se conoce como cultura Cañari
En este período es importante considerar el desarrollo de la cultura
Cerro Narrío (2000 a.C.-400 d.C.) Esta cultura se desarrolló en la parte
sur andina del Ecuador principalmente en las provincias del Cañar y
Azuay, aunque también se han encontrado ciertas manifestaciones en
el sur de Chimborazo, (Alausí) y en la parte centro norte de Loja (On-
taneda, 2010),
111
fase Catamayo C.
Se presume que Narrío I tuvo un antecedente, quizás, crono-
lógicamente ubicado en el Formativo temprano, es lo que Jijón y Caa-
maño llamó complejo Yunguilla, que aparece en estratos inferiores de
Narrío. Esa cultura se asentó en los valles interandinos, faldas de las
montañas y hacia las zonas cálidas costeñas, como el caso de la lla-
mada Quebrada Honda en el Cañar o el valle de Yunguilla y el curso
del río Jubones,
112
siendo este río otra vía de acceso a la serranía.
Los estudios tempranos de J. Jijón (1921), M. Uhle (1922), D.
Collier y J. Murra (1942) y los de R. Braun (1945), reportan una ocu-
pación humana muy antigua en Cañar, asociada con el periodo For-
mativo Tardío.
113
Donald Collier y John V. Murra,
114
1941, enviados
por el Instituto de Investigaciones Andinas de los EE. UU. reportaron
la existencia de dos etapas: Narrío Temprano (2000–500 a.C.) y Na-
Patricio Orbe Garcés
50
BOLETÍN ANH Nº 213 • 1352
109 Garzón Espinosa, Mario A., Cerro Narrío: el comercio de la concha spondylus y sus relacio-
nes interétnicas, Discurso de incorporación, Boletín de la Academia Nacional de Historia, Vol.
C – Nº. 208-B, Julio–diciembre 2022, p. 481.
110 Crespo, Hernán y Vargas, José María Coord., Arte ecuatoriano, Tomo I, Salvat Editores Ecua-
torianos S.A., Quito, 1976, p. 46.
111 Carrasco, Cristian, Caranqui–Origen Etnohistórico, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo
de Imbabura, Colección Tahuando Nº 286 Ibarra, 2020, p. 12.
112 Ibidem, p 102.
113 Garzón Espinosa, Mario A., Cerro Narrío: el comercio de la concha spondylus y sus relacio-
nes interétnicas, Discurso de incorporación, Boletín de la Academia Nacional de Historia, Vol.
C – Nº. 208-B, Julio–diciembre 2022, p. 482.
114 Palomeque, Carlos, Cerro Narrio – Turismo – Cañar, 27 junio, 2016.
rrío Tardío (500 a.C.–500 d.C.). La primera incluye una serie de ma-
teriales: piedra, concha, hueso y cerámica parecida a la de la costa,
abandonando casi por completo la antropomorfización y zoomorfi-
zación. En la segunda, profusión de objetos de oro y cobre dorado a
más de objetos de hueso, concha y obsidiana. Para el trabajo en con-
cha fueron muy hábiles artesanos, la presencia de este material evi-
dencia el comercio con la costa.
Investigaciones posteriores probaron que Cerro Narrío es-
taba estrechamente vinculado con las culturas de la costa y su data-
ción, 2000 a.C., demuestra lo evidente, fue coetánea de las fases
finales de Valdivia. La relación con Chorrera también es evidente. Se
ha encontrado obsidiana procedente de la sierra, probablemente por
contactos con Cotocollao.
Entre el Formativo Medio al Tardío (15001000 a.C.) se iden-
tifican restos de camélidos domésticos (Collier y Murra, 1982; y
Braun, 1982), que proveyeron carne y pelo, así como huesos utiliza-
dos en múltiples instrumentos. “Aunque no se conserva ninguna mues-
tra de tejido de esta cultura, la práctica de la ganadería de camélidos debió
proporcionar materia prima para tejer sus vestidos”.
115
Cerro Narrío fue un importante centro comercial entre Costa-
Sierra-Amazonia, por sus contactos con Valdivia Terminal, Machali-
lla, Chorrera y con las culturas ubicadas en las faldas del Sangay,
donde obtenían productos de los pisos ecológicos cálidos. Robert
Braun (1971) estableció el parentesco entre esta cerámica y la de Ma-
chalilla, insinuando además un posible nexo con Kotosh, en Perú;
en los alrededores de Macas se encontraron botellas silbato de indudable
filiación Chorrera
116
y ollas esféricas y delgadas de Machalilla.
Genealogía
La Fig. 2-4 muestra la genealogía de Valdivia en el período
Formativo de la sierra, desde el origen de la cultura por transcultu-
ración Cara-San Pedro (Mayo Chinchipe) hasta la erupción del Pu-
lulahua que pone fin al período Formativo.
Periodo Formativo en los Andes
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115 Ministerio de Cultura y Patrimonio, Cerro Narrío.
116 Crespo, Hernán y Vargas, José María Coord., Arte ecuatoriano, Tomo I, Salvat Editores Ecua-
torianos S.A., Quito, 1976, p. 46.
En la primera parte se explicó la secuencia Valdivia, Macha-
lilla, Chorrera y en esta segunda parte, los desplazamientos valdivia-
nos hacia la serranía originaron las culturas Cotocollao, Cerro Narrío,
Alausí y el poblamiento inicial del Noroccidente de Pichincha.
La cultura Alausí, que la arqueología le ubica entre el 1500 y
1000 a.C., habría sido absorbida por Cerro Narrío porque más tarde,
González Suárez explica que los cacicazgos de Sibambe y de Tiqui-
zambi, integraron la confederación Cañari.
Los procesos eruptivos de los volcanes cercanos a Cotocollao,
Pichincha y Pululahua y, sobre todo, el largo proceso eruptivo del
último, alteraron significativamente el entorno y marcaron el destino
de los Cotocollao que se vieron obligados a sucesivos desplazamien-
tos, tanto al norte como al sur, lo que originó que esa cultura se ex-
tendiera desde Imbabura hasta Chimborazo centro y la planicie de
Quito, afectada por esas erupciones, tuviera una ocupación discon-
tinua, perdiéndose su rastro en la planicie.
La expansión de Cotocollao, posterior a la erupción del Pi-
chincha, con asentamientos en las faldas noroccidentales del volcán
Cayambe, se la conoce como cultura La Chimba que se extendió
hasta Integración temprana. La primera parte se incluye en esta sec-
ción y la segunda parte, en el período de Desarrollo Regional, parte
Tercera de esta investigación.
Fig. 2-4 Genealogía de la cultura Valdivia, período Formativo de la Sierra
Patricio Orbe Garcés
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